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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2017

Bombas Molotov, las buenas y las malas

Atilio A. Boron
Rebelin



La polica inmoviliza a una manifestante. Foto: Canal Abierto.

En su acelerado proceso de putrefaccin moral, los voceros de la derecha y la prensa hegemnica de la Argentina se rasgan las vestiduras ante la escalada violenta que viene teniendo lugar en los ltimos das en el marco de las protestas por la desaparicin forzada de Santiago Maldonado. En la ciudad de Buenos Aires y en El Bolsn los actos recordatorios al cumplirse un mes de tan deplorable suceso culminaron con graves enfrentamientos entre algunos grupos desprendidos de multitudinarias y pacficas manifestacionesen el caso de Buenos Aires, reuniendo a varios centenares de miles de personas en la Plaza de Mayo- y las fuerzas de seguridad. Los manifestantes se haban convocado para expresar su repudio ante la desaparicin forzada del artesano a manos de la Gendarmera Nacional, a la escandalosa indiferencia del gobierno nacional difcil de distinguir de un activo encubrimiento del crimen- y a la no menos desvergonzada actitud de la Justicia federal, que en sus averiguaciones demostr una ineptitud que se parece demasiado a la complicidad. Sera ingenuo ignorar que algunos de los desmanes y destrozos de ayer viernes fueron inducidos -e inclusive ejecutados- desde algunos oscuros rincones del aparato estatal (vulgo: servicios) con el objeto de desviar el foco de atencin de la ciudadana. Por eso no fue casual que poco despus de ocurridos los principales titulares de la prensa, la radio y la televisin de la oligarqua meditica fuesen los incidentes y no la tenebrosa falta de informacin acerca de dnde est Santiago Maldonado y cuya desaparicin constituye un crimen de lesa humanidad.

Centenares de imgenes dan cuenta de la agresin con bombas Molotov a gendarmes en El Bolsn, ataques con piedras y objetos contundentes a la polica en Buenos Aires, a comercios y edificios pblicos y algunos privados, la ereccin de barricadas en la avenida de Mayo la quema de contenedores. En un alarde de mala fe y mendacidad, la derecha ahora condena sin atenuantes las tcticas violentas que durante tres meses celebraran como una esperanzadora manifestacin de la vitalidad de la sociedad civil en Venezuela. Las bombas Molotov arrojadas por los mercenarios contratados por el ala fascista de la oposicin venezolana en contra de la Guardia Nacional Bolivariana no eran tales sino luminosas antorchas de libertad. La destruccin del espacio pblico y la propiedad privada en las calles de Venezuela eran saludables sntomas de la rebelda de un pueblo contra la dictadura de Maduro. Pero ahora, en la Argentina de los presos polticos y de la criminalizacin de la protesta social, aqu se convierte en imperdonable pecado lo que all era una excelsa virtud. Las Molotovs que en Venezuela prendan fuego a los agentes del orden y destruan guarderas infantiles, centros de salud, edificios pblicos y privados y autobuses urbanos eran la expresin de un noble impulso democrtico que se despertaba de su prolongado letargo. Aqu, la misma actitud, los mismos hechos son condenados como una conducta deleznable e incivilizada de hordas criminales que no respetan ni la ley ni el orden. Molotovs buenas, Molotovs malas.

Este doble discurso esta perversa dualidad de criterios revela el talante (in)moral de los supuestos representantes de la democracia y el republicanismo en la Argentina. En realidad y a pesar de sus reclamos no son ni lo uno ni lo otro; ni demcratas ni republicanos. Son simples idelogos y propagandistas al servicio de los grandes poderes corporativos y de un estado de cosas insostenible, donde ocho individuos detentan tanta riqueza como la mitad de la poblacin mundial. Gentes que ejemplifican con incomparable elocuencia la prostitucin del periodismo -que por eso mismo ha dejado de serlo- y la absoluta capitulacin de la intelligentzia liberal de este pas degradada hoy a la condicin de una cuadrilla de mentirosos seriales. Unos y otros tienen por misin ofuscar el entendimiento de la opinin pblica, ocultar los oscuros negociados de las grandes corporaciones y sus representantes en el Estado, blindar mediticamente a los gobernantes de turno y, en fin, distraer y embrutecer al demos con un aluvin de mentiras y toda suerte de vulgaridades televisivas la infame cultura del entretenimiento urdida en Estados Unidos para mejor controlar a su poblacin- que le impida al pueblo pensar, adquirir conciencia de su situacin y luchar por la construccin de un mundo mejor.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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