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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-09-2017

La crisis de Espaa como marco de acumulacin del capital
El derecho de Espaa contra los derechos de los pueblos

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


1. Introduccin  

2. Nacimiento, esplendor y decadencia histrica

3. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid  

4. Felipe II y el nacionalismo espaol prudente  

5. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante  

6. La casa de Borbn y la guerra contra los pueblos  

7. La casa de Borbn y la represin de los pueblos  

8. La dinmica de las contradicciones y sus formas  

9. Bibliografa bsica consultada  

 

1. Introduccin

Este texto tiene dos objetivos que en realidad son uno solo. El ms inmediato es contextualizar el debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminaci que est a la orden del da en todas partes aunque de forma inmediata en el Principat de Catalunya; y el mediato, el de ayudar a la elaboracin colectiva de una alternativa internacionalista de las naciones oprimidas por los Estados espaol y francs.

Al menos desde 2014 exista la propuesta algo borrosa entonces para que diversas fuerzas revolucionarias avanzsemos en la crtica radical del imperialismo en su conjunto pero sobre todo en la forma concreta que ms nos destroza, la de los Estados espaol y francs. Dentro de esta dinmica el 24 de julio de 2017 se firm el Manifiesto internacionalista de Compostela   y el pasado 22 de agosto del mismo ao el documento Con Catalunya y su derecho inalienable a la independencia nacional . Ni terrorismo yihadista ni terrorismo imperialista , ambos a libre disposicin en la red.

Hace unos das se propuso un debate tambin en Catalunya sobre el sugestivo y crucial tema de Sobinaries, drets i autodeterminaci. Bien mirado, el debate profundiza hasta las races de la crisis actual del Estado espaol, la ms grave de todas las que histricamente han afectado al marco geoestratgico material y simblico de acumulacin de capital que denominan Espaa. No es cierto que la crisis actual sea la del llamado rgimen del 78, esta es la forma poltico-institucional externa de las dbiles bases del Estado espaol desde el fin del Medievo.

Lo que vuelve a estar en cuestin, o si se quiere en el punto de mira de la dialctica como negacin radical de lo existente, al menos para la minora comunista, es la viabilidad histrica de Espaa como espacio geoestratgico de acumulacin ampliada de capital. Esta crisis estructural ha emergido de nuevo nunca ha desaparecido del todo porque el capitalismo mundial acelera la periferizacin del Estado multiplicando su dependencia. Semejante retroceso continuado desde el siglo XVII, que se intensifica como tenencia objetiva en la actualidad, genera nuevas y ms graves diferencias y oposiciones en su bloque de clases dominante y en los partidos polticos que le representa, pero especialmente agudiza las contradicciones entre el marco estatal de acumulacin o Espaa, superado objetivamente, y las naciones trabajadoras oprimidas, contradiccin que forma parte a su vez de la contradiccin irreconciliable entre el capital y el trabajo que tambin se libra dentro de los pueblos oprimidos.

Simplificar tan simplonamente la aceleracin de la obsolescencia del marco estatal de acumulacin, reducindola a simple crisis de legitimidad democrtica del rgimen del 78, decir que hay que abrir una nuevo proceso constituyente y avanzar en el destituyente, etctera, sin bajar a la sala de calderas que pierden presin por sus junturas, esta superficialidad solo beneficia al poder establecido ya que suaviza la hondura del problema, genera expectativas reformistas, oculta elaborar una estrategia de largo alcance basada en el internacionalismo y en la certidumbre de que ninguna opresin ser superada mientras perdure la propiedad privada de las fuerzas productivas, mientras que el bloque de clases dominante se crea propietario de las clases y naciones explotadas.

Desde el siglo XV, por poner una fecha en la que ya se vislumbran algunas problemticas que iremos viendo, fueron desarrollndose contradicciones que, en sinergia y respondiendo al agotamiento del imperio espaol, dieron cuerpo a la crisis estructural desde mediados del siglo XVII a comienzos del siglo XVIII. La destruccin de la Corona de Aragn y sobre todo Catalunya, ms en concreto Barcelona, fueron el punto lgido de aquella crisis: no es casualidad que ahora sea Barcelona el punto lgido de su vuelta a escena en el capitalismo del siglo XXI.

Entonces chocaron dos derechos antagnicos, por un lado el de la Casa de Borbn como representante del absolutismo que buscaba compaginar los privilegios seoriales con los intereses de una burguesa cobarde y timorata, comparada con la holandesa e inglesa, por otro lado el de la Casa de los Habsburgo que mal que bien se haba granjeado el apoyo de las fuerzas nacionales preburguesas de los Pasos Catalans y de Aragn, que defendan sus derechos histricos desde una perspectiva municipalista y de debates en cortes mucho ms cercana a la experiencia inglesa que al verticalismo versallesco.

El debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminaci muestra cunta razn tena Marx al decir que cuando dos derechos chocan, decide la fuerza, y cunta razn tena Trotsky al decir aquello de que el Estado es el monopolio de la violencia, idea de la que se apropi Weber para desnaturalizarla, y, por no reiterarnos, cunta razn tena Mao al decir que el poder nace del fusil. Naturalmente, nos referimos a las contradicciones histricas, no a las divagaciones idealistas de la sopa eclctica y del engrudo reformista del foucaultismo, laclausismo, negrismo, etc., de la leal oposicin de su Majestad.

Es la fuerza, el poder, la que decide el resultado de la incompatibilidad entre el derecho de Espaa y el derecho del pueblo cataln y de todos los pueblos. La trgica experiencia del Imperio catlico as lo haba demostrado con mucha anterioridad. En el violento conflicto mantenido en sus dos fases, del siglo XIII al XV, y del XV al XVIII, la potencia vencedora, la que ahora se llama Espaa, impuso sus derechos porque tena ms armas, muchas de ellas fabricadas por la burguesa vasca, tal como lo reivindic con sinceridad inhumana el Cardenal Cisneros. Ahora sucede lo mismo, no nos engaemos, pero con la diferencia de que adems de las armas de guerra, el Estado tiene las armas econmicas, de propaganda y de manipulacin, de cerco econmico y financiero

Cualquier debate sobre Sobinaries, drets i autodeterminaci tiene que enfrentarse a esta realidad y ayudar a responder a esta pregunta: cules son nuestras armas, nuestros poderes? Uno muy importante es el de la teora, el conocimiento crtico de la realidad: el arma de la teora y el poder de la praxis. Es su unidad la que cimenta el debate inmediato sobre Sobinaries, drets i autodeterminaci y el debate mediato sobre los objetivos del internacionalismo, sus estrategias y sus tcticas.

2. Nacimiento, esplendor y decadencia histrica

La segunda ofensiva cristiana contra al-ndalus comenz alrededor de 1227 y concluy en 1262 con la destruccin de casi la totalidad de la muy superior cultura musulmana, el expolio de sus riquezas, la esclavizacin directa o indirecta de sus habitantes. Las mezquitas fueron derruidas o convertidas en iglesias, las lenguas rabes y judas marginadas o prohibidas. Ingentes latifundios fueron entregados como premio por los reyes a una reducidsima clase de incultos y sucios guerreros ennoblecidos. Como veremos, ya desde entonces las coronas de Castilla y Portugal eran Estados depredadores.

De todos los reinos existentes en la pennsula entre los siglos XIII y comienzos del XV, el mejor posicionado geoestratgicamente a medio plazo era el de Castilla y Len formado en 1230, siguindole Portugal. Entre ambos se libra una spera pugna inter imperialista por el control de Granada y la zona noroccidental de frica, incluidas las islas Canarias, Azores y otras. Les segua la Corona de Aragn, que se haba formado en 1137, pero de manera tan descentralizada entre las tres cortes, Aragn, Valncia y Catalunya, que llegado el momento decisivo a comienzos del siglo XVIII no podra responder con la misma centralidad de mando que la lograda por Felipe V.

Desde mediados del siglo XIV, sobre todo en el norte de Italia, en Florencia, etc., se extendan los choques entre nuevas fuerzas sociales y viejas estructuras de dominacin que constrean el crecimiento de las fuerzas productivas. Tambin desde mediados del siglo XIV Catalunya va entrando en una crisis mltiple: demogrfica, pestes, produccin agraria, gran debilidad de la lucha campesina comparada con su fuerza en el siglo XIII y fortalecimiento del poder seorial, retroceso del comercio, cada de precios y deflacin, y, por no extendernos, agudizacin de todas las contradicciones de manera que para la mitad del siglo XV se haba recuperado la lucha campesina las remensas y estalla la guerra civil en 1462 y 1472 entre los bandos partidario del rey de Aragn en defensa de la nobleza y grandes comerciantes, o Biga, y el bando de Busca, los intereses populares, campesinos, burguesa urbana de Barcelona para mantener sus derechos municipales en un momento de expectativas de crecimiento econmico.

La guerra civil catalana fue parte del choque que se inicia de manera irreversible a finales del siglo XV entras las fuerzas expansivas del joven capitalismo, a las que les faltaba an el poder poltico-estatal, y los cada vez ms estrechos mrgenes de tolerancia del Medievo, como qued claro en la rebelin de los Irmandios de 1467-1469 en Galiza, una de las ms fuertes de la pennsula, que no consigui derrotar del todo el nacionalismo medieval de los Irmandios, de manera que pocos aos despus los reyes llamados Catlicos consigui el terrible sometimiento del pueblo galego conocido con el nombre de Doma y castracin de Galiza, que lo dice todo. Castilla no poda dejar que existiera una faccin de la nobleza con apoyo popular y burgus dispuesta a unirse con Portugal, as que la decapit. Y anul la oficialidad de la lengua galega, que adems era la lengua culta en buena parte de la pennsula, lo que aceler la victoria del castellano sobre todas las dems.

Por esos mismos aos, los lmites del feudalismo ante la ascendente burguesa urbana causaron la Guerra de Bando en Vascongadas, que fue una especie de pequea revolucin burguesa sin la cual no se entienden los Fueros Vascos. En este contexto la pujante industria del hierro, armas, barcos, pesca y comercio rechaz en 1481 la propuesta de Castilla para que participara en la guerra contra el turco. Los informes negativos de los dos enviados castellanos sobre los vascos deca que los moradores de aquella tierra son gente sospechosa porque defienden sus libertades colectivas. Las negociaciones fueron arduas y al final se lleg a un acuerdo: Castilla obtuvo barcos de guerra y la industria vasca sigui creciendo potente sin merma para los derechos del pas.

La expansin castellana necesitaba armas, barcos, tcnicos en navegacin, etc., tambin para apoderarse de las islas Canarias, antes de que lo hiciera Portugal, y para asfixiar por mar al reino de Granada. La conquista de las islas fue dura y salvaje entre 1478 y 1496, exterminando a su poblacin. A la vez, en lo que quedaba de al-ndalus el pequeo reino independiente de Granada deba pagar exorbitantes tributos a Castilla dedicando casi la totalidad del resto de sus recursos al ejrcito para retrasar en lo posible la segura invasin castellana que se producira entre 1482 y 1492. Pero casi de inmediato continu la resistencia con formas de bandolerismo social, de prcticas religiosas y culturales clandestinas, etc.

En estos siglos: Portugal y Castilla eran, predominantemente, Estados depredadores que vivan de los recursos de la Espaa musulmana: para fines del siglo XV el 2 o el 3% de la poblacin posea el 97% de la tierra. Fue en 1492 cuando Nebrija explic que lengua castellana e Imperio catlico iban unidos. La persecucin contra los moriscos, muchos de los cuales fueron esclavizados, y contra judos e indios, se legitimaba mediante el racismo de la pureza de sangre.

Muy probablemente la burguesa armera vasca estuviera al tanto de las necesidades que tena Castilla de barcos, las aprovech para subirle los precios y mantener las libertades de los territorios de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, que haban mantenido un estatus fluctuante entre el reino de Len y el de Nafarroa, creado en 824. Castilla y Aragn tenan pactado desde el siglo XI el reparto de Nafarroa. En 1200 lograron arrancarle grandes territorios mediante la guerra y la negociacin con las noblezas, aprovechando una situacin de debilidad navarra. La nobleza conserv sus derechos incluido el de pernada, que dos siglos ms tarde sera una de las causas de una fuerte rebelin popular. No fue hasta 1512 cuando comenz la invasin definitiva realizada con una superioridad aplastante de medios y con una poltica cercana a la liquidacin. A pesar de ellos, con altibajos e intentos fallidos de reconquista, la guerra se prolong hasta la derrota ltima en Amaiur en 1521. La conquista fue facilitada por la traicin interna de un sector de la nobleza de Nafarroa vendida al invasor porque as aumentaba mucho sus propiedades, tambin fue facilitada por el apoyo prcticos de tropas de las clases dominantes sobre todo de Gipuzkoa, que actuaban aliadas con el imperialismo porque este le supona un inacabable mercado en el que vender sus productos, mientras que el Estado vasco de Nafarroa era pequeo y pobre. Ignacio de Loiola, fundador de la Compaa de Jess, a la que volveremos por su papel en el mantenimiento del Imperio, fue uno de los invasores.

Comuneros, villanos, forajidos, homicianos, bandoleros, perayles, boneteros, freneros, celemineros estos son algunos de los calificativos que daban los cronistas oficiales a las masas urbanas y campesinas que impulsaban la revolucin de las Comunidades en Castilla y algunas otras zonas del reino en 1520-1521. Sus reivindicaciones e ideas difusas, pero moldeadas y llenas de contenido por los valores de una burguesa enfurecida, dieron a las acciones del pueblo comunero un contenido radicalmente amenazador para el orden establecido, y de aqu la extrema dureza de su exterminio porque, por ejemplo, la alta nobleza, la Iglesia y la Inquisicin, el mismo Carlos I, no podan aceptar las tesis sobre el bien comn, la libertad, el derecho a la rebelin, el principio del consentimiento popular, etctera.

Desde haca algunos aos se oan quejas contra la corrupcin y desidia del Consejo Real, contra el subdesarrollo econmico como efecto del enriquecimiento de unos pocos y de las empresas extranjeras, contra la prepotencia de los consejeros flamencos del rey Carlos I, que al principio no saba castellano, contra las trabas para crear negocios Este movimiento aunaba al pueblo, despreciado por los cronistas, con la mediana nobleza y con la nueva burguesa comercial. La alta nobleza, la burocracia eclesial y la Inquisicin se pasaron al bando de Carlos I, decidiendo la suerte de la revolucin que fue aplastada en Villalar en 1521.

La depredacin social fue una caracterstica de todos los imperialismos desde Sumeria, pero con el trnsito del feudalismo al capitalismo adquiri caractersticas nuevas que se expresaban en la acumulacin por desposesin, componente bsico de la acumulacin originaria de capital. Los reinos de Castilla y Portugal estaban esquilmando al-ndalus, zonas de frica, las Indias y zonas de Europa: una de ellas fue Roma, la supuesta Ciudad Santa o tambin llamada por los albigenses la puta de Babilonia, saqueada por el imperial ejrcito de los catlicos Habsburgo en 1527.

Desde la dcada de 1480 la burguesa de Castilla mantena un esfuerzo expansivo, chocando frecuentemente con los reaccionarios poderes medievales. La derrota comunera de 1521 fue un golpe demoledor que envalenton a la reaccin medieval y arras las ideas progresistas para las condiciones de los siglos XVI y XVII que haba crecido al amparo de la movilizacin general, todo lo cual precipit el agotamiento burgus para la mitad de ese siglo XVI. A partir de ah y conforme se suceden las bancarrotas, la burguesa va quedando arrinconada por el poder de la alta nobleza y de la Iglesia y la creciente influencia de la Inquisicin que obturan cualquier intento de avance socioeconmico y cultural. Hay que tener en cuenta que, como ha dicho Pierre Vilar: El imperialismo es tambin un hecho poltico [] en Castilla, hacia 1600, el feudalismo entra en agona sin que exista nada a punto para reemplazarle.

En esta cita aparece la razn de la decadencia histrica del Imperio y luego de la Monarqua borbnica hasta el presente, con los muy cortos tiempos de las dos repblicas. No incluimos a una hipottica constitucin democrtica desde 1978 como fase especfica desde los siglos XIII y XV porque all donde hay democracia no hay monarqua y, ahora, desde hace ms de ocho centurias las clases y pueblos explotados seguimos bajo una monarqua. Los dbiles intentos de crear un capitalismo estatal libre de las ataduras feudales, que son mucho ms que interesadas supervivencias monrquicas, han fracasado una y otra vez por la simple razn de que los sucesivos bloques de clase dominante han comprendido siempre que su supervivencia depende de esa santa alianza entre primitivismo feudal y cobarda burguesa protegida por el Estado y su nacionalismo.

3. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid

Antes de que la agona fuera irreversible, se hicieron notar los efectos ideolgicos de tanta efervescencia socioeconmica y poltica, tanto contraste cultural y filosfico entre tres grandes corrientes religiosas y la arrolladora entrada de la filosofa aristotlica, tantas innovaciones cotidianas provocadas por las noticias del resto del mundo y por los efectos ssmicos del dinero y del valor de cambio en sociedades en las que todava el valor de uso y formas de intercambio simple regan muchas reas de la cotidianeidad: acordmonos de Quevedo y su crtica del poderoso caballero don dinero.

Recordemos que en 1499 el Cardenal Cisneros, arriba citado, cre la universidad de Alcal de Henares y que el igualmente citado Nebrija, idelogo del imperialismo cultural, era y es tenido como filsofo humanista. Estos dos ejemplos son suficientes para mostrar cmo la formacin de la cultura oficial era inseparable de los intereses del poder, de la centralizacin estatal. La fundacin de la Compaa de Jess La araa negra segn Blasco Ibez fue creada en 1534 como el instrumento por excelencia de la Contrarreforma tridentina: de este modo la Inquisicin y los jesuitas se complementaban en la aplicacin del terror material y moral.

La Escuela de Salamanca irrumpe en esta situacin, lo que explica tanto su mrito como su lmite y pronta caducidad. Sus logros iniciales fueron tremendos dadas las barreras insalvables de la poca: elabor los rudimentos de la ideologa burguesa del derecho natural, de origen del poder del rey y de sus relaciones con el poder del pueblo, de la soberana de los Estados y de su capacidad para declarar la guerra justa o injusta, de los primeros impactos de la economa mercantil y de la necesidad del arbitrio para controlar sus efectos negativos y para guiarla en la medida de lo posible, etc. La Escuela de Salamanca escriba acerca de la soberana y el derecho sentada sobre los cadveres de las luchas, masacres y torturas arriba vistas.

La Escuela de Salamanca, que se atrevi a decir que el poder del rey no vena directamente de dios sino que de alguna forma dependa de la voluntad del pueblo, haba llegado al lmite de la crtica posible en la poca del tomismo anterior a la revolucin cientfica del siglo XVII, adaptndolo a las necesidades de una elite culta y humanista que deba justificar su privilegiada forma de vida sin retroceder al feroz derecho medieval que, por ejemplo, fue combatido por motines populares y protoburgueses en tierras vascas, gallegas, andaluzas, etc., en el siglo XV si no antes, pero sin mancharse con las atrocidades espaolas en Nuestra Amrica y en otros lugares. Lo mismo sucedi en el intento de suavizar la explotacin de las Indias en la famosa Controversia de Valladolid de 1550-1551 en la que chocaron dos visiones opuestas: la utpica que peda el respeto de las naciones indias porque eran capaces de gobernarse a s mismas y la imperialista que sostena que deban ser gobernadas desde Espaa porque eran incapaces de hacerlo por ellas mismas.

La figura del protector de Indias y algunas decisiones imperiales para detener el genocidio que estaba en marcha, as como las tesis de la Escuela de Salamanca, pueden utilizarse propagandsticamente para intentar avalar la idea del origen catlico-espaol de los derechos humanos. Pero una vez conquistado Mxico, los invasores se lanzaron por toda Mesoamrica como los godos tras el saqueo de Roma. La cristianizacin obligatoria bajo pena de tortura y muerte empez de forma sistemtica en 1525. Mientras que las religiones de Mesoamrica eran muy tolerantes, admitiendo que cada colectivo y persona adorase las diosas y dioses que quisiera, el cristianismo era autoritariamente monotesta, bajo pena de excomunin con lo que esa condena acarreaba. Muchas de las expediciones llevaban por delante piaras de cerdos para que avisaran de posibles emboscadas y para que se comieran hasta las races de los sembrados para someter por hambre a los pueblos. En 1550 Carlos I oblig a los habitantes de las Indias a que se hispanizaran y aprendiesen castellano, y en la dcada de 1570 la Inquisicin prohibi obras en lenguas nativas.

Dejando de lado los delirios fantasiosos sobre el milagroso origen hispano de los derechos humanos, lo que s es cierto es que no pudieron frenar el endurecimiento de la explotacin, la tendencia imparable a la centralizacin administrativa en contra de los derechos de los pueblos, el fortalecimiento del poder del terror material y simblico de la Inquisicin, y sobre todo el deslizamiento de la economa imperial hacia las crisis.

Las buenas intenciones de la Escuela y de la Controversia de Valladolid tambin fueron barridas por el creciente poder de la Inquisicin, mimada por Felipe II que la consideraba como un instrumento decisivo para el fortalecimiento del Imperio catlico en el mundo: desde 1558 se agudizaron las tensiones entre Aragn y Castilla porque la primera se opona al poder inquisitorial, tensiones que pasaron a ser conflictos graves en Catalunya. Los intereses centralizadores de Castilla iban unidos al poder de la Inquisicin, no solo para luchar contra las herejas y el librepensamiento, sino tambin para imponer la lengua espaola. Hubo violentos ataques contra la Inquisicin en Valencia en 1567, en Murcia y Mallorca en 1568 y en Catalunya en 1569. Este mismo ao, Felipe II afirm que sin la labor de la Inquisicin en el imperio abundaran los herejes y el Estado espaol se encontrara ms damnificado.

La represin del librepensamiento, la censura editorial y los controles en la importacin de libros, endurecida desde 1558-1559, afectaban a las lenguas catalana, aragonesa y vasca por su continuidad fronteriza con el reino de Francia. Cuando Felipe II supo en 1565 que haba estudiantes navarros, aragoneses y catalanes en la ciudad francesa de Toulouse, mand que los expatriaran al imperio, y en 1568 prohibi formalmente a los aragoneses que salieran a estudiar fuera. Pero la Inquisicin se sigui quejando de que libros impresos en castellano y euskara cruzaban las porosas fronteras vascas provenientes de la calvinista Ginebra y los inquisidores en Catalunya tambin advertan de la facilidad del contrabando de libros prohibidos. La represin del pensamiento, que contradeca la esencia de la Escuela de Salamanca, empobreca la produccin cultural y reduca la cantidad y calidad de las imprentas. Felipe II sufri este creciente atraso cuando en 1575 quiso montar la biblioteca de El Escorial teniendo que recurrir, paradjicamente, al extranjero.

4. Felipe II y el nacionalismo espaol prudente

Las aportaciones econmicas de la Escuela de Salamanca no evitaron las bancarrotas de 1557 y 1575 que solo fueron el anuncio de la crisis econmica que estall en 1580 cuando el imperio pareca ms fuerte que nunca. La derrota de la invasin de Inglaterra en 1588 aceler el declive y la bancarrota de 1596, y este retroceso explica el tratado de paz de Vervins de 1598 por el cual Felipe II reconoce tanto su incapacidad para dominar al reino de Francia, como la realidad del independentismo de los Pases Bajos y de la superioridad naval inglesa.

Conforme se hunda la economa, Felipe II centralizaba ms el poder imperial: en 1552 y 1567 orden ubicar en Simancas los archivos nacionales de Aragn e Italia junto a los de Castilla. Otra medida de Felipe II fue crear un servicio de inteligencia unificado que le permita conocer los planes de sus enemigos para adelantarse y abortarlos. Las tablillas mesopotmicas ya hablan de los servicios de inteligencia. Felipe II tena a su disposicin el extenso sistema informativo de la Iglesia catlica que se perfeccionara an ms en el Concilio de Trento, pero le era insuficiente. Por la lgica misma del poder basado en la propiedad privada, informacin y planificacin actan de la mano. Los masivos y efectivos sistemas de informacin de la Iglesia y del Estado actuando conjuntamente en lo ideolgico y con mucha frecuencia en lo prctico han sido y son una pieza clave en la formacin del nacionalismo imperialista espaol y en el debilitamiento de las identidades de los pueblos oprimidos, excepcin hecha de reducidas minoras de cristianos.

Felipe II estaba al tanto del insufrible malestar del pueblo morisco provocado por las represiones crecientes que sufra, como la ley de 1567 que fue un verdadero hachazo que gener la sublevacin de las Alpujarras de 1568 como justa violencia defensiva. El llamado rey prudente persigui sin piedad a cada uno de los moriscos sublevados. Tras expulsar de sus tierras a miles de ellos, las repobl con alrededor de 50.000 campesinos del antiguo reino de Len con lo que lograba dos cosas: desnacionalizar esas zonas rebeldes de al-ndalus, suprimiendo todo resto de cultura musulmana, y acabar con toda posibilidad de tensiones campesinas en la zona noroeste de la pennsula al dar trabajo como colonos ocupantes a miles de campesinos potencialmente peligrosos en su pas de origen.

En 1580 entr a caonazos en Portugal para asegurar el dominio espaol, aplast con extrema brutalidad la resistencia calle a calle y casa a casa del pueblo lisboeta durante das, y desde el Portugal ocupado Felipe II redact un decreto en el que por primera vez se utilizaba el trmino Hespaa en singular, cosa que nadie haba hecho antes. En realidad desde ese siglo XVI muchos autores castellanos empezaron a identificar Castilla con Espaa. De hecho, entre 1430 a 1580 Castilla dominaba por la fuerza expansiva del nmero, porque su poblacin era dos veces y media superior a la de Andaluca oriental o Catalunya. Con respecto a la Corona de Aragn, a mediados del siglo XVI la superioridad de Castilla era enorme: le cuadruplicaba en extensin y le quintuplicaba en poblacin, ms concentrada adems; tena una nica ley y un nico gobierno, mientras que la Corona de Aragn tena tres Cortes y era mucho ms descentralizada; y Castilla controlaba la totalidad del saqueo de las Indias, del comercio y de la representacin internacional.

El contraste entre la apariencia de poder imperial y la realidad de empobrecimiento y retroceso estall a partir de 1589 cuando se sucedieron graves motines en los ejrcitos imperiales por impago de sueldos. En Catalunya varias de las contradicciones sociales adquiran la forma del llamado bandolerismo social, grupos de supervivencia fuera de la ley, perseguidos como criminales, pero que contaban con redes de apoyo popular. Ante la extensin de esta resistencia popular, adems de otros problemas, un conocido fraile pidi en 1589 a Felipe II que anulara los fueros e impusiera las leyes castellanas. Se debate sobre hasta qu punto aquella persona representaba a un sector significativo de la clase dominante, dispuesta a ceder en su soberana catalana para asegurar sus propiedades bajo la proteccin del ejrcito castellano. El rey no respondi a la peticin porque todava era fuerte el austracismo, es decir la forma de gobierno central que respetaba aun a regaadientes un mnimo suficiente de derechos nacionales de los pueblos para as administrar mejor el imperio que, segn se crea, estaba llamado a catolizar el mundo.

Desde 1590 estallaron una serie de revueltas y represiones que golpearon con mayor fuerza a la Corona de Aragn con torturas y ejecuciones pblicas en Zaragoza y recortes en sus libertades. Hay que decir que en ese ao Felipe II haba provocado deliberadamente a los aragoneses al nombrar un castellano como virrey, en contra del fuero que deca que el virrey deba ser aragons. Las protestas ms conocidas se dieron en Sicilia entre 1590-1591, en Messina y Npoles en 1592 y hasta en Quito, capital de Per, en ese mismo ao. La situacin portuguesa empeor hasta llegar a un grado en el que para 1596 los choques violentos entre los ocupantes castellanos y el pueblo portugus se producan casi a diario, segn un testigo de la poca.

Dos aos ms tarde, en 1598, mora Felipe II que no era un hombre de grandes ideas, siendo coronado Felipe III, primero los Austrias menores. Felipe III, Felipe IV y Carlos II han sido definidos como pobres hombres que delegaban sus decisiones en nobles, siendo la mayora de ellos mediocres intrigantes. El cambio de corona no supuso mejora alguna en el trato de los pueblos explotados. La riqueza increble acumulada en al-ndalus durante varios siglos de esplendor, prcticamente haba sido transferida en su totalidad a la clase dominante castellana y a la Iglesia, pero ni la represin brutal de las Alpujarras, ni el repoblamiento, garantizaban la paz del opresor. Temiendo que los moriscos estrechasen lazos con los turcos para reforzar su derecho incuestionable a la autodefensa frente a la opresin, la Corona expuls de la pennsula entre 1609 y 1614 a un milln de musulmanes. Las ganancias para la alta nobleza y la Iglesia fueron grandes en un primer momento, pero al poco tiempo empezaron las consecuencias quienes contrataban la muy formada mano de obra campesina y artesana morisca al caer la calidad de la produccin.

El pusilnime Felipe III dejaba pudrirse la corrupta poltica imperial y su declinante economa cediendo el poder a validos como el Duque de Lerma que intent evitar guerras ruinosas, limitar algunos derechos de la nobleza, reducir el empobrecimiento social creciente, etc., pero que no dud en utilizar sus cargos para enriquecerse al mximo en un contexto de traicin e intriga, corrupcin, nepotismo y simona institucionalizadas, destacando especialmente sus desfalcos inmobiliarios durante el traslado de la capital del reino de Madrid a Valladolid en 1601 y que le convirtieron en el hombre ms rico del imperio espaol. El imperio estaba oficialmente regido por un rey que delegaba su gobierno en un duque que, para enriquecerse ilegalmente, delegaba gran parte de su poder en un valido de confianza.

La situacin econmica a comienzos del siglo XVII era relativamente buena pero dependa de la regular llegada de la plata expoliada en Nuestra Amrica. Si las remesas se retrasaban y se multiplicaban los gastos, poda sobrevenir una crisis adems, segn estudios del clima, entre 1600 y 1715 hubo una mini glaciacin por la disminucin de las manchas solares con efectos devastadores sobre la produccin agropecuaria provocando sucesivas hambrunas con las tensiones sociales correspondientes. Luis XIV se gan la confianza de Pars al ser coronado en 1638 porque mand repartir pan para combatir el hambre. Se discute tambin si la proto industrializacin en esta poca fue un intento de superar la dependencia agropecuaria de los caprichos del clima.

En el caso espaol, la depredacin de al-ndalus y de los judos fueron dos mtodos muy rentables de enriquecimiento hasta finales del siglo XV, luego asegurada a lo largo del siglo XVI por el vaciamiento de los recursos de las Indias. Y desde inicios del siglo XVII se continu presionando a los judos para que pagasen sumas inmensas, como fue el caso de los 410 judos portugueses que entre 1602-1604 negociaron el perdn mediante el pago de 1.860.000 ducados ms el gran valor de los regalos hechos a los ministros. La expulsin de los moriscos en 1609 tambin fue rentable en un primer momento para las arcas del reino. Todos los mtodos eran vlidos con tal de sacar ducados.

Pero la poltica econmica de Felipe III era ruinosa a medio plazo porque ni las remesas de Indias, ni el expolio de los judos, ni los impuestos y otras medidas como la deflacin y la manipulacin de la plata, etc., rendan lo suficiente para mantener un sobregasto creciente y dilapidador. Al morir en 1621 el imperio necesitara alrededor de cuatro aos, hasta 1625, para pagar su deuda, y la guerra iniciada contra Holanda en ese ao exiga ms y ms sacrificios e impuestos, tarea a la que se lanz el Conde Duque de Olivares quien en una carta al nuevo rey Felipe IV en 1624 le explic que su objetivo era convertirle en el rey de Espaa. El valido, empleaba ya el singular de Espaa segn haba empezado a hacer cuarenta y cuatro aos antes Felipe II desde la bombardeada Lisboa, como hemos visto.

Adems de otras medidas, Olivares ide tres grandes vas para salir de la crisis y unificar Espaa segn el criterio austracista todava vigente aunque cada vez ms recortado: uno era forzar a los reinos y territorios a que pagasen ms a la Hacienda real, otro era que pagasen y dedicasen ms tropas autctonas al fortalecimiento militar y, el tercero, tomado en 1628 era reforzar el mtodo de la venta de gracia, que permita que fueran las elites dominantes de cada zona las que se quedaran con parte de los impuestos recaudados por ellas en nombre de la Corona. Era un mtodo que facilitaba la corrupcin y el despilfarro, pero que as mismo facilitaba que al menos una parte de la recaudacin llegase a la Corona; era un mtodo comn, tambin aplicado por Richelieu, incluso en sus ejrcitos, y expresaba la fase de trnsito de la descentralizacin de la nobleza a la centralizacin del absolutismo. Pero un efecto directo de este mtodo era que facilitaba la aparicin del bandolerismo social, forma de autodefensa de sectores populares sobreexplotados.

Pese a las limitaciones de las leyes de Olivares, ya para entonces era claro que Hacienda, Ejrcito, Cultura y Estado formaban una unidad, y en los noventa aos siguientes quedara definitivamente demostrada su efectividad con la conquista de Barcelona en 1714, la destruccin de los derechos catalanes y el salto cualitativo en la incipiente unificacin nacional-burguesa de Espaa como posible espacio material y simblico de acumulacin de capital. Que la posibilidad no fracasase y se convirtiera en probabilidad, y luego sta en realidad presente, este proceso inseguro dependa de la dialctica de las luchas de clases y nacionales, tambin internacionales.

5. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante

Cuando la unificacin militar-estatal se intent aplicar en 1625 surgieron resistencias en casi todas partes, pero sobre todo en Catalunya, Valencia, las Illes y Aragn, dentro de la pennsula. La oposicin se sigui expresando en 1626 y 1632. Fue en este proceso de tensionamiento creciente que estall la guerra con Francia en 1635 que, en lo que ahora nos atae, tendra al menos tres grandes consecuencias: la primera fue condicionar negativamente a medio plazo la capacidad econmica y militar el imperio al perderse el derecho de trnsito por Valtelina, derrota aceptada en el tratado de Miln de 1637 que rompa el vital corredor que comunicaba la rica y productiva Flandes con la pennsula cruzando los Alpes, el denominado Camino espaol. Recordemos que el puerto de Amberes todava segua siendo el principal nudo comercial de Europa noroccidental en el que confluan redes desde las Amricas, Europa del nordeste y sureste, frica y el ndico.

La segunda fue la expansin del nacionalismo catlico castellano que, tras la liquidacin del ideal comunero, tuvo espacio para crecer ya sin obstculos. Era un nacionalismo viejo que se plasmara en la trinidad de: evangelizar, civilizar, espaolizar. Su base social era, en primer lugar, la nobleza guerrera que durante la reconquista se apropiaba de inmensos terrenos.

No nos alargaremos en citas sobre la identificacin entre lengua castellana y dios, que de algn modo tambin se argument en otras lenguas y culturas. Nos centraremos en el siglo XVII: en 1619 se sostuvo que era el pueblo elegido por dios, e incluso en 1625 el Conde Duque de Olivares declar que Dios es espaol agradecindole victorias militares, etctera. Con una visin mucho menos fantica en lo religioso, Quevedo deca en base al materialismo geogrfico de la poca que el clima haca a los espaoles tener buenos usos y costumbres, y ser leales y obedientes hacia el rey, mientras que negros e indios eran perezosos por el calor y flemticos por el fro los alemanes.

Pero una de las razones de la obediencia hacia el rey espaol hay que buscarla en el alto grado de militarizacin de la poblacin desde la reconquista. Otro historiador no ha dudado en afirmar que: Los extranjeros son as fundamentalmente los enemigos, que con sus taras y defectos permiten ensalzar, por oposicin, las virtudes y superiores cualidades de los espaoles. Militarizacin social con las leyes de leva militar de 1496 en Castilla, inquisicin cultural y trasfondo estatal depredador eran las bases del nacionalismo preburgus del Imperio. Hay que admirar, viendo este panorama, a quienes pese a todo defendieron valores y culturas progresistas en esta Castilla en la que nunca se apag el rescoldo comunero.

Es cierto que todos los poderes cristianos, en mayor o menor medida se apropiaban de dios, enfrentndolo a los dems gobiernos. Pero desde 1635 esto se plasm abiertamente contra la poblacin francesa en la pennsula no solo en la xenofobia cultural, sino tambin con persecuciones fsicas. Felipe IV azuz la xenofobia prctica antifrancesa apelando a la identidad catlica, defensora de la justicia, contraria a los pactos de los franceses ateos, criminales e impos con cualquier enemigo de Espaa. Desde finales del siglo XV Francia haba buscado expandirse por Italia chocando con las posesiones e intereses de Castilla, establecindose desde entonces una pugna abierta o soterrada por la hegemona europea, pero estas tensiones histricas as como el rechazo a lo francs en el pueblo provocado por la Corona no debilitaban las relaciones de toda ndole entre las lites de ambos Estados, de manera que debe hablarse de una manipulacin descarada para movilizar al pueblo para que muriera en la guerra ocultndole las buenas relaciones entre las clases dominantes.

Una muestra de que dios empezaba a dudar sobre si era espaol y en qu grado, fue que permiti que Olivares fuera depuesto en 1643 por las intrigas de la nobleza no tanto por la marcha de la guerra sino porque las tibias reformas de Olivares queran regular sus privilegios. Aunque la derrota final en la guerra y el humillante Tratado de Wetsfalia de 1648 demostraron que dios no era espaol, o que lo era muy poco porque una de las escasas victorias que concedi al Imperio fue la derrota de la sublevacin catalana de 1640, s es cierto que el nacional-catolicismo espaol insiste en su origen divino. Sin duda, la Inquisicin tuvo mucho que ver en el arraigo de tanta irracionalidad en el nacionalismo imperialista espaol.

Y la tercera fue el conjunto de revueltas y sublevaciones que estallaron o se endurecieron ms a raz del empeoramiento de la explotacin imperial necesaria para sufragar una guerra masivamente rechazada. Frente a un poder putrefacto, estallaron movimientos secesionistas y batallas sociales en casi todo el imperio en las dcadas centrales del siglo XVII: Portugal ya en 1638 se sublev la ciudad de vora siendo masacrada, y los Pases Bajos lograron la independencia despus de duras guerras de liberacin que no podemos detallar aqu, en las que las mujeres arcabuceras tuvieron un papel decisivo en algunos momentos. Pero fracasaron la Revuelta de la sal en Bizkaia en 1634, Catalunya en 1640, Andaluca en 1641, Npoles y Sicilia en 1647, Nafarroa y Aragn en 1648, por citar las ms conocidas. De todas ellas, la catalana es la que ahora nos interesa.

La guerra dels segadors de 1640 es el nombre que se da a la sublevacin que resisti en Barcelona hasta 1652. Como hemos visto, desde 1625 Catalunya retras todo lo que pudo sus obligaciones militares con Castilla: en 1638 se neg a enviar tropas autctonas a Gipuzkoa contra los franceses. Sin embargo, el ejrcito cataln s tuvo que defenderse cuando los franceses invadieron el Principat, sufriendo la derrota de Salses en 1639 con un costo de 7.000 muertos y la liquidacin del 25% de la nobleza del pas. Fue una entrada obligada en la guerra defensiva, pero con un fuerte rechazo a los abusos, atropellos y destrucciones que cometa el ejrcito imperial oficialmente aliado sobre la poblacin catalana que, adems, pagaba los costos de su mantenimiento y pona muchos de los muertos.

La sublevacin estall en abril de 1640 en un inicio contra el ejrcito imperial pero se extendi pronto contra las clases ricas catalanas a las que acusaban de traidoras. El pueblo ejecut al virrey espaol y asalt edificios relacionados con la administracin del poder y de la propiedad. Hay que destacar la participacin de las mujeres en estas luchas. Para el verano de 1640 la sublevacin se haba convertido en revolucin social. Madrid prepar otro ejrcito para entrar el Catalunya. Cogido entre dos fuegos: el ataque del Imperio y la revolucin interna, la Diputaci pidi ayuda a Francia en enero de 1641, deponiendo a Felipe IV como Conde de Barcelona para darle el ttulo a Luis XIII. Las tropas catalanas y francesas, ahora aliadas, derrotaron el ataque del Imperio,

La suerte del conflicto cambi bruscamente al sumergirse Francia en la guerra interna de la Fronda, desde 1648, entre grandes familias nobles y la Casa de Borbn que tuvo que dejar de ayudar a Barcelona en un momento en el que surgan tensiones cotidianas entre franceses y catalanes, debilitando mucho la defensa. En 1650 la peor epidemia de peste del siglo caus 36.000 muertos solo en Barcelona. En 1651 Felipe IV, al tanto de esa triple debilidad, sitia Barcelona y la conquista despus de un ao de resistencia, en 1652. Sabedor del poder econmico de Catalunya, de la conciencia social y nacional de su pueblo trabajador y de la conciencia nacional burguesa de su clase dominante, decidi respetar en 1653 sus fueros aunque ligeramente reducidos.

Pero el incremento de las arcas reales gracias a la mayor explotacin de los Pasos Catalans y Aragn no logr detener la crisis del imperio espaol: en lo econmico las bancarrotas de 1647, 1652 y 1666; en lo militar, la derrota de Rocroi de 1643 y la derrota ante Portugal en 1656 que son la parte externa del desmoronamiento interno; y en lo poltico la derrota total en el Tratado de Wetsfalia de 1648 y en el Tratado de los Pirineos de 1659 mediante el cual la Corona espaola cedi al reino de Francia una quinta parte del territorio y de la poblacin de los Pasos Catalans. La crisis latente del sistema apareca como crisis real, manifiesta, cuando estallaban motines populares que entre 1647 y 1652 se sucedieron en Andaluca, especialmente en Crdoba y Granada.

La incapacidad econmica, militar y poltica era tal que el imperio espaol no pudo romper el bloqueo martimo ingls entre 1656 y 1659, ao en el que por fin arrib la flota de Amrica con gran cantidad de plata que, empero, se dilapid improductivamente como siempre. La bancarrota de 1666 mostr la gravedad del cncer monetario que asfixiaba al Imperio. La alta nobleza y la Iglesia un poder terrateniente enorme hacan y deshacan a su gusto: no debe extraarnos, por tanto, que en 1677 se propusiera en las Cortes de Aragn la supresin de la potestad absoluta de la nobleza, una propuesta revolucionaria por las perspectivas que podra abrir, que tambin mostraba el antagonismo creciente entre los derechos parlamentarios aun sobrevivientes en algunas naciones y el poder fctico espaol que necesitaba intensificar su centralismo.

La vida poltica del Conde de Oropesa es un ejemplo de la estulticia y corrupcin poltica: sus reformas desde 1680 podran haber insuflado nueva vida a la Corona, pero las envidias y egosmo de la nobleza las hicieron fracasar y le obligaron a dimitir de sus cargos teniendo que ir al destierro, muriendo en 1708, cuando la Guerra de Sucesin iniciada en 1701 asolaba Europa, siendo una verdadera guerra mundial por la hegemona en Europa y, sobre todo, por el control de los inmensos recursos de Amrica mediante el control de la Corona espaola.

6. La casa de Borbn y la guerra contra los pueblos

La muerte de Carlos II en 1700 sin dejar descendencia dio paso al reinado de Felipe V, que fue el detonante de una crisis total del bloque de clases dominante en el Estado que vena agravndose desde la catstrofe de Wetsfalia de 1648; crisis que a su vez reflejaba un choque frontal en Europa entre dos modelos imperiales opuestos: el de Casa de Borbn y el de la Casa de los Habsburgo. Durante este medio siglo, la clase burguesa haba incrementado su poder en Europa. Para entonces la Escuela de Salamanca era ya un legajo de papales olvidados en un armario. La cultura espaola, castrada por la Inquisicin y el atraso, no poda dar a luz mentes como las de Hobbes, Spinoza, Locke y otros que sobre la base de Bodin fueron capaces de desarrollar la filosofa de la resistencia y la ideologa del derecho y la soberana, del lmite del poder del Estado, de la propiedad burguesa, etc., en sus interpretaciones particulares porque vivan la lucha entre burguesas en ascenso, dispuestas a muchos sacrificios, y el feudalismo en retroceso dispuesto a todos los crmenes para mantener su poder.

La Casa de Borbn termin imponiendo un Estado con un nico ejrcito, una nica lengua, un nico sistema fiscal, una nica poltica econmica, un nico sistema represivo, etc., tal como se desarrollaban en Francia obteniendo el esplendor y poder del absolutismo versallesco. A grandes rasgos, Castilla se hizo borbnica no sin dudas al principio porque, adems de otros factores como la represin del ideal comunero desde 1521 por ejemplo, tambin se haba desarrollado el nacionalismo imperial que deseaba reaparecer como gran potencia tras el hundimiento de 1648; adems, la ideologa de obediencia al Rey y la influencia autoritaria de la Inquisicin facilitaron el apoyo a la Casa de Borbn; por otra parte, el desprestigio de los Austrias menores por su corrupcin e inutilidad, responsables de las continuas bancarrotas y caos econmico no poda contrarrestar la fama de eficacia borbnica.

Se ha dicho con cierta base que la Casa de Borbn consigui el apoyo de las llamadas clases medias y de la pequea nobleza en el centro peninsular para frenar el poder de la Iglesia, de la alta nobleza y de la Inquisicin. El atraso tecnocientfico difcil de superar del Imperio era innegable y las clases medias pagaban sus consecuencias cuando queran abrir nuevos negocios. El ejemplo de la decisiva produccin de armas es aplastante: muchas y las mejores deban comprarse en el extranjero y aunque el famoso secreto sueco de la fundicin de calidad fue utilizado en Cantabria, el atraso segua sin superarse. La industria armamentista vasca sufra el estrangulamiento de tener que adquirir las llaves de percusin y otras piezas de calidad en Francia. El apoyo de la burguesa vasca a la Casa de Borbn tena algo o bastante que ver con sus negocios industrial-armamentsticos, el papel de los puertos de mar, en la necesidad de adquirir tecnologa francesa. Los borbones respetaron las leyes vascas durante unos aos porque tambin dependan de su industria. Sea como fuere, Pars obtuvo enormes concesiones de Madrid.

Por su historia y estructura econmica, los Pasos Catalans resultaron relativamente beneficiados en la segunda mitad del siglo XVII, a pesar del centralismo en ascenso de Carlos II que rein en 1665-1700. Ms que en Aragn, en los Pasos Catalans se haba desarrollado una burguesa comercial muy activa gracias, entre otras cosas, a los avances en la tcnica textil. Las relaciones mercantiles con el Mediterrneo y con las antiguas posesiones del Reino de Aragn facilitaron el crecimiento. Esta burguesa iba rompiendo sus lazos ideolgicos con el imperio espaol en la medida en que este le segua negando el acceso al comercio de las Indias. Adems, el nacionalismo espaol no olvidaba que el pueblo cataln se haba sublevado en 1640, por lo que vigilaba atentamente el auge del ideario catalanista en su burguesa y en su pueblo trabajador. Bajo estas presiones los Pasos Catalans desarrollaron efectivas formas casi paralelas de autogobierno fctico.

Por ejemplo, en los 35 aos de su reinado Carlos II nunca convoc las Cortes catalanas, torpedeando su accionar con el derecho real de prohibir a determinadas personas que no eran de su agrado a que participaran en los listados de insaculacin de cargos catalanes, limitando as mucho la efectividad del Parlament. Fue esta poltica la que aceler en Valncia el estallido de la Segona Germania en 1693 contra el empobrecimiento y la explotacin, y contra los abusos del centralismo de Madrid, y que en 1702 en las Cortes de Aragn debatieran de nuevo contra los privilegios de la nobleza. Por su parte, la respuesta catalana fue crear la Conferncia del Comuns de 1703 para administrar gilmente los intereses de las clases y capas propietarias los ciudadanos honrados, y de otras instituciones muy efectivas. La reaccin del nuevo rey Felipe V desde Madrid fue aplicada por el virrey Velasco en 1704-1705 enseando lo que ya empezaba a ser el centralismo borbnico, entre otros objetivos para reprimir la precipitada rebelin de 1704.

Por fin, en 1705 la mayora de aragoneses y catalanes se posicionaron contra el Borbn y a favor de la Casa de Austria porque esta no atacaba tanto sus derechos nacionales. La propaganda nacionalista espaola falsea y ridiculiza la eficacia administrativa y las garantas civiles de los sistemas forales que, en lneas generales, limitaban el poder real, los privilegios de la nobleza y el terror moral y fsico de la Inquisicin; tambin reducan los impuestos, regulaban las tasas de salida y entrada de mercancas, y garantizaban al pueblo una influencia ms cercana y casi directa al poder foral sobre todo en las hambrunas y crisis de abastecimientos por acaparacin privada del grano y otros alimentos y productos necesarios, obligando al poder bajo presin de masas a prohibir el acaparamiento e imponer precios baratos; adems las constituciones, los fueros, las leyes viejas, etc., controlaban sus propias unidades militares y podan negarse y se negaban a participar en guerras extranjeras.

Estas caractersticas explican por qu las naciones perifricas del Estado espaol defendieran tan desesperadamente sus leyes propias: porque saban por experiencia que eran mejores, ms justas y ms democrticas en el sentido preburgus de la poca de entre las dos oleadas revolucionarias burguesas triunfantes que las que impona la Casa de Borbn por derecho de conquista. Tambin explican el importante papel desempeado por las mujeres en esa defensa, tanto que solo muy tarde, en verano de 1715, Felipe V empez a perdonar a las mujeres austracistas por su desafeccin o disidencia.

Tras la victoria del borbn en la batalla de Almansa de 1707 el centralismo destroz los derechos de Valencia. Aragn todava resisti hasta la derrota de Villaviciosa en 1710. El arzobispo de Zaragoza pidi a Felipe V que impusiera directamente la ley castellana, liquidando la aragonesa. Los pueblos conquistados sufrieron una poltica que tena un fuerte contenido punitivo. La guerra fue inclinndose a favor del centralismo borbnico, en buena medida gracias al ejrcito francs, y a pesar de los intentos catalanes de reconquistar Valencia con un desembarco coordinado con una sublevacin campesina. Hubo un flujo de refugiados valencianos y aragoneses hacia el Principat para seguir luchando por sus derechos nacionales, sociales, culturales.

Felipe V dejo claro en el artculo XIII del Tratado de Utrecht de 1713 que una cosa era la amnista que pensaba conceder presionado por las potencias extranjeras, pero que Barcelona y los territorios an libres de los Pasos Catalans estaran bajo la ley castellana, como ya lo estaba el resto. Los defensores de Barcelona se enteraron por algn vericueto de este artculo XIII y decidieron resistir hasta el final.

7. La casa de Borbn y la represin de los pueblos

En la Barcelona resistente de 1713-1714 se publicaron textos en los que se peda al pueblo castellano que recordara los derechos que le haban arrancado brutalmente al perder la guerra de los Comuneros en Villalar en 1521, hundindole en la explotacin, mientras que Catalunya an conservaba esos mismos derechos que se haban practicado en 1701 y 1705 en las Cortes, la Diputaci y los municipios que daban voz al hombre comn. Las y los barceloneses eran conscientes de esa especie de continuidad histrica porque, en las condiciones de 1713-1714, revivan en su contexto los mismos problemas esenciales del pueblo comunero castellano de dos siglos antes: derechos, autodeterminacin desde la base y soberana colectiva dentro del contexto sociohistrico objetivo, es decir, en el caso castellano la sociedad estamental minada por una incipiente burguesa y en el caso cataln la decadente sociedad estamental desbordada por una burguesa fuerte.

El andamiaje administrativo-institucional construido en los Pasos Catalans y en Aragn, demostr su solidez democrtica en los muy duros momentos de decidir con votaciones sucesivas si se resista al invasor o se claudicaba ante l. No fue una direccin poltica vertical, impuesta desde arriba a un pueblo obediente, sino un proceso muy horizontal para las condiciones de su poca, desde luego cualitativamente mejor que el autoritarismo absolutista dominante entre las dos oleadas de revoluciones burguesas triunfantes, la de mediados del siglo XVII y la de finales del siglo XVIII. Del mismo modo, la direccin de la guerra defensiva y la excelente preparacin de la oficialidad del ejrcito de Catalunya eran inseparables de esos mtodos de autogobierno soberano que el pueblo cataln se haba dado a s mismo en base a su derecho a la libre determinacin en la fase histrica anterior a la segunda oleada de las revoluciones burguesas. Sin esta base de participacin es incomprensible entender la existencia de entre 20.000 y 30.000 soldados profesionales en 1705-1713, es decir, el 6% de la poblacin catalana, una proporcin comparable a la militarizada Suecia de Gustavo Adolfo.

Los invasores quedaron sorprendidos por la decisin de lucha del pueblo cataln. Crean que la apabullante demostracin de fuerza realizada el 25 de julio de 1713 frente a las murallas de Barcelona por un ejrcito borbn de 20.000 soldados sera suficiente para que, aterrado, se rindiera. Pero Barcelona resisti ms de un ao. La dura fiscalidad y las atrocidades y crmenes del ocupante borbn contra la poblacin que viva fuera de Barcelona, fueron tales que desde finales de ese ao y enero de 1714 estallaron motines y aparecieron guerrillas que para primavera de 1714 formaban una especie de ejrcito de extramuros de 4.000 soldados. La eficiencia de la soberana preburguesa catalana se demostr en estos momentos crticos no solamente armando un ejrcito, sino tambin una flota que garantizaba los suministros desde Mallorca y otros puertos.

Pero las llamadas Dos Coronas de la Casa de Borbn, sumaban demasiados recursos frente a la heroicidad catalana, sobre todo en artillera, poliorctica e ingeniera militar lo que permiti a los invasores acercarse mucho a las murallas sufriendo muy pocas bajas. La suerte estaba echada. Una muestra de la raigambre del sentimiento nacional preburgus del pueblo lo encontramos en la mitad de la batalla desesperada del 11 de septiembre de 1714: en una brecha crtica abierta por la artillera franco-espaola los defensores se reorganizaron alrededor de la bandera de Santa Eulalia, patrona de Barcelona, contuvieron el ataque y contraatacaron hasta taponar la brecha. Las enseas y banderas que simbolizaban el sentimiento nacional preburgus estuvieron al frente de los desesperados contraataques de una masa de guerra formada por soldados y por civiles armados de cualquier modo.

Ese ltimo da el monasterio de San Pedro fue reconquistado once veces por los catalanes que al medioda volaron una parte y se atrincheraron en ella por ltima vez. Los defensores saban que Lleida y Xtiva haban sido masacradas por el borbn, con escenas espantosas, y aprovecharon la oferta de rendicin sin saqueos ni muertes hecha por el mando atacante, para salvar las vidas y las casas de la poblacin civil, o de lo contrario la poblacin sera pasada a cuchillo. La negociacin fue realizada por Berwick que contravino las rdenes del rey no se sabe si para evitar una posible desbandada de su ejrcito agotado por la resistencia popular, o para facilitar la entrada de la caballera invasora por las estrechas calles de la ciudad.

Pero la cada de Barcelona y de la fortaleza de Cardona una semana ms tarde no supuso el fin automtico de la guerra porque Palma de Mallorca resisti hasta julio de 1715 y, a otra escala, se organizaron guerrillas catalanistas en los Pirineos durante al menos una dcada. Durante la guerra, decenas de miles de personas tuvieron que escaparse de los Pasos Catalans y de Aragn para no ser encarceladas o asesinadas. El rey borbn acab con sus derechos aplicando el ms fuerte derecho de conquista del Imperio, empezando en el acto un proceso de desnacionalizacin gradual. Catalunya fue sobrecargada de impuestos en comparacin a los que pagaba Castilla, pero en realidad fue la Corona de Aragn Valencia, las Illes, Aragn y Catalunya la que, desde su derrota y ocupacin militar desde 1707-1714, llen el agujero fiscal espaol con la sobreexplotacin econmica. El Imperio necesitaba urgentemente cualquier aporte de fondos para taponar dos brechas mortales: el orden interno y la seguridad martima. Ambas necesitaban dinero, mucho dinero, que fue sacado de la derrotada Corona de Aragn, adems de otras formas y mtodos. El prembulo del decreto de Nueva Planta de enero de 1716 dejaba claro que la ley espaola impuesta se basaba en el derecho de conquista, lo mismo que dej bien claro el ejrcito fascista espaol cuando logr conquistar Bilbao en 1937.

En orden interno se asegur aumentando la movilidad del ejrcito para que pudiera trasladarse rpidamente por el Estado reprimiendo cualquier protesta: nada menos que 14.000 hombres a caballo y 59.000 a pie, una proporcin de caballera muy alta para la poca. En cuanto a la marina, la crisis era tal que tras la Guerra de Secesin dependa de la flota francesa para garantizar la llegada de la plata de Nuestra Amrica. Deba, por tanto, construir una armada nueva o todo se hundira. La experiencia burocrtica del Borbn, su centralizacin extrema, fue aplicada en el Estado desde 1717 para crear la Marina de Guerra. Sin la sangra econmica del aplastado Reino de Aragn, semejante recuperacin imperialista hubiera sido mucho ms difcil.

Para concluir, hemos dicho anteriormente que Hacienda, Ejrcito, Cultura y Estado formaban ya una unidad en el siglo XVII que se reforzara en el XVIII. Hemos hablado del expolio fiscal de los Pasos Catalans y de Aragn para fortalecer el Estado y el Ejrcito espaol. Nos falta la Cultura: de la misma forma en que la aristocracia y la joven burguesa valenciana empez a abandonar el uso del cataln al ser derrotada la rebelin de la Germania en 1520-1522 contra la nobleza, rebelin popular que se extendi a Mallorca, despus de 1714 la burguesa catalana tambin gir hacia la lengua espaola. En ambos casos se trata de la necesidad de las clases dominantes de distanciarse del pueblo trabajador, de su cultura y lengua, para acercarse a las del ocupante. Decidido a extender no solo la lengua y la cultura espaola, Felipe V fund en 1738 la Real Academia de la Historia para fijar la visin polticamente correcta de la historia espaola pero con bastante ineficacia, por cierto. Y el rey Carlos III prohibi imprimir libros en euskera en 1766 y en 1768 orden que en Aragn se actuase y se ensease en castellano.

8. La dinmica de las contradicciones y sus formas

Los escasos intentos habidos en el Estado para impulsar un capitalismo con alta productividad del trabajo, con una poltica clara de subsuncin real de las clases trabajadoras mediante una permanente modernizacin tecnocientfica, de modo que la inevitable resistencia obrera nunca diera el salto a la lucha poltica por la toma del poder, y con una deliberada integracin de las burguesas de los pueblos oprimidos en un sistema democrtico-burgus flexible e integrador, dentro de lo relativo de estos trminos, tales intentos, adems de haber sido muy pocos siempre han sido rpidamente cortocircuitados por la fiereza reaccionaria y la estulticia conservadora que vertebra el espinazo del bloque de clases dominante en el Estado.

Desde ese siglo XVIII en el que la crisis del feudalismo no encontr como salida el desarrollo de una forma moderna del modo de produccin capitalista, sino a un engendro corrupto, violento y orgulloso de su ignorancia, desde entonces se han repetido una y mil veces determinadas crisis que apenas varan en su esencia aunque s en sus formas. Pese a los puntuales y fugaces esfuerzos de acelerar y racionalizar el sistema productivo, social, cultural y poltico espaol para recortar distancias y reintegrarlo en la cada vez ms distante cabeza hegemnica del capitalismo, ahora mismo nos golpea el torbellino de contradicciones que estallaron desde la mitad del siglo XVII hasta su definitivo triunfo reaccionario a comienzos del siglo XVIII.

Unos intelectuales que flotaban en las nebulosas de sus abstracciones, creyeron que la crisis de finales del siglo XIX era la definitiva porque, de rebote, insuflara vida en el alma espaola. El reaccionario Maeztu llorique diciendo: Me duele Espaa, y ese sufrimiento derechista desencaden una cadena de brutalidades fascistas que siguen atormentando la conciencia de los vivos y pudriendo el interior del sistema capitalista. Tal vez desesperado, Ortega y Gasset dijo aquello de que Espaa es el problema, Europa es la solucin. Pero Europa no ha sido la solucin pese a las promesas de ayuda, sino uno de los verdugos.

El atraso histrico en la productividad del trabajo y la indiferencia ensoberbecida hacia la ciencia y la tcnica; la corrupcin estructural, el amiguismo y el orgullo medieval por el corporativismo clientelar; el desprecio racista del nacionalismo gran-espaol y catlico hacia las lenguas y culturas de los pueblos que oprime y el incumplimiento sistemtico de los acuerdos pactados con las burguesas regionales; y la tendencia congnita, casi inquisitorial, hacia el recurso fcil a las soluciones represivas y violentas cuando las clases y naciones explotadas desbordan la flaca tolerancia del poder.

Las cuatro caractersticas descritas, que interactan entre sus mltiples matices hasta formar una totalidad concreta vigente en cada crisis histrica, nos remiten en sus diversos inicios y con sus velocidades y autonomas relativas a finales del siglo XV. Esa totalidad concreta descrita nos conduce definitiva e irreversiblemente a la mitad del siglo XVI en adelante. En ese devenir, provocaban sucesivos estallidos de violencias varias, siendo las decisivas las que se expresaban en forma de guerras convencionales. Eran violencias decisivas porque, segn sus resultados, fortalecan tendencias evolutivas reaccionarias o progresistas, especialmente las primeras.

A nivel estatal vencieron las reaccionarias y por eso el capitalismo resultante se caracteriza por las contradicciones arriba resumidas que, por ser estructurales, o mejor decir gentico-estructurales, impiden ya definitivamente la modernizacin del capitalismo espaol. Las fuerzas reaccionarias dominantes en el bloque de clases en el poder sienten no solo como un ataque a su propiedad ese intento de modernizacin, que tambin lo es, sino que encima se sienten ofendidas e insultadas en su cnica moral nacional-catlica y de esta mezcla de orgullo herido y bolsa amenazada resurge siempre su aorante necesidad infantil de un padre protector, sea un rey o un dictador, o ambas cosas.

Pero el reformismo, sea blando o duro, no puede imaginar otra alternativa que no sea la de mantener lo esencial de la nacin espaola, aunque sea recurriendo al imposible metafsico de la nacin de naciones dentro del sistema capitalista. Y no puede hacerlo porque su sistema cognitivo est cimentado en el nacionalismo espaol.

  


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