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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-09-2017

Las decisiones de Estados Unidos en Afganistn continan siendo las mismas disfrazadas en administraciones demcratas o republicanas
Bush-Obama-Trump: 17 aos de la misma poltica exterior en Afganistn

Martn Pastor
Rebelin


Con la promesa aislacionista de Primero Amrica (America First), el republicano Donald Trump cautiv a los votantes estadounidenses para lograr un inesperado triunfo sobre la demcrata, Hillary Clinton convirtindose en el 45 Presidente de los Estados Unidos. Uno de los ejes de esta propuesta era dejar atrs la poltica neoconservadora de nation building (construir nacin) de sus antecesores en pases extranjeros como Afganistn, y enfocarse netamente en los Estados Unidos. Sin embargo, en la realidad los intereses polticos, econmicos y coloniales de la nacin norteamericana pesan ms y en Afganistn las cosas siguen iguales.  

El lunes 21 de agosto, Trump anunci que Estados Unidos continuar la ocupacin militar ms larga de su historia (16 aos desde la invasin en 2001). El flamante plan presentado para el pas asitico implicara una nueva y reforzada estrategia militar: el envo de ms tropas, la eliminacin de fechas para una posible retirada y una postura ms cortante con Pakistn. El presidente norteamericano dej claro que esta vez no van a construir una nacin, van a matar terroristas.

El cambio radical de postura sorprende, especialmente al analizar la posicin de Trump previo a su investidura como presidente. En varios tuits entre 2012 y 2013 critic la poltica de Obama al calificar la presencia de tropas en Afganistn como un gasto de dinero y pidiendo una retirada apresurada.



Pero tal como Trump dijo, la realidad es diferente al estar en la Oficina Oval. Las promesas de campaa se han visto reemplazados por los verdaderos intereses del imperio. En este sentido el presidente est aplicando la misma frmula que sus antecesores, Obama y Bush, con su toque particular de retrica populista llena de calificativos hollywoodenses pseudo-nacionalistas. Pero, a fin de cuentas, al continuar las mismas polticas, nada ha cambiado.

La invasin militar estadounidense de Afganistn inici en 2001 bajo la administracin Bush, con la Operacin Libertad Duradera y la Operacin Herrick por parte de las fuerzas britnicas. A pesar de que lograron la cada del rgimen talibn en menos de seis meses, la posguerra ha demostrado tres administraciones que no estn dispuestas a aceptar una derrota, a pesar de haberlo admitido en varias ocasiones.

Tras el reagrupamiento de los Talibanes entre 2003 y 2008, el Jefe del Estado Mayor Conjunto de Bush, Almirante Mike Mullen admiti en 2008, que no est seguro que estn ganando. Durante la administracin Obama, el escenario fue similar. Christopher Kolenda, que trabaj como consejero mayor sobre Afganistn y Pakistn en el Departamento de Defensa (2009-2014), considera que los Estados Unidos corren el riesgo de dar vueltas en crculos sobre el tema.

Los mismos neoconservadores, gestores tericos de la guerra, lo admitieron. Laurel Miller, analista de la corporacin RAND (think tank de las Fuerzas Armadas estadounidenses) quien dirigi la oficina del Representante Especial para Afganistn y Pakistn, opina que una victoria militar no es plausible en un marco de tiempo cercano. Inclusive Trump acept y critic a sus generales porque considera que estn perdiendo la guerra.

Tras invertir aproximadamente 841 mil millones de dlares en el conflicto ms largo de su historia y con un costo de vidas, segn un reporte de mdicos internacionales, entre 2001 y 2011 de aproximadamente 94000 civiles y un total estimado de 220 000 vidas; esta invasin se puede calificar como un fracaso. Entonces, por qu los Estados Unidos se niegan en salir? La respuesta se encuentra en los intereses de Washington.

Desde su victoria en el frente del Pacfico en la II Guerra Mundial, los Estados Unidos no han vuelto a ganar un conflicto blico la primera Guerra del Golfo no es considerada como un triunfo ya que Saddam Hussein sigui en el poder. Esto no es una casualidad, ya que para el complejo militar-industrial una guerra larga y sin fin programado representa ms ganancias.

En 2016, en un reporte entregado al Congreso de los Estados Unidos por la oficina del Inspector General encargado en la Reconstruccin de Afganistn (SIGAR) se estipula que desde 2001 a 2014 se direccion un total de 113 mil millones de dlares a la reconstruccin de Afganistn. Poniendo en perspectiva y con el ajuste de inflacin correspondiente, esto representa 10 mil millones ms de lo destinado para la reconstruccin de toda Europa tras la II Guerra Mundial con el Plan Marshall.

Lo que llama la atencin es el uso de estos fondos. El dinero ha sido destinado a contratistas privados en reas de seguridad, gobernanza, operaciones humanitarias, civiles y anti narcticos. Es importante destacar que a pesar de gastar aproximadamente 7.5 mil millones de dlares en operaciones para detener la produccin de opio solo en 2016 se lleg a registrar la segunda cifra de plantaciones ms alta en la historia afgana (201 000 hectreas - 2014 registr 224 000).

Paralelamente, la industria blica se ha visto beneficiada. Cuando inici la invasin, Bush envi 10 000 soldados en los primeros dos aos (2001-2002), ya para mediados del 2008 la cifra increment a 48 000. Por su parte Obama, continu la misma lnea y envi aproximadamente 20 000 tropas ms y fue en su administracin que la cifra lleg a un histrico nivel: a diciembre del 2009, 100 000 soldados estaban acuartelados en Afganistn. En 2016, Trump recibi a Afganistn con 8 400 soldados y tras sus declaraciones este agosto, 3 900 tropas nuevas se embarcarn.

Pero solo estas cifras no pintan la realidad afgana, es necesario sumar a los contratistas militares privados. Estos pueden definirse de mejor manera como mercenarios pagados, asalariados de las dos grandes empresas de seguridad militar Blackwater y DynCorp. Segn el reporte sobre los niveles de contratistas y tropas del Departamento de Estado en Iraq y Afganistn entre 2007 y 2017, la cifra de mercenarios en promedio es la misma que las tropas.

Fuente: Martn Pastor/Reporte Department of Defense Contractor and Troop Levels in Iraq and Afghanistan: 2007-2017. Abril 2017

La guerra en Afganistn es un negocio redondo. Entonces si la mquina de dinero funciona por qu pararla. Con el armamento adquirido destruyen la infraestructura que luego ellos reconstruyen y con los soldados/mercenarios en tierra mantienen a la poblacin controlada y generan an ms tensiones. Pero esta tampoco es la nica razn por la que no es una opcin salir de Afganistn, otra razn para quedarse se encuentra bajo tierra.

Segn un grupo especializado de oficiales del Pentgono y gelogos norteamericanos, el tesoro mineral de Afganistn llega a bordear un billn (trilln en ingls) de dlares. Entre estos se encuentran los metales ms codiciados del mundo: cobre, hierro, cobalto, oro y litio clave para la industria tecnolgica en la actualidad. Tan importantes son estos depsitos que segn el Huffington Post, en un memo interno del Pentgono se ha considerado a Afganistn como la Arabia Saudita del Litio.

En 2006 durante la administracin Bush se realiz un mapeo areo de posibles zonas mineras y Obama continu el proyecto con el fin de establecer una industria minera, sin mayor resultado. Pero parece que para el hombre de negocios convertido en presidente, esta labor se va a cumplir. En julio del 2017, consejeros de Trump se reunieron con Michael Silver, propietario de American Elements, empresa especializada en minerales de tierras raras para analizar la realidad de un proyecto minero privado en tierras afganas.

A su vez, Stephen Feinberg, multimillonario estadounidense, contina aconsejando a Trump sobre Afganistn con el fin iniciar sus propias operaciones mineras. Feinberg, a su vez, es el propietario de DynCorp, una de los ms grandes contratistas militares del mundo que trabaja con el Departamento de Defensa en Iraq y Afganistn.

Pero el reloj ya inici a correr ya que China se encuentra en conversaciones desde 2007 con el gobierno afgano para iniciar un contrato minero de cobre de tres mil millones de dlares al sur de Kabul. Trump no est dispuesto a perder ante el gigante asitico y su lgica en Afganistn ser, como l dijo, la frase antigua de: al vencedor, los despojos. Salir de Afganistn significara para Estados Unidos generar un hoyo que China o Rusia estn dispuestos a llenar.

Otra de las razones por las que ninguna administracin quiere admitir la derrota es netamente poltica. La guerra en Vietnam es un ejemplo de un conflicto que fue pasando de administracin en administracin ya que nadie quera ser el presidente que perdi la guerra y se retir. Algo similar ocurre con Afganistn, a pesar de que pblicamente es una derrota, admitirlo y retirarse es algo que ningn lder quiere en su record.

Para completar la ecuacin estn los intereses de ciertos grupos afganos, que ven en la salida de Estados Unidos un fin para su bienestar. Esto se debe a que con el discurso del orden el gobierno norteamericano tras la invasin asumi el pago de los salarios del personal militar, policial y ciertos puestos gubernamentales afganos. En 2016 se destin aproximadamente 710 millones de dlares para sueldos y estn estimados 615 millones para 2017.

Uno de los problemas que esto ha generado es la institucionalizacin de corrupcin en las esferas militares y policiales afganas. En otro reporte de SIGAR del 30 de abril 2016, oficiales estadounidenses aceptan que ni los Estados Unidos ni sus aliados afganos sabe cuntos soldados y policas afganos existen, cuntos estn disponibles, o, la realidad de sus capacidades operacionales. Este personal afgano asalariado por Estados Unidos cobra un promedio de 150 USD por mes. Una retirada de los norteamericanos implicara despedirse de este ingreso mensual.

Adems en una investigacin realizada en 2016 por el consejo poltico de la provincia de Helmand al suroeste del pas, se asegura que un aproximado de 40% de las tropas afganas enlistadas no existe. Los soldados fantasmas cobran un sueldo que termina en los bolsillos de mandos medios o altos de las fuerzas armadas o policiales afganas. Para acentuar el conflicto y la disparidad salarial que llena las filas de nuevos militantes, un soldado talibn recibe un salario aproximado de 300 USD mensuales, casi el doble que en las FFAA afganas.

Todos estos factores hacen que la situacin en Afganistn contine empeorando. En 2017, la Misin de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistn (UNAMA) indic que la cifra de civiles muertos (1662) desde enero a junio es la segunda ms alta en los ltimos ocho aos -2014 marc 1686 muertes.

Segn un reporte a mayo 2017 de SIGAR, los talibanes controlan 11% de los 407 distritos afganos, el gobierno 60% y el 29% continan en disputa. Cifras que demuestran el fracaso total de los Estados Unidos y el gobierno aliado en Afganistn ya que en noviembre 2015, los talibanes controlaban el 7% de los distritos y el gobierno un 72%.

La conclusin es clara: ms tropas, ms fuerza bruta nunca ha funcionado y no funcionar esta vez. Lo nico que resultar es en mayor desestabilidad a un pas que ha experimentado guerra por ms de 40 aos. Adems quienes s se vern beneficiados son los bolsillos de los contratistas privados, los intereses del complejo militar-industrial, y las agendas neoconservadoras.

Una posible solucin, como ya lo mencionaron el mismo Trump y el General John W. Nicholson Jr., comandante de las fuerzas estadounidenses en Afganistn, es llegar a tener un acuerdo poltico con la dirigencia talibn. bajen las armas y acplense a la sociedad afgana, dijo Nicholson en una conferencia de prensa convocada en Kabul este 24 de agosto. Para lo que la administracin actual espera contar con el apoyo de Pakistn e India, un fuerte actor en la geopoltica de la regin.

Sin embargo, esta propuesta diplomtica se enmarca en la nueva estrategia de Trump, es decir llegar al acuerdo a travs de ms violencia. El ex presidente afgano, Hamid Karzai, que en su momento fue vido aliado de Washington y ahora crtico, expres que esta es una frmula solo es un mensaje de matar, matar, matar. Al igual el Ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergey Lavrov, coincidi que la estrategia es un enfoque sin salida.

Por ltimo, los Talibanes han sido claros sobre su posicin. En una carta pblica dirigida a Trump el 15 de agosto, explicaron que no habr paz hasta que las fuerzas extranjeras invasoras salgan de Afganistn; lo que neutraliza cualquier propuesta estadounidense al momento. Al parecer con la nueva administracin norteamericana nada cambiar, atrs queda Amrica Primero y ahora Afganistn vuelve a ser prioridad en Washington.



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