Portada :: Palestina y Oriente Prximo :: Siria
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-09-2017

La interdependencia de las conciencias en Siria

Abdulhamid Yousef
Al-Jumhuriya English



Desde 2011, cada mes de marzo nos invita a hacer una nueva pregunta sobre la revolucin de tanta importancia existencial para nosotros como para la misma revolucin. Hoy, seis aos despus de esa revolucin, quiz la pregunta siga siendo: Cul es la esperanza de vida de una revolucin? Podra de algn modo tener un lmite de tiempo?

A lo largo de la lnea del tiempo con la que estamos familiarizados, la revolucin dura hasta ahora seis aos. Sin embargo, en esos aos se han ido condensando innumerables generaciones de ideas, estados e historias, as como horrores de diferentes proporciones y grados. No obstante, la revolucin ha permanecido firme en su lucha, aunque en estos momentos sea difcil definirla o identificar a sus representantes. Esta firmeza est fundamentalmente vinculada a una fuerte amenaza comn, reforzada por la crueldad del autoritarismo asadista en su batalla para sobrevivir; esta amenaza es la conciencia pblica que ha prevalecido en Siria y que ha crecido para defender la dignidad de su pueblo.

La revolucin perdura

Si tuviramos que responder a la pregunta sobre el carcter permanente de la revolucin y si ha quedado, con el discurrir del tiempo, ocultada por identidades que han tratado de secuestrarla y atribuirle una conciencia o una etiqueta especficas, podemos sostener que la revolucin ha triunfado desde el primer rechazo de sus oponentes; desde su primer tropiezo con los medios del rgimen; desde aquella pequea protesta frente a la Mezquita de los Omeyas; desde la sentada del da siguiente frente al Ministerio del Interior; desde la primera protesta en solidaridad con los manifestantes y mrtires de Daraa; desde que Ghiath Matar atrajo la atencin sobre ella y sobre nosotros La expansin de las protestas, y los vibrantes llamamientos a manifestarse, fueron el resplandor de la revolucin que alumbr la totalidad de nuestro hogar: Siria.

Cuando discutimos esta narrativa es fundamental evitar sostener la expansin de la revolucin por todas las regiones de Siria. El mbito de la revolucin no cambia el hecho de que su gente, los revolucionarios y su base popular, constituan una amplia seccin de la poblacin siria, con derechos, reclamaciones y exigencias que no van a abandonar, tampoco van a renunciar a conseguir que sus opresores y saqueadores rindan cuentas.

El triunfo de la revolucin se encarn al comprometerse con las responsabilidades de las consignas que propona y con los objetivos que proclamaba; y en sus intentos por seguir un curso natural, sin escuchar a quienes desde el principio llamaban a las armas sosteniendo que la resistencia pacfica es intil contra unos servicios de seguridad despiadados. La revolucin triunf sobre los tericos y los intelectuales que objetaban las mezquitas de las que primero surgieron las manifestaciones sin tener en cuenta que no se dispona de espacios para la asociacin poltica. Tambin ignoraron obstinadamente que el objetivo persistente de las manifestaciones era alcanzar las plazas pblicas de las principales ciudades, que es la mayor expresin civil de protesta y la forma ms pacfica y organizada de desobediencia civil, ms an que los indefensos partidos y movimientos polticos.

El triunfo de la revolucin se materializ asumiendo la carga de su transformacin diaria en diferentes formas. En tal tarea, soport desde el principio la responsabilidad de idear y desarrollar una alternativa poltica al rgimen y de expresar las quejas y demandas del pueblo, as como su anhelo de justicia, dignidad y libertad. La alternativa a la que aspiraba la revolucin era a cambiar drsticamente dcadas de monopolio sobre la patria siria, sobre los pensamientos y las palabras y sobre los derechos y la justicia. Trataba de romper la definicin del rgimen respecto al ganador y al derrotado, a la vctima y al vengador al mismo tiempo. Buscaba poner fin a su exclusin del poder que ha convertido Siria en un caldo de cultivo de la corrupcin en el que uno no puede vivir sin acabar contaminado.

Sobre vctimas y venganza

Desde el principio mismo, el rgimen de Hafez al-Asad implant los cimientos de su monopolio sobre el poder. Esto pudo iniciarse en la dcada de 1950, un perodo muy amargo marcado por una combinacin de vitalidad poltica y diversidad y una serie de golpes de Estado, conspiraciones y alternancia de patrocinadores extranjeros. Fue una era de hambre de poder y de carrera poltica y militar para conseguirlo, en la que Hafez al-Asad, el actor ms importante de la poca, estuvo revolvindose contra todos sus socios en una serie de golpes hasta el golpe final de 1970.

