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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2017

PASO con final abierto

Fernando Rosso
La Izquierda Diario


Un analista lcido de la derecha argentina sugiri alguna vez que los futuros historiadores debern leer la dcada kirchnerista no tanto por la emergencia de ese movimiento poltico, sino por la implosin del radicalismo posterior al 2001. Una mirada reducida a la superestructura poltica pero que contena aspectos de verdad. Parafraseando la sentencia, se puede afirmar que la persistencia de Cambiemos (y el resultado de las recientes PASO) tienen su fundamento mayor en la aguda crisis del peronismo, antes que en la densidad o potencia de la coalicin que comanda Mauricio Macri.

En las elecciones primarias, el Gobierno triunf nacionalmente y exager su victoria, tanto como el peronismo-kirchnerismo haba inflado sus expectativas previas y despus de los resultados agigant su derrota.

Primera minora y dispora peronista

Los nmeros fros dictaminaron que Cambiemos gan cmodamente en la Ciudad Autnoma de Buenos Aires y Crdoba; empat en la estratgica provincia de Buenos Aires (que concentra cerca del 40 % del padrn electoral) aunque se consagra primera Cristina Fernndez por unos miles de votos; perdi en Santa Fe (el tercer distrito) y no gan por la mayora que esperaba en bastiones propios como Jujuy y Mendoza. Las victorias en distritos como Santa Cruz, San Luis o Neuqun tienen alto contenido simblico, pero no engrosaron cualitativamente la porcin de votos que cosech a un nivel que apenas super el tercio del electorado: 35 %.

Pese a todo, en la apariencia y autopercepcin de los contrincantes, esta clara primera minora se acrecent por la lenta pero persistente divisin que atraviesa el peronismo en los ltimos aos. Una expresin de su debilitamiento como histrico partido del orden y de la contencin.

Las PASO han dejado un resultado confuso, tanto en lo electoral como en lo poltico. En la suma nacional de votos que nunca se present oficialmente Cambiemos habra obtenido aproximadamente el 35 %. Es la primera fuerza poltica en el mbito nacional, pero ms por la dispersin de la oposicin que por un apoyo mayoritario, afirm Rosendo Fraga, a quien no puede tildarse de populista o izquierdista1.

Ya en 2013 el peronismo haba sufrido la escisin de Sergio Massa en la Provincia de Buenos Aires, en 2015 padeci una derrota de grandes dimensiones, primero en la provincia y luego en las presidenciales nacionales. En las recientes elecciones primarias, Cambiemos volvi a salir primero en la suma de votos de todo el pas.

Luego del triunfo macrista en 2015, una parte importante de los gobernadores, legisladores y el grueso de los dirigentes sindicales burocrticos del peronismo, sigui el principio muy peronista de ir en auxilio del vencedor: cogobernaron con Mauricio Macri en este poco ms de ao y medio de gestin. El kirchnerismo (o cristinismo), si bien en muchas ocasiones vot en contra de leyes propuestas por el Ejecutivo, cumpli el triste papel de encubrir por izquierda (mejor dicho, por centroizquierda) a esta coalicin de hecho, convocando a la unidad electoral de traidores y traicionados. Unidad que finalmente se concret con una parte del aparato de los intendentes de la provincia (y en algunos otros distritos), pero no con Florencio Randazzo que obtuvo una porcin minoritaria pero clave para el empate de Esteban Bullrich con Cristina Fernndez.

Los resultados mantienen la continuidad del equilibrio catastrfico que tambin atraviesa al (no) liderazgo en el peronismo: Cristina Fernndez obtuvo los votos necesarios para sostenerse como una fuerza minoritaria pero significativa dentro del movimiento, pero no los suficientes para liderar unificadamente al resto de la federacin. Los que se postulaban como candidatos a la renovacin hacia un peronismo moderado que eche lastre con el kirchnerismo, fueron derrotados, esencialmente Juan Schiaretti en Crdoba y el tremendo porrazo de Randazzo en la provincia. Por ltimo, los que ganaron (el celebrity salteo Juan Manuel Urtubey, el camalenico tucumano Juan Manzur o el renovador sanjuanino Sergio Uac) no tienen, por ahora, el peso especfico para conducir al conjunto del peronismo.

Las bases estructurales de esta larga agona fueron graficadas por el politlogo y sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga en un interesante artculo publicado en el diario La Nacin2. Para el cura politlogo, que adems es director de Centro de Investigacin y Accin Social (CIAS), el peronismo tiene su propia grieta en las bases sociales que histricamente le dieron sustento: una divisin que es producto de la precariedad e informalidad laboral, las fracturas y fragmentacin social y un aumento de la dependencia de los poderes territoriales y la potencialidad del Estado. Y hoy el Estado (o los principales estados) estn en manos de Cambiemos.

Por su parte, en una revisita a su clsico artculo Los hurfanos de la poltica de partidos, el socilogo Juan Carlos Torre interroga:

Ms concretamente, la pregunta que quiero colocar es la siguiente: le lleg al peronismo su 2001? Esto es, la dinmica del colapso partidario que arras al polo no peronista est hoy acaso a las puertas del polo peronista amenazando su condicin de partido predominante?3.

Torre tambin encuentra el fundamento de esta llegada con delay del efecto 2001 al corazn del peronismo, en la fractura y fragmentacin de lo que llama sus histricas bases populares.

Lo que no est sealado en estas sugerentes lecturas es la responsabilidad del peronismo (poltico y sindical) en esta situacin: el menemista produjo la avanzada sobre los derechos sociales y laborales de la clase trabajadora; y el peronismo posneoliberal (kirchnerista) sostuvo sus pilares esenciales, pese a la extraordinaria e indita expansin econmica habilitada por mltiples factores. La burocracia sindical fue la garanta en todos los casos, sin discriminacin alguna hacia las orientaciones polticas de los distintos gobiernos.

En un artculo que ya tiene tres aos, analizbamos el itinerario del peronismo desde su poca de clsico nacionalismo burgus que se apoy en sus orgenes en la clase trabajadora, hasta nuestros das:

De conjunto, la experiencia del peronismo post dictadura es la de un creciente debilitamiento de sus lazos y su anclaje de clase en el movimiento obrero, por diversas formas de hacer base en las capas medias, acorde a la relacin de fuerzas sociales y polticas nacional e internacional. Y como consecuencia de esto el debilitamiento de la identidad histrica del movimiento obrero y los sectores populares con el peronismo4.

En suma, la crisis del peronismo tiene causas mucho ms profundas que los errores tcticos de sus referentes para las alianzas electorales. La siempre latente crisis de representacin que dej en el ambiente el 2001 (que fue desviado o contenido, pero no derrotado) y que conden al radicalismo a ser un muleto del PRO, ahora aplica sus efectos cidamente disolventes sobre el peronismo.

La hegemona que no es

En este contexto, son exageradas las lecturas que comenzaron a hablar de una nueva hegemona5.

En primer lugar, porque los propios nmeros de las PASO imponen un lmite a esa percepcin. Cambiemos alcanz un tercio del electorado y empat en el distrito estratgico. Si en octubre ampliara considerablemente su distancia (y diera vuelta el resultado en la provincia de Buenos Aires), la aseveracin podra tener mayor pertinencia. No es lo que augura la inmensa mayora de los analistas que pronostican para octubre la repeticin grosso modo del escenario de agosto.

En segundo lugar, porque una cosa es la victoria parcial en las urnas de las primarias y otra muy distinta la traduccin de ese triunfo a un cambio cualitativo de la relacin de fuerzas sociales y sobre todo con el movimiento obrero, hacia quien apuntan todos los caones de los gobierno de los CEO. Es tan indudable el hecho de que el Gobierno profundiz un ajuste que afect al conjunto de los sectores populares como que an no es el ajuste que el universo empresario reclama y necesita para dar una salida capitalista a la crisis argentina. El gradualismo fue el homenaje que Cambiemos debi rendir a la relacin de fuerzas. Las divisiones que atraviesan a la dirigencia sindical muestran dos aspectos de una realidad contradictoria: su crisis, producto de las transformaciones y fragmentacin del mundo de los trabajadores y, a la vez, la necesidad de darle forma a una tendencia ms reformista (con pose combativa) en posible alianza con una fraccin vandorista que trate de contener el malestar obrero, para no dejarlo en libre disponibilidad para las corrientes clasistas que son una realidad en el movimiento de los trabajadores.

En tercer lugar, la situacin internacional no acompaa armnicamente al proyecto de Cambiemos, con fenmenos polticos verstiles e inestables, populistas a lo Trump o tendencias como el Brexit ingls; en disputa con la persistencia de las polticas neoliberales o globalizadoras en China o Alemania6. Macri impuls la vuelta a un mundo justo en el preciso instante en que se estaba yendo.

Junto con la inexistencia de una crisis explosiva que acte como disciplinante (como sucedi en la gnesis menemista o la kirchnerista que inaugur el duhaldismo), todos estos elementos impiden hablar de una nueva hegemona a la que todava le queda mucho por recorrer sin descartar que no sucumba en el intento.

Triunfalismo y discurso del miedo

Estos lmites no niegan que el triunfo electoral no haya impulsado a Macri a redoblar su discurso ofensivo, ms decisionista; incluso algunos hablaron de ms peronista.

El gobierno hizo un lujurioso festejo (manipulacin de los datos mediante), como si hubiese arrasado, habl del nacimiento de una nueva era de por lo menos 20 aos.

El ajuste es gradual, pero el Gobierno viene desplegando un relato de mayor dureza y agites represivos frente a cualquier reclamo de los trabajadores. Existieron casos de represin directa (los desalojos de la Panamericana en el paro del 6 de abril o en PepsiCo). Amenazas, incluso, a la propia burocracia sindical con el despido de dos funcionarios como respuesta a la marcha de la CGT el 22 de agosto pasado y advertencias de restringir el uso de los fondos de las Obras Sociales para obligarla que desarrolle su faceta entreguista hasta el final.

Agita tambin una nueva reforma laboral flexibilizadora que se acerque lo ms posible a la reforma esclavista que se vot en Brasil.

Esta prepotencia y discurso del miedo puede tener en lo inmediato un efecto moral entre los trabajadores, fortaleciendo las tendencias conservadoras y el temor en el que se apoya la burocracia sindical y que impulsan tambin las patronales. No implica un cambio en s mismo de la relacin de fuerzas, pero es un factor a tener en cuenta para calibrar el desenvolvimiento y la respuesta de los trabajadores sin impresionismos. Y no caer en las explicaciones burdas (y un poco gorilas) que ven una invasin de masas con incurable sndrome Estocolmo.

Santiago Maldonado: desaparicin forzada y crisis

Sin embargo, este mismo discurso spero que solt la correa de las descompuestas fuerzas de seguridad argentinas, tuvo la primera consecuencia, tan grave como predecible: la desaparicin forzada de Santiago Maldonado. La responsabilidad de la Gendarmera es cada vez ms evidente, tanto como la complicidad por encubrimiento de parte del Ministerio de Seguridad que comanda la inefable Patricia Bullrich. Las primeras respuestas que contenan el siniestro aura del algo habrn hecho se deslizaron en los discursos oficiales y no hicieron ms agrandar la crisis poltica de este caso aberrante. El conocimiento de los hechos fue dejando en ridculo las operaciones que incluan un combo de sospechosos ataques, incendios en la ciudad de La Plata, sin cmaras ni huellas, sin testigos y con autos prendidos fuego que estaban dados de baja. Hasta un expolica denunciado enrgicamente como otro desaparecido y luego encontrado de caravana timbera en un casino.

El caso Maldonado interpel un reservorio que es parte de la relacin de fuerzas: la defensa de las libertades democrticas y la lucha histrica por el castigo a los genocidas y a sus mtodos. La reaccin de los familiares, organismos de DDHH, la izquierda y sectores progresistas, as como la enorme repercusin pese al (una vez ms) prfido rol de los medios oficialistas, cre una crisis en el gobierno y empuj al cambio de cartula de la casusa hacia la desaparicin forzada e implic un reclamo masivo en los medios, en las redes y en la calle7.

Paso a la izquierda

En este escenario, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) resisti la polarizacin en distritos como la provincia y Ciudad de Buenos Aires e hizo destacadas elecciones en Jujuy, Mendoza, Neuqun, Santa Cruz y Salta.

En la provincia de Buenos Aires, con Nicols del Cao a la cabeza de lista de diputados (y Nstor Pitrola en senadores) se not un sensible desplazamiento de los apoyos del FIT hacia sectores obreros y populares. Esto es ms evidente en Jujuy, donde el obrero de recoleccin de residuos y militante del PTS, Alejandro Vilca8, alcanz casi el 13 % de los votos en una eleccin histrica, un fenmeno que tambin se repite en Neuqun con el dirigente del PTS Ral Godoy, que adems es obrero de cermica Zann y actual legislador provincial y obtuvo el 7 %, y Mendoza con la actual senadora provincial Noelia Barbeito (PTS) que casi alcanza el 9 %. El FIT tambin realiz buenas elecciones en Santa Cruz (8 %) y Salta (7 %).

Hay un desafo inmediato hacia las generales de octubre en la pelea por la consagracin de diputados all donde es probable y posible (Buenos Aires, Mendoza, Jujuy, Crdoba, entre otras).

Pero a la vez, hay una tarea estratgica en el marco de la nueva crisis del peronismo. Si toda crisis esa una oportunidad, la crisis histrica que atraviesa el peronismo, es la madre de todas las oportunidades.

Con una combinacin de lucha poltica por la conciencia de los trabajadores, combatividad como la que demostraron los obreros y obreras de PepsiCo, una orientacin de frente nico obrero (unidad y diferenciacin) hacia las organizaciones que se postulan para contener y regular la pelea contra el ajuste que Macri tiene en agenda y una batalla por la recuperacin de los sindicatos; puede hacer avanzar el clasismo y abrir el camino hacia un partido propio de la clase trabajadora.

Junto a ocupar la primera fila en la lucha por las libertades democrticas (como ahora con el caso Maldonado) y con un programa y orientacin para que la clase trabajadora pueda imponer su salida hacia el conjunto de los sectores populares oprimidos, la izquierda clasista puede avanzar en perfilar una respuesta anticapitalista contra el programa rabiosamente empresarial de la coalicin Cambiemos.

La nostalgia en torno a la reconstitucin de las bases sociales histricas del peronismo, no puede ser ms que pura ilusin. Ninguno de los peronismos realmente existentes puede (ni quiere) pelear por la unidad de la clase trabajadora y de esta con los sectores populares (en gran parte porque son responsables de la actual divisin). Es una tarea monumental a la que solo aspira la izquierda anticapitalista y una apremiante necesidad para evitar que la crisis la paguen (una vez ms) los trabajadores. A la pretendida hegemona de los CEO se le debe contraponer la nica hegemona a la altura de presentarle batalla: la hegemona de la clase obrera.

Notas:

  1. Rosendo Fraga, Unas PASO que gana el Gobierno, pero que no resuelven interrogantes, Nueva Mayora, 15/08/2017.
  2. Rodrigo Zarazaga, El peronismo tiene su propia grieta, La Nacin, 23/08/2017.
  3. Juan Carlos Torre, Los hurfanos de la poltica de partidos revisited, Revista Panam, 10/08/2017.
  4. Juan Dal Maso y Fernando Rosso, Peronismo, kirchnerismo y pos-peronismo, Blog El violento oficio de la crtica, 08/08/2014 (http://elviolentooficio.blogspot.com.ar).
  5. Fernando Rosso, Cambiemos: una nueva hegemona?, Revista Panam, 22/08/2017 y La Izquierda Diario, 24/08/2017.
  6. Ver sobre este tema el dossier de este nmero de IdZ.
  7. Al respecto ver conversacin con Myriam Bregman en este nmero.
  8. Sobre la eleccin en Jujuy ver Recolectando la bronca en este nmero.

Fuente: http://www.laizquierdadiario.com/ideasdeizquierda/adelanto-paso-con-final-abierto/



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