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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-09-2017

Temores apocalpticos a la sombra de Prometeo

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


Y orden el Seor Dios al hombre, diciendo: de todo rbol del huerto podrs comer, pero del rbol del conocimiento del bien y del mal no comers, porque el da que de l comas, ciertamente morirs. (Gnesis, 2:17)

Quien no haya experimentado la seduccin que la ciencia ejerce sobre una persona, jams comprender su tirana. (Mary Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo).

He visto recientemente la ltima aportacin a la saga cinematogrfica del planeta de los simios, La guerra del planeta de los simios; una pelcula de factura tcnica impecable y de slido empaque narrativo. Es buen cine, y atractivo para todo tipo de pblico, lo que no es fcil de conseguir; pero es que, adems, sus virtudes van ms all de lo estrictamente cinematogrfico para apuntar al trasfondo del que asoman cuestiones que siempre han sido trascendentes para la humanidad. Sobre un par de ellas quiero compartir aqu alguna reflexin.

Para empezar, considero que cabra incluir a esta pelcula dentro del gnero de las historias apocalpticas. Cmo va a ser el fin de la humanidad, dada nuestra consciencia de finitud, es una cuestin recurrente que me atrevo a pensar ha ido de la mano de la que el paleoantroplogo Richard Leaky llam la cuestin fundamental, relativa sta al enigma de nuestros orgenes. As ha sido en las explicaciones de ndole mtico-religiosa en las que siempre es esencial la intervencin de agentes divinos o sobrenaturales. Ellos eran los que tenan en exclusiva la potestad de decidir y ejecutar nuestro final como colectivo terrenal. Ahora bien, de un tiempo a esta parte, en las contemporneas proyecciones a futuro, los causantes de nuestra destruccin somos nosotros mismos, tal como se refleja en la mayora de las expresiones culturales objeto del consumo de masas. A m entender tiene sentido, pues se ha confirmado la senda sealada por el moderno Prometeo que vislumbr la jovencsima escritora romntica Mary Shelley a principios del siglo XIX en su paradigmtica novela Frankenstein. El hombre le ha robado a los dioses el cetro del poder sobre la naturaleza. De modo que si algo malo pasa no hay que clamar al cielo, sino asumir las consecuencias de una era de estupidez en la que hemos demostrado a travs de nuestra toma de decisiones colectiva que nuestro conocimiento corre parejo a nuestra demencia.

Justamente esa expresin est extrada de uno de los dilogos de la pelcula pionera de la saga ya aludida, la ya clsica El planeta de los simios de Franklin J. Shaffner. Producida en 1968, nos permite constatar al verla cmo cambian los miedos de la humanidad, sus proyecciones ficticias representadas en el cuadro del apocalipsis. En la pelcula protagonizada por Charlton Heston se recoge, en efecto, el que seguramente entonces era el principal temor apocalptico de nuestra especie, a saber: la guerra global nuclear definitiva, la que en el imaginario colectivo de la segunda mitad del siglo XX nos llevara indefectiblemente de vuelta a la edad de piedra. No se dice explcitamente, pero queda evidente en la secuencia final del filme, cuando el astronauta que ha viajado en el tiempo de vuelta a la Tierra futura cae de rodillas frente a la semidestruida estatua de la libertad en la orilla de aquella playa desierta ante la mirada de incomprensin de la mujer que representa el estado de inferioridad animal al que ha quedado reducida la humanidad por su culpable estupidez; dicho de otro modo: la sabidura de la especie no estaba a la altura de su poder tecnocientfico, y la consecuencia de ello es su extincin de hecho. (Un apunte cinfilo de pasada: el mismo actor -uno de los grandes del estrellato hollywoodiense- protagonizara en 1971 Soylent Green, y en 1973, El ltimo hombre vivo, ambas pelculas del mismo gnero de ciencia ficcin apocalptica, lo que da idea de que el tema era de inters dentro de la atmsfera de la cultura popular ya hace casi medio siglo.)

La misma preocupacin por el futuro de la civilizacin humana forma parte de la temtica que da inters a la historia que nos cuenta La guerra del planeta de los simios, estrenada hace un mes, aunque en ella la amenaza no es la tecnologa blica nuclear, pero s la biotecnologa, la manipulacin del sagrado orden de la naturaleza. Es otra manifestacin de la alargada sombra del moderno Prometeo, en el que se ha convertido el ser humano. De nuevo la ciencia bajo sospecha, el furor fustico como arma de destruccin masiva. El hombre ha matado a Dios y lo suplanta haciendo de sus primos hermanos evolutivos monstruos que sacuden la asentada jerarqua de las especies donde el ser humano es el monarca supremo. Lo natural, expresin divina, es bueno; lo artificial, producto del saber humano, malo. Cada nuevo progreso nos lleva a abrir una caja de Pandora de contenido impredecible. En el caso de la pelcula que referimos, de esa caja proviene la prdida de la capacidad lingstica caracterstica del ser humano, que los simios han adquirido como consecuencia de la transgresin perpetrada mediante la ciencia. Igual que el titn Prometeo fue condenado por robar el fuego de los dioses para drselo a los humanos dando inicio a su carrera en pos de alcanzar el poder sobre la naturaleza, la soberbia cientfica se vuelve contra la especie que la encumbr y la naturaleza la castiga arrebatndole el don del lenguaje sin el que el conocimiento se torna imposible. As, la ciencia, medio principal por el que en la edad contempornea hemos alcanzado las ms altas cotas de seguridad de toda nuestra historia, se muestra como factor crnico de inseguridad en el imaginario colectivo; pinsese, si no, en la qumica, en su enorme importancia para el incremento de longevidad y la cura de enfermedades, y sin embargo cuntas veces no habremos odo expresiones parecidas a esta: pero cmo te tomas eso? Si es todo qumica!.

Xavier Rubert de Vents escribi hace ya veinte aos -y qu distinto y qu igual era todo hace veinte aos!- un certero artculo titulado El azar y la moralidad, que parta de la siguiente certeza: Queramos meter al mundo en un puo al tiempo que controlbamos nuestro destino; y en el que constataba ese ancestral temor humano a la alargada sombra de Prometeo con estas palabras: Comenzamos apenas a empuar la antorcha de nuestro destino biolgico o csmico, y lo primero que sentimos es que nos quema la mano, que no sabemos cmo desprendernos de ella. Por eso duda el filsofo de que tengamos el temple necesario para administrar el inmenso territorio que se desprende del reino del azar y entra en el de la moralidad, tarea incompatible con el miedo a la libertad y la busca de la inocencia perdida reconocibles en el gnero apocalptico de la ficcin audiovisual de consumo masivo; porque no es slo la pelcula de la que he partido en este artculo, sino toda una plyade de series de televisin de xito la que incide en nuestros temores prometeicos. Como botn de muestra, un par: Mr. Robot (sobre el poder de la tecnologa informtica) y Westworld (sobre la tecnologa que nos capacita para crear rplicas humanas).

Son los miedos de una especie que se mira en el espejo de su autoconsciencia y no acierta a ver con claridad el reflejo de su identidad csmica y biolgica ni a qu futuro seala.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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