El rgimen logr exportar lo que era necesario y ejercer sus imperativos sobre los sirios, y en ocasiones sobre otros. En funcin de uno de esos imperativos, asumi el papel de lder entre los regmenes rabes. Era la vctima cuya tierra, el Goln, estaba ocupada, y el actor regional opositor que se negaba a someterse. Era el buscador principal de venganza; la vanguardia de la guerra de octubre y la guerra de desgaste; el patrocinador de la resistencia y la espina en la carne de Israel.

Esta taqiyya (doble rasero) aplicado por el rgimen es el mismo que desde haca mucho tiempo nos haba enseado a rechazar cuando los afectados eran otros. Aprendimos que Israel se ha presentado a s mismo, desde el momento mismo de su creacin, tambin como vctima, e igualmente como vengador de esa vctima. As, el nazismo convirti a los judos en la vctima absoluta y a Israel en su principal vengador. Despus, los rabes se convirtieron en la vctima absoluta de Israel y el rgimen sirio se present a s mismo como el principal vengador de su dignidad. Al final, los sirios se convirtieron en la vctima absoluta del rgimen, una vctima que est persiguiendo a su enemigo y sigue buscando vengadores para que lleven a cabo represalias en su nombre. Es posible que todos los servicios de inteligencia de los regmenes autoritarios hagan realidad este ciclo.

Fue precisamente entonces, en pleno auge de su fuerza, integracin y brillantez cuando la revolucin demostr que no intentaba erigirse en el principal vengador ni pretenda ser una vctima absoluta e indefensa con derecho a vengarse. Todos los sirios se haban transformado en vctimas de un poder opresor que ha convertido el pas en una propiedad de las mafias de la familia gobernante, armadas de violentas polticas monopolistas y autoritarias.

En un principio, la revolucin no buscaba vengar a los sirios por dcadas de injusticia. El llamamiento a las armas no reson inicialmente. Se tena la determinacin de permanecer dentro de un desarrollo revolucionario natural, a pesar de los violentos intentos del rgimen para enredar a la revolucin en un veloz proceso de militarizacin. El rgimen enfrent las acciones no violentas de la revolucin con fuego, pero la revolucin contraatac esa actuacin adhirindose durante los largos meses sangrientos a las manifestaciones pacficas.

El triunfo de la revolucin radica en esto, en la percepcin general de esta cuestin. Debido a que el rgimen de Bashar al-Asad capt rpidamente esto, trat enseguida de ampliar el pie de pgina a expensas del cuerpo del texto, trabajando incansablemente para desintegrar la conciencia colectiva de la revolucin y desgarrar las vinculadas conciencias sirias.

Mediante su criminalidad y brutalidad contra manifestantes y disidentes, el rgimen sirio dio a la revolucin y a sus masas los elementos de victimizacin absoluta. Despus, junto a otros aliados y adversarios, apoy y promovi a los peores vengadores de todos los tiempos.

La revolucin defiende su conciencia

El Ejrcito Libre Sirio (ELS) naci de la necesidad de proteger las manifestaciones de infiltrados de los servicios de seguridad y de los ataques de venganza contra determinadas barriadas que seguan a cada manifestacin, no fue la consecuencia de que el pueblo demandara que se recurriera a la insurreccin armada. La guerra del rgimen, tanto sobre el terreno como en los medios de comunicacin, contra los batallones del ELS fue evidente desde el principio. Ningn rgimen, incluidos aquellos que apoyan la revolucin, aceptara la existencia de un poder militar relativamente autnomo. En este contexto, recordamos las palabras inmortales del mrtir Abdul Qadir Saleh (Hayyi Marea), el comandante de la Brigada Al-Tawhid en Alepo, en este video que ha circulado ampliamente: Todos los Estados nos estn tomando como ejemplo frente a sus pueblos. En retrospectiva, esto parece ser totalmente exacto despus de todos estos aos, al igual que parece que ningn partido tiene inters en la existencia de una conciencia que slo luche para protegerse de la barbarie de un rgimen.

Ha habido muchos ejemplos de revolucionarios y lderes rebeldes que rechazaron las directivas. La discusin aqu de la narrativa del ELS no contradice la adhesin previamente mencionada a las acciones no violentas. El objetivo no era tanto la defensa de la revolucin como de su conciencia, pero la defensa de la conciencia de la revolucin en todos sus modos de resistencia: pacfica y armada.

