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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2017

Santiago Maldonado y La Visita de las Cinco en la antigua ESMA

Juan Forn
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El ltimo sbado de cada mes se realiza en la ESMA La Visita de las Cinco. Es una actividad pblica que consiste en una recorrida por el centro clandestino de detencin y tortura. Lo que la hace doblemente estremecedora es que en ella siempre participan algn sobreviviente del campo y algn invitado especial (que por lo general ha tenido un rol importante en los juicios de la causa ESMA). Se suma siempre al grupo un escritor invitado para que despus relate el encuentro. Hasta donde yo tena entendido, en la visita participaban por lo general un sobreviviente y entre 20 y 50 personas como pblico, ms o menos la misma cantidad de personas que albergaba en cada piso el recinto en su oprobioso momento de actividad (se calcula que pasaron ms de 5.000 detenidos por la ESMA, pero de 50 en 50).

Con esa idea en la cabeza fui el sbado pasado a La Visita de las Cinco: pensando que iba a asistir a una ceremonia casi ntima. Pero en lugar de uno o dos sobrevivientes vinieron 20, y en lugar de 50 personas de pblico haba ms de 500. Era el sbado ms cercano al Da Internacional del Detenido-Desaparecido, s, pero creo que influyeron ms la consternacin y la clera por la desaparicin de Santiago Maldonado: era la primera Visita de las Cinco desde que se lo llevaron. Antes de empezar, aquella ceremonia ntima ya se haba convertido en otra cosa.

Para los sobrevivientes es siempre difcil ir a la ESMA; los deja sacudidos por varios das. A veces se les hace ms fcil estar all acompaando que dando testimonio. Pero ah estaban. El centro clandestino de detencin funcion en el casino de oficiales de la ESMA, un pequeo edificio de tres pisos; los lugares de cautiverio (en el stano y en el altillo del tercer piso) albergaban no ms de 50 detenidos a la vez. Pero ahora haba ms de 500 personas que queran entrar. Para peor lloviznaba, no se podan usar los espacios abiertos para que en el momento decisivo de la visita, el final, el cierre, pudiramos estar todos juntos. Y sin embargo se pudo. Lo que prim en todo momento a lo largo de la visita fue la cercana del otro, de los otros: lo que estaba pasando ah era un fenmeno colectivo.

Yo pensaba ingenuamente que, a cada paso del recorrido, el chico-gua (son todos jvenes los guas del Museo-Sitio de la Memoria) llevara la voz cantante y los sobrevivientes agregaran algo. Sin embargo, ya desde el principio pas lo mismo, en todos los grupos en que se haban dividido pblico y sobrevivientes: el gua se frenaba, esperaba que la gente se acomodara alrededor y entonces miraba a los sobrevivientes, y ellos empezaban espontneamente a hablar, uno a uno. Se cargaban la visita al hombro.

La Armada entreg vaco el edificio en 2004; no dej ninguna evidencia del centro de detencin. El Museo-Sitio de la Memoria conserv las instalaciones tal cual las recibieron (lo nico que se le ha agregado es informacin, que se proyecta sobre las paredes desnudas; no hay ni imgenes ni voces de los desaparecidos, a pedido de los familiares de las vctimas). De manera que es el relato de los sobrevivientes, cuando sealan un espacio vaco en el suelo de cemento del altillo (Capucha), o una habitacin pelada (El Cuarto de las Embarazadas), o un rincn annimo del stano (la Sala de Tortura, a la que se llegaba por la avenida de la Felicidad) lo que hace que veamos lo que vean y padecan ellos: el museo sucede en nuestra cabeza. No: donde sucede, donde encarna, es en ese hombre o mujer de sesentaipico que nos est hablando, que nos est contando cmo fue estar ah hace 40 aos, cuando tena 20. Uno de ellos cuenta que los abogados en el Juicio le decan que tena una memoria envidiable: No le deseo a nadie recordar lo que yo recuerdo, les contest.

Me impresiona, me despierta profunda admiracin, el aplomo que tienen los sobrevivientes cuando hablan. Mientras subimos las escaleras hacia el tercer piso al principio del recorrido, uno de ellos que camina a mi lado me dice: Por ac nos suban. Ya tenamos la capucha puesta, as que a esta escalera la adivinbamos, ms que verla. Cuando recorremos Capucha, otro de los sobrevivientes nos hace imaginar el enorme lugar vaco dividido en tabiques, cada uno con un colchn en el suelo, donde los detenidos dorman engrillados y encapuchados. Cada 15 das, cuando el olor era insoportable, los baaban; de comer les daban una vez al da una taza de mate cocido y un bife naval: un pan con una rodaja de carne seca. Pasando El Cuarto de las Embarazadas est El Paol, donde se acumulaba el pillaje, el botn que traan los grupos de tareas cuando vaciaban la viviendo de los detenidos (despus llevaban a un grupo de cautivos al que haban bautizado La Perrada a pintar y arreglar esos lugares para venderlos; pero en El Paol se vea que los grupos de tareas eran miserables hasta en su codicia: all se acumulaban en forma dantesca desde baqueteados electrodomsticos hasta rotas cajitas de msica).

