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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-09-2017

Ante la crisis civilizatoria
La hora de los pueblos

Carlos Soledad
Rebelin


Sobran muestras de que el proyecto de modernidad capitalista impuesto por la civilizacin occidental nos arrastra peligrosamente al colapso planetario. Vivimos una crisis sistmica integral, cuyas guerras, refugiados y cambio climtico son los elementos ms dramticos. En Mxico, ante la reciente lista de agravios denunciada por los pueblos indios y el EZLN, a travs del Congreso Nacional Indgena, los pueblos han respondido con una propuesta sorprendente: presentarse a las elecciones presidenciales de 2018, mediante un Concejo Indgena de Gobierno y una portavoz de la etnia nahua de Jalisco, Mara de Jess Patricio Martnez. Su propuesta abre un camino nuevo para la esperanza. Una esperanza que va mucho ms all de la lucha por la alternancia poltica promovida abajo y a la izquierda.

Una reflexin superficial entendera la apuesta slo como una estrategia indgena para sobrevivir ante la situacin de exterminio que acosa histricamente a los pueblos y que se ha intensificado en estos tiempos de capitalismo tardo. No obstante, la propuesta del movimiento indgena representa una oportunidad invaluable para que todas y todos los mexicanos comencemos a construir un proyecto alternativo al que se ha venido imponiendo desde la conquista. Un proyecto propio, soberano, que coloque como protagonista a nuestra civilizacin de matriz cultural mesoamericana. Se trata no slo de comenzar a cerrar el ciclo de dominacin que se abri hace 525 aos, se trata tambin de enfrentarnos adecuadamente a la crisis sistmica actual con las herramientas culturales que nuestra civilizacin originaria nos aporta.

En 1972, el Club de Roma dio la alarma al mundo sobre la imposibilidad de continuar con el modelo de desarrollo industrial, estableciendo lmites al crecimiento. Ivn Illich (1926-2002), pensador inclasificable, fue mucho ms all, en La Convivencialidad (1974) asegur que la lgica industrial, corazn de la modernidad y el desarrollo, no slo era peligrosa en el mbito de la produccin, sino que tambin generaba la contra-productividad de las instituciones de servicios: la tecnologa, la escuela, la salud y el transporte, por nombrar algunas de ellas. Illich, que vivi gran parte de su vida en Mxico, inspirado por el espritu comunitario de los pueblos mexicanos, abog por sociedades que priorizaran lo vernculo, que recuperaran la escala humana y que pusiera cotos al crecimiento de la industria de fabricacin y de las instituciones de servicios. Hoy es la hora de Illich, la hora de los pueblos.

En una lnea similar, en 1987, el clebre antroplogo mexicano, Guillermo Bonfil Batalla (1935-1991) indic magnficamente: se trata de ver Occidente desde la comunidad y dejar de ver a la comunidad desde Occidente. Lucidamente en su obra maestra Mxico profundo (1987) seal que las alternativas de organizacin poltica y econmica presentadas por Occidente -capitalismo o socialismo- en un principio opuestas o irreconciliables, tienen en realidad los mismos objetivos y se polemiza solamente sobre qu camino es mejor o ms corto. No obstante, ambos proyectos proponen un pas industrializado que asegure a sus habitantes niveles de consumo cada vez ms altos, particularmente consumo de bienes materiales. En cambio, nuestro autor propuso, redirigir Occidente y otorgar a nuestra civilizacin originaria, a la cultura mesoamericana, el protagonismo. Hoy ha llegado ese momento, es la hora de los pueblos.

Sin embargo, el Mxico de hoy contina preso de los valores de la civilizacin occidental. Para Bonfil gran parte de la poblacin ha asumido el proyecto modernizador como propio y se ve a s misma como portador de la civilizacin universal que, por su carcter nico y superior, entraa la negacin y la exclusin de cualquier proyecto civilizatorio diferente. Para Occidente, el proceso civilizatorio es uno slo y se define a partir de los mismos supuestos bsicos: la historia es un proceso infinito de avance rectilneo; el avance consiste en un dominio y una capacidad de explotacin de la naturaleza cada vez mayores, en beneficio del hombre; los beneficios que genera el avance se expresan y realizan en un consumo cada vez mayor, finalmente, la trascendencia del hombre se cumple en este proceso.

El Mxico profundo, en cambio, ha heredado en mayor o menor medida un proyecto civilizatorio diferente. A grandes rasgos existe una actitud completa de simbiosis con la naturaleza. No es vista como enemiga, ni se asume que la realizacin se alcanza a medida que se aleja de ella. Se reconoce al hombre y la mujer como parte del orden csmico y se aspira a una integracin permanente, que slo se logra mediante una relacin armnica con el resto de la naturaleza. Los pueblos aprenden en la vida, en la familia, no en la escuela neo-colonial y es en el servicio comunitario donde encuentra la trascendencia.

La economa indgena, al contrario del proyecto occidental, genera escasos mrgenes de excedentes y por tanto un nivel bajo de acumulacin. Las culturas indias tienden a la autosuficiencia que ofrece una seguridad bsica, un margen ms amplio para subsistir. Quien acumula individualmente, en vez de gastar en lo que la comunidad establece, pierde prestigio y autoridad. El trabajo comunitario y el sistema de cargos, basados en la democracia directa, a diferencia de la democracia representativa occidental, son una va para la trascendencia. No se recibe salario, se adquiere el compromiso de devolver lo que otros hacen por uno. La autosuficiencia y la economa de prestigio tienden a igualar los niveles materiales de vida y obstaculizar la gestacin de diferencias de riqueza.

Finalmente, para los pueblos indios, la unidad con el cosmos se expresa tambin en el tiempo. Se trata de un tiempo cclico, no rectilneo. Una espiral inacabable, termina un ciclo y comienza otro nuevo, que no son iguales, pero pasan por las mismas fases. En esta lgica, los pueblos indios son conscientes de la posibilidad de un nuevo florecimiento. El nuevo Mxico, no renunciar a los grandes aportes que ha cosechado a lo largo de su historia, pero se posicionar ya no como un pas atrasado y subdesarrollado segn los cnones impuestos, sino como una nacin autntica con sus propias metas. Solo as, se podr hablar por fin de una descolonizacin verdadera. Es la hora de los pueblos.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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