La lucha revolucionaria fue de hecho un intento de preservarse como alternativa poltica al rgimen. Representaba la conciencia que haba sido objeto de persecucin y asesinato masivo durante ms de cuatro dcadas por la totalidad de la geografa siria, con caracteres, costumbres, tradiciones y paisajes heterogneos aunque la victimizacin, sometimiento, injusticia y asesinato masivo fueran homogneos.

Por el contrario, las especificidades de cada regin o ciudad les han llevado a desviarse en sus propias narrativas de revolucin permanente, especialmente cuando las protestas diarias se convirtieron en un acto de autodefensa en una desigual batalla. Cada regin trat de sobrevivir bajo el fuego, de superar los llamamientos a la venganza, de dar algn sentido al genocidio en curso y a la total impotencia y graves prdidas.

Continuamos luchando una guerra de autodefensa contra una amenaza existencial real, incluso a nivel de las ideas y narrativas. Continuamos gritando: Estamos aqu en medio del fuego y nuestros intentos de eliminar a los que aventan las llamas no son sino una autodefensa primitiva e instintiva. Cada vez que se acuerda una tregua en alguna zona, la gente del lugar organiza de inmediato manifestaciones; deponiendo las armas y expresndose mediante cantos, gritos y pancartas.

Puede que se me acuse aqu de hacer slo hincapi en el lado positivo de esto, pero me estoy dirigiendo principalmente a la conciencia de la revolucin y a quienes la defienden. Ms all de eso, para m, todo lo que queda no es sino una nota a pie de pgina que nunca va a ensombrecer la cualidad principal, sin que importe cunto se expanda lo anterior.

El camino vuelve al sitio de partida

En esas condiciones de desintegracin, violencia y persecucin, no muchos revolucionarios han logrado evitar convertirse en algo tan monstruoso como quienes estn combatiendo. Por lo tanto, muchos han empezado a sostener un victimismo absoluto y a proclamar su derecho a la venganza. Como la venganza contra el rgimen parece ser cada vez ms inalcanzable en una guerra tan asimtrica, esas proclamas parecen haberse convertido en una lucha interminable y en una victimizacin perpetua.

Tras la masacre del este de Alepo y su xodo masivo, se habl mucho de la derrota de la revolucin. Fue entonces cuando se hizo necesario admitir la derrota. Pero yo afirmo que las revoluciones no pueden ser derrotadas, o al menos que su conciencia es indomable. La revolucin siria es la toma de conciencia de una geografa que se ha sacudido cuarenta aos de autoritarismo. La revolucin no es una victoria militar sobre el rgimen, tampoco el simple derrocamiento de un gobierno autoritario. Es ms bien una evolucin de los conceptos relacionados con el hombre y con su naturaleza fundamental. Si las revoluciones hubieran sido anteriormente derrotadas, nunca hubiera sido posible el surgimiento de la revolucin siria, o de cualquier otra.

Volviendo al tema de la victimizacin y venganza, muchos han sido los enemigos de la revolucin que han intentado vengarse de ella, as como de los que buscan venganza en su nombre. Cada regin tiene un enemigo nuevo y diferente: unas estn ocupadas o controladas por el Desh y comprometidas en una lucha contra ese grupo; otras en las que el rgimen y sus milicias han recuperado el control; y otras bajo el control casi total de las facciones islamistas extremistas. Lo que todos estos opresores comparten es el rechazo de la bandera de la revolucin y de sus consignas fundamentales. En medio del xodo masivo, del asesinato masivo, de la destruccin masiva, de la deformidad cultural y demogrfica de ciudades y geografas, de masacres como las que presenciamos en Alepo a finales del pasado ao, acaso no es necesario admitir la derrota? Pero la pregunta previa debera ser: Quin surgi victorioso y sobre quin? La entidad que se supone que ha sido vencida y derrotada, era un nico partido, una faccin, un ejrcito o un Estado? Puede ser en cualquier caso derrotado?

No, esta entidad era y sigue siendo una conciencia, y mientras la venganza prosiga contra esta conciencia, no sufrir derrota. Ms bien progresar hacia un proceso productivo eficaz. Tal vez la primera prueba de esto sea la capacidad misma de muchos revolucionarios para admitir la derrota, ya sea como crtica, desesperacin o esperanza en que cesen el bao de sangre sin fin y la devastacin gratuita.

El ataque cruel contra quienes admiten la derrota, o contra quienes se han referido a los ltimos acontecimientos como derrota, es la admisin mxima de la derrota. La mayor parte de los atacantes se han autoproclamado jueces que emiten sentencias y acusaciones de traicin sobre otros segn su grado de victimizacin, de su carcter absoluto de vctimas. Esto es precisamente lo que hace que al final el camino vuelva al principio si el rgimen triunfa al hacernos semejantes a l: personas que reclaman el derecho a la venganza en nombre de la vctima.

Esta mentalidad se ha puesto de manifiesto en muchos debates de reciente memoria, como el que se produjo tras la publicacin del artculo de Munther Masri Ojal no fuera. En realidad, ese artculo no era ms que la admisin sinceramente expresada de la desesperacin y un intento de crtica. Cae bajo la categora del grito a travs del fuego, como vctima y como testigo. En este caso, los juicios se referan principalmente a la posicin del autor dentro de los grados de victimismo. Esto es exactamente lo que deberamos rechazar, por muchas razones. Primero, impide que un gran nmero de testigos documenten o discutan sus experiencias y testimonios. Esa documentacin y discurso es un deber obligado para con la revolucin y las vctimas, y es tambin el derecho de la gente a testificar y discutir sus ideas libre y abiertamente.

Este modo de pensar y de juzgar abre la puerta al monopolio de algunos sobre el martirio de otros y a las acusaciones de traicin, por no hablar de lo que supone escarbar en las historias y antecedentes. Esto result muy evidente en el caso de la exposicin del pintor Yusef Abdelki, que decidi celebrar en Damasco. La expresin de las opiniones sobre este evento acabaron rpidamente en acusaciones de traicin y muchos escritores empezaron a indagar en la historia del artista. Con independencia de la posicin de cada uno sobre la exposicin y el artista, el mtodo de abordarlo se caracteriz por un monopolio similar al que ejerce el rgimen, donde los propaladores asuman el derecho a hablar por las vctimas y el derecho a vengarlas.

Es importante abrir caminos para la discusin y expresin de opiniones respecto a ambos acontecimientos. Es tambin importante que el resto de personas pueda discutir, i.e., aquellos que permanecen en las zonas controladas por el rgimen. Sin embargo, ya sea para defensa o procesamiento, debe haber ciertos criterios para juzgar a las personas y valorar sus experiencias.

Pero, cmo podran abrirse estos caminos y que los resultados sean justos y tiles si los que permanecen en Damasco y otras zonas controladas por el rgimen no pueden presentar sus experiencias, porque no son lo suficientemente vctimas como para tener este derecho? Si hemos llegado al punto en el que consideramos a los disidentes en esas zonas como traidores o sospechosos hasta que se demuestre su inocencia, esto significa precisamente que la revolucin ha sido derrotada, porque significa que este pas es efectivamente la Siria de Bashar al-Asad, no la nuestra.

Si furamos a discutir los criterios de enjuiciamiento, y si furamos a entrar en el reino de la respuesta y el debate, debera afirmarse que quedan muchos disidentes en Siria que se niegan a llevar a cabo cualquier actividad que pueda beneficiar al rgimen. Muchos de ellos han emprendido diversas actividades a pequea escala que slo han beneficiado a la revolucin.

Por tanto, si furamos a juzgar a todos en consecuencia y rechazar cualquier actividad dentro de las zonas controladas por el rgimen, no deberamos oponernos a las actividades culturales en el exterior de Siria en solidaridad con las personas que estn dentro del pas? Este es solo un argumento por s mismo porque si ahondamos en preguntas como estas, entonces todo el mundo debera de permanecer en silencio. Lo que necesitamos hoy en da es un debate pblico que impida que el camino vuelva otra vez al sitio de partida, en donde algunos monopolizan el derecho a hablar del resto.

Esto no es una defensa de alguien; es una defensa de la revolucin, de cada uno de nosotros. La revolucin siria se caracteriza por el hecho de que no es una revolucin ideolgica o partidista; es la revolucin de la conciencia siria. La vida de la gente durante la revolucin no ha sido algo general, tampoco ha podido abarcarse en consignas y cantos. Eran vidas individuales. Cada sirio/a tiene una voz y una patria. La revolucin se refiere an a ellos como manifestantes, detenidos, liberadores, refugiados, mrtires, pesimistas, optimistas, creyentes y ateos. La revolucin ha sido, y sigue siendo, el ncleo de las conciencias sirias conectadas porque estableci sus propias redes de solidaridad que triunfaron en las calles, barriadas y ciudades del pas, de nuestro pas Siria.


(Traducido del rabe original al ingls por Yaser Al-Azayat)

Abdelhamid Yousef forma parte del grupo de jvenes escritores de Al-Jumhuriya.net

Fuente: https://www.aljumhuriya.net/en/content/interdependent-consciences-syria

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter