Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2017

Nuestra revolucin rusa

Charles Michaloux y Franois Sabado
Viento Sur


 El centenario de la Comuna de Pars, en mayo de 1971 en Pars, estuvo marcado por una gran marcha en la que la muy reciente energa de Mayo del 68 flotaba en el ambiente de la primavera parisina delante del cementerio del Pre-Lachaise y el Muro de los Federados. Era la celebracin de un evento fundador pero que termin en derrota. Si bien el recuerdo de la masacre de los Comuneros por los Versallescos y la burguesa parisina otorgaba a ese centenario toda su gravedad, estaba impregnado por la feliz esperanza de la juventud que sali a la calle aquel da.

El centenario de la Revolucin Rusa se presenta de manera muy diferente. Sin embargo, Octubre de 1917, a diferencia de la Comuna de Paris, concluy con una victoria; una victoria prolongada, de forma brillante, por la que se gan contra el cerco contrarrevolucionario de todas las grandes potencias de la poca. Pero, tras los destrozos del estalinismo, la implosin de la Unin Sovitica se dio sin que este brutal colapso reavivara la memoria de Octubre. No est previsto ninguna movilizacin [conmemorativa], y actualmente, tras una dcada de crisis en la que se siente cada vez ms la violencia de un capitalismo sin fronteras, empieza a pesar el espritu de los tiempos. Se aprovecha el centenario para hacer propaganda sobre lo nocivo o intil de esa revolucin que termin en dictadura, o dando a entender que desde su nacimiento fue el instrumento de esta ltima gracias al golpe de Estado.

En este escrito tomamos partido en defensa de la Revolucin Rusa como un gran acontecimiento en la historia de la emancipacin de los pueblos, un momento fuera de lo comn en el que las clases dominantes perdieron el control que esperaban tener para los siglos futuros, y en el que las masas populares arrasaron con todo para tomar las riendas de su destino. Estamos convencidos de que la respuesta a la decisiva pregunta histrica y terica sobre si haba que tomar el poder en las condiciones precisas de Octubre de 1917 sigue siendo que s. El impulso de la movilizacin antes, durante y despus de Octubre de 1917, el entusiasmo que suscit y la sacudida que provoc en el mundo entero muestran el alcance de esta revolucin. Concretamente, lo que podr sacar a la luz los tesoros de las experiencias y las enseanzas no ser la apologa ciega, sino la crtica penetrante y reflexiva. Pues una revolucin proletaria modelo en un pas aislado, agotado por la guerra mundial, estrangulado por el imperialismo, traicionado por el proletariado internacional, sera un milagro. Lo que importa es distinguir, en la poltica de los bolcheviques, lo esencial de lo accesorio, lo substancial de lo fortuito, escriba Rosa Luxemburg en sus notas de prisin sobre la Revolucin Rusa.

Frente a una burguesa rusa que, zigzagueante durante los diferentes estadios de la movilizacin revolucionaria, se bata para que continuara la guerra, para que el campesinado siguiera sin tierra y para que las duras condiciones de vida de los obreros no cambiaran en nada, los bolcheviques optaron por la organizacin independiente del movimiento en sviets y acompaaron la profundizacin del movimiento sealando los objetivos que lo alejaban de toda conciliacin hasta lograr derrocar al gobierno a travs de la insurreccin que dara todo el poder a los sviets. Pero lo que en el corto perodo que sigui a la revolucin era (o poda parecer) accesorio se mostr despus como algo fundamental; en cualquier caso, as lo presentaron no solo los adversarios de la revolucin sino tambin sus principales actores, en los aos 20.

El contexto explica algunos de los errores o desviaciones: una revolucin proletaria en un ocano campesino, una guerra civil de una crueldad descabellada, el agotamiento de las fuerzas productivas y de toda la sociedad, el aislamiento internacional, la historia del pas y su carencia de tradiciones democrticas. Pero estas circunstancias no explican todo. Los bolcheviques y, en su direccin, los ms eminentes de entre ellos, Lenin y Trotsky hicieron de tripas corazn y transformaron las medidas de excepcin de la guerra en leyes y reglas de funcionamiento del Estado y de la sociedad. Se sofoc a la oposicin y la vida democrtica del pas de forma progresiva y rpidamente (en apenas unos aos). Por tanto, es necesario reevaluar la poltica impulsada en los primeros aos de la Revolucin por Lenin y Trotsky en este mbito. Ya que este fue el caldo de cultivo en el que la contrarrevolucin estalinista, una vez congelada la revolucin (como deca Saint-Just de la francesa), pudo acabar con lo que an quedaba de la herencia viva de Octubre.

A nuestro entender, este enfoque se inscribe de manera deliberada en la continuidad de las reflexiones crticas de Rosa Luxemburg desde los primeros meses que siguieron a la toma del poder (vanse sus Notas sobre la Revolucin Rusa), de la defensa de Ernest Mandel de la legitimidad de la Revolucin Rusa (Octubre de 1917: golpe de Estado o revolucin social, http://www.vientosur.info/spip.php?article12178 ) y del balance crtico de Daniel Bensad en 1997 (http://danielbensaid.org/Questions-d-Octobre?lang=fr).

Hoy en da nos parece importante sistematizar y dar forma a este balance crtico, ms de lo que ya lo hicieron Mandel y Bensad. Aun as, el teln de fondo de esta reflexin sigue siendo el mismo: la Revolucin Rusa es la primera revolucin proletaria victoriosa de la historia. Lo que consigui contina siendo una inspiracin viva; en este marco, la accin de las mujeres y los hombres que tuvieron esa audacia merece un examen crtico, por respeto a sus logros y por la voluntad de extraer las mejores lecciones posibles de ellas. Toda revolucin tendr que cargar con estas cuestiones, como ya perfila la fuerte sensibilidad democrtica en todas las movilizaciones de cierto alcance.

Revolucin e insurreccin

Golpe de Estado? La insurreccin fue a la vez la culminacin de la revolucin iniciada en febrero y el punto de partida de una nueva situacin revolucionaria. En cualquier caso, no fue un golpe de Estado! Preparada y debatida abiertamente, la insurreccin fue el punto culminante de un proceso de radicalizacin de masas y de su representacin en los sviets que a trompicones en funcin de los acontecimientos que sacudan Rusia dio la mayora a quienes defendan la toma del poder por los sviets. La insurreccin de Octubre no fue una operacin tramada por crculos poltico-militares sin la intervencin o a espaldas de las masas. Desde este punto de vista, la referencia a Blanqui no es ms justa que la caracterizacin de golpe de Estado.

Tuvo lugar con dificultades y sobresaltos, incluso en el seno del partido bolchevique. Pero cuando se reunieron las condiciones, a finales de septiembre, surgi un debate ms avanzado.

Lenin, que ya haba tenido que pelear duro para obtener un acuerdo sobre la perspectiva de la toma del poder, desconfiaba de las tergiversaciones que, a su parecer, no tenan otra funcin que la de retrasar los plazos. As pues, preconiza ir rpido, y exige que se lancen los regimientos y batallones de la flota y las tropas de Finlandia, fieles a los bolcheviques, al asalto del Palacio de Invierno, para derrocar al gobierno provisional de Kerenski. Se dirige a la direccin del partido sin ambigedad: Los bolcheviques han de tomar el poder. Trotsky, que resista a sus conminaciones cada vez ms apremiantes, hace hincapi en la necesidad de que la insurreccin, o sea la toma del poder, emane de la legalidad sovitica. Vela porque el sviet de Petrogrado del que fue nombrado presidente se dote de un Comit Militar Revolucionario (CMR) al que respondan los sviets de soldados, los cuales representan un ejrcito en plena efervescencia revolucionaria. Y es el CMR el que organiza la insurreccin en la noche del 25 al 26 de octubre (en nuestro calendario, es la que va del 6 al 7 de noviembre).

La divergencia entre Lenin y Trotsky remite a una cuestin ms sustancial que el simple carcter tcnico de la insurreccin, sobre cuya necesidad estaban de acuerdo. Evidentemente, toda organizacin insurreccional exige preparativos militares especficos y secretos de orden conspirativo. Todo ello fue llevado a cabo con un perfecto dominio por el CMR dirigido por los bolcheviques, con Trotsky a la cabeza. Los centros neurlgicos del poder (correos, comunicaciones, cuarteles) fueron ocupados rpidamente por los batallones revolucionarios. Como sabemos, la toma del Palacio de Invierno, donde resida el gobierno provisional, fue un poco ms lenta por una menor organizacin.

Este episodio, que es en cierto sentido el primero del nuevo poder, es bastante revelador de ciertos problemas que se agravarn ms tarde con las terribles dificultades de la guerra civil.

Lenin ve los sviets como una mquina de destruccin del zarismo, de su Estado, de todas sus instituciones, y como el instrumento de la movilizacin de las masas contra el zarismo y contra el gobierno provisional. Desde este punto de vista, los sviets eran tambin un organismo de frente nico para derrocar al poder establecido. De ah las consignas de Lenin a favor de todo el poder a los sviets y la presin para que mencheviques y socialrevolucionarios constituyesen un gobierno de ruptura con la burguesa, apoyado por los sviets. En esta situacin revolucionaria, anterior a la conquista del poder, con un partido bolchevique minoritario, la democracia sovitica ocupaba un lugar importante, con sus distintos componentes (corrientes, partidos, sindicatos). Pero confrontado a los problemas tcticos y estratgicos de la toma del poder (quin toma el poder?), Lenin relega la auto-organizacin a un segundo plano, y no confa ms que en la direccin militar bolchevique. No se concibe ya a los sviets como el verdadero lugar del poder sino como el instrumento, o incluso como la tapadera del poder bolchevique.

Trotsky tiene otra manera de proceder. Su papel en la revolucin de 1905, a la cabeza del sviet de San Petersburgo, su imagen de defensor de la unidad en el movimiento revolucionario ruso, lo conducen a otorgar un lugar ms central a la auto-organizacin popular; de ah su insistencia en lo relativo a la toma del poder por el CMR. La fuerza de la dinmica sovitica, pero sobre todo Trotsky y los principales dirigentes bolcheviques, obligaron a Lenin a pasar por el CMR y el sviet para dirigir la insurreccin. En el corazn mismo de la insurreccin se expresa este crucial problema: quin toma y quin tiene el poder? Los sviets o el partido? Es as como se plantea de entrada la cuestin de un cierto sustitucionismo (del Partido respecto a los rganos revolucionarios).

La paradoja de El Estado y la revolucin

Unos meses antes de estas jornadas de Octubre, Lenin se ve empujado a la clandestinidad por la represin que sigue a las jornadas de julio. En su exilio forzado, vuelve a los textos de Marx y Engels, especialmente sobre la Comuna de Pars. En agosto de 1917 acaba El Estado y la revolucin. Este texto capital es una carga contra el lder alemn de la social-democracia (Karl Kautsky) y sus seguidores en Alemania y en Rusia. Volviendo a los fundamentos, da con una frmula a menudo sorprendente de la necesidad de destruir la vieja mquina burocrtica y militar del Estado para construir un nuevo gobierno, una nueva administracin y un nuevo ejrcito cuyo objetivo es transformar de arriba abajo la sociedad y cuya funcin es perecer nada ms creados. Siguiendo y citando a Marx, Lenin ve en la Comuna la forma poltica al fin encontrada de esta empresa revolucionaria.

La Comuna es la forma al fin encontrada, por la revolucin proletaria, bajo la cual puede lograrse la emancipacin econmica del trabajo. (Lenin, O.E. pp. 169).

La Comuna es el primer intento de la revolucin proletaria de destruir la mquina estatal burguesa y la forma poltica, descubierta al fin, que puede y debe sustituir a lo destruido". (ibid).

Y Lenin concluye que las revoluciones rusas de 1905 y de 1917 prosiguen, en otras circunstancias, bajo condiciones diferentes, la obra de la Comuna y confirman el genial anlisis histrico de Marx. (ibid. pp 171).

La paradoja es que este texto, escrito tres meses antes de la toma del poder, si bien es muy eficaz para echar por tierra las pseudo-teoras marxistas ortodoxas de la poca que justificaban para los socialdemcratas alemanes o los mencheviques rusos la perspectiva de amoldarse al Estado burgus, no dice nada sobre las cuestiones especficas de la democracia y de la representacin poltica para un rgimen de transicin entre el capitalismo y el socialismo. Haciendo suya la profesin de fe de Engels en el Anti-Dhring (el gobierno de las personas deja lugar a la administracin de las cosas y a la direccin de las operaciones de produccin), El Estado y la revolucin arrasa con fuerza las antiguallas reformistas de adaptacin a la sociedad burguesa y a su Estado represivo; sin embargo, no dice nada sobre el debate poltico propiamente dicho, o sobre el pluralismo de opiniones y de corrientes organizadas para defenderlas. En fin, no se aborda la poltica como tal, como si ella tambin tuviera que perecer despus de la revolucin.

As pues, lo paradjico es que el aliento revolucionario autntico que recorre este folleto parece al mismo tiempo desfasado respecto a la realidad de las intensas luchas polticas que tienen lugar entonces en Rusia (y en los partidos obreros mismos), y respecto a aquella que va a aparecer tras la toma del poder.

Pero lo que Lenin deja sin abordar relativo a la democracia socialista que ha de poner en la agenda la revolucin, bajo circunstancias y decisiones extraas. a la argumentacin central de El Estado y la revolucin, se va a ver cargado con otro contenido, realmente diferente.

Este callejn sin salida tiene un doble origen: la ausencia de tradiciones polticas democrticas, siquiera parlamentarias, en la vieja Rusia, combinada a la concepcin dominante en la Segunda Internacional segn la cual la socialdemocracia era la expresin orgnica de la clase obrera y del movimiento obrero, y en la que al movimiento sindical se le considera subordinado al partido. Las tendencias existan, pero en el seno de un solo y mismo partido: la socialdemocracia. En el movimiento obrero, el multipartidismo no formaba parte de la cultura de la poca: una sola clase, un solo sindicato, un solo partido. Sin embargo, la lucha entre tendencias y fracciones eran extremadamente agudas, especialmente en Rusia, incluso en el partido bolchevique de marzo a octubre de 1917. Las cosas cambiaran progresivamente tras la conquista del poder.

El giro de los aos 20 y la asfixia democrtica

Tanto en la ciudad como en el campo, la economa estaba muy desorganizada, y la clase obrera terriblemente debilitada. El ejrcito se encontraba en gran parte descompuesto debido a la movilizacin de los soldados. La Administracin, ms que reticente hacia el poder de los sviets, haca todo lo que poda para no hacer nada. Rpidamente, la situacin tom un rumbo dramtico.

La primera cuestin espinosa fue poner fin a la guerra sin entorpecer el desarrollo de la revolucin, tan esperada en Alemania y en Europa. Al respecto, el partido bolchevique se vio desgarrado por fuertes discusiones, al igual que las dems corrientes presentes en los sviets como los mencheviques, los socialrevolucionarios, los anarquistas. Este debate impidi terminar pronto [la guerra], como lo deseaba Lenin, que preconizaba con realismo aceptar las exigencias alemanas. Unos meses ms tarde, el ejrcito alemn penetraba profundamente en territorio ruso. Y el tratado de Brest-Litovsk, firmado en marzo de 1918, ratificaba la amputacin de un cuarto del territorio ruso y de su poblacin, as como la prdida del 70 % de los recursos agrcolas y de acero. Una verdadera sangra que, sin duda, la hubiera podido evitar o reducir una decisin ms rpida. Pero tan pronto como fue firmado, el tratado provoc la salida de los mencheviques internacionalistas y de los SR de izquierda de los organismos soviticos, para denunciarlo. Algunos sectores de los SR aadieron tambin la vuelta al terrorismo contra dirigentes bolcheviques (Volodarski fue asesinado en Petrogrado en junio de 1918).

Desde finales de 1917, una mayora de la direccin haba impuesto a Lenin (que no quera) la entrada de los llamados mencheviques internacionalistas y de los SR de izquierda (ambos en disidencia con la orientacin conciliadora de su direccin) en las instancias del nuevo gobierno. As pues, su presencia dur poco. Pero este clima que tanto nos cuesta imaginar ahora mismo, tiene bastante que ver con las propensiones monolticas que se agudizaran ms adelante. Las tergiversaciones y la inmadurez puestas de manifiesto en el debate en relacin a la paz costaran muy caras al final. Y la inconstancia poltica de los mencheviques y de los SR de izquierda (los de derecha se fueron rpidamente a unirse a la contrarrevolucin) tampoco ayud a reducir la tentacin de gobernar solos. Sobre todo teniendo en cuenta que la guerra civil y la intervencin extranjera franco-britnica comenzaron bastante rpido, en el otoo de 1918.

Las circunstancias jugaron su papel pero, durante todo este perodo, los bolcheviques no tuvieron una poltica orientada a la construccin de coaliciones que tradujeran las correlaciones de fuerzas polticas del pas. Los bolcheviques eran mayoritarios en los sviets de las principales ciudades. Lo que no era el caso en el campo, donde la tradicin populista (narodniki) y los socialrevolucionarios eran ampliamente mayoritarios. Adems, subsistan corrientes y sensibilidades de los partidos de la democracia revolucionaria, mencheviques, SR y anarquistas. La cuestin de las alianzas o de las coaliciones gubernamentales se plante desde la toma del poder, a pesar de la desconfianza o la oposicin de Lenin. Lenin y Trotsky nunca teorizaron el poder de un partido nico pero, una vez conquistado el poder, no tuvieron un enfoque unitario, como diramos ahora. Al contrario, Lenin lleg a declarar en mayo de 1918: Ahora que el poder ha sido conquistado, conservado, consolidado entre las manos de un solo partido, no toca compartirlo.

Por supuesto, haba que combatir, reprimir y condenar a quienes tomaban las armas contra la revolucin. Pero al resto? Haba que encontrar los medios y las mediaciones para que pudieran encontrar su lugar en el seno del poder sovitico, en la medida en que se inscriban en el proyecto revolucionario. Este rechazo de una representacin poltica pluralista no solamente aislar a los bolcheviques, sino que les conducir a servirse cada vez ms de mtodos administrativos, represivos y, por ltimo, del terror hacia otros partidos y corrientes polticas.

La guerra civil y la lucha encarnizada contra el ejrcito blanco y sus aliados extranjeros pusieron al pas de rodillas. Durante el ao 1920 se gana la prueba porque las fuerzas sociales que se enfrentan en este cruel combate disciernen perfectamente sus vnculos y sus intereses. Los campesinos no queran dar sus tierras a los grandes propietarios y los obreros se negaban a perder el control de su produccin, a pesar de que tanto las tierras como la produccin industrial estaban asfixiadas. En esta tormenta, los bolcheviques teorizarn una transicin al socialismo identificada con el comunismo de guerra. La poltica, la economa y la sociedad deban estar centralizadas al mximo. Trotsky no dej de preconizar por entonces la militarizacin del trabajo y de los sindicatos. Por fortuna, Lenin se neg a seguirle por ese camino.

Una vez ganada la guerra, se plante la cuestin de la salida del comunismo de guerra (con las expropiaciones en el campo y las milicias en las fbricas para forzar la produccin). Un ao antes de la adopcin de la Nueva Poltica Econmica (NEP), Trotsky, de vuelta de sus concepciones ultra-centralistas, propuso realizar este giro. Confrontado a la resistencia de Lenin y de la mayora de la direccin, tuvo que esperar hasta marzo de 1921 para que los problemas se agravaran, plantendose todos al mismo tiempo. Las revueltas en el campo eran numerosas (dirigidas a veces por anarquistas como Makhno en Ucrania), y la atmsfera apenas era mejor en las fbricas, donde los sviets sobrevivan en el papel. La revuelta de los marinos de Cronstadt vino a completar un cuadro catastrfico. El relmpago ha iluminado la realidad ms vivazmente que todo lo dems, dice Lenin en el X Congreso bolchevique que tiene lugar en ese mismo momento.

La conclusin que se sacar de ello no deja de plantear serias interrogaciones.

La NEP estaba absolutamente justificada por la necesidad de relanzar la industria incluso con inversiones extranjeras, as como la produccin agrcola dando el control de ella a un campesinado que pagase impuestos. Pero la mejor proteccin contra las posteriores derivas de la NEP (el enriquecimiento rpido de ciertos koulaks, campesinos medios y comerciantes) resida sin duda en un rgimen reactivado de apertura poltica, paralela a la apertura econmica. Una NEP poltica para todos los partidarios de la revolucin, tras la victoria sobre la contrarrevolucin interna y externa. Ello habra estimulado el renacimiento de la vida poltica, sovitica, sindical y asociativa, que habra visto en el resurgimiento de sus derechos una motivacin para acompaar la reactivacin de la economa y del pas.

Pero lo que se puso en marcha fue todo lo contrario. En primer lugar, por la terrible represin contra los marineros y los obreros de Cronstadt. Fuesen los que fuesen los peligros que estos ltimos hacan correr a la revolucin al sublevarse, la violencia de esta represin no tiene justificacin. En segundo lugar, por un proceso de represin molecular que se extiendieron por todo el pas, como seala Boris Souvarine. Y por ltimo, por las decisiones del X Congreso bolchevique, que asfixiaran el debate poltico en el partido y en el pas. La prohibicin de tendencias y fracciones en el seno del partido, ya transformado en comunista, responda sin lugar a dudas al temor de un desgarro o de una explosin tras las crisis que lo haban atravesado. El remedio fue, evidentemente, peor que la enfermedad. Adems, ratific fuera del partido y para toda la sociedad el monolitismo de un partido nico que conllevaban tales medidas disciplinarias.

A finales de la dcada de los 20, cuando Stalin y la burocracia germinada a partir de estas reglas sangraron al partido, no les ser difcil encontrar justificaciones leninistas, que Lenin puso en tela de juicio al final de su vida y que Trotsky comenz a denunciar demasiado tarde.

Este balance crtico en el terreno de las libertades polticas no estara completo sin considerar la cuestin del terror y de su instrumento, la Checa. Todas las revoluciones han tenido que hacer frente a proyectos contrarrevolucionarios que utilizan todos los medios violentos a su alcance. A los que hay que responder. En su Historia socialista de la Revolucin Francesa, Jean Jaurs describa las cosas as: Cuando un pas lucha al mismo tiempo contra las facciones interiores y contra el mundo, cuando la ms mnima duda o el mnimo error pueden comprometer, quiz por siglos, el destino del nuevo orden, aquellos que dirigen esta empresa inmensa no tienen tiempo de incorporar a los disidentes, de convencer a sus adversarios. No pueden dejar demasiado lugar al espritu del debate o al espritu de la artimaa. Tienen que abatir, que actuar y, para guardar intacta su fuerza de accin, para no disiparla, preguntar a la muerte que establezca a su alrededor la unanimidad inmediata que necesitan.

El problema es entonces el de distinguir entre las medidas de excepcin que por desgracia son necesarias y la utilizacin de dichas medidas como medio perenne de gobierno. Ahora bien, Lenin no tarda en exclamar, en enero de 1918: Mientras no empleemos el terror contra los especuladores fusilndolos de inmediato, nada cambiar!. Declaracin intempestiva que conducir al SR de izquierda Isaac Steinberg a preguntar inocentemente por qu se le haba nombrado Comisario del pueblo para la Justicia. Las derivas fueron, en efecto, numerosas para estos chequistas vestidos de cuero que se crean la punta de lanza de la revolucin (revolucin en la que no todos haban participado). Un dirigente bolchevique de la Checa, Latsis, escribir con frialdad en una orden de misin: La cuestin que est al orden del da es la de saber a qu clase social pertenecen, su extraccin, su instruccin, su profesin. Su destino se decido en funcin de eso.

En su momento, el uso del terror fue justificado tanto en trminos de principio (instrumento de la dictadura del proletariado) como en trminos de reaccin circunstancial (en la guerra como en la guerra). La verdad obliga a decir que las protestas contra este estado de cosas, y hubo muchas, fueron apartadas de un manotazo como si fueran escrpulos pequeoburgueses. En un clima en el que se despreciaba el pluralismo con sarcasmos en nombre de la lucha de clases, estas derivas no dejaron de corromper profundamente los ideales de la revolucin, y sobre todo a los autores de dichas conductas. Despus, se les podr reclutar ms fcilmente en las tropas de choque del estalinismo.

Creyendo, probablemente de manera sincera, que todo ello era necesario dadas las duras circunstancias, los dirigentes bolcheviques no volvieron a abordar de forma explcita lo ocurrido, lo cual nos deja una herencia que hoy preferiramos no tener. Lenin no hizo balance crtico hasta poco antes de su muerte. Trotsky esperar mucho tiempo. Es cierto que las plataformas de la Oposicin reclamaban la restauracin de la libertad de discusin en el partido, pero no se pronunciaban en lo relativo a la libertad de las dems corrientes.

En 1936, en La revolucin traicionada, Trotsky escribe a propsito de las medidas del X Congreso de 1921, quince aos antes: La prohibicin de los partidos de oposicin produjo la de las fracciones; la prohibicin de las fracciones llev a prohibir el pensar de otra manera que el jefe infalible. El monolitismo policaco del partido tuvo por consecuencia la impunidad burocrtica que, a su vez, se transform en la causa de todas las variantes de la desmoralizacin y de la corrupcin. (pp.75)

En 1938, en el Programa de transicin, deca: "Es imposible una democratizacin de los sviets sin legalizacin de los partidos soviticos. Los obreros y campesinos deben indicar mediante su voto qu partidos reconocen como soviticos..(Edit. Traficantes de sueos, Madrid, pp.66)Lo cual supone de manera implcita el derecho de existencia, de reunin y de expresin para las organizaciones y las corrientes polticas que deseen presentarse a elecciones. Y la organizacin de elecciones libres. Si hubiera sido as en la Unin Sovitica de Lenin y de Trotsky en los aos 20, justo despus de la victoria sobre los Blancos, no cabe duda de que habra habido mencheviques, socialrevolucionarios, anarquistas y quizs otras fuerzas representadas.

Podemos aadir que hoy sabemos mejor que antes, que los votos populares pueden ir a corrientes que no se identifican con el socialismo, o para los cuales la palabra no es ms que una tapadera que esconde otras baratijas. Este tipo de problema ya surgi durante las elecciones a la Asamblea Constituyente Rusa, a finales de 1917. Vale la pena volver a abordarlo.

La Constituyente, las elecciones y la democracia socialista

Contra las acusaciones de putschismo o de blanquismo que florecan ya contra los bolcheviques, Lenin exclamaba en mayo de 1917: No queremos hacernos con el poder, pues toda la experiencia de las revoluciones nos ensea que slo est slidamente establecido un poder que se apoye en la mayora de la poblacin. En efecto, esta mayora, en la clase obrera y el campesinado pero tambin en una parte de la pequea burguesa urbana, se gan con el paso de los meses. Se manifiesta con resplandor en septiembre de 1917, cuando la mayor parte de los sviets de las principales ciudades de Rusia bascula a favor de los bolcheviques. Es entonces cuando la cuestin de la toma del poder se plantea y se debate abiertamente.

Pero, a principios de febrero de 1917, la lucha contra la autocracia zarista haba tomado el estandarte de la convocatoria de una Asamblea Constituyente, que era an ms imperiosa tras la abdicacin de Nicolas Romanoff y la sucesin de gobiernos provisionales hasta el ltimo, presidido por Kerenski. Adems, sus dudas e indecisiones se refugiaban de manera regular tras el futuro dominado por la llegada de la Constituyente. Las elecciones que tenan que conducir a ella fueron retrasadas una y otra vez debido a distintos acontecimientos. Y en un pas como Rusia, cuya extensin es la de un continente, en plena guerra mundial, la organizacin del escrutinio tom meses. Pero esta asamblea fue elegida finalmente y reflej ms la situacin de febrero-marzo que la de septiembre-octubre de 1917. Este estado de cosas permite comprender hasta qu punto la Constituyente se ha quedado rezagada respecto al desarrollo de la lucha poltica y de los cambios conseguidos en la correlacin de fuerzas entre los distintos partidos, comenta Trotsky en ese momento, defendiendo pues la decisin tomada de disolverla.

Merece la pena mencionar la composicin de la asamblea elegida. Los bolcheviques representan ms o menos un cuarto, los mencheviques casi nada (un 3 %), la derecha (kadetes) un 10 %, los partidos nacionales y musulmanes un 22 %; al final, la fraccin ms grande es la de los SR (tomando en cuenta en la misma lista a los de derecha y a los de izquierda), con un 41 %. Una eventual alianza, realizada tras un nuevo escrutinio, entre bolcheviques, mencheviques internacionalistas y SR de izquierda (esto es, favorables a la revolucin), as como al menos una parte de las corrientes nacionales y musulmanas, no parece ser una apuesta insensata.

Muchos testimonios de la poca, incluso de la parte de adversarios de la revolucin, dan fe de que la disolucin de la Constituyente no provoc una gran perturbacin. Pero el problema no es ese. Las descripciones efectuadas del desajuste entre la situacin rusa y el resultado de estas elecciones prolongadas no son cuestionables. Lo que s lo es, es la ausencia de alternativa presentada por los dirigentes revolucionarios frente a este callejn sin salida democrtico, cuando ellos mismos haban defendido con entusiasmo esta perspectiva durante largo tiempo.

Todo ocurre como si a partir de entonces juzgaran, tras la insurreccin victoriosa y la toma del poder, como superflua toda manifestacin electoral general distinta de la renovacin peridica de la representacin en los distintos sviets. En cierto modo, esta Constituyente se revel finalmente como caduca desde su formacin, pero el proceso que la defendi y defendi la Revolucin durante largos meses, proceso de una vibrante aspiracin democrtica, haca necesaria una respuesta institucional, paralela a la representacin sovitica y no contra ella. El nuevo poder no lo quiso y, rpidamente, dej esta cuestin en el olvido.

Por el contrario, Rosa Luxemburg, en sus Notas sobre la Revolucin Rusa, aborda la cuestin de manera ms prctica: Si la Asamblea Constituyente ya estaba elegida mucho antes del punto crtico, de la rebelin de octubre, y en su composicin reflejaba la imagen de un pasado superado y no de la nueva situacin, la conclusin evidente era liquidar esa asamblea caduca, no nata, y convocar sin tardanza nuevas elecciones para la Constituyente. Los bolcheviques no queran y no deban encomendar el futuro de la revolucin a una asamblea que reflejaba la Rusia de ayer, el periodo de las debilidades y de la coalicin con la burguesa; perfecto, lo nico que haba que hacer era convocar de inmediato otra asamblea que representase a la Rusia ms avanzada y renovada.

"En lugar de llegar a esta conclusin, Trotski se centra en las deficiencias especficas de la Asamblea Constituyente reunida en octubre y llega a generalizar acerca de la inutilidad de toda representacin popular surgida del sufragio universal durante el perodo de la revolucin.

"Qu quedara, en realidad, si todo esto desapareciese? Lenin y Trotski han sustituido las instituciones representativas, surgidas del sufragio popular universal, por los soviets, como nica representacin autntica de las masas trabajadoras. Pero al sofocarse la vida poltica en todo el pas, tambin la vida en los soviets tiene que resultar paralizada.

"Sin sufragio universal, libertad ilimitada de prensa y de reunin y sin contraste libre de opiniones, se extingue la vida de toda institucin pblica, se convierte en una vida aparente, en la que la burocracia queda como nico elemento activo.Es sta una ley suprema y objetiva, a la que no puede sustraerse ningn partido. La vida pblica se adormece poco a poco. El error bsico de la teora de Lenin y Trotski es que, exactamente igual que Kautsky, contraponen la dictadura a la democracia. "Dictadura o democracia", es como plantean la cuestin tanto los bolcheviques como Kautsky; el ltimo se pronuncia lgicamente por la democracia y, concretamente, por la democracia burguesa, a la que considera como una opcin frente a la revolucin socialista; Lenin y Trotski se pronuncian, en cambio, por la dictadura en oposicin a la democracia, es decir, por la dictadura de un puado de personas, por la dictadura segn el modelo burgus. Son dos polos opuestos, equidistantes de la verdadera poltica socialista..

La opinin de Rosa Luxemburg es ilustradora. Pero sera presuntuoso decir hoy en da que haca falta nuevas elecciones para la Constituyente. Su disolucin forzada en marzo de 1918 precede, por pocos meses, al inicio de la guerra civil y de la coalicin extranjera que intentara ahogar la Revolucin. Pero despus de la victoria, en 1920, la reanimacin de la vida democrtica era de nuevo una necesidad tan abrasadora como la de relanzar la economa. Ello pasaba, como hemos dicho anteriormente, por el reimpulso de los sviets exanges a travs de una transfusin masiva de libertades recuperadas en su interior, pero tambin por la reconstruccin de un debate democrtico nacional que condujera a elecciones y a un organismo capaz de convertirse en el lugar de debate y de toma de decisiones sobre las opciones polticas globales que afectaban a todo el pas. As pues, no adoptar esta va cost mucho ms caro que los riesgos que se hubieran corrido tomndola.

El poder: tomarlo?, conservarlo?, siempre?

El mayor de los riesgos es, efectivamente, el de perder el poder. En nombre de este riesgo y de manera explcita, la deriva condujo una dictadura (en principio del proletariado) que, sin duda, era inevitable durante la guerra civil, hacia una dictadura del partido, a pesar de que este se encontraba en gran medida limitado respecto a sus propias tradiciones. Este riesgo era evidente durante toda la guerra civil, pero lo que estaba en juego entonces era muy claro. Por supuesto, si la guerra se gan tras dos aos de combates encarnizados, es gracias a la movilizacin de todo el pas detrs de los sviets y de su Ejrcito Rojo. Pero esta movilizacin fue el resultado de los desafos sociales que prolongaban aquellos que estaban en juego en la propia revolucin.

Antes de Octubre, la alternativa no estaba entre la toma del poder por los sviets o una democracia parlamentaria ms o menos estabilizada. Se resuma a la disyuntiva entre la revolucin hasta el final o el retorno hacia una autocracia reinstalada por los complotistas de la reaccin. Durante la guerra entre el ejrcito blanco y rojo, el primero fue rechazado y vencido porque, en las zonas que controlaron temporalmente, no hacan ms que reinstaurar la supremaca de los grandes propietarios y de los capitalistas, esto es, la deshonrosa autocracia, ya sin zar.

Esta componente social que se tiende a relativizar demasiado en todos los debates sobre la poltica propiamente dicha habra seguido siendo determinante ms adelante si la apertura poltica hubiera acompaado a las reformas econmicas. Probablemente, habra existido el riesgo de que las elecciones nacionales vieran retroceder a los bolcheviques o, incluso, que fueran minoritarios. Un siglo despus, la cuestin es: se puede dudar de que esta eventualidad era menos peligrosa que la catstrofe histrica que fue la degeneracin de la Unin Sovitica? Desde luego, las masas rusas estaban agotadas y hartas de la guerra; aspiraban a un cambio rpido de sus condiciones de vida. Pero es improbable que hubieran optado entonces por votar a fuerzas que amenazaban con restituir a aquellos que la revolucin haba derrotado y que la guerra haba vencido. Y an si hubiera sido as, la lucha habra renacido rpidamente para defender por todos los medios las conquistas de la revolucin, y habra encontrado su traduccin poltica en las siguientes elecciones, renovando la confianza hacia los responsables del cambio social iniciado en 1917 por la revolucin y los sviets.

Pero la minora, el Partido, no puede implantar el socialismo. Podrn implantarlo decenas de millones de seres cuando aprendan a hacerlo ellos mismos, deca Lenin en el IV Congreso Panruso de los Sviets. En evidente contradiccin con esta profesin de fe, las decisiones de los primeros aos impidieron la representacin de las correlaciones reales de fuerzas polticas, as como el reparto del poder en el seno de los sviets.

Se puede comprender que estas opciones parezcan hoy en da mucho ms claras que en el espeso humo de las batallas de entonces. Los revolucionarios de Octubre no eran, desde luego, conscientes de las consecuencias de sus decisiones, obligados y limitados como estaban por las circunstancias dramticas de los aos 20. Las consecuencias, sin embargo, se manifestaron de forma clara y bastante rpida. Sin embargo, durante la dcada de los 20, hasta los terribles aos 30, aun era posible un cambio de tendencia; es ms, se debati su posibilidad en el seno del partido bolchevique, en lo que quedaba de los dems partidos y en toda la sociedad.

Continuidad, discontinuidad, ruptura

No hay comparacin entre la represin de los aos 1918-1924 y la degeneracin estalinista; no solamente en trminos cuantitativos sino tambin en lo que respecta a sus mecanismos ms profundos. La represin bolchevique se inscriba en la situacin de excepcin del choque violento de la guerra civil. La simultaneidad del XI Congreso y de Cronstadt marca un cambio que va favorecer, sin lugar a dudas, la degeneracin estalinista. Pero la situacin no se haba estabilizado an. La lucha entre fracciones y los debates en el partido dan cuenta de una situacin que an poda evolucionar. Es verdad que hay elementos de continuidad entre la poca leninista y la reaccin estalinista, pero las discontinuidades y las rupturas son an ms importantes. A finales de la dcada de los 20, y con la colectivizacin forzosa de 1928, se produce una ruptura histrica, primero con la derrota de todas las oposiciones, y ms adelante con la normalizacin del partido bolchevique, la difusin de un poder totalitario de represin poltica y social en toda la sociedad rusa, las deportaciones, las liquidaciones masivas.

La poltica estalinista no se inscribi en la dinmica revolucionaria, sino en la defensa de los intereses particulares del centro estalinista y de la burocracia, con sus privilegios, que fue la base del poder personal de Stalin. Es tambin una poltica reaccionaria a nivel internacional. El poder establecido no defenda ya los mismos intereses. El poder de la burocracia sustituye al de los obreros y campesinos, representado todava en los sviets y en el partido de principios de los aos 20. Es en el seno mismo de la revolucin donde se desarrolla la contrarrevolucin estalinista. Esta no es el resultado de lo anterior, a pesar de que haya habido graves errores durante el perodo leninista; es una contrarrevolucin violenta contra la propia base poltica del proceso revolucionario, que finalmente pudo usurpar el poder.

La combinacin fatal entre asfixia democrtica, hartazgo social, cristalizacin burocrtica y, sobre todo, la purga brutal a gran escala con una tremenda represin, hizo que la continuidad revolucionaria de Octubre saltara en pedazos. Y ahora que est rota, es necesario analizar claramente lo que pas, para que el transcurso de los acontecimientos pueda ser distinto en el futuro, cuando la revolucin se ponga a escribirlo de nuevo.

http://www.vientosur.info

* Publicado en el N 34 de la revista ContreTemps, Francia.


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter