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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-09-2017

Hondarribia Blues Festival
Nos roban hasta el Blues

Vocesenlucha


Maldigo la poesa concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavndose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesa de quien no toma partido hasta mancharse

Gabriel Celaya

 

Verano de un ao complejo para nosotros: regreso despus dos aos de trabajo de campo en Latinoamrica, vuelta al lugar de origen sin ser los mismos, meses de trabajo intenso, bla bla bla. A la espera de una semana de reuniones en Euskadi, decidimos subir un par de das antes al festival de blues que todos los aos se celebra en Hondarribia: el Hondarribia Blues Festival. Un festival no masificado, de entrada gratuita, que despliega sus actuaciones en las bellsimas calles norteas y donde se puede degustar una parrillada o una paella popular a un precio asequible junto al puerto mientras se disfruta de algunas de las mejores bandas de blues del momento. Un fin de semana para descansar, recordar viejos tiempos y desconectar de todo, incluso de poltica. Algo imposible, como veremos.

Llegamos al camping del Faro de Higuer, que sola acogernos unos aos atrs, instalamos nuestra tienda de campaa frente a un bellsimo acantilado y pensamos: quin cambia un hotel de lujo por esta cama de csped frente al Cantbrico?

Bajamos al pueblo, damos un paseo y entramos en la carpa donde se celebran los conciertos. Nos hacemos con el programa y tomamos asiento mientras escuchamos a los primeros grupos de la noche. El plan de desconexin poltica marcha bien hasta que ojeando el programa nos encontramos con tremenda sorpresa: entre el elenco de grupos de este ao hay una invitada de honor: Annika Chambers. Leemos su breve biografa y estas palabras nos desconciertan: fue durante dos de sus turnos de servicio en el ejrcito de Estados Unidos cuando Chambers se dio cuenta del regalo que tena. "Uno de mis coroneles me escuch cantar y me dijo: Por qu no cantas el himno para una de nuestras ceremonias? A partir de ah, Chambers se convirti en parte de una banda de gira haciendo rondas a travs de Kosovo e Irak, dando la bienvenida y elevando la moral de las tropas. Lo que nos sorprende ya no es tanto el hecho de que esta voz negra porte en su currculum el haber cantado para las tropas del ejrcito invasor del nico imperio global de la historia, causante de millones de muertos, gran parte de ellos civiles, sino que quienes hayan elaborado el programa del festival consideren necesario informarnos del hecho. Nos preguntamos entonces quin gobierna en este pueblo. Lo poltico nos invade sin remedio.

Hondarribia es un pueblito de la costa noreste de Guipzcoa pegado al Pas Vasco francs de apenas 17 mil habitantes. De una belleza especial, en el pasado fue un lugar de enorme actividad pesquera, su principal actividad econmica en aquel tiempo. En la actualidad sigue manteniendo el puerto pesquero, pero esta actividad, en crisis, ha disminuido su importancia, siendo hoy un lugar eminentemente turstico y residencial, lo cual se deja ver en su morfologa. Desde 2015, Txomin Sagarzazu, del PNV, ocupa la alcalda de Hondarribia. Este partido dirige la poltica municipal desde 1995. El Partido Nacionalista Vasco, alrededor del cual se agrupa histricamente gran parte de la burguesa nacional de Euskadi, un partido de derechas ms parecido a la derecha europea que a la espaola, pero burgus al fin y al cabo. No hay ms que revisar su pasado antirrevolucionario, su ambivalencia durante la guerra civil a pesar de situarse del lado republicano y sus posteriores pactos con el franquismo. El caso es que descubrimos que nuestro querido alcalde, Txomin, ha sido citado en el Juzgado de Instruccin n 2 de Irn (Guipuzkoa) en calidad de Investigado, nuevo eufemismo de lo que conocemos como Imputado, por un presunto Delito de Prevaricacin Administrativa. Corrupcin, hablando claro. Ah lo dejamos.

Paseando por las calles de Hondarribia, por el precioso Barrio de la Marina o el casco viejo, sorprende la tipologa de personas que mayoritariamente pasea y consume en las muchas terrazas de bares y restaurantes del pueblo. Uno de los grandes problemas del turismo es que desvirta los lugares convirtindolos en una suerte de no lugares [2] despersonalizados y uniformadores, motivo por el cual precisamente hoy se alza la voz contra un tipo de turismo destructor que banaliza las identidades. No es difcil adivinar que la Hondarribia que hoy conocemos no tiene nada que ver con la Hondarribia de hace 50 aos. Aunque ya desde el pasado fue lugar de retiro de la alta burguesa vasca.

