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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-09-2017

Escenario en disputa
NI fin de ciclo ni nueva hegemona

Jos Cruz Campagnoli
CELAG


A tres semanas de las elecciones primarias, abiertas, simultaneas y obligatorias (PASO) que tuvieron lugar en Argentina, y a pocas horas de oficializarse el triunfo de Cristina Fernndez de Kirchner en la Provincia de Buenos Aires, queremos compartir algunas reflexiones sobre ciertos interrogantes que provocaron interesantes debates acerca de la naturaleza y la solidez del proyecto poltico que actualmente gobierna nuestro pas.

Estamos en presencia, no slo aqu sino en Latinoamrica, de lo que podra denominarse como un fin de ciclo progresista y del inicio de un ciclo neoconservador?

El resultado electoral da cuenta de la constitucin de una nueva hegemona neoliberal o, por el contrario, la actual experiencia conservadora es en realidad una tormenta pasajera que, ms tarde o ms temprano, habr de caer por las propias contradicciones econmicas que genera? O no es exactamente ni una cosa ni la otra?

En primer lugar, creemos que concebir a la historia en trminos de ciclos no es lo ms adecuado. Los ciclos, como tales, tienen una lgica fsica o biolgica; su origen, desarrollo y ocaso resultan inalterables por la accin humana, es decir, por la accin poltica. En ese marco, considerar que el retroceso relativo de los proyectos populares y el avance de la derecha responden a tendencias naturales emancipadas de la poltica no se ajusta al modo en que la historia efectivamente transcurre. En Argentina, Brasil, Venezuela y Ecuador, pero tambin en Mxico (donde la izquierda puede ganar las prximas elecciones presidenciales), as como en tantas otras latitudes, lo que tenemos son escenarios en disputa, cuya configuracin depende de la (cambiante) correlacin de fuerzas que se establece entre las fuerzas populares y las conservadoras.

Interpretar que los procesos polticos, econmicos, sociales y culturales se despliegan a partir de la evolucin de ciclos desalienta la disputa de poder, dejando el campo de batalla abandonado ya que parece no ser all, durante el desarrollo del ciclo, donde se juega la historia. Como bien dice lvaro Garca Linera, cuestionando la idea de que el reciente retroceso poltico de las fuerzas populares en Latinoamrica sera expresin de un hipottico fin de ciclo progresista, al colocar el fin de ciclo como algo ineluctable e irreversible se busca mutilar la praxis humana como motor del propio devenir humano y fuente explicativa de la historia, arrojando a la sociedad a la impotencia de una contemplacin derrotista frente a unos acontecimientos que, supuestamente, se despliegan al margen de la propia accin humana.

Una segunda interpretacin del escenario actual es el que marca que estamos en presencia de una nueva hegemona neoliberal.

Siguiendo a Gramsci y a varios autores, partimos de la idea que la hegemona se asienta cuando, en un determinado momento histrico, un sector convierte sus ideas (hasta entonces minoritarias) en ideas asimiladas por el conjunto o la inmensa mayora de la sociedad. Y en particular, cuando esas ideas son defendidas por el conjunto mayoritario de la dirigencia poltica, sindical y cultural de ese pas y, obviamente, de la sociedad.

Los aos '90 fueron un claro ejemplo de eso: el campo simblico del debate poltico estaba circunscripto a los lmites que estableca el Consenso de Washington. En ese entonces oper lo que Gramsci denomin como "Transformismo", donde intelectuales, polticos (oficialistas y opositores) y dirigentes sindicales fueron, en su gran mayora, seducidos por las ideas neoliberales; y en simultneo otros, sin abandonar sus ideales, fueron desalentados a desafiar ese orden. Es cierto que hubo resistencia durante esa etapa, pero durante muchos aos fue minoritaria.

Esa experiencia histrica de hegemona neoliberal lleg a su fin con la implosin de esos proyectos despus de largos aos de maduracin de sus contradicciones, y la asuncin de distintos gobiernos populares, desde Chvez en Venezuela, pasando por Lula en Brasil, Kirchner en nuestro pas, Evo Morales en Bolivia hasta Correa en Ecuador. Y hoy, tras una dcada larga de construccin y acumulacin por parte de los sectores populares, las fuerzas de la restauracin neoliberal parecen emprender su revancha, en miras a reeditar sus aos gloriosos.

Sin embargo, la potencia actual del neoliberalismo no alcanza an la detentada dcadas atrs.

En los ltimos aos, en Argentina las fuerzas neoliberales han logrado construir una herramienta poltica con potencia electoral y slidos vnculos con los poderes fcticos, a saber, el poder econmico, el judicial y el de los medios de comunicacin. Su desempeo en las recientes elecciones ha sido, en trminos generales, nada desdeable.

Pero los sectores del bloque dominante no han podido completar su obra.

Contrariamente a lo ocurrido durante los aos noventa, los desembozados esfuerzos por erigir una oposicin domesticada y a la medida de los intereses de los grupos dominantes por ahora han sido infructuosos. La oposicin asimilada que los factores de poder pretendieron ubicar como nica alternativa a la Alianza Cambiemos ha demostrado representar una parte cada vez ms acotada del espectro poltico. Su atractivo electoral se reduce (aunque an subsiste), y su insercin en la discusin se encuentra ms acotada.

El principal desafo a los planes de domesticacin de la oposicin lo constituy el liderazgo de Cristina Fernndez de Kirchner y el surgimiento de Unidad Ciudadana en estas elecciones.

As, el mapa poltico se organiz alrededor de dos polos opuestos -Cambiemos y Kirchnerismo- que representan proyectos radicalmente diferentes. El lugar de las otras opciones, cuya identidad se define slo a partir de matices de los polos articuladores (y cuya accin legislativa fue, en lneas generales, funcional al oficialismo) tendi a diluirse.

Por otro lado, a pesar de los cuantiosos recursos invertidos y de la puesta a entera disposicin del poderoso aparato comunicacional a tal fin, Cambiemos no ha logrado que el debate poltico- electoral se estructure exclusivamente en torno a los clivajes "corrupcin-anticorrupcin", por un lado, y "pasado-futuro", por el otro. Buscaron presentarse como portadores de la honestidad y el porvenir, antagonizando con un adversario que representara una etapa ominosa de engaos y despojos a la que se aspirara no regresar.

Pero no pudieron evitar que el eje econmico y las consecuencias sociales del ajuste se instalen con fuerza en la campaa.

Entonces, el discurso vinculado al ajuste fue prcticamente mayoritario en el campo opositor; y el complejo meditico no pudo someter a la oposicin (ni an a la ms condescendiente) a discutir exclusivamente en el campo simblico que busc instalar.

Por otro lado, desde el punto de vista de los resultados, Cambiemos no ha logrado imponerse en dos de los tres distritos electorales ms importantes del pas: la Provincia de Buenos Aires y Santa Fe. En particular, en la Provincia de Buenos Aires la disputa poltica alcanz su mxima expresin: la ex presidenta, mxima referente opositora, enfrentando a la carta electoral ms potente de Cambiemos, la Gobernadora Vidal, que sin ser candidata, se carg la campaa al hombro.

Sin embargo, bajo la premisa nietzscheana de que no existen los hechos sino slo las interpretaciones, procuraron instalar un clima triunfalista con el ardid del escrutinio provisorio y montaron una exhibicin meditica cuyo nico objetivo era sobredimensionar sus victorias y ocultar sus derrotas. Quisieron llevar de las orejas a la sociedad a un escenario ficcional. Gramsci lo deca hace casi un siglo en las "Notas sobre Maquiavelo": Entre el consenso y la fuerza est la corrupcin-fraude (que es caracterstica de ciertas situaciones de ejercicio difcil de la funcin hegemnica, presentando demasiados peligros el empleo de la fuerza), la cual tiende a enervar y paralizar las fuerzas antagnicas atrayendo a sus dirigentes aun en forma encubierta..."

La estrategia tuvo cierta eficacia, pero no la que pretendan.

Procuraron que ese clima, entre otras cosas, forzara a la Confederacin General del Trabajo (CGT) a levantar la marcha prevista para el 22 de agosto en defensa de los derechos de los trabajadores. Pero la marcha ocurri. Y fue multitudinaria.

A su vez, se confirm que efectivamente Cristina Fernndez de Kirchner gan las elecciones en la Provincia de Buenos Aires, distrito que representa el 40% del padrn electoral del pas. Esa constatacin termina de delinear un escenario bastante ms equilibrado en trminos de relacin de fuerzas que el presentado por el oficialismo.

Pero este diagnstico no debera conducirnos a una subestimacin de Cambiemos.

No creemos que sea una derecha moderna en trminos esenciales sino, ms bien, en las formas. Pero aun siendo servidores de pasado en copa nueva, son un adversario potente.

Si bien tienen para ofrecer lo mismo que hundi a la Argentina en los noventa, su ropaje es ms sofisticado.

Adems del soporte de los factores permanentes de poder, cuentan con una experiencia de gobierno en la Ciudad de Buenos Aires de diez aos; y a pesar de la situacin en la que se encuentra la economa y del impacto que esto tiene sobre la cotidianeidad de la sociedad, ganaron las ltimas elecciones en diez distritos.

Por eso creemos que tampoco tendramos que interpretar esta experiencia neoliberal como una tormenta pasajera que est destinada necesariamente a disolverse en el corto plazo por las propias contradicciones que su proyecto econmico genera.

Frente a las tormentas pasajeras la reaccin lgica es resguardarse bajo techo hasta que amaine.

El efecto performativo de esta lectura tambin es preocupante. La subestimacin de un adversario potente conlleva el riesgo de, no slo incurrir en interpretaciones inexactas, sino tambin conducir a acciones equivocadas. En este caso, la accin poltica no queda plenamente anulada pero s se hace menos necesaria. La idea segn la cual, si hay una tormenta pasajera, lo adecuado es ponerse debajo de un toldo hasta que pase, puede convertir a esa tormenta en un diluvio extendido por muchos aos.

La subestimacin de un adversario potente es peligrosa porque lleva a bajar la guardia; a su vez, la sobrestimacin puede generar un clima desalentador que desmovilice a los sectores que desafan las polticas de Cambiemos.

Nada est dicho, resta saber los resultados de las elecciones definitivas de octubre; tambin los niveles de resistencia de los trabajadores y trabajadoras y sus organizaciones al ajuste que Macri posterg para despus del prximo turno electoral; y centralmente, cmo se seguir desplegando la promisoria experiencia de Unidad Ciudadana bajo el liderazgo de Cristina como eje de la oposicin de cara a los prximos aos.

Tambin ser definitorio la suerte de Lula en Brasil, del proceso bolivariano en Venezuela y las distintas disputas que atraviesa la regin.

No estamos frente a una nueva hegemona. Estamos en un escenario de disputa.

Jos Cruz Campagnoli / Investigador CELAG

Artculo publicado en: http://www.celag.org/fin-ciclo-nueva-hegemonia-argentina-escenario-disputa/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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