Portada :: Cuba
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-09-2017

La balada de Elpidio Valds

Silvio Rodriguez
La Gaceta de Cuba


A finales de 1961 yo estaba de aprendiz de dibujante en la revista Mella. Haba llegado all cuando la enseanza secundaria no se haba reactivado del todo, tras la recin concluida Campaa de Alfabetizacin. Embullado por mi padre, me haba presentado en la publicacin con algunos dibujos bajo el brazo y result que mi dolo, el gran Virgilio Martnez, hizo colocar una mesa al lado de la suya, para que desde aquella posicin privilegiada aprendiera en qu consista el arte de la historieta. Tiempo despus, cuando las secundarias reabrieron puertas, decid matricular en la sesin nocturna, porque durante el da, en los dos aos siguientes, no hubo quien me sacara de mi rincn del Mella. All, en la calle Desage nmeros 108 y 110, miliciano e imberbe, incluso viv la Crisis de Octubre del 62.

La revista, que despus se convirti en semanario tabloide, tena una seccin donde se publicaban cartas, artculos y dibujos de los lectores. Casi todas aquellas colaboraciones me pasaban por las manos y recuerdo que un da prest atencin a unos dibujos humorsticos que, por su calidad, estaban siendo procesados para ser publicados. Se trataba de la colaboracin de dos adolescentes hermanos, nativos de la ciudad de Crdenas. Uno de aquellos chistes era un soldadito con casco alemn de la primera guerra, estilo Kiser, trepado a un can y presto a dispararlo hacia la punta de un tabaco que apretaba entre los dientes. Lo firmaba un tal Juan Padrn.

En 1964 me toc el servicio militar y alguna vez que pas por el Mella, ya con el uniforme, me encontr all con Padroncito (que era Juan) y tambin con su ingenioso hermano Ernesto. Ya por entonces haba dado yo con la guitarra, compaera que estaba cambiando radicalmente mi destino, aunque todava no me daba cuenta. Pero aun cuando comenzaba a prestar ms atencin a mis cuerdas empatadas, continu siendo un rastreador y lector infatigable de dibujos e historietas, deleite que todava conservo.

As, primero porque lo haba visto surgir y despus atrapado por el magnetismo de su talento, le fui siguiendo el hilo a Padroncito, cada vez sorprendindome por la calidad creciente de sus dibujos y por la frescura de sus ideas. Y de hecho me convert en uno ms de los cientos de miles de admiradores de las venturas y desventuras de verdugos, vampiros y piojos. Por entonces me llam la atencin lo de los piojos, porque era un tema que le facilit regresar al tipo de mueco que haca al principio: una cabezota redonda sobre un cuerpecito menudo. Como cualquier lector especul sobre los posibles orgenes de aquellos bichos y explor las variantes en las que la imaginacin picarona del cubano los iba ubicando. Justo cuando ya comenbamos a llamarlos ladillas, maldec y deplor, como muchos, el uso imbcil del Escabicn seudoideolgico con el que pretendieron fumigarlas.

Tiempo despus supe que Padroncito estaba en el ICAIC, haciendo dibujos animados. Era increble: primero coincidir en el Mella y ahora en el ICAIC. Y un buen da, cuando solo haban salido unas pocas aventuras del coronel Valds, se me apareci en la casa y me dijo que quera que le compusiera una balada para aquellas aventuras.

Nunca supe bien por qu lo de balada. l le deca balada y yo pensaba todo el tiempo en un son originario, salvaje, tratndose de un mamb oriental como Elpidio. Con tal concepto en mente rastre por Cayo Hueso a un negro viejo al que haba escuchado tocar la marmbula y le ped a Jess Ortega una vihuela. Difcil me fue afinar la vihuela: seis cuerdas pareadas y para colmo viejas. Luego pens que me iba a ser duro hacerle entender al marimbulista la idea de aquel son precario, pero en eso me equivoqu. Tan pronto me puse a sincopar el bajo, el golpe de los flejes se convirti en su sombra. No haba tiempo para retoques, los muequitos esperaban, y de pronto habamos terminado la grabacin, creo que en la segunda toma. Si no recuerdo mal, Padroncito me ayud en algo de la letra; cuando menos lo de gaitos lo tom de lo que l deca: uno de los nombretes insurrectos contra las tropas de la corona.

Despus de aquel da me qued con la idea de mejorar el tema y creo que lo hablamos, pero nunca se hizo. La que suena es la misma versin de entonces y con el tiempo he llegado a tomarle cario. Ahora hasta quizs sea un sacrilegio hacerla con otro msico que no sea aquel viejo incgnito, del que quisiera recordar el nombre y que posiblemente est descansando ya con su marmbula, su sombrerito y su tabaco.

Muchos aos despus, una noche en la esquina de Gran Va y Fuencarral, en Madrid, Juan Padrn estaba parado, conver- sando con alguien, cuando de pronto, en medio del estruendo de los carros que pasaban, se escuch una voz gritar: Viva el coronel Elpidio Valds! Viva Cuba libre! Padrn empez a mirar enloquecido a todas partes, buscando de dnde haba salido aquello. Pero ya el taxi culpable se alejaba conmigo adentro, muerto de risa y de jbilo por haber podido hacerle semejante regalo en el mismsimo corazn de la antigua metrpoli.

Fuente: http://www.uneac.org.cu/sites/default/files/pdf/publicaciones/gaceta_4-2017_para_web_.pdf


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter