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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2017

Entrevista al escritor y militante popular Miguel Mazzeo
"Cada vez es ms marcada la identificacin de la izquierda con la figura poltica burguesa del gestor que resuelve problemas"

Contrahegemoniaweb


Qu estrategias de construccin tendra que darse la izquierda revolucionaria y con qu prctica poltica?

Una izquierda revolucionaria, radical, socialista, no debera abjurar de una estrategia orientada a la construccin de espacios de autorregulacin de la convivencia social ms all del Estado y ms all del capital. Una estrategia tendiente a revertir el proceso de descolectivizacin social y poltica, que otorgue cuotas de materialidad a la fuerza del pueblo trabajador y que contribuya a la identificacin/diferenciacin de sus intereses, que ponga en accin una fuerza prctica orientada a la realizacin de ideas emancipatorias. O sea, una izquierda que aspire a la condicin de revolucionaria debera fundar una poltica emancipatoria desde las bases, construir espacios autogestionarios de reproduccin de la vida y espacios de deliberacin y politizacin no liberales y reconstruir la polis. Debera articular nodos de una democracia radical (autogobierno) y comunalizar el poder.

Y si bien esta es una formulacin muy general y ambiciosa, queda claro que buena parte de la izquierda argentina que en algn momento se le arrim, en los ltimos tiempos tiende a abandonarla, sobredimensionando las posibilidades que ofrece un campo delineado por y para las clases dominantes, siguiendo la lnea de menor resistencia, sin cuestionar los condicionamientos del capital y en funcin de gestar en algunos casos abiertamente una nueva va reformista. (Usamos una palabra del viejo lenguaje poltico pero aclaramos que no nos convence del todo). La izquierda tradicional, por su parte, mantiene en alto los fundamentos anticapitalistas y las banderas del socialismo. Lo que constituye un mrito enorme en este contexto y hay que reconocerlo y valorarlo. Pero como sigue igual a s misma: dogmtica, vertical, sectaria, desarraigada, no tiene muchas chances de masificarse y convertirse en alternativa real de poder.

En general, consideramos que existe una tendencia de la izquierda a adaptarse cada vez ms a los juegos de la poltica convencional, lo que en algn sentido refleja su aceptacin de la subjetividad dominante respecto de lo posible. Y, hoy por hoy, lo posible es una restauracin, un retorno a los tiempos del capitalismo con rostro humano y al neo-desarrollismo con inclusin. Pocas veces en las ltimas dcadas, ha resonado tan reiteradamente la expresin no hay otra. Que, en realidad, en muchos casos, podra decodificarse: no hay otra que sumarse al kirchnerismo, tarda y culposamente como la nica forma de resistir al reflujo. Acaso no puede verse esta postura como una forma de aportar una cuota ms al reflujo desde la izquierda? Creemos que existen otras formas de resistencia que no alientan la integracin/disolucin de los espacios ms crticos, que no ponen en juego su sobrevivencia.

En los ltimos aos se acumularon demasiados indicios respecto de las limitaciones de las vas llamadas progresistas: el no reconocimiento del carcter sistmico de la crisis del capital, su desinters en modificar las estructuras econmicas y sociales junto con las tendencias a la profundizacin de la matriz extractivista, su orientacin a la redistribucin del ingreso por la va del consumo sin socializacin y democratizacin de los medios de produccin, su aceptacin a rajatabla de la vieja institucionalidad, sus compromisos con las clases dominantes, su temor al protagonismo social directo, su incapacidad para promover cambios en las superestructuras, etctera. Entonces, cuesta entender que, justo cuando estas taras quedan bien expuestas en el plano nacional y continental, una parte de la izquierda, algunos movimientos sociales y algunas organizaciones populares decidan que es el momento de subirse a ese tren (que antes no abordaron en aras de la fidelidad a un proyecto emancipador) para recomponer la va reformista. Es difcil no ver en esa opcin una especie de intento de oportunismo fallido y extemporneo. El avance de la derecha en el gobierno, en el Estado y en la sociedad, es un dato fundamental pero no alcanza para explicar dosis tan elevadas de conformismo y la renuncia a construir un proyecto que vaya ms all de la gestin progresista del ciclo y las reformas democrticas.

Luego, en lneas generales, la izquierda cae en las redes de la representacin y la delegacin, en las redes del electoralismo, incluyendo a la izquierda tradicional. O sobre todo la izquierda tradicional.

Percibimos que es cada vez ms marcada la identificacin de la izquierda con la figura poltica burguesa del gestor o el/la que resuelve problemas. Eso no slo remite a una coincidencia formal o tctica con la ideologa dominante, se trata de una coincidencia ideolgica, de fondo. La izquierda, de este modo, contribuye con los procesos de despolitizacin de la sociedad civil popular o promueve formas de politizacin que son verticales y acotadas. El discurso de la poltica como gestin (para colmo de males: una gestin individualizada) genera sujetos a-crticos y conformistas, no produce sujetos polticos crticos y rebeldes, obtura cualquier confrontacin auto-consciente de los trabajadores y las trabajadoras. Se trata de una poltica de la despolitizacin, abiertamente antipedaggica que no hace ms que alimentar la representatividad social y electoral de la derecha.

Entonces, para quienes se niegan a renunciar a un horizonte de transformaciones radicales pocas veces el escenario poltico argentino se present tan pero tan opaco. Entre otras cosas porque las intervenciones polticas de la izquierda se deterioran cada vez ms y deterioran la conciencia de las bases. Sus referentes pblicos se asemejan a administradores de consorcios o algo por el estilo. El problema de fondo es que la praxis poltica de la izquierda termina convirtiendo en referencia social organizativa a los formatos tradicionales de las clases dominantes. Naturaliza el mercado, la gestin, la empresa privada, junto con la representacin, la delegacin, etctera. No promueve formas de ser y estar en el mundo que sean alternativas a las hegemnicas. Por el contrario, termina ratificando estas ltimas.

La campaa electoral y las PASO de agosto de 2017 pusieron en evidencia que buena parte de la izquierda est atravesada por los modos de la denominada pospoltica con sus tcnicas gerenciales a las que presenta como tcnicas neutrales. Con un agravante: no logra utilizarlas con eficacia. O sea, cambia la formacin militante y la pedagoga crtica por el marketing y la manipulacin de la militancia y las bases, las tareas de organizacin popular y la solidaridad de clase por las decisiones tcnicas, el desarrollo de las formas autnomas de produccin y reproduccin de la vida por las formas heternomas auspiciadas por las polticas pblicas. Tambin ahueca el discurso, busca disociarlo de las ideologas (lo que no deja de ser una maniobra ideolgica), despolitiza al Estado. Todo eso, sin rditos de ninguna especie. Quiere incursionar en el espacio intra-sistmico y encima le sale muy mal. En lugar de revertir el proceso de despolitizacin popular impulsado por el kirchnerismo (o el proceso de politizacin acotada y subordinada) busca aprovecharse del mismo. Pero en ese terreno tiene mucha competencia. O sea: renuncia a la celebracin de la vida, la militancia y la rebelda, pero tambin al goce del poder.

Al abjurar de sus rasgos ms autnticos, se torna pattica, decadente. Gradualmente desdibuja sus mejores perfiles. Creemos que, de no rectificar el rumbo, de no ofrecerse como un componente ms de la argamasa para algo nuevo, sus dirigentes, cuadros y referentes, expuestos a los tpicos procesos del transformismo, probablemente terminen integrndose a alguna elite poltica del sistema. Por cierto, algunos y algunas ya han avanzado en ese sentido. Cabe sealar que los movimientos sociales y las organizaciones populares no han estado y no estn exentas de caer en los modos del gerenciamiento pospoltico. Existe una especie de crculo vicioso de la pospoltica que degrada, a la vez, a los colectivos populares y a las organizaciones polticas referenciadas con ellos.

Usamos el concepto de pospoltica. Tambin podramos recurrir a un lenguaje un poco ms riguroso y decir: alienacin o supersticin poltica que dan cuenta, claro est, de un abanico de alienaciones y supersticiones.

Cules seran las potencialidades y los lmites para desarrollar esas estrategias?

Las potencialidades responden a que, a pesar de todo, perduran en la sociedad civil popular y en amplias franjas de la militancia, un conjunto de saberes polticos emancipatorios que, por lo general, se ponen en evidencia en espacios y praxis extra-electorales. Se trata una especie de general intellect poltico-social de los y las de abajo, de saberes abstractos que, mediante una praxis crtico-radical y las dosis necesarias de energa militante, podrn hacerse concretos. Existen trincheras desde las que el pueblo trabajador resiste a la potencia objetivada que succiona la potencia popular. La reunin de los y las de abajo que contrarresta el fatalismo que tratan de inocular las clases dominantes.

Los lmites de la izquierda en todas sus expresiones, se explican por sus dificultades nuestras dificultades a la hora de asumir la construccin de los espacios de autorregulacin de la convivencia social ms all del Estado y ms all del capital que mencionbamos. Y tambin por dejarse y dejarnos seducir por atajos de todo tipo que la distraen de esa tarea estratgica. Desde los proyectos que enfatizan los roles de lo instrumental y tratan de compatibilizar las necesidades de valorizacin del capital local y transnacional con agendas sociales bsicas, hasta los proyectos que invocan el anticapitalismo pero no logran exceder lo testimonial mientras persisten en anacronismos evidentes y promueven el sustitucionismo, el sectarismo y las lgicas de aparato, sin promover decididamente los procesos autodeterminacin popular.

Los diversos espacios polticos que hace algunos aos entusiasmaron a una generacin, hoy estn en crisis. No lograron coagular en una referencia poltica comn y adems no lograron contener la dispersin de su base social. Los acontecimientos que instituyeron la autoconfianza y el orgullo de sus militantes quedaron muy lejos. Y no se instituyeron otros nuevos. No se han encontrado los modos ms adecuados para recrear y enriquecer la memoria de la rebelin de 2001. Y el juego de la poltica convencional no hace ms que abonar esa crisis.

En estos das, se hace difcil encontrar espacios de debate poltico estratgico. A pocos y pocas les interesa generarlos. Se discute poco y nada sobre polticas anticapitalistas de largo plazo, sobre las formas de sustituir el trabajo informal o apenas asalariado por el trabajo asociado. Es el tiempo del reformismo pragmtico, del tacticismo. Es el tiempo de una obsesin por la poltica convencional: representativa, espectacular y pro-sistmica que relega lo social emancipatorio a segundo plano. El riesgo del tacticismo de la izquierda es que puede terminar absorbido por la tctica de la derecha o de lo que no es de izquierda (reformismo o como quiera llamrselo).

De qu manera la izquierda debera intervenir en el panorama electoral?

Consideramos que hay que rechazar cualquier tipo de acumulacin electoral que signifique desacumulacin estratgica o deterioro de una territorialidad propia. Porque eso es pan para hoy y hambre para maana y siempre.

Luego, tambin creemos que son muy contraproducentes las incursiones en espacios virtuales que no hacen ms que deslegitimar a las construcciones reales. Una cosa es visibilizarlas y otra muy distinta es mancillarlas. Por ejemplo: el o la referente barrial que obtiene unos pocos votos ms (o menos!) que el candidato de la ultraderecha o que el candidato caverncola que insiste con su triloga (garrote, garrote, garrote); el o la dirigente de un espacio sindical combativo y democrtico que no llega al 1%, y as, los casos abundan.

Lo ideal sera generar una herramienta poltico electoral muy amplia, generosa, y no hipostasiada. Que exprese un espacio ecumnico donde confluyan los y las que asumen un proyecto contra-moderno, anticolonial, antiimperialista, anticapitalista, desmercantilizador, anti-patriarcal, ecolgico. El objetivo de esa herramienta, no debera ser otro que potenciar los espacios y las experiencias de base realmente existentes: sindicales, campesinas, estudiantiles, territoriales, culturales, identitarias, etctera.

Dadas las condiciones actuales esto parece prcticamente imposible. Entre otras cosas implicara romper con aspectos negativos de la cultura de izquierda que estn muy arraigados. Cmo exceder las lgicas de aparato, el elitismo, el dirigismo, el sustitucionismo, el lugar tico de la inoperancia, la competencia chiquita al interior de la izquierda, la jactancia y la soberbia fundadas en los votos cualitativos, los malos hbitos de la especializacin poltica, el vedettismo de entre-casa y los caudillismos en miniatura?

Seguimos pensando que la intervencin de las organizaciones populares en los espacios de la institucionalidad vigente slo adquiere sentido emancipador si se construyen, en paralelo, espacios propios, territorios propios, autnomos y autogobernados; en fin: poder popular, aunque suene formula reiterada. La experiencia demuestra que quien siembra jetones, recoge garcas.

Luego, creemos que es importante tener siempre presente que los gobiernos populares pueden colaborar con los procesos emancipatorios, pero que no son, ni pueden, ni deben ser, el sujeto privilegiado de la transformacin. O sea, insistimos en la importancia de asumir, desde el vamos, un desplazamiento del eje de la poltica desde Estado y el poder instituido hacia la sociedad civil popular y el poder instituyente.

Cmo ve el escenario despus de las PASO, tanto de cara a las elecciones de octubre como posteriormente, ante los anuncios de ms ajuste?

En primer lugar vemos un escenario signado por una indita concentracin de poder de la derecha en todos los campos, material, social, poltico, judicial, meditico, cultural y simblico. De este escenario se deriva una marcada polarizacin entre capitalismo salvaje/democracia restringida y capitalismo con rostro humano/democracia susceptible de ser ampliada. En la medida en que el primer maridaje, representado por el gobierno de Mauricio Macri y la coalicin Cambiemos avance en polticas de ajuste (y represin), se consolidar la segunda alternativa. Queda por ver si este ultimo espacio es hegemonizado por el kirchnerismo, con Cristina Fernndez de Kirchner al frente, o por otro espacio y otra figura del universo ancho, diverso, cambiante y flexible del peronismo.

A pesar de que el resultado de las PASO no haya sido muy alentador para las aspiraciones del kirchnerismo, creemos que este conserva todava sus capacidades para articular un frente anti-neoliberal y anti-derechista. Sigue siendo el espacio con ms posibilidades de consolidarse como alternativa al gobierno de Macri y la coalicin Cambiemos en un escenario de fuerte polarizacin. Dudamos que otras fuerzas polticas puedan disputarle a CFK el liderazgo del frente policlasista en su versin ms progresista. Eventualmente el peronismo, en caso de gestar un liderazgo alternativo al de CFK, no har otra cosa que articular un frente antimacrista, pero ms a la derecha de la versin kirchnerista. Pero es evidente que los tiempos no dan. El 2019 est muy cerca. Y ese partido tambin lo juega el espacio de Sergio Massa y sus aliados, pero con menos posibilidades.

Sabemos que esa contradiccin entre versiones del capitalismo es falsa, o en todo caso es superficial y, como queda a la vista, nos propone un horizonte muy pobre. Es de un conformismo tremendo y cnico aceptar que es mejor un 25% de pobreza que un 50%. Obviamente, es mejor luchar por ampliar derechos que por recuperarlos. Pero, si de izquierda y socialismo se trata, debemos militar por cambios estructurales profundos en las relaciones de produccin y propiedad; debemos generar las condiciones para una democracia radical; en fin, tenemos que asumir compromisos en pos de las acciones y los pensamientos que hagan posible la consolidacin y el avance de un proyecto popular desde abajo y no auspiciar reformas desde arriba que perpetan la dominacin social del capital y dejan abiertas las puertas de la regresin.

Esto no significa que haya que desistir de la construccin espacios de resistencia y movilizacin ms amplios y buscar acuerdos bsicos con sectores de lo ms diversos. No quedara otra alternativa frente a los intentos de las fracciones de las clases dominantes que buscan imponer las polticas neoliberales en su versin ms cruda, frente a la concentracin de poder de la derecha ms retrgrada. Sera una irresponsabilidad no plantearse estas articulaciones. Claro est, lo ptimo (que adems es lo necesario a mediano y largo plazo) sera hacerlo desde un espacio crtico-radical, con insercin e influencia extendidas en la sociedad civil popular, un espacio que logre construir una posicin slida.

Muchos y muchas insisten en que el gobierno de Macri y la coalicin Cambiemos representa una nueva derecha e incluso algo ms original que ni siquiera puede considerarse como de derecha; aunque sea igual de oscuro y desptico o ms. Se lo presenta como el signo de toda una etapa histrica caracterizada por la colonizacin potente de las subjetividades por parte del mercado, por lograr que los hombres y las mujeres se sientan absolutamente extranjeros en relacin a su destino, por la consumacin del sentido ms negativo de la libertad del liberalismo (la libertad de los propietarios). Proceso al que han hecho su aporte los gobiernos denominados progresistas, sea dicho de paso.

Todo esto, creemos, es rigurosamente cierto. Pero tambin existen costados que demuestran que gobierno de Macri y la coalicin Cambiemos se sita en una lnea de continuidad respecto de las tradiciones reaccionarias argentinas: el catolicismo ultramontano que considera a Francisco I un Papa populista (y hasta un zurdo); el anticomunismo vulgar, la gestin policial de los conflictos sociales y las prcticas cuasi contrainsurgentes remozadas; la reivindicacin de patrones econmicos primario exportadores, de valorizacin financiera y rentistas; el endeudamiento externo y la apertura econmica; el culto al libre mercado y la libre empresa junto con los lamentos por el costo laboral argentino; el desprecio y la impiedad para con el universo plebeyo-popular; el ultragorilismo y la tilinguera. Fiel a esas tradiciones, el gobierno de Macri y la coalicin Cambiemos buscar generar consenso en torno a las pulsiones consumistas, la seguridad y la tranquilidad de una parte de la sociedad. As, con policas y gendarmes, con balas de goma y de las otras, con bici-sendas y metro-bus, con apologa de la informalidad, con rigurosa separacin de los residuos, con funcionarios que resignan el uso de sus apellidos siempre a favor del nombre de pila; as, buscar sacrificar los fragmentos ms sustanciales de la democracia junto con la libertad y la igualdad de las mayoras. Ejercer el control social a travs de la angustia y el miedo colectivos.

Porque, sostenemos, este gobierno est desatando las fuerzas ms retrgradas de la sociedad argentina y buscar sostenerse en ellas. Est abriendo cajas de Pandora o, ms claro y directo: abriendo las jaulas de los monstruos o las compuertas de un ro de mierda. Est amplificando los mensajes ms perversos y psicpatas. Hay muchsimos signos: estigmatizacin de grupos subalternos y oprimidos, represin, policializacin de ciudades enteras, presos polticos y presas polticas, un desaparecido, manipulacin del proceso electoral, entre otros.

Est claro que hay frenar a la derecha, generar situaciones de movilizacin permanente, evitar la consolidacin de la versin dura y desptica del neoliberalismo. La mejor frmula que conocemos para ganar posiciones slidas en la sociedad civil popular (e incluso en el Estado) consiste en crear poder popular, auspiciando la auto-organizacin desde abajo, en los barrios, los sindicatos, los centros de estudiantes; consolidando espacios productivos no mercantiles que garanticen la reproduccin de la vida. Esto incluye el fortalecimiento indentitario y programtico del campo popular para evitar la consolidacin de las alternativas intra-sistmicas, siempre dispuestas a capitalizar los avances populares. Por ah creemos transita una eficacia poltica a la que adherimos. Una eficacia poltica que instaure un principio de ruptura, que haga posible el despliegue de una inteligencia poltica que est en exceso respecto de los lmites de la poltica. La nica eficacia afn a los intereses del pueblo trabajador.

Miguel Mazzeo es Profesor de Historia y Doctor en Ciencias Sociales. Docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lans (UNLa). Escritor, autor de varios libros publicados en Argentina, Venezuela, Chile y Per, entre otros: [email protected] Breve historia de un movimiento popular argentino; Qu (no) Hacer? Apuntes para una crtica de los regimenes emancipatorios; Introduccin al poder popular (el sueo de una cosa); El socialismo enraizado. Jos Carlos Maritegui: vigencia de su concepto de socialismo prctico; El Hereje, apuntes sobre John William Cooke. Colaborador de los portales Contrahegemona.web, Resumen Latinoamericano, La Haine, entre otros.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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