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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2017

Somos libres las mujeres?

Gabriela Borges y Giulia Garca
Revista Tpm

El mundo es de todos, pero... la mujer no tiene derecho al espacio pblico, cambia de caminos, de transporte y no consigue escapar de los agresores. Hasta cundo?


Ms del 70 por ciento de las mujeres en todo el mundo sufren algn tipo de violencia de gnero en su vida, segn datos de la ONU (2011). En Brasil, una mujer es violada cada 11 minutos, pero slo el 10 por ciento hace la denuncia. Esta semana, dos casos salieron a la luz en los medios de comunicacin, los debates se dieron en las redes sociales y, una vez ms, volvimos a discutir ampliamente en el pas casos de violencia contra la mujer.

Hace unos das, una mujer de 23 aos fue abusada sexualmente en un autobs que pasaba por la Avenida Paulista. Diego Ferreira de Novais, de 27 aos, eyacul en su cuello mientras dorma en el asiento. Poco a poco, y denunciado por una delegada por violencia sexual, l gan el derecho de responder en libertad a pesar de ser acusado de otras violaciones. Hasta ahora ya han surgido 17 casos, pero nadie duda que el nmero pueda seguir creciendo en un acta policial de junio de este ao el jefe de la polica afirm no va a parar.

Dos das antes de que apareciera, la escritora Clara Averbuck regresaba a casa sola el domingo por la noche (27/08) despus de haber bebido con amigos: dijo haber sido violada por el conductor de un Uber. Segn el relato que la escritora hizo en sus redes sociales, en el momento en que l la ayudaba a salir del coche coloc la mano dentro de su falda e introdujo el dedo en su vagina. Como se siente violada por ser mujer y ser vulnerable, ella decidi no ir a una comisara para hacer la denuncia, no confa en el sistema.

La escritora public el caso en las redes sociales. La historia fue ampliamente compartida y gener la campaa #MeuMotoristaAbusador para que otras mujeres denuncien la violencia sufrida en el transporte privado. En varios relatos, las vctimas asumieron el miedo a registrar los casos, as como Clara, tanto por la restriccin ante las autoridades, como por temer una nueva agresin por parte del acusado, que a menudo tiene la direccin de la casa o del trabajo de la vctima. La solucin acaba siendo llevar objetos cortantes en la bolsa, enviar a amigos o familiares los datos del coche y del conductor o incluso abrir la puerta y saltar del vehculo en movimiento a la hora de la desesperacin.

Una historia que se repite

Como ocurre sistemticamente, las vctimas son tratadas por parte de la sociedad como responsables del propio abuso, ya sea por estar borrachas despus de una fiesta por haber dormido en el autobs. Tanto la justicia como la poblacin tuvieron dificultades para entender lo que ocurri como una violacin.

Para Jos Eugenio del Amaral Souza Neto, el juez que liber al abusador del autobs, el hombre no cometi un crimen, slo una molestia ofensiva al pudor porque no hubo violencia fsica. Fue liberado en una audiencia de custodia, que es una lucha de los movimientos sociales por dejar de encerrar, pero que termina siendo usada para soltar un violador sexual. El sistema es selectivo. Quin es victimario y quin es vctima? A quin protege la justicia? La mujer es siempre sospechosa por esa mirada tutelar del derecho, dice Ana Gabriela Braga, doctora y magster en Derecho Penal y Criminologa, y profesora de la UNESP. La decisin refleja el pensamiento de que el espacio pblico es del hombre; no hay diferencia si l eyacul en el cuerpo de una mujer o en la pared del autobs.

Los casos no son excepciones y eso fue comprobado a lo largo de la semana con la divulgacin por los medios de historias similares, no slo en So Paulo sino en todo el pas. El precedente es psimo para enfrentar la violencia de gnero. Primero, porque desalienta a otras mujeres a denunciar a sus agresores, pues muestra que no siempre cuando una denuncia es tomada en serio; porque pasa el mensaje a todos los hombres que hacen, han hecho o pretenden hacer que salgan impunes, explica la abogada Marina Ganzarolli, una de las creadoras de la Red Feminista de Juristas, que acompaa a mujeres vctimas de violencia.

Segn el estudio de los Institutos Fecha Popular y Patrcia Galvo, el 98 por ciento de la poblacin tiene conocimiento de la Ley Maria da Penha, pero la mitad de los entrevistados afirm creer que el modo en que el sistema de justicia castiga no reduce la violencia contra las mujeres. Es ms, el 85 por ciento estima que las mujeres tienen ms probabilidades de ser asesinadas si denuncian a sus agresores, aunque la mayora de la gente cree que es necesario realizar las denuncias.

Adems de la Ley Maria da Penha, la ley usada en casos de violencia sexual es la Ley de Dignidad Sexual (12.015 / 2009). Hace ocho aos, sufri una alteracin en que los ttulos de los crmenes de dignidad sexual dejaron de ser de la esfera privada y pasaron a ser pblicos. Desde entonces, violacin en Brasil se define como obligar a alguien, mediante violencia o grave amenaza, a tener conjuncin carnal o a practicar o permitir que con l se practique otro acto libidinoso. Cualquier acto sexual como el tacto, el estmulo, la masturbacin, el sexo oral, vaginal, anal, en fin, cualquier acto de naturaleza sexual en que una de las partes involucradas fue obligada -de la violencia o la amenaza- a participar sin voluntad es decir, sin su consentimiento.

As, todo esto pas a ser juzgado con una pena mnima de seis aos de reclusin. Pero, lo que sera una victoria en relacin al aumento de la pena, acaba teniendo un efecto contrario porque los jueces tienden a no aplicar la ley por no reconocer ciertas violaciones como estupro. Para Ana Gabriela Braga, el problema est en la interpretacin machista y heteronormativa de la ley. La cuestin no es pedir penas mayores o insistir en un castigo. Hay arbitrariedad entre los operadores de justicia, que incluye a delegados, ministerio pblico y jueces. Mientras no cambie, el sistema seguir sosteniendo a los negros y pobres y no protegiendo a las mujeres, dice.

Las mujeres viven con miedo. Y los hombres parecen sentirse con derecho de acosar a su compaera de trabajo ante todo el equipo, de bajarse los pantalones y de masturbarse en el transporte pblico, de tocar la vagina de una mujer que bebi, de decir usted es tan fea que mereca ser violada. Las mujeres viven con miedo. Pero la culpa no es tuya si has sufrido una violencia. La culpa no es suya si el sistema no actu correctamente. La culpa no es suya si l todava est suelto y perdemos el derecho de ir y venir. No, la culpa no es suya.

Vivimos en un mundo en que la desigualdad de poder entre hombres y mujeres es inmensa. Nuestra sociedad es machista, racista y heteronormativa. La justicia no es diferente. Y es por eso que, en particular en los crmenes contra la mujer, la denuncia no es sinnimo de justicia, dice Marina Ganzarolli. Para ella, el poder judicial y el proceso penal no se hicieron ni se pensaron desde la perspectiva de la vctima. Qu podemos hacer? Unirnos y luchar por la aplicacin de nuestros derechos, y por la transformacin de nuestra educacin, para que nios y nias reciban una educacin que no construya masculinidades tan distorsionadas como esa.

Queda la pregunta: cundo las mujeres, en lugar de elegir los caminos en los que se sienten ms seguras, podrn estar seguras de que todos los caminos son seguros?

Gabriela Borges es periodista, coordinadora de medios digitales de Trip Editora (Brasil) y becaria de Cosecha Roja.

Traduccin: Cosecha Roja


Fuente (traduccin al castellano para Cosecha Roja): http://cosecharoja.org/las-mujeres-somos-libres/

Fuente (original en portugus): http://revistatrip.uol.com.br/tpm/violencia-sexual-estupro-descaso-da-justica-machismo-ate-quando


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