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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2017

El Gobierno solo ofrece ms de lo mismo

Jorge Franco
Rebelin


El reciente cambio de ministros del rea econmica no est llamado a modificar en nada la poltica econmica que se ha venido aplicando, con ajustes menores de acuerdo a las circunstancias, durante las ltimas cuatro dcadas, permitiendo apreciar claramente los intereses que la determinan y que definen el carcter de clase de los sucesivos gobiernos de este ya extenso periodo: los del gran capital transnacional.

En efecto, como es sabido, los dos ministros que asumieron las carteras de hacienda y de economa son los mismos que ya haban ocupado estos mismos cargos en el gobierno de Lagos, aplaudido por los empresarios pero repudiado por una poblacin cansada de la postergacin y los abusos a que se visto sistemticamente sometida por el gran empresariado con la activa complicidad de esta tecno-burocracia.

No es de extraar entonces que las reformas presuntamente "estructurales" emprendidas por el actual gobierno disten muchsimo de introducir cambios realmente sustantivos en el orden social vigente, sea en el mbito poltico-institucional, social o econmico, en direccin a una efectiva democratizacin del pas en todos esos aspectos, y muy particularmente en el plano econmico y social.

A nivel de las declaraciones ya nadie se atreve a desconocer que la desigualdad en la distribucin del ingreso para no hablar de la distribucin de la riqueza en el pas alcanza niveles verdaderamente obscenos, pero a la vez nadie propone atacar de raz el problema, ni siquiera en un plano meramente tributario. La tmida reforma del ministro Arenas termin completamente diluida en la "cocina" de Zaldvar.

Y esto a pesar de que, segn lo ha reconocido el reciente informe del PNUD, el 1% de ms altos ingresos captura un tercio de los mismos y que un minsculo 0,1% (menos de 10.000 personas) se quedan con casi un 20%. Y a pesar tambin de que las empresas privadas, en su mayora extranjeras, que generan las dos terceras partes de la produccin de cobre, no pagan al Estado ni un solo peso por concepto de renta.

La sola posibilidad de abrir debate sobre una efectiva reforma tributaria que solo ayude a amortiguar esta escandalosa desigualdad que impera en Chile es rechazada de plano por los grandes empresarios y la casta poltica a su servicio, arguyendo que ello desincentivara la inversin que, en el marco de la poltica econmica vigente, se considera funcin casi exclusiva de la empresa privada.

Amparados en ese reconocimiento, los grandes empresarios estn en condiciones de extorsionar permanentemente al conjunto de la poblacin no solo en el mbito tributario sino tambin en prcticamente todas las esferas del diseo e implementacin de las polticas pblicas, es decir, en materia laboral, salarial, comercial, crediticia, educacional, de salud, previsional, habitacional, etc.

El gran capital es presentado as como el gran y nico motor posible del desarrollo y sus intereses particulares en clara y aparentemente incuestionable sintona con los intereses generales de la poblacin. Sin duda, todo esto no es ms que una fbula, pero reiterada una y otra vez, sin mayor oposicin, termina por confundir y moldear la representacin que los sujetos se hacen de la realidad social.

Interrogado sobre el minsculo componente solidario de la propuesta de reforma del sistema de pensiones hecha por el gobierno, que refuerza el mecanismo de ahorro individual administrado en su propio beneficio por las AFP y sus usurarias comisiones, el recin nombrado ministro de economa seal que a su juicio la solidaridad no poda imponerse mediante tributos ya que ella sera en su esencia de carcter voluntario.

Esto equivale a decir que la solidaridad no es un imperativo social, con arreglo a elementales valores de justicia y sana convivencia, sino una opcin puramente individual. Este es, precisamente, el concepto que se ha venido imponiendo en Chile en el curso de los ltimos aos, en el contexto del marcado individualismo promovido por las polticas neoliberales, y cuyo principal cono son hoy las teletones.

Pero, ciertamente, se trata de una mistificacin, con la clara pretensin de eludir la demanda ciudadana de efectiva igualdad en materia de deberes y derechos. En efecto, la solidaridad ha sido una prctica social de larga data por lo que, como concepto, alude a la cohesin del grupo social basada en la justicia (in solidum obligari), algo que segn Hayek, el gur del neoliberalismo, no sera hoy ms que un mero "atavismo".

Tal es la mentalidad que se nos pretende imponer. Lo claro es que por ahora, a pesar de lamentar la indecente y escandalosa desigualdad en la distribucin del ingreso y la riqueza, el gobierno, lo mismo que la derecha y el gran empresariado, descartan toda medida que obligue a quienes ms ganan a aportar lo que deberan. Quienes acaban de asumir la conduccin del rea econmica solo traen ms de lo mismo.

 

 

 

 

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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