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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-09-2017

El legado de Allende

Editorial de Punto Final
Rebelin


Derrocado el 11 de septiembre de 1973 mediante un cruento golpe militar que ni su gobierno ni los partidos populares estaban en condiciones de enfrentar, Salvador Allende entr en la historia, sin embargo, con el talante de un lder victorioso. Su legado poltico y moral entrega enseanzas valiosas para los revolucionarios de hoy. En primer lugar, su consecuencia poltica y su coraje personal, que le hicieron empuar un fusil para resistir en La Moneda junto a un puado de valientes. En sus propias palabras: pagaba con su vida la lealtad del pueblo. Su inmolacin fue un acto consciente de rebelda para no humillarse ante la traicin y felona de losgenerales y almirantes. En otras circunstancias seguramente habra encabezado la resistencia de un pueblo armado y de unidades militares constitucionalistas. Lo nico que no pas por la mente de Allende en el palacio en llamas fue rendirse y negociar las condiciones de un exilio honorable. Sus ltimos mensajes por radio y su decisin final, lo cubrieron de gloria y a la vez sepultaron en el oprobio a los golpistas cuya ruindad moral confirmaron suscrmenes y el enriquecimiento ilcito de los terribles aos que siguieron.

No solo fue su valor y consecuencia. Salvador Allende dej tambin numerosas otras enseanzas. Por ejemplo su incansable perseverancia para forjar la unidad de los sectores populares entendida como factor esencial de un proceso revolucionario. Tambin durante muchos aos Allende plante la nacionalizacin del cobre como un tema vinculado al ejercicio efectivo de la soberana nacional. Esa reivindicacin estaba lejos del debate poltico cotidiano cuando Allende la levant como bandera de lucha. Durante largo tiempo la suya fue una voz en el desierto.

Allende rehus ocultar sus ideas o mimetizarse en el centro poltico que permite todo tipo de transacciones. Los revolucionarios de hoy deben estudiar su trayectoria poltica y las coaliciones poltico-sociales que encabez hasta llegar a La Moneda con la Unidad Popular. Su victoria en1970 fue estrecha y tuvo que someterse al veredicto del Congreso Pleno. La Democracia Cristiana lo apoy a cambio de un Estatuto de Garantas Democrticas que el presidente Allende respet escrupulosamente. Sin embargo, ese Estatuto se convirti en un cepo que impidi el libre desarrollo de las capacidades revolucionarias del pueblo. Esas limitaciones motivaron las contradicciones que surgieron entre los partidos de la Unidad Popular. Oblig a utilizar los resquicios legales para impulsar diversas iniciativas. A la vez tom fuerza una corriente independiente y crtica desde la Izquierda que impuls el poder popular de los pobres del campo y la ciudad bajo la consigna avanzar sin transar.

Allende haba declarado sin ambages que el objetivo de su gobierno era un socialismo adecuado a las caractersticas socio-polticas y culturales del pas. La va chilena hacia el socialismo fue explicitada en su primer mensaje al Congreso Pleno el 21 de mayo de 1971. La nacionalizacin de la gran minera del cobre y la Reforma Agraria, la estatizacin de la banca y la intervencin de diversas industrias, confirmaron que se haba iniciado un proceso revolucionario indito que atrajo la atencin del mundo y despert una ola de simpata en Amrica Latina. En efecto, era el primer intento en la historia de construir el socialismo por una va pacfica y con absoluto respeto a una Constitucin burguesa.

No obstante, la conspiracin golpista se haba iniciado incluso antes que Allende asumiera el mando. La oligarqua pidi la intervencin norteamericana y el presidente Richard Nixon orden a la CIA y al Pentgono hacer chillar la economa y crear las condiciones para el derrocamiento de Allende. La fuga de capitales, el bloqueo del crdito internacional, el mercado negro, la especulacin, la escasez y la inflacin se dispararon. Los camioneros paralizaron durante dos meses el transporte de alimentos y dems artculos de primera necesidad. Los mineros de El Teniente se declararon en huelga y marcharon a Santiago. Embarques de cobre fueron embargados en Hamburgo y otros puertos. Las mujeres de la burguesa salieron a las calles a tocar cacerolas. Los medios de desinformacin internacionales y nacionales -que gozaban de absoluta libertad, incluso para insultar y calumniar al mandatario- desataron la guerra sicolgica. Acusaban a Allende de pretender instaurar la dictadura del proletariado y convertir a Chile en una segunda Cuba. Comenzaron los sabotajes a la electricidad y las comunicaciones por bandas terroristas de extrema derecha asesoradas por oficiales de las FF.AA.

En octubre de 1972, por iniciativa democratacristiana, el Congreso aprob la Ley de Control de Armas. Su propsito era eliminar toda capacidad del pueblo para enfrentar el golpe de Estado que estaba en marcha. Allende y sus ministros socialistas Jos Toh (Defensa) yJaime Surez (Interior), se vieron obligados a promulgar una ley que facultaba a las FF.AA. para efectuar allanamientos y detener militantes de Izquierda acusados de poseer o fabricar armas caseras y explosivos. La oposicin -derecha y Democracia Cristiana- controlaba el Congreso Nacional. En julio de 1972 formaron la Code (Confederacin de la Democracia) con la intencin confesa de derrocar al presidente mediante un golpe parlamentario. Para eso necesitaban alcanzar los dos tercios de la Cmara de Diputados en las elecciones de marzo de 1973. No lo lograron, porque la Unidad Popular sac fuerzas de flaquezas y consigui el 43,4% de los votos. El fracaso del golpe por va parlamentaria despej el camino al golpe militar.

(Hasta aqu a los lectores debe parecerles que estamos relatando lo que sucede en Venezuela. En efecto, ese plan desestabilizador es casi idntico al que Washington implement en Chile. La diferencia ms notable consiste en que en Venezuelaexiste la alianza pueblo-fuerzas armadas, legado poltico del presidente Hugo Chvez que el imperio no ha conseguido romper).

Repasar nuestra historia, y en particular la experiencia de la Unidad Popular, es indispensable en cualquier futuro proyecto de cambios democrticos con justicia social. Allende supo fijar un norte alproceso de acumulacin de fuerzas sociales y polticas. La nacionalizacin del cobre fue el eje movilizador del programa ante el cual hasta la derecha tuvo que ceder en el Congreso. La contrarrevolucin deshizo sa y otras conquistas que es necesario retomar para asegurar un proceso revolucionario. La nacionalizacin del cobre (y del litio) fortalecera la soberana nacional y entregara enormes recursos al Estado. Hay numerosas otras reivindicacionescapaces de convocar fuerzas sociales. Por ejemplo el fin de las AFP y el derecho a salud y educacin de calidad; el reconocimiento de la autonoma del pueblo mapuche; el freno al dao al medioambiente de las empresas forestales, elctricas, mineras y frutcolas; limitar las ganancias desorbitadas de bancos e Isapres; estatizar el transporte pblico

Ninguno de esos objetivos es posible sin acometer un proceso ideolgico que permita liberar las conciencias sometidas a la dictadura cultural e ideolgica del neoliberalismo. La batalla de las ideas est en primer lugar porque es all donde la Izquierda sufri su peor derrota. El camino para superar este sistema inhumano y depredador pasa por una Asamblea Constituyente que proponga al pueblo la Constitucin Poltica que permita -por fin- contar con la institucionalidad de una repblica democrtica y participativa. La convocatoria a la Constituyente abrira el espacio para conquistar a las fuerzas armadas y contar con su participacin en un programa democratizador y patritico.

Avanzando en esta direccin, con la Asamblea Constituyente como llave maestra del cambio, se recogera lo fundamental de la leccin que nos dej el presidente heroico.

 

Editorial de Punto Final, edicin N 883, septiembre 2017.

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www.puntofinal.cl


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