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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2017

Ms lmites que hegemona y ms derecha que renovacin

Claudio Katz
Rebelin


Cul es la envergadura del triunfo de Cambiemos ? Muchos analistas estiman que el gobierno logr una victoria arrolladora que consolida su hegemona. Otros consideran que se perfila como una derecha renovada y democrtica. En el bando opuesto se interpreta que dos de cada tres votantes repudiaron al oficialismo.

RADICALISMO CONSERVADOR

Los datos de la primaria indican cierto avance del gobierno en comparacin al 2015. Se afianz como primera minora, obtuvo victorias en numerosas provincias y cay slo por un reducido margen en Buenos Aires. Ese moderado repunte fue potenciado por el inesperado triunfo en Neuqun, La Pampa y San Luis y por la reafirmacin conseguida en los bastiones de la Capital Federal y Crdoba.

La imagen de una victoria fulminante no surge del cmputo de los sufragios, sino de la ausencia del voto castigo que anticipaban algunas encuestas. La euforia de los funcionarios obedece al desacierto de esas previsiones.

Cambiemos super su frgil estatus de coalicin absorbiendo al radicalismo. La UCR pierdi peso y singularidad con giros ms oficialistas (Santa Fe) o encabezando el curso reaccionario del gobierno (Jujuy).

El macrismo afianza a su vez el empalme con las vertientes conservadoras del radicalismo. Ms que erigir una nueva derecha recicla esas vetas regresivas. La Ceocracia de gerentes que maneja varios ministerios complementa ese perfil.

Vidal expresa con nitidez esa fisonoma de conservadurismo tradicional. Gobierna para las clases dominantes mediante un entramado de polticas sociales, que garantiza votos de los segmentos empobrecidos. Para aceitar ese sostn el PRO mantiene la asignacin universal y actualiza el clientelismo de su red de punteros. La imagen angelical y compasiva de Heidi se amolda a esa funcin.

La estrategia oficial se nutre del retroceso del peronismo, que confirm en las PASO la ausencia de un liderazgo alternativo a Cristina. Los aspirantes a ocupar ese comando perdieron puntos y su intencin de forjar una liga de gobernadores qued en suspenso. La crisis del justicialismo se prolonga sin ningn desenlace a la vista.

La expectativa de Massa de conducir ese espacio qued muy afectada por el resultado de las primarias. Gran parte de sus votantes prefirieron la variante original del proyecto gubernamental a su copia renovadora. La ancha avenida del medio qued carcomida por la escasa credibilidad que despertaron los imitadores del macrismo.

Como Massa asumi algunas banderas de la derecha en forma explcita (seguridad) y otras en forma disfrazada (ajuste de la economa), termin incentivando el voto por Cambiemos. Randazzo no se atrevi a tanto y se diluy en la insignificancia.

Mientras el oficialismo festeja esa reorganizacin del mosaico electoral, el eclipse de los renovadores deteriora una carta de reemplazo derechista del gobierno. Cualquiera sea el veredicto de octubre ya se sabe que habr pocas modificaciones en el equilibrio de bancadas parlamentarias. El oficialismo deber negociar con una oposicin ms voluble.

Cristina logr un significativo resultado en las PASO que sintoniza con la popularidad de su mandato. Cerr esa gestin posponiendo el ajuste y preservando la memoria de ciertas mejoras. El establishment no esperaba una resurreccin, que presenta ciertas semejanzas con la renovada centralidad de Lula en Brasil.

DIFERENCIAS CON EL MENEMISMO

A una semana de las primarias se concret una multitudinaria movilizacin sindical. Todas las maniobras ministeriales para forzar el levantamiento de esa marcha fracasaron. La protesta contra la miseria actual se extendi a los proyectos para agravarla, con reformas impositivas, laborales y previsionales.

La manifestacin confirm la vigencia de relaciones sociales de fuerzas que limitan el ajuste. Macri no ha satisfecho la exigencia capitalista de erosionar la combatividad de los trabajadores. Tampoco pudo oponer a los excluidos con los asalariados organizados.

La complicidad de la burocracia sindical es una pieza clave del gobierno contra la resistencia popular. Pero el oficialismo carece de un sector incondicional significativo de esa jerarqua. Por eso debe negociar la entrega a cambio prebendas. El dinero de las obras sociales es la gran caja de una corruptela que se tramita con los chantajes de siempre.

Macri necesita preservar la tregua concertada con burcratas, que estn sometidos a una fuerte presin por abajo. Los jerarcas rehyen los actos masivos y bloquean el llamado a un paro nacional. Cuando convocan acciones puntuales aparece el fantasma de un desborde, que refleja la tensin social imperante. Cualquier sea la performance electoral de Cambiemos el gobierno deber convivir con ese dato.

Este escenario explica la estrategia de atropellos pausados que la prensa denomina gradualismo. Los funcionarios tiran piedras y esconden la mano, para evaluar cunta brutalidad tolera el pueblo (si pasa, pasa). Guan su accin por esa norma emprica de agresiones. Por ahora tantean su anhelada reforma laboral con la erosin puntual de los convenios.

Promueven el modelo implementado en Sancor para negociar puestos de trabajo por flexibilizacin o el esquema ensayado en Tierra del Fuego de auxilio federal a cambio de recortes. Tambin apuntalan la modalidad acordada con algunos burcratas (petrleo, construccin, automotrices), para anular derechos con la zanahoria de futuras inversiones.

Ese molde de atropellos escalonados es complementado con vaivenes en los tarifazos y una pugna para bajar el techo salarial de las paritarias. Hasta ahora prevalece un desangre puntual de empleos en las reparticiones pblicas y no los masivos despidos que exige la ortodoxia.

Si Macri mantiene esa agenda repetir lo ocurrido en su primer bienio y seguir preparando el mega-ajuste para un futuro mandato. El lder del PRO necesita reunir un mayor soporte poltico, para imitar el ejemplo brasileo de reforma laboral troglodita.

 La comparacin con Menem persiste como la mejor referencia para evaluar los mrgenes de accin reaccionaria del gobierno. En las elecciones de medio trmino, el riojano ya exhiba mayores atropellos contra el pueblo que su mulo.

La principal diferencia radica en la derrota que impuso a las huelguistas de la telefona, YPF y ferrocarriles. El justicialista neoliberal dobleg a los sindicatos combativos, debilit al movimiento popular y asimil por completo a la burocracia sindical.

Menem aprovech el agobio generado por la hiperinflacin para imponer su indito modelo de injusticia social. Macri no puede auto-infligirse una repeticin del 2001para implementar el mismo ajuste.

Adems, su antecesor gobern en un contexto internacional de euforia neoliberal que se ha disuelto. No es sencillo consolidar una hegemona derechista en el turbulento escenario actual.

MANIPULACIN CON LMITES

El gobierno sobredimensiona su performance electoral. Se auto-engaa con el fraude meditico que proclam ganador a Cambiemos, cuando faltaban procesar sufragios decisivos del Gran Buenos Aires

El macrismo propag esos resultados antes de su corroboracin, para incidir en los zcalos de las pantallas y las tapas de los diarios. Instal un clima de gran victoria apostando a la lenta disolucin de cualquier desmentida posterior.

Este nefasto manejo de la informacin ha sido bautizado con una denominacin acorde al desinters por los hechos. Bajo el imperio de la pos-verdad alcanza y sobra con la simulacin para disuadir reflexiones e impactar sobre las emociones.

Con toda la artillera que aporta Duran Barba y sus focus grups, Macri recurre a una sofisticada tecnologa del engao. Esa manipulacin incluye intercalar mensajes de buena onda y confrontacin. Las suaves convocatorias al dilogo se entremezclan con brutales exigencias de entierro del pasado.

El PRO selecciona los temas en funcin de una u otra conveniencia (ya llega el segundo semestre o no se habla de economa). Desva la atencin de lo relevante y abusa de la invencin contra-fctica (evitamos la hiperinflacin). Con figuras taquilleras busca capturar el voto despolitizado, para sostener su gobierno en una mayora silenciosa.

Se apoya adems en la base social derechista que despunt con los cacerolazos y promueve un liberalismo gorila con ingredientes de odio de clase. Los indigentes son presentados como perritos y los opositores son ubicados en el universo del narco-menudeo. Tampoco faltan crueldades frente al sufrimiento popular (corte de pensiones por discapacidad).

El propsito de esta accin es romper la solidaridad social para culpar a los excluidos por sus padecimientos. Se busca naturalizar la conveniencia de un gobierno de millonarios, difundiendo la absurda creencia que ya no necesitan robar en la funcin pblica.

Pero estos cimientos ultra-reaccionarios de Cambiemos estn por ahora afincados en sectores medio-altos y en generaciones veteranas. Esas creencias no han calado en el grueso de la poblacin. Los adherentes del oficialismo glorifican el mercado hasta que el ajuste los afecta. Avalan la disciplina social pero no la represin en gran escala. Por eso los tarifazos desatan protestas generalizadas y los ensayos anti-piquete quedan a medio camino.

Este contexto explica tambin el masivo rechazo al dos por uno que favoreca a los genocidas y la conmocin creada por la desaparicin de Maldonado. Mientras crece una marea de indignacin, el gobierno se empantana en inslitos inventos para encubrir a la gendarmera.

El secuestro de un militante que protestaba junto a los mapuches contra el despojo que perpetran Benetton y Lewis impacta en toda la sociedad. Un reclamo por la aparicin con vida sensibiliza a varias generaciones.

La eventual hegemona derechista del PRO no solo choca con la vitalidad de esa conciencia colectiva. Tambin debe lidiar con la endeblez de la economa. El gobierno compensa la ausencia de crecimiento con un alocado endeudamiento, que potencia las bicicletas financieras y precipita peridicas corridas hacia el dlar.

Esos temblores obedecen a la fragilidad del modelo y no al temor que suscita un triunfo de Cristina. La vulnerabilidad de la economa determina tambin el bajo estatus crediticio que mantienen las calificadoras de riesgo.

El gobierno apuesta a sostener el financiamiento externo con un afianzamiento de la reactivacin. Pero hasta ahora slo administra un pauprrimo rebote del ciclo, carente de inversiones o recuperacin del empleo. Para colmo Trump retribuye el retorno del pas al mundo, con penalidades aduaneras a la exportacin de biodiesel. En la economa de Macri hay poco espacio para el festejo electoral.

LOS CONSERVADORES DE SIEMPRE

Cambiemos es visto por algunos analistas como una derecha renovada y democrtica. Sustentan esa mirada en la impronta cultural del macrismo, que ofrece a las clases medias acomodadas un molde ms presentable del proyecto reaccionario.

Ese formato incluye retrica new age y preocupaciones por una ciudad verde con bicisendas y comida saludable. Esa ideologa aporta un disfraz de neoliberalismo modernizado, que reivindica el disfrute pasajero y ensalza el individualismo.

Pero la asimilacin efectiva de ese imaginario choca con las penurias de la clase media para llegar a fin de mes. La penetracin real del relato macrista est sobreestimada por la influencia de los comunicadores que controlan las pantallas.

En ese mbito se verifica un cambio de figuras. El vetusto derechismo eclesistico (Neustadt, Grondona) ha sido reemplazado por los sermones de ex progresistas, que veneran el status quo con poses de informalidad (Lanata, Fernando Iglesias, Leuco, Birmajer). Con ms ingenio y cinismo recrean las mismas banalidades conformistas de sus antecesores.

De todas formas el PRO depende ms de la partidocracia tradicional que de esos pintorescos personajes. Los votos se logran con demagogia electoral y gasto pblico. La modernizacin cultural que se le atribuye a Cambiemos omite auditar la billetera que maneja Vidal. Se silencia especialmente sus negociaciones con intendentes para organizar cortes de boleta a cambio de obras.

 Es cierto que el macrismo logr votos en las zonas empobrecidas, atribuyendo todos los males del pas a la corrupcin del kirchnerismo. Pero utiliza el mismo argumento esgrimido por todos los gobiernos, para distraer a la poblacin con los robos de sus antecesores.

Lo inslito de Cambiemos es el peso que tiene esa acusacin entre funcionarios manchados por desfalcos de todo tipo. Muy pocos personajes del PRO pueden justificar sus incalculables fortunas. En dos aos de gestin el grueso del gabinete exhibe sorprendentes incrementos de patrimonio, valuaciones truchas de propiedades e inversiones millonarias en el exterior.

Macri encabeza ese listado de irregularidades. Dispensa incontables favores a una familia que se enriqueci esquilmando al estado. Apuntala los negocios de su grupo, propiciando ventajas en mltiples negocios (autopistas, correo, aviacin, rutas) y contratos (Odebrecht).

Slo el descarado apaamiento de la justicia impide el juicio poltico a un presidente tan involucrado en el lavado de su fortuna (Panam Papers). Hay que buscar con lupa los ingredientes de renovacin en esta tpica gestin corrupta de la derecha tradicional.

Ms incongruente es el uso del trmino democrtico para caracterizar a esa administracin. El macrismo se ubica en las antpodas de esa calificacin. Su gobierno ilustra cmo el poder real se ejerce fuera del mbito electoral, mediante el manejo cotidiano de la economa, la justicia y los medios de comunicacin. Los gerentes de esos dispositivos no estn sujetos a ningn sufragio y son rigurosamente seleccionados entre la elite de los acaudalados.

Pero Cambiemos avasalla incluso los formalismos institucionales de esa estructura de poder. Al igual que Santos en Colombia y Pea ieto en Mxico, Macri preside una plutocracia contrapuesta a la soberana popular.

SIN SOMETIMENTO, NI CASTIGOS

 La exagerada evaluacin del xito electoral del macrismo es compartida por algunos intelectuales del kirchnerismo, que fueron sorprendidos por el triunfo de su rival. Esperaban un voto castigo y atribuyen el error de esa expectativa a razonamientos economicistas. Estiman que identificaron mecnicamente el padecimiento social con el descontento poltico. Consideran que Cambiemos logr socavar esa conexin con un discurso que penetra en los sectores populares.

Pero ese enfoque no registra el carcter limitado de la influencia del gobierno y evita analizar lo ocurrido en el flanco opuesto del kirchnerismo. Cristina hizo una buena eleccin, pero no recuper los votos perdidos en las ltimas secuencias de comicios.

Ese estancamiento no obedece a fracturas en la conciencia popular. Simplemente expresa el balance crtico hacia una gestin que preserv los privilegios de los capitalistas y los cimientos del subdesarrollo. El brutal ajuste implementado en Santa Cruz rememora las carencias de la dcada pasada.

Para eludir el debate sobre esas falencias se magnifica el avance del PRO. Los mritos atribuidos al gobierno permiten disimular las limitaciones del cristinismo. Se supone que la derecha prospera por sus propias cualidades y no por las insuficiencias del mandato K.

El repunte de Cambiemos es frecuentemente identificado con la astucia del relato oficial. Pero en interpretaciones simtricas se explica el mismo fenmeno por la crudeza del gobierno y la pasividad del pueblo. En este caso se estima que el macrismo explicita el ajuste y logra consenso ante la resignacin colectiva.

Pero esta imagen de sometimiento contrasta con la intensa resistencia social y con el doble discurso que ejercita el PRO. En lugar de recurrir al descaro derechista, el gobierno suele enmascarar sus acciones. Sin ese ejercicio del engao Macri naufragara en poco tiempo.

Otros pensadores del kirchnerismos rechazan acertadamente el pesimismo de sus colegas, pero recaen en un extremo opuesto de exitismo. Afirman que dos de cada tres votantes sufrag contra el gobierno.

La arbitrariedad de esa estimacin salta a la vista, puesto que embolsa en un mismo bloque anti-PRO a expresiones muy contrapuestas. No es sensato equiparar los sufragios por Massa con las papeletas de la izquierda. Con el mtodo de contraponer los votos propios con todo el espectro restante se podra afirmar que dos de cada tres ciudadanos rechaz al kirchnerismo. Esa matemtica acomodaticia no lleva a ningn lado.

El principal problema del Cristinismo no fueron los nmeros, sino la campaa que desenvolvi en las PASO. Comenz insinuando un perfil de denuncia del ajuste y promocin de alternativas (revisin de la deuda, freno de los tarifazos, emergencia alimenticia, congelamiento de precios). Incluso denunci a los legisladores de su espacio que avalaron en el Parlamento el atropello oficial.

Pero posteriormente decidi hablar poco con el extrao argumento de transferirle la voz al pueblo. Con esa modalidad silenciosa atemper las crticas, diluy las propuestas e incluso emiti convocatorias a suspender acciones de resistencia.

Este giro hacia la moderacin contradice la convocatoria a votar al kirchnerismo para frenar el ajuste. Es evidente que ese lmite se conquistar ms en la calle que en el cuarto oscuro. La contraposicin del sufragio con la movilizacin suele desembocar en una gran frustracin popular.

Nadie sabe si la estrategia de Cristina apunta a reconstruir el peronismo o a gestar una nueva fuerza de centroizquierda. Pero en ambas opciones se desvanece la batalla real contra el macrismo. Esa resistencia exige el contundente compromiso con la lucha, que demostraron los lderes de izquierda al acompaar a los trabajadores de Pepsico.

Habr que ver si la derecha logra o no forjar su ansiada hegemona. Ese resultado depender del desenlace de las batallas sociales. Los comicios de octubre incidirn pero no definirn la gran pulseada entre los capitalistas y los trabajadores.

REFERENCIAS

-Rosso, Fernando. Cambiemos: una nueva hegemona?

http://panamarevista.com/cambiemos-una-nueva-hegemonia/

-Alemn, Jorge. Cambiemos encarna una conquista del desierto cultural

http://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/70041/cambiemos-encarna-una-conquista-del-desierto-cultural

-Semn, Pablo. Cambiemos est explorando una nueva hegemona

http://www.agenciapacourondo.com.ar/elecciones-2017/cambiemos-esta-explorando-una-nueva-hegemonia

-Natanson, Jos. El macrismo no es un golpe de suerte

http://www.pagina12.com.ar/56997-el-macrismo-no-es-un-golpe-de-suerte

-Granovsky, Martin Derecha democrtica ?  

https://www.pagina12.com.ar/57262-derecha-democratica

- Postolski, Glenn. Elecciones sin vueltas

https://www.pagina12.com.ar/58085-elecciones-sin-vueltas

-Fidanza, Eduardo. Triunfos de verdad y de posverdad .  

http://www.lanacion.com.ar/2054686-triunfos-de-verdad-y-de-posverdad

- Vilas, Carlos M. Vapuleados pero no vencidos

http://www.pagina12.com.ar/57065-vapuleados-pero-no-vencidos

-Lpez, Mara Pa. Qu hay de nuevo, viejo?

https://www.pagina12.com.ar/57923-que-hay-de-nuevo-viejo

- Horowicz, Alejandro. Tanto realismo, tanta aceptacin de las relaciones de fuerza, muestra la voluntad de no transformarla.  

http://www.herramienta.com.ar/content/elecciones-primarias-y-algunos-debates-estrategicos-urgentes-para-una-izquierda-sin-brujula

Claudio Katz. Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del EDI. Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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