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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2017

Es tiempo propicio para retar a la burguesa

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


La sentencia del manifiesto de 1848 respecto de que el gobierno del estado moderno, no es mas que una junta que administra los negocios comunes de toda la burguesa, no deja lugar a equivoco. Efectivamente es as la cruda realidad que tiene sometido al pas a la mas aguda degradacin poltica. La guerra solo haba dejado al descubierto las cifras de la tragedia, pero haba ocultado los mviles, los modus operandi y los centros de decisin y responsables de las prcticas de poder tan descompuestas como criminales, que se concretaban en la venta de fallos judiciales, compra venta de resultados electorales, financiacin de campaas electorales con recursos ilcitos, asesinato sistemtico de opositores, desaparicin forzada por odio poltico y racial, legalizacin del despojo de tierras y bienes ante jueces y notarios, entre muchas actuaciones que han puesto al descubierto que la iniciativa histrica de la burguesa no era la bsqueda del progreso y felicidad del colectivo humano llamado Colombia, si no su propia felicidad completada sin escrpulos con saqueo e ingenio para detener los repetidos avances armados y desarmados por la emancipacin.

De repente ante los vientos de cambio las partes en descomposicin de la burguesa son de tal magnitud, que anuncian que es la totalidad del sistema poltico y del control del estado el que esta mal y que la concepcin, mtodos y medios que utiliza son incompatibles con el propsito de construccin de paz estable y duradera, a la que no quieren dar crdito y tienden a enredar en su propio entramado. El momento oportuno del pueblo bien puede ser ahora, de inmediato, sin alargues, ni demoras por tratar de completar un programa poltico nico o redisear la ruta social mas adecuada.

Las elecciones de 2018 sern la ultima oportunidad poltica de encuentro entre la generacin naciente de milenios y jvenes que crecen en una sociedad de cansancio en la que se creen en libertad aunque aparezcan encadenados como prometo y de otra la generacin que esta de salida, que trae las experiencias de sus luchas civiles y armadas, las batallas callejeras de los aos 70, la capacidad de sobrevivencia ante el asedio paramilitar de los aos 80 y 90 y las desesperanzas del fin del siglo. La organizacin poltica y social popular sabe bien que sus grandes activos son su capacidad de resistencia por la dignidad y su conviccin tica y de respeto por la vida y tienen claro que habr que ejercitar el poder de otra manera, que esta vez no podr buscar su independencia con la misma brjula que le ofrecen los ladrones y que habr que confluir y promover el ascenso al control del aparato de estado y sus instituciones, salir de la pura agitacin y entrar al trasfondo de tomar el poder como objetivo de inmediato plazo, sin distraer la atencin ni dispersar el foco entre incontables tareas.

La burguesa herida de muerte trata de encontrar un referente para completar el ideal democrtico, pero sus modos de accin coherentes con un solido sistema de corrupcin y clientelismo, le resultan incompatibles con el estado de derecho y la sociedad de derechos. La burguesa, encarnada en las elites en el poder, polticamente esta asociada a los dos partidos tradicionales: liberal y conservador, y una lgica de centro derecha orientada por no mas de 200 familias que actan juntas o por partes para eternizar su existencia, mantener vigente su electorado regional y nacional, mantener el control de las fuentes de riqueza en bienes y poderes y, sostener vivos los contenidos patriarcales, la interdependencia con la iglesia y la fuerza militar. Su poder le permite decidir totalmente desde los mnimos detalles para la construccin de una vivienda hasta la destruccin planificada de un pueblo entero, con todas sus consecuencias de terror y sufrimientos porque ha hecho de la dignidad un simple valor de cambio y sigue a la letra los mandatos del capital trasnacional, recitando sin pudor el consenso de Washington, los mandatos de la OCDE, la OEA y la OTAN, y aplaudiendo los TLC y el xito de los mafiosos que legalizan capitales porque sustituyo las numerosas libertades conquistadas por la nica y desalmada libertad de comercio, sin importarle que donde la gente clamaba por comida quem el arroz y contamin las aguas y donde escaseaba la salud cerr hospitales para refinanciar bancos y donde haba miseria instal batallones que convirtieron a los hambrientos en bajas en combate. En una palabra, en lugar de la explotacin velada por ilusiones religiosas y polticas, ha establecido una explotacin descarada, directa y brutal

La burguesa define entre los suyos a los que habrn de gobernar, desde nios identifica quienes sern presidentes, cancilleres, ministros, candidatos, empresarios o destacados militares. Padres, hijos y parientes se turnaron los cargos de poder del ejecutivo, el legislativo y judicial, durante el medio siglo de guerra, se casaron entre s, formaron empresas familiares, contrataron o se independizaron, para en todo caso, reproducir poder y capital, repartido entre sonoros apellidos como Pastrana, Gaviria, Galn, Lpez, Lleras, Santos, Holgun, Uribe, Samper, Valencia, que hace tiempo dejaron claro que no tienen contradiccin insalvable para asegurar en la paz lo que la guerra les dio.

La burguesa tambin ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenan por venerables y dignas de piadoso respeto. Al medico, al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha convertido en sus servidores asalariados. La ciencia ya es otra mercanca y los cientficos simples adjetivos al servicio de la nueva colonizacin, alejados del mpetu por una epistemologa del sur y exaltados por su capacidad para abrir nuevos mercados. De las vacunas importa que sean rentables, de los agroqumicos aunque maten humanos, suelos o aguas que se vendan. De la riqueza minera que se extraiga lo que no pudo el genocidio de hace 500 aos y que sus migajas en regalas financien mas investigacin aunque esta produzca humillacin. Del derecho no importa la justicia, importa el temor a la ley que revalorice el trafico de decisiones judiciales.

A la burguesa le interesa inmovilizar las resistencias, las indignaciones, las rabias contenidas y las emancipaciones que vienen desde abajo, pero tambin destituir intelectuales y posicionar acadmicos que no hurguen en las estructuras del poder, y reproduzcan el sistema aniquilando toda posibilidad de accin y degradando al ser humano a su condicin de animales trabajadores. Es momento poltico para entender en colectivo que ser libre no es otra cosa que realizarse mutuamente y que mientras se compite, cada uno en lo suyo, el capital crece, gana, disuelve la multitud y elimina la posibilidad de distinguir entre los que tienen el poder gracias a la guerra y los que dejan la guerra para hacerse al poder y sobre todo tiempo para comprender y sumar fuerzas en unidad para que el pas empobrecido no sega teniendo a sus hijos como nica posesin ni que su existencia poltica se reduzca a seguir perpetuando con su indiferencia o inters propio el poder de quienes apenas histricamente se encargan de garantizar su reproduccin biolgica negando la posibilidad de vivir libres de carencias y humillaciones.

 

Notas:

Textos en comillas de el manifiesto, K. Marx, 1848.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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