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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-09-2017

Entrevista a Joaqun Miras Albarrn sobre Praxis poltica y Estado republicano. Crtica del republicanismo liberal
ramos mejores, porque nos tenamos los unos a los otros. Y tenamos, de una forma u otra, confianza, proyectos

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Entre otras muchas cosas, algunas de ellas recordadas y comentadas en anteriores conversaciones aqu publicadas, Joaqun Miras Albarrn es miembro-fundador de Espai Marx y autor de Repensar la poltica y Praxis poltica y Estado republicano.  

Nos habamos quedado en esto. Gramsci, sealabas, percibe que esa es la nueva forma posible, peligrosa, de integracin. De integracin en una nueva cultura que asuma la creatividad y d satisfaccin a las necesidades. Tosel explica que en ese cuaderno el 22, como en el resto de los mismos- se puede tener tambin indicaciones sobre el barrunto por parte de Gramsci de que la URSS est fechado en 1934- est en un proceso de revolucin pasiva. Dnde lo explica Tosel? 

El libro de Andr Tosel al que me refiero es Etudier Gramsci, publicado en Ed Kim, de Paris en 2016, poco antes de su fallecimiento. Nos recuerda otro gran estudioso de Gramsci que la derrota del proceso revolucionario que se desata tras la I guerra mundial, el agotamiento histrico de aquel proceso ha sido consecuencia de una Revolucin Pasiva, as lo expresa desde el inicio de su libro La religione delluomo moderno, Fabio Frosini (Ed Carocci, Roma, 2010).

La Revolucin Pasiva, que surge como una serie de acciones histricas y separadas de integracin por parte de las burguesas, llega a ser en la contemporaneidad, no la excepcin, sino una accin sistemtica, constante, en cuya generacin emplean, conscientemente, los poderes dominantes, los estados, las sociedades civiles, el capitalismo, una enorme cantidad de recursos. As nos lo avisa Tosel quien nos dice que, en el presente, toda praxis poltica de izquierda debe rechazar el modelo que se denominaba revolucin permanente lo denominado as por Marx, no por Trotsky-: hoy no se puede generar una alternativa de sociedad, tal como cree Marx en 1848, partiendo de la radicalizacin del programa y las necesidades culturales existentes, partiendo del programa burgus y radicalizndolo.

Cmo entonces? 

Se debe aprovechar la creatividad humana para generar ya ahora, desde la vida cotidiana, nuevas bases culturales. Para generar desde lo cotidiano una nueva forma de vida; cmo: organizndonos en nuestra vida cotidiana. Recordemos que la actividad es social, y que solo la organizacin en nuestra vida cotidiana con otros como nosotros, nos puede permitir generar control sobre nuestro hacer cotidiano

Revolucin pasiva y uso masivo de recursos, de instituciones, instrumentos etc, para poder generar dicha Revolucin pasiva, para lograr el transformismo de las fuerzas sociales emergentes y sus puntas de lanza, habla, sin embargo de la necesidad de hacer frente a algo que es un perenne peligro para la clase dominante. La constante emergencia de hacer humano nuevo, generado. Algo a lo que hay que hacer frente pero no bloquendolo, un imposible, sino tratando de subsumirlo. Pero el capitalismo no es la fuerza que ejerce su dominio de arriba abajo, imponiendo su cultura, su forma de ver el mundo, sus pautas de hacer, definidas en sus estados mayores, en la Corte.

La disputa es, por tanto, por la cultura, la cultura material, el orden u organizacin general del vivir, por los modelos civilizatorios. En esta lucha hasta el presente, las clases dominantes han logrado sostener su papel dominante. Pero no sin grandes dificultades, como lo muestran las revoluciones habidas y las grandes represiones generadas por las clases dominantes, para sostenerse en el poder. El nazi fascismo, los golpes de estado, las matanzas, el terror.

He hecho antes referencia a un libro de Raymond Williams; me estoy refiriendo a otro libro deslumbrante, cuyo ttulo no le hace justicia, Marxismo y literatura, Ed Pennsula B. 1980 (1977).

Coincido contigo: el ttulo no es el ms adecuado. 

Hoy en momentos de derrota podemos olvidar que en 1971, 1972, los obreros Taylor fordistas de la SEAT haban impuesto su poder de control en los talleres productivos de la empresa. Que la gente de oficinas no se atreva a bajar, y que los capataces se andaban con cuidado. Que ese modelo fue puesto en crisis, y por esa razn junto a otras el capitalismo se vio en la necesidad de cambiar, deslocalizar, etc. Todo aquello, existi Podemos olvidar que los institutos en los que hemos vivido t y yo una gran parte de nuestras vidas, eran otra cosa: lo eran.

S, efectivamente, eran cosa muy distinta hablando en trminos generales (siempre hay alguna excepcin). Me conmueve que lo recuerdes citando el caso de la SEAT. 

ramos mejores, porque nos tenamos los unos a los otros, y tenamos, de una forma u otra, confianza, proyectos. La realidad actual, no puede hacernos olvidar que un director era un don nadie. Todo depende de la organizacin. Tambin de esto, recordmoslo recurdalo t, recurdalo a otros. Este es el legado del que tenemos responsabilidad nosotros.

Muy hermoso y muy cernudiano. 

Desde luego una nueva cultura, como todo hacer, exige organizacin. La actividad no se puede dar aisladamente, es, por definicin, intersubjetiva, social, en el plano que se quiera. Y la nueva actividad a generar, que comience desde la vida cotidiana, en los lugares en que nos socializamos, en los que pasamos nuestro tiempo, solo puede existir si nos organizamos.

Estas mismas nociones gramscianas que inspiran a Williams estn tambin en las obras del gran historiador E.P Thompson, en La economa moral de la multitud artculo excepcional incluido en su deslumbrante libro Tradicin, revuelta y consciencia de clase. O sus otros libros soberbios, Costumbres en comn o La formacin de la clase obrera en Inglaterra.

Es comprensible tu devocin por E.P. Thompson. Creo que Sacristn tambin la tena; como Paco Fernndez Buey o Joan Lluis Marfany. 

Thompson nos habla de iniciativa organizada de los populares, de sabotajes, irreverencias, burlas, protestas, motines, luchas por el acceso a los recursos materiales, por la produccin de usos culturales de vida autnomos, de culturas de vida conscientemente autnoma, sostenidas conscientemente en oposicin, y de cmo la clase dominante lucha a su vez por integrar toda esa creatividad social y cultural. Usos que estaban en constante creacin aunque a menudo se los legitimase como recibidos de una venerable tradicin; el caso del pozo de arena que hay en un ro en una comunidad y al que acceden los capitalistas para llevrsela para las construcciones de, si mal no recuerdo, Londres.

Creo que s, pero tampoco lo aseguro. 

La declaracin de que una venerable tradicin haba declarado, desde tiempos inmemoriales propiedad comunitaria aquella arena. Pero en ausencia del capitalismo, cmo se le hubiera ocurrido a una comunidad declarar bien comn algo como la arena, como el aire! Algo que siempre haba estado ah y que nunca se agotaba, que era de todos y no vala nada Esa es la historia de la humanidad. Esto es Thompson, la obra de Thompson, otro gran terico de la hegemona. Estudioso de las luchas sociales por la hegemona, luchas cotidianas, locales, de comunidades organizadas y de cmo la gentry tory se ve obligada a ceder ante los motines y ante los faits accomplis, aceptarlos en parte, encajarlos en su proyecto, so pena de perder el poder y generar la insurreccin. El orden humano no es estructura funcin, es ese campo de praxis intersubjetiva colosal en constante lucha por diversos proyectos. Es historicidad: es la emergencia de creacin de nuevas entidades prxicas intersubjetivas antes inexistentes. Esta, la autocreacin o historicidad ontolgica siempre en acto y siempre en cambio, es la ontologa antropolgica que constituye la heurstica de la nocin de hegemona.

La remarco para los lectores: "La autocreacin o historicidad ontolgica, siempre en acto y siempre en cambio, es la ontologa antropolgica que constituye la heurstica de la nocin de hegemona". 

Me he alargado, disclpame.

Estamos acostumbrados Joaqun. Es broma no te lo tomes a mal. Ya sabes que disfrutamos de tus "largas divagaciones". 

No me lo tomo a mal. Es que he querido rescatar del olvido para nuestros lectores la obra de determinados grandes autores marxistas cuya heurstica es la praxeologa marxiana y gramciana; nombres poco conocidos actualmente, y cuya obra es lo que he tratado de hacer constar- nos ayuda a entender todo esto. He tratado de sugerir un posible manual de uso de esas obras, una clave de interpretacin que induzca a entenderlas, y ese era su propsito, como reflexin poltica til, y que es material que reflexiona sobre estas cosas sobre las que ahora precisamente estamos tratando nosotros.. Me dejo a Rud, a Christopher Hill, a Erick Hobsbawm, a otros grandes historiadores. Y dejo fuera los nombres de algunos de los grandes estudiosos actuales de Antonio Gramsci, que estn en su madurez y nos ayudan a comprender el calado de la obra de Gramsci, como Fabio Frosini, Guido Liguori, Giuseppe Cospito, pertenecientes, como lo era Andr Tosel, a la Gramscy Society, fundada por el ya fallecido Giorgio Baratta.

Paco Fernndez Buey me habl de l en alguna ocasin. 

Estudios hechos a partir de la posibilidad abierta hace cuarenta aos por la edicin de la totalidad de los cuadernos de Gramsci, que dio la oportunidad de estudiar a Gramsci en su evolucin creativa intelectual. Rompiendo con la interpretacin inspirada en la religin, segn la cual toda la obra de un autor Gramsci, Lenin, Marx, Lukcs- es un corpus sistemtico que desarrolla siempre un mismo ncleo fijo pensamiento, de verdad, sabido por el autor sagrado desde toda la eternidad, y que es invariable. Ellos y otros de esta asociacin nos han ayudado a leer de otra manera a Antonio Gramsci. He citado a Lukcs, pero aqu, me equivoco, porque a Lukcs lo que se le critica y se le reconoce- es, curiosamente, precisamente, el haber evolucionado. Una ridiculez de crtica.

Efectivamente, una ridiculez. Sostienes tambin que no es marxista un filosofar o una investigacin sobre ciencia social que se gue por la heurstica del individualismo metodolgica y cree un modelo natural, individualista, una subjetividad trascendental, innata, que se repite ahistricamente. De acuerdo, no lo es propiamente, no es buen filosofar marxista, pero debemos admitir que, de facto, hay marxistas importantes que no han formulado ningn desaire a la teora de juegos, a la teora de la accin racional, incluso al individualismo metodolgico. Nos guste o no, el diverso mundo marxista tambin se compone de eso. No somos demasiado ortodoxos si decimos esto vale y lo otro, en cambio, no vale porque no se rige por mi interpretacin de la obra de Marx y su legado que es la buena, la adecuada, la nica admisible? 

Permteme una observacin previa.

Temo, es decir, disfruto con tus observaciones previas. 

Si pensamos en otra filosofa que ha dado lugar a diversas corrientes, la de Aristteles, consideraramos que sera extravagante que un filsofo o un cientfico cuya heurstica se inspirase en el individualismo antropolgico se dijera ser aristotlico, y quisiera que su pensamiento fuese considerado una corriente ms del aristotelismo. Porque Aristteles, como sabemos, establece como nocin fundamental de su filosofa del ser humano la prioridad ontolgica de la comunidad social sobre el individuo. Si uno se adscribe a una teora social en cuyo fundamento filosfico la sociedad no existe como entidad ontolgica primera, sino que existen solo las individualidades separadas, no es sensato, no tiene sentido decir que se es aristotlico: el ser se dice de muchas maneras, pero la cosa tiene un lmite. Habramos de pensar que hay gato encerrado en todo ello.

Vale, s, de acuerdo, parece razonable lo que sealas. 

Sealo esto porque la disputa por la denominacin de marxismo ha sido extraa, ha hecho que personas que sostenan antropologas filosficas distintas, antagnicas, en tanto que filsofos o cientficos sociales, dijesen ser, todos, a la vez, marxistas. Sostener ontologas filosficas distintas, antagnicas, y querer denominarse lo mismo sita el debate en otras coordenadas. Pero Marx era filsofo, un filsofo praxeolgico, y su pensamiento, siempre en transformacin, desde luego, se sostiene, se atiene, sin embargo, tambin siempre, a una ontologa antropolgica determinada, y combate burlonamente la de las robinsonadas, lo que hoy denominamos individualismo antropolgico.

Todo cambia pero algo bsico permanece. 

Creo, con todo, que este asunto ahora, al menos en lo que hace al individualismo antropolgico y al funcionalismo, es ya algo del pasado en su mayor parte. Las corrientes funcionalistas y las que han sostenido la teora de juegos y el individualismo antropolgico, a finales de los setenta, durante los aos ochenta y principios de los noventa, en su mayora han dejado de ser marxistas.

En su mayor parte 

Escribo en su mayor parte y es un indefinido, una indefinicin, ciertamente; no me atrevo a decir todos porque no lo s. Referido al Grupo de Septiembre de la universidad de Oxford, encabezado por Gerald Cohen, que inspira y organiza ese tipo de marxismo -el marxismo analtico-, en concreto, todos los miembros de los que he logrado seguir su biografa intelectual han dejado de considerarse y declararse a s mismos marxistas. El mismo fundador del marxismo analtico Gerald Cohen, que primero fue funcionalista su libro famoso La teora de la historia de Karl Marx, una defensa, que no difera tanto, ni mucho menos, del manual de Marta Harnecker, Los conceptos elementales del materialismo histrico, sin embargo tan, tan, tan denostado, por el compromiso poltico de su autora- y despus se pas al individualismo antropolgico, pues Gerald Cohen no se consideraba marxista al final de sus das y hasta lleg a dar beligerancia a las ideas de Robert Nozick: las ideas del periodo anarcoliberal de Nozick, cuando ya ste se haba hecho budista y las haba repudiado. Hasta donde s, la mayora de los miembros del disuelto Grupo de Septiembre, ahora postulan diversos modelos de socialismo, elaborados como modelos tericos apoyados en base matemtica etc., construidos a priori. Y no se consideran marxistas. Hace poco estuve oyendo la lectura de una muy solvente tesis doctoral sobre Cohen y el grupo de Oxford.

Pero quiz el marxismo kantiano, seguramente muy minoritario en Espaa, est en otra tesitura y siga existiendo.

Creo que s, que tienes, adems, grandes e importantes representantes si entendemos de forma amplia la nocin de marxismo kantiano, aunque estas etiquetas suelen jugar malas pasadas. En cuanto a Cohen y al marxismo analtico, no te puedo discutir porque me falta informacin. Sea como fuere, no he reledo La teora de la historia de Karl Marx, una defensa, pero es un libro que en su momento me ense y no s tampoco si la comparacin con el manual de Marta Harnecker (que es un manual, no un libro de investigacin), un libro -lo confieso- que tambin me ense de joven, es exacta. Por lo dems, no me quedo si no sealo que un libro de Cohen, uno de sus ltimos libros si la memoria no me falla, Si eres igualitarista, cmo es que eres tan rico?, tambin me gust.

No podemos hablar de todo. Lo dejamos hoy aqu si te parece.

De acuerdo.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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