Viendo pues la `categora social de los transentes del lugar, pensamos que en Euskal Herria tampoco van ganando los buenos, y nos asalta la primera de las preguntas complicadas: cundo un pueblo se convierte realmente en un pueblo? Es decir, cundo la gente se convierte en pueblo? Basta con la aglomeracin en espacio y tiempo de intereses individuales para ser pueblo? Es Hondarribia un pueblo? Por suerte Hondarribia es algo ms que lo que uno ve en una visita de fin de semana.

En los ltimos tiempos, el Alarde, acto central de las fiestas populares de Hondarribia, una procesin cvico-religiosa que renueva el voto a la Virgen de Guadalupe en agradecimiento a la victoria contra la invasin francesa en 1638, ha sido objeto de una lamentable polmica con motivo del logro de la inclusin de mujeres en un desfile hasta hace poco nicamente masculino. Precisamente despus de un Alarde de hace 41 aos, la Guardia Civil asesin a tiros a Josu Zabala, un joven delineante de Irn. Haca apenas un ao que haba muerto Franco y masivas manifestaciones pedan libertad y democracia. Josu, despus del Alarde, acudi un 8 de septiembre a una de esas manifestaciones en Hondarribia. Cuando la marcha pasaba por el barrio de La Marina, la Guardia Civil comenz a disparar y Josu fue abatido a tiros. El gobierno de Hondarribia dimiti en pleno y la alcaldesa, Mercedes Iridoi, pas la noche junto a la familia del joven. Este asesinato gener enormes protestas en la poca, y desde entonces, cada 8 de septiembre, en medio de sus fiestas, el pueblo de Hondarribia homenajea a Josu Zabala.

Esto de las fiestas, las vrgenes y lo popular despert recientemente otra fuerte polmica por la concesin de la medalla de oro a la Virgen del Rosario por parte del Alcalde de Cdiz, Kichi, de Podemos. Sectores de izquierdas criticaron este hecho por considerarlo un atentado contra la laicidad que se supone a todo organismo pblico. Desde la alcalda se defendieron argumentando que se hizo por el apoyo ciudadano que tiene esta propuesta, con 6.000 firmas, nada que ver con el supuesto componente religioso".

Pero volvamos al blues. Resulta imposible disociar la historia del blues de la historia del pueblo negro y afroamericano. El blues nace de la garganta golpeada de un pueblo. Nace de raz africana en tierra ultrajada. Nace en Estados Unidos entre campos de algodn y tabaco bajo espaldas dobladas, maltratadas, latigadas. Nace amarrado por argollas, encadenado de pies y manos durante extenuantes jornadas de trabajo. Nace siendo grito, escape, dolor y llanto. El blues es esclavitud y es resistencia. Es lamento y canto de libertad. Es llanto y es horizonte, lgrima y maana. El primer instrumento del blues es la voz. El segundo las cadenas. Sus primeras letras son un grito contra la opresin. Msica parida del alma de un pueblo oprimido econmica y socialmente. Imposible no apreciarlo cuando uno siente una voz como la de Willie Walker, a quien escuchamos conmovidos. Incluso a la misma Annika Chambers. La tremenda contradiccin que supone que esa milagrosa voz se preste a colaborar con semejante empresa imperial no es algo nuevo. Los nacientes sellos discogrficos de principios del siglo XX en EEUU ojearon a cantantes y guitarristas en los propios campos de trabajo, se los llevaron a la ciudad y les ofrecieron todo tipo de lujos y vicios mientras las cuentas del banco de las discogrficas crecan como la espuma. Robert Johnson, Muddy Waters, Little Walter, Jimmy Rogers, Buddy Guy, Howlin' Wolf, Chuck Berry, Bo Diddley, o Ray Charles son slo algunos de esos dioses de la msica. Muchos de ellos, como es lgico, no acabaron demasiado bien.

El blues se expresa en lengua inglesa porque ingls era la lengua del imperio britnico, que se hizo con el pastel colonizador en el norte de Amrica, a donde fueron desplazadas y esclavizadas ms de 15 millones de vidas arrancadas de frica, que queda desangrada y descompuesta. Las mejores gargantas del blues han cantado en ingls. Y lo que se mama, se tiende a reproducir tambin en otras latitudes. Pero cunto celebramos que haya grupos que mantienen la ms autntica esencia del blues cantando en otras lenguas, como lo hacen Belceblues o Star Blues, con sus letras en euskera, a quienes escuchamos desde nuestras sillas blancas marcadas con el sello de Coca Cola a la espalda. Los que se pretenden dueos de los espacios y las cosas las marcan con su sello como ayer se marcaba a fuego el cuerpo negro de los esclavos.

La contradiccin que hace que lo popular, lo que suele llamarse cultura popular -como si existiera otra-, se exprese mediante un elemento utilizado como arma colonizadora, una lengua en este caso, no es ms que la contradiccin a la cual estn abocados prcticamente todos los pueblos histricamente oprimidos. Entender cualquier lengua como una expresin que nace del mismo pueblo y no de aquellos que hacen de ella un yugo colonizador puede ser un modo de sobrellevar la contradiccin que resulta del ataque a la propia identidad mediante la imposicin de otro paradigma cultural. En el mejor de los casos, el elemento cultural invasor no eclipsa por completo al propio, caso en el cual se conserva la lengua originaria, como los muchos pueblos indgenas en el continente americano.

La realidad del da a da no opera bajo parmetros racionales. La expresin, desarrollo y sincretismo de los elementos culturales cuando se encuentran entre s es algo que, aun bajo condiciones de opresin, ocurre de manera espontnea, casi natural. El pueblo, en su contradiccin, en su sobrevivencia, resignacin o resistencia, se apropia sabiamente de las otras formas culturales, las incorpora, las transmuta, las funde y las hace suyas. Las convierte en otra cosa. As ocurri en las muchas culturas americanas, que mientras se amoldaban a las prcticas evangelizadoras del catolicismo, seguan practicando sus ritos sagrados a escondidas, conservando as su ms preciado secreto, su identidad. As nunca olvidaron quines eran. Encima de cada huaca (lugares sagrados) los espaoles pusieron cruces. Los indgenas frente a las cruces, seguan rezndole a sus huacas. Con el tiempo esto se expres en un sincretismo cultural y religioso de gran riqueza. Hoy emerge lo indgena y lo catlico pierde peso. Los ms esencialistas dirn que esa cultura primigenia ha quedado contaminada. Por suerte la realidad no sabe de esencialismos eurocentristas de escritorio. Lo cultural es cambio permanente, expresin viva de los pueblos, nunca materia inerte objeto de museo.

Y el blues es un buen ejemplo de ello. El origen del blues estuvo marcado por los cantos propios de las comunidades y tribus del frica Occidental que fueron llevadas a Estados Unidos para trabajar como esclavas en los campos de cultivo, sobre todo de algodn y tabaco, en los primeros aos del siglo XVII [3] . Esos cantos africanos, muy marcados por la cosmovisin y la religiosidad de aquellas tribus, funden su espiritualidad con la religin cristiana que se les impone. De este sincretismo, nace la rumba y el son en Cuba, la samba en Brasil, el merengue en Dominicana, la cumbia en Colombia o el blues en Estados Unidos.

En una ocasin alguien dijo que el blues es msica negra hecha para negros mientras que el jazz es msica negra hecha para blancos. Aunque los odos de quien escucha y es capaz de emocionarse con la belleza no sabe de colores, lo cierto es que lo blanco, entendido como elemento colonizador, hoy de signo capitalista, al cabo de los aos ha ido absorbiendo el blues, como todo lo que toca, despojndolo de su aspecto ms cultural, de su origen y su elemento poltico y emancipatorio para convertirlo en otro objeto de consumo. En ese sentido, lo que nace como llanto, grito y resistencia del pueblo negro, se convierte en espacio de privilegio de consumo blanco.

El blues nace en el campo y se exporta a lo urbano. All, del blues surge el soul, el rock and roll, el folk, el heavy, el punk, el pop, el reggae y hasta el hip hop y otros gneros musicales, que nacen por influencia blanca aunque tambin popular, por supuesto, y se convierten en nuevos instrumentos comunicativos portadores de contenidos.

En ese transmutar de las sociedades, y por ende de sus expresiones culturales, nacen estas msicas. Aparentemente rebeldes, en la mayora de los casos terminan siendo funcionales, pues no pasan de una rebelda esttica. El sistema las absorbe convirtiendo la tribu urbana en un espacio de autoconsumo que produce sujetos apolticos que con el tiempo ni siquiera conservan la tribu, tornndose moda individual. El amor romntico empapa las letras musicales sustituyendo el grito de dolor emancipatorio y libertador. Si bien son muchos los que siguen utilizando estas expresiones musicales para gritar contra la injusticia, con el tiempo, como la sociedad, la msica tambin se va despolitizando. Se extrae de su elemento, de su origen, queda secuestrada por la sociedad postmoderna. Por qu un elemento de expresin como la msica, que nace del corazn del pueblo, deja de hablar de sus problemas y anhelos como sociedad y la temtica omnipresente de sus letras pasa a ser el amor romntico patriarcal? Se debe acaso a un proceso natural?

Hay momentos histricos en los cuales la msica cobra un papel importante como arma reivindicativa ligada, por ejemplo, al movimiento hippie de los 60, con las famosas protestas contra la guerra de Vietnam, en las cuales lo hippie quiz fuera la parte ms visible, pero el fenmeno involucraba a muchos ms actores sociales, activistas que fueron quienes realmente impulsaron las luchas desde organizaciones a favor de los derechos civiles: estudiantes, obreros, profesores, religiosos, madres de soldados, abogados, antiguos militares, periodistas, afroamericanos,

En pocas de represin violenta surgen letras musicales que, aparentemente descafeinadas, esconden veladamente toda una crtica al poder establecido. Pas as en el franquismo espaol, donde los artistas tenan que ingenirselas para sortear la criba de tozudos censores.

Hay ejemplos de msicos que se convirtieron en iconos de la msica protesta como Bob Dylan, que con el tiempo tuvieron una lamentable evolucin. En el Estado espaol tenemos el ejemplo de Ana Beln, Vctor Manuel o Joaqun Sabina, que de tan rojos que eran se volvieron azules. No fue as el caso de John Lennon, quien despus de su etapa de los Beatles, tan musicalmente excepcionales como oos, radicaliz su discurso en su etapa en solitario (precisamente desde su unin sentimental con Yoko Ono, a quien misginamente se culpa de la separacin de los Beatles), llenando de contenido social y reivindicativo sus letras. Recordemos la famosa cancin Working class hero (hroe de la clase obrera). Desconocemos cul habra sido su evolucin sencillamente porque lo mataron.

Quizs podamos identificar un momento simblico en el cual lo musical fue definitivamente secuestrado y despojado de su esencia como vehculo transmisor del palpitar social y poltico. Se lo debemos al grupo The Who. Fue en el famoso festival de Woodstock, cuando Peter Townshend, lder del grupo, baj a guitarrazos del escenario a un activista que subi improvisadamente para hablar de la detencin injusta de John Sinclair, gritando: "Lrgate, fuera de mi jodido escenario!. Sntoma y preludio de los nuevos tiempos, la poltica efectivamente fue expulsada de los escenarios.

Quizs este hecho simblico anunci algo ms: la muerte de la poltica en Occidente. Cuando se convirti definitivamente en distinguida profesin de seores con corbata que atan sus intereses y negocian con las grandes financieras las campaas en las cuales bombardean a la poblacin de promesas que luego nunca cumplen. Cuando la poltica se baj de los escenarios, de las canchas de ftbol, del teatro, del cine, de los templos y hasta de la sopa, fue muy fcil expulsarla de las escuelas, de los hospitales, de las fbricas y de los centros de trabajo. Como el blues, la poltica fue secuestrada. Clasificando cada cosa en su lugar nos quitaron lo ms importante: el cuerpo que articula la vida social como horizonte de dignidad. Se compartimenta en articulaciones flotantes que vagan por el espacio incierto de la posmodernidad, donde el blues, el ftbol y la sopa son objetos despojados de su esencia cultural y poltica al servicio de un sistema perverso que todo lo corrompe.

Cada cosa en su lugar, solemos escuchar. La poltica es poltica, el blues es blues y el ftbol es ftbol. Pero Es cierto que en este circo capitalista los espacios llamados culturales hoy despolitizados estn ajenos a toda inclinacin ideolgica? Son espacios desprovistos de un inters econmico? Podra parecerlo.

Regresemos al festival de blues de Hondarribia. Sentados en el muelle junto al mar, a una distancia prudencial de la carpa, nuestros ojos se detienen en grandes anuncios publicitarios que se interponen entre nosotros y el escenario. Adems de los patrocinadores pblicos, como TVE2 o la Diputacin Foral de Guipzcoa, encontramos otros, los que precisamente invaden nuestra visin: Calsberg, Mercedes Benz, Coca Cola, El Diario Vasco o Euskaltel se anuncian erguidos y omnipresentes. Acaso alentar la sociedad de consumo no es una suerte de incitacin ideolgica? Acaso no es ese precisamente el alimento que nutre el estmago bulmico de la ideologa dominante?

Todo son preguntas. Por eso seguimos preguntando: es casualidad que sean tantos los msicos que han muerto en plena juventud? La respuesta sencilla suele ser eso de la mala vida que rodea a los artistas: sexo, drogas y rