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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2017

Santiago, desaparicin forzada y Estado responsable

Gustavo Robles
Rebelin


En su informe al Congreso, el empresario jefe de gabinete de ministros Marcos Pea Braun, que aumenta indiscriminadamente los precios en su cadena de supermercados La Annima mientras dice (claro, como no) que la economa ya arranc y est creciendo, explica que no hay pruebas de que la Gendarmera tenga responsabilidad en la desaparicin forzada de Santiago Maldonado.

La impresentable ministra de seguridad Patricia Bullrich, cuyo nivel de exposicin es propio del de los barras bravas, no slo afirma lo mismo, sino que se golpea el pecho hacindose cargo por la manera de proceder de los gendarmes. De la misma manera, neg la utilizacin de vehculos que despus aparecieron en los videos de la represin. Y dijo que el fascista apologista de la Dictadura, su subordinado Noceti, pasaba por ah y se qued a ver el operativo, cuando en realidad fue quien lo encabez. Para completar su obra (de terror), revel el nombre y dems datos de un testigo protegido, amigo de Santiago.

La nefasta Elisa Carri sugiere que la desaparicin de Santiago puede ser una operacin del kirchnerismo para perjudicar al gobierno en medio de un proceso electoral. Garavano se junta en patota con la Bullrich y Avruj para destratar a Abuelas, Madres y organismos de DDHH y negar la responsabilidad que a todas luces tienen en la cuestin.

El caso es tan grave que Macri y su figurita ms simptica y popular (a pesar de que perdi ms de 400.000 votos desde 2015), la Heidi-nazi Vidal, ni se pronuncian por temor a embarrarse en un lodazal que no saben cunto los puede afectar.

Y es que por ms que lo nieguen, la desaparicin de Santiago Maldonado es absoluta responsabilidad de la Gendarmera como brazo armado de las polticas gubernamentales. El operativo en el que 200 uniformados pertrechados hasta los dientes fueron a reprimir a siete integrantes o defensores de los derechos del pueblo mapuche es parte de ello, y no fue un hecho aislado, sino frecuente.

Supongamos que Santiago est an vivo y escondido por su propia voluntad, como quieren plantear maliciosamente en el oficialismo: no tendra razones para ello, despus de un ataque a tiros como el que sufrieron y la persecucin de la que son objeto l y sus compaeros? En ese caso, la causa sera el salvajismo de las fuerzas de represin, es decir, responsabilidad del gobierno que las maneja. En el mismo sentido debe interpretarse el temor de los mapuches para prestarse a declarar ante el poder judicial de un Estado que los presume y seala como sediciosos y los persigue sistemticamente. Y revela su identidad si se animaran a hacerlo.

Lamentablemente, hay demasiados indicios que nos hacen temer por la integridad de Santiago. Los testimonios de sus compaeros, las filmaciones, su gorra encontrada en el lugar de los hechos y el accionar de los gendarmes no auguran nada bueno. Si el video del operativo no es suficiente indicio como para sospechar de los uniformados y separarlos de sus cargos, entonces quin ms en este pas podr ser juzgado con elementos similares y tan contundentes? qu ms indicios quieren?

El problema, entonces, es poltico, y la justicia burguesa acta en consonancia con el inters de clase para la que fue creada.

La desaparicin forzada de Santiago Maldonado es un hecho aberrante en un pas donde se ha sufrido el terrorismo de Estado de manera taladrante y abrumadora. Muestra las miserias de una democracia que no es tal, donde las clases dominantes apelan a cualquier extremo para imponer sus intereses. En este caso, los mapuches son un obstculo para los de los latifundistas como Benetton o Lewis, para las corporaciones que quieren saquear los territorios que ocupan y para el gobierno que les guarda sus privilegios.

El caso de Santiago debe correr el teln de la problemtica de la tenencia de la tierra en Argentina, un pas donde millones de seres humanos se hacinan en aglomeraciones urbanas asfixiantes y alienantes, mientras unos pocos se reparten millones de hectreas desiertas de personas. Una desquiciada distribucin demogrfica que arrasa con toda lgica, equidad y justicia. Y ah est la punta del ovillo, la causa por la que pelean los pueblos originarios y por la que desaparecieron a Santiago y a incontables seres humanos ms.

Vivimos tiempos aciagos los argentinos. Tanto, que los responsables de la desaparicin de Julio Lpez y 40 luchadores polticos y sociales ms en sus doce aos de gobierno, se autoproclaman hoy como indignados defensores de los DDHH y se horrorizan ante la ausencia de Maldonado. Esos que durante ms de una dcada ni molestaron a Benetton ni a ningn latifundista y es ms: les regalaron casi al final de su gestin una reforma en el Cdigo Civil que les otorgaba gratuitamente los territorios fiscales de las costas, las riberas y los lmites estatales. Esos que fomentaron a las patrias sojera, minera y petrolera, las que nos saquearon y saquean y echan a los campesinos pobres y pueblos originarios de sus territorios para llevar a cabo sus tareas de expoliacin. Esos son el kirchnerismo, que hoy se rasga las vestiduras como si no tuviese nada que ver con estas y otras miserias que sufre nuestro pueblo.

La solucin de estos problemas est en otro lado. Est ms que claro que la conciliacin de clases de la que el peronismo hizo escuela y a la que hoy toda la progresa claudicante quiere llevarnos, ha fracasado en el objetivo de terminar con las angustias y consolidar la liberacin y la felicidad del pueblo trabajador. Argentina y Latinoamrica son testigos de ello.

Slo la autogestin y la organizacin para la toma del poder de los trabajadores puede ser capaz de crear una sociedad justa, sin explotacin del hombre por el hombre y sin miseria.

En el caso de la desaparicin forzada de Santiago pasa algo similar. Poner a investigar al propio Estado responsable de la represin de la que fue vctima es un contrasentido insalvable. Si hasta el juez Otranto que lleva adelante la causa, fue el mismo que orden el operativo en el que se lo llevaron. Ni el poder judicial, ni el gobierno, ni la oposicin tradicional son confiables, porque los intereses que defienden son otros. Slo una Comisin Independiente del Estado, conformada por personalidades intachables, la izquierda, luchadores por los DDHH, defensores de las causas de los pueblos originarios, los campesinos, los trabajadores y por supuesto los familiares de Santiago, puede llegar a la verdad y desenmascarar a los responsables. Ese instrumento entonces, es el que hay que fogonear y concretar.

Mientras tanto y an despus, seguiremos en las calles reclamando contra todo intento de resurreccin del pasado negro, ese podrido vestigio que an vive entre nosotros y se llev a Santiago, a Lpez y a tantos otros compaeros que pusieron su cuerpo para construir una sociedad digna de ser vivida por todos y no por unos pocos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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