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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2017

La barbarie en la barbarie

Guillermo Almeyra
Rebelin


Desde la segunda Guerra Mundial y los campos de concentracin nazis, los goulags soviticos, Hiroshima y Nagasaki, las dictaduras y los genocidios, el mundo est instalado en la barbarie. Los gobernantes, preocupados slo por la tasa de ganancia de los grandes capitales a los que favorecen la superexplotacin de los trabajadores, corresponden fielmente a esa barbarie. Un ejemplo de ello es Trump, negador del cambio climtico a pesar de que los huracanes devastan varios estados de su pas y lo harn an ms en el futuro a medida que se calienten las aguas del Atlntico, hoy a 30 grados en el Caribe y frica. Pero no es el nico ya que la dinasta monrquico-comunista de los Kim en Corea del Norte recuerda en todo y por todo el Medioevo asitico y el desarrollo salvaje del capitalismo chino, a costa del ambiente y de las personas, con la contaminacin del aire y de los ros, enferma gravemente o mata a millones de personas.

Desde el punto de vista social, en muchas cosas estamos de vuelta en el siglo XIX. El gran capital minero, forestal o agroindustrial despoja y depreda los bienes comunes. Decenas de millones de campesinos en Asia, frica y Amrica Latina son arrojados cada ao hacia las grandes ciudades donde viven en condiciones inhumanas y con trabajos precarios, otras decenas de millones ms venden su mano de obra por debajo del valor de reproduccin de la misma para fabricar en grandes maquiladoras las ropas de las marcas de lujo con horarios de trabajo y condiciones laborales esclavistas y salarios nfimos. Adems, el capital financiero mundial conquist mundialmente la agricultura compr enormes territorios en frica con la mano de obra incluida, como en Rusia antes de la Revolucin de 1917 o en el Medioevo europeo-, domina los territorios, subordina a su imperio hasta los pueblos de las selvas o del rtico. Reaparecieron tambin el trabajo infantil y el trabajo esclavo.

Nunca han habido tantos obreros industriales en escala mundial y, como hace dos siglos, nunca ha habido tan baja conciencia de clase entre esos explotados, tanta desorganizacin, tan poca independencia poltica, tal aceptacin fatalista de la ideologa de sus opresores y dominadores. Como a mediados del siglo XIX, siempre a escala mundial, nunca fueron proporcionalmente tan pocos los anticapitalistas (socialistas, anarquistas, comunistas), tan feroz la competencia entre los trabajadores de los distintos pases ni tantos los pervertidos por el nacionalismo xenfobo y el racismo que les vacunan contra el internacionalismo.

Esa es la base de los ataques a los derechos sociales y a los derechos humanos que perpetran cotidianamente otros Trumps menos trogloditas, como la inglesa May, el presidente francs Macron o el socio argentino de Trump, Mauricio Macri.

Los sindicatos estn debilitados y afilian slo entre el 5 y el 10 por ciento de la mano de obra en Francia o en Estados Unidos y en la gran mayora de los pases no existen y son ilegales o agrupan slo pequeos sectores de los trabajadores. En China y Rusia, como en otros pases, los sindicatos legales son meros instrumentos de los gobiernos para disciplinar y explotar mejor a los trabajadores e impedir que stos, mediante su autoorganizacin y su independencia poltica, respondan a los intereses de los trabajadores en su lucha contra los patrones y el Estado capitalista monoplico o de Estado.

Adems, los sindicalizados padecen la burocratizacin de sus organizaciones en las que los dirigentes burocratizados se preocupan antes que nada por la supervivencia de la base de sus privilegios, o sea, del aparato o la central sindical, y por la compatibilidad de sus decisiones con lo que es posible en el mercado y aceptan por lo tanto el rgimen de explotacin capitalista en vez de tratar de abolirlo. En la contradiccin entre la presin de sus bases, que quieren ser defendidas de la ofensiva patronal, y la de los patrones y el gobierno, con los cuales negocian, ceden algo a los afiliados y mucho al capitalismo.

Los empresarios, sin embargo, no toleran ni siquiera estos sindicatos domesticados pues quieren aumentar su tasa de ganancia reduciendo los salarios reales (educacin, sanidad, jubilaciones y pensiones, prestaciones de todo tipo). Por eso lanzan una ofensiva a fondo contra los sindicatos y todo lo obtenido en los ltimos cien aos debido al temor capitalista al peligro para ellos del socialismo. Los despidos masivos y la fuga de capitales no les bastan: quieren anular toda resistencia. Instalan la barbarie dentro de la barbarie.

Macron, por ejemplo, pretende en su reforma del Cdigo del Trabajo que los obreros ferroviarios que hoy se jubilan a los 52 aos- se retiren a los 70 (cuando estn ya en sillas de rueda). Quiere imponer tambin la anulacin de los contratos de trabajo por rama industrial (las empresas con muchos obreros obtenan mejores salarios y condiciones de trabajo, que se extendan a las menores) y pretende que en las empresas de menos de 50 trabajadores el contrato se decida aprobando o rechazando con un referndum empresarial la propuesta del patrn, sin intervencin sindical. Adems, reduce a la mitad las indemnizaciones por despido injustificado y facilita los despidos. Previendo las resistencias, compr el apoyo de FO (Force Ouvrire, socialista de derecha) y de la social-cristiana CFDT para aislar y romper la CGT (comunista-socialista de izquierda).

Macri hace lo mismo con los diversos grupos que integran la CGT argentina y reprime salvajemente para disminuir la resistencia de las bases sindicales a los despidos y desapariciones y la presin de dichas bases sobre los burcratas sindicales.

Para resistir y vencer esta ofensiva es necesaria la unin de los trabajadores y de los sindicatos de diferentes gremios y tendencias detrs de la consigna: Si tocan a uno, nos golpean a todos!

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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