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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2017

Hegemoma macrista?

Jos Natanson
Le Monde Diplomatique


Cmo se sostiene el macrismo? Quines integran su coalicin social?

Hay diferentes formas de abordar la cuestin. La primera es de clase: las encuestas coinciden en que Cambiemos obtiene sus mejores resultados entre los sectores con estudios terciarios o universitarios (indicador de clase social media y alta) y los peores entre aquellos con primaria completa, del mismo modo que su performance mejora en los barrios y zonas ms acomodados (1), en una correlacin que se invierte en espejo perfecto con el peronismo, lo que por supuesto no significa que su base social est integrada exclusivamente por la clase alta, ni siquiera slo por la clase media, como demuestra el hecho de que en las PASO de agosto Elisa Carri se impuso en todas las comunas de la Ciudad (aunque con menos votos, gan tambin en Lugano y Soldati), y como confirman la victoria de Esteban Bullrich en los partidos de Tres de Febrero y San Miguel y los triunfos oficialistas en provincias como Jujuy y Corrientes. En suma, el marcado sesgo social no debera oscurecer la evidencia de que el macrismo es una coalicin policlasista.

La segunda perspectiva es etaria. Como sealamos en otra oportunidad (2), el macrismo se inclina hacia lo que la literatura especializada llama piadosamente adultos mayores: las encuestas revelan que Cambiemos mejora sus resultados entre los mayores de 50 aos, lo que podra explicarse por el desplazamiento del voto anti-peronista (ms adulto que el justicialista) del radicalismo al macrismo, as como por las apelaciones al orden social y la seguridad que hoy estn en el centro de su programa de gobierno y que constituyen valores conservadores ms populares entre los viejos que entre las nuevas generaciones.

La ltima perspectiva, sobre la que quiero llamar la atencin aqu, es territorial. Como se ve claramente en los mapas incluidos en esta pgina, la distribucin del apoyo al macrismo coincide casi matemticamente con el mapa de la soja. El gobierno siembra porotos y cosecha votos? En cierto modo s, aunque, diran los socilogos, es ms complejo: la economa sojera determina un tipo de configuracin productiva que modela un tipo de sociedad que es la que al final vota a Macri. Sucede que, frente a la visin estereotipada del kirchnerismo, que a excepcin de la breve gestin de Julin Domnguez nunca logr comprender cabalmente la mutacin experimentada por el campo argentino, la economa de la soja constituye un entramado denso y heterogneo que incluye desde los puertos de las multinacionales sobre el Paran y las grandes propiedades tradicionales a los nuevos pools de siembra y, adquiriendo cada da ms centralidad, las empresas prestadoras de servicios: como se describe con precisin en las pginas 6 y 7 de esta edicin, los clsicos terratenientes y peones conviven cada vez ms con los arrendatarios, los ingenieros agrnomos, los veterinarios, los mecnicos de maquinaria agrcola, los pilotos de los aviones fumigadores, los transportistas

Ncleo sojero / Distritos donde gan Cambiemos

En este marco, los clsicos lmites entre lo rural y lo urbano se difuminan y el campo se articula cada vez ms con las finanzas, la industria y los medios de comunicacin. Cuando se habla de una localidad como un pueblo se puede estar haciendo referencia a una ciudad de 100 mil habitantes, con una concesionaria de Toyota, locales multimarca que ofrecen los mismos jeans Jazmn Chebar que en los shoppings porteos y un PIB equivalente al de Recoleta. Del mismo modo, el chacarero de alpargatas y boina puede parecer rstico pero tal vez disponga de: dos camionetas de 50 mil dlares, una sembradora de precisin que compr en Expoagro a un milln de dlares, una casa en Sunchales que comparte con su mujer y un departamento en Rosario donde vive su hijo, que estudia Agronoma (l se quiere dedicar al cine).

Como sealan Carla Gras y Valeria Hernndez (3), el campo experiment en las ltimas dcadas una revolucin silenciosa que suele pasarse por alto a la hora del anlisis poltico: el rgimen de creacin de riqueza, que tradicionalmente gir alrededor de la propiedad de la tierra, est centrado hoy en la tecnologa, que no es slo la mediacin que habilita los cambios productivos sino el principal vector de acumulacin capitalista. Aunque una sociedad como la argentina, con 40 millones de personas y una fuerte pulsin igualitarista, no puede sostenerse slo en el agro, las finanzas y los servicios, que son los sectores a los que el diseo econmico macrista decidi apostar, lo cierto es que el campo fue construyendo una narrativa, casi diramos un relato, acerca de su rol como el verdadero protagonista del desarrollo nacional: ultrainnovador, desprovisto de reclamos proteccionistas, generador de divisas genuinas y adaptado como ningn otro a las exigencias del capitalismo globalizado.

Esta nueva realidad produjo un desplazamiento del imaginario rural: de estancieros a empresarios, y de las tradicionales organizaciones patronales como la Sociedad Rural a las nuevas asociaciones de perfil tcnico como AAPRESID y los grupos CREA, inspirados en las asociaciones de cooperacin del agro francs y orientados al intercambio de tecnologa y experiencias, como parte de un proceso que fue acompaado por un sugestivo cambio de look: de la tradicional percepcin del campo como un resabio conservador, oligrquico y rentista, a una imagen ligada a la innovacin y la competitividad. Importa poco si el campo realmente es as, si imagen y realidad encajan; lo central es que as se ve a s mismo. Y que esta autopercepcin, que comenz con la revolucin verde de los 60, continu con la introduccin de la siembra directa en los 90 y se termin de consolidar con el boom de los commodities, sintoniza con ciertos tpicos del discurso macrista: el progreso concebido como modernizacin, el emprendedorismo como anttesis de la dependencia estatal y una insercin en el mundo que no cuestiona el rol subordinado en la divisin internacional del trabajo. La decisin fundante de este vnculo el combo, nico en el mundo, de devaluacin y baja de retenciones es la base material sobre la que descansa esta nueva identificacin poltica.

Valores

Transformada en un sujeto social, la zona ncleo se suma a los otros dos grupos que conforman la coalicin macrista. El primero son las clases medias de los grandes centros urbanos, en donde Cambiemos arrasa. El segundo est constituido por la clase media baja, lo que Pablo Semn llama el moyanismo social (4): desde su alejamiento definitivo del kirchnerismo en el segundo gobierno de Cristina, catalizado por el reclamo por el impuesto a las ganancias y simbolizado por la ruptura con Hugo Moyano, este sector qued flotando a la espera de una representacin potente, que al principio pareci encarnar Sergio Massa pero que a juzgar por los resultados de las PASO termin desplazndose a Cambiemos.

Ser suficiente para construir una nueva hegemona poltica? Si la hegemona es, en la definicin clsica que Gramsci elabora a partir de Lenin, la capacidad de un grupo de asumir la conduccin poltico-moral de la sociedad y transformar sus valores en los valores dominantes, la experiencia reciente demuestra que este consenso espontneo se empieza a construir desde la oposicin pero se afianza una vez asumido el gobierno.

Esa es al menos la impresin que surge de revisar la experiencia de los tres grandes ciclos democrticos: el alfonsinismo, cuya hegemona fue histricamente breve pero que logr sedimentar una serie de valores la abolicin de la violencia poltica, la subordinacin militar al poder civil, las elecciones como el momento mximo de definicin democrtica que estn en la base de nuestra vida ciudadana; el menemismo, del que se habla menos pero que durante una dcada contagi su imaginario a un sector importante de la sociedad, y el kirchnerismo, que tambin logr imponer una cierta mirada del mundo, en particular vinculada a la proteccin social de los sectores ms dbiles y el necesario rol del Estado en la economa.

De este modo, con el apoyo de los barrios acomodados de las grandes ciudades (la clase media), la adhesin de una parte de los conurbanos (el trabajador meritocrtico) y el respaldo militante de la zona ncleo (el voto soja), el macrismo recupera el espritu del conflicto del campo del 2008, avanza en la derrota electoral del peronismo y le ofrece a esta nueva coalicin social un programa de gobierno; hace, en fin, lo que los peronistas dicen que hay que hacer: conduce. Para ello cuenta, por supuesto, con el soporte del poder econmico y de los grandes medios, pero se trata de respaldos externos que tienen sus propios intereses sectoriales irrenunciables. Por eso lo central es que la victoria en las PASO retonific al macrismo. Y, ms importante aun, confirm su capacidad para desconectar la situacin socioeconmica inmediata de muchos de sus adherentes de las preferencias electorales: el hecho de que mucha gente decidiera acompaar al oficialismo a pesar del deterioro social de los ltimos dos aos demuestra, como escribi Julio Burdman (5), que Cambiemos est logrando instalar una perspectiva de largo plazo.

La pregunta es si los diferentes grupos que lo sostienen se articularn en torno a un proyecto comn. Aqu reside la clave para confirmar si el macrismo es un fenmeno transitorio que pasar rpido como un Metrobus o si se estabilizar en una representacin ms permanente construida alrededor de un conjunto de valores, si se transformar en una hegemona poltica. Dos objeciones se han planteado a esta posibilidad: la primera es que, en la medida en que la economa requiere del ingreso permanente de capitales y como hasta el momento no se ha hecho nada por reducir esta dependencia, el modelo es estructuralmente insostenible; en trminos marxistas, llegar un momento en que la base material no permitir sostener el consenso superestructural que da forma a la hegemona (6). El problema de esta crtica es que no precisa el horizonte de esta insustentabilidad; no pone plazos. Dos aos antes de que comience a sonar la chicharra? Cuatro? Diez, como la convertibilidad?

La segunda objecin, sealada por Fernando Rosso (7), es que el macrismo no constituye una mayora sino una simple primera minora, lo cual es electoralmente cierto pero polticamente irrelevante: para el caso, tambin los bolcheviques lo eran. Lo importante a los efectos de determinar su potencia hegemnica es su capacidad para transformar sus valores en dominantes. Es esto lo que est ocurriendo? Mi impresin es que s, progresivamente, y que la evidencia puede rastrearse a lugares insospechados: en el comunicado difundido tras las PASO, luego de denunciar la manipulacin de los resultados y el show montado en torno a ellos, Cristina Kirchner sostuvo que su campaa desarroll un estilo basado en escuchar a los ciudadanos y conversar con ellos como parte de una manera nueva de comunicarnos y hacer poltica desde la proximidad.

Los ecos duranbarbistas que resuenan en la definicin de Cristina hablan tanto de su habilidad para adaptarse a la nueva realidad como de la capacidad del macrismo para marcar el tono de la poca.

Notas:

1. Mara Laura Tagina, Detrs de las encuestas, Revista Anfibia.

2. Macri contra la guerra del cerdo, Le Monde diplomatique, mayo de 2017.

3. Radiografa del nuevo campo argentino, Siglo XXI, 2017.

4. La grieta opositora, Le Monde diplomatique, julio de 2017.

5. La ideologa del partido, Revista Anfibia.

6. Claudio Scaletta, La fiesta de Gramsci, en Pgina/12, 18-8-17.

7. Cambiemos: una nueva hegemona, Panamarevista.

Fuente: http://www.eldiplo.org/219-la-clase-media-en-tiempos-de-macri/hegemomia-macrista/



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