Los detenidos eran trasladados al stano para las sesiones de tortura, donde todo el tiempo sonaba msica a todo volumen. Segn las pocas, el disco que sonaba en un macabro loop perpetuo era La felicidad; Satisfaction de los Stones; Salta pequea langosta de Rubn Mattos y otra cancin de Palito Ortega, esa que dice: Tirate al ro en la parte ms profunda / y despus cuando te hundas si quers pods gritar. Las luces blancas, desangeladas, del techo no se apagaban nunca. En un rincn del stano torturaban; en el otro tenan al Staff, la otra mano de obra esclava: los detenidos que trabajaban en falsificacin de documentos y redaccin de textos que contestaran a la campaa antiargentina en el exterior o en el lanzamiento de la plataforma poltica de Massera, en una oficina separada con endebles paredes del resto del stano. Los mircoles vaciaban el lugar: no trabajaba nadie. Porque los mircoles era el da de traslados: a los detenidos les hacan creer que los trasladados iban a otros centros o a granjas de recuperacin; como bien sabemos hoy, los dorman con una inyeccin de pentotal naval, los cargaban como bultos en camiones rumbo a Aeroparque y ah los suban a aviones y los tiraban al mar.

Eran pocos los que duraban mucho en la ESMA: mientras estaban detenidos, les mostraban por ejemplo a Norma Arrostito, para que pensaran: Si a ella no la mataron quiere decir que no matan. A pesar de eso, algunos fueron adivinando el destino de los trasladados (cuenta uno de los sobrevivientes que, al verlo con la ropa tan rota, el Tigre Acosta hizo que le dieran ropa nueva y recibi la camisa y el pantaln de un compaero suyo que haba sido trasladado el da anterior). La siniestra estrategia de los milicos inclua tambin liberar cada tanto a algunos pocos detenidos: para que contaran lo que saban, y para que se desconfiara de ellos por haber sobrevivido (Padecimos por partida doble el estigma del Algo Habrn Hecho). Todos ellos siguieron vigilados y monitoreados por los milicos hasta fines de 1983. Todos ellos escucharon de sus verdugos, al entrar en la ESMA, que estaban entrando en un lugar que no perteneca a este mundo: No ests vivo ni ests muerto, les decan, palabras casi calcadas de la inmunda declaracin de Videla: Los desaparecidos no estn, no son, no existen. Ni estn vivos ni estn muertos; estn desaparecidos.

En el stano, entre el sector de tortura y el del Staff sale una escalera hacia la superficie, por donde se llevaban los cuerpos inconscientes de los trasladados hacia los camiones estacionados en el patio. Hoy es un espacio vidriado sin salida donde slo entran el viento y la lluvia, el nico tramo del recorrido en que el visitante tiene que volver sobre sus pasos, para llegar al playn donde siempre tiene lugar el cierre. A causa de la llovizna, nuestra visita termin en cambio en El Dorado, el gran saln de planta baja donde los grupos de tareas planeaban los operativos, limpiaban sus armas, se dividan el botn. Somos 500 personas sentadas en el suelo, de cara a una de las paredes donde, en una fila de sillas, estn sentados los 20 sobrevivientes y varias Madres de Plaza de Mayo. En las otras paredes se proyectan las ltimas imgenes de la visita: todos los oficiales que participaron de los horrores de la ESMA que han sido o estn siendo juzgados, o que zafaron por morirse antes. La identidad de muchos de ellos pudo ser conocida gracias a Vctor Basterra, uno de los sobrevivientes que est presente en la visita. Basterra estuvo aqu detenido desde 1979 hasta diciembre de 1983. Fue secuestrado junto con su esposa y su hija recin nacida, torturado, padeci dos paros cardacos. Luego lo derivaron al Staff para falsificar documentacin (era obrero grfico). Escondi copias de las fotos que le ordenaban hacer y, cuando comenz a tener permisos de salida, las fue sacando a escondidas. Las guardaba en un hueco en la pared de su casa; se lo cont a una compaera por si en algn momento era trasladado. En el Juicio a las Juntas brind el testimonio ms contundente de todos los testigos: casin deis horas. Adems entreg todo aquel material que logr ir sacando de la ESMA. Gracias a esas fotos se pudo conocer la identidad de muchos desaparecidos en los vuelos de la muerte y tambin de muchos oficiales que participaban en los grupos de tareas.

El pequeo, coqueto edificio del casino de oficiales de la ESMA encarna como ningn otro centro de detencin todas las iniquidades del terrorismo de Estado: la tortura, el pillaje, la mano de obra esclava, el manejo psicolgico de las personas, la mentira, la impunidad, el sadismo, el robo de bebs, el arrojar seres vivos al mar. Somos 500 escuchando a esos 20 sobrevivientes; deberamos ser 40 millones, pienso. Y deberamos, todos, en este momento, estar exigiendo en voz alta lo mismo que reclaman esos 20, las ltimas palabras que dicen al final de la visita: Aparicin con vida de Santiago Maldonado. Juicio y castigo a los culpables. Nunca ms!

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/59729-santiago-maldonado-y-la-visita-de-las-cinco-en-la-ex-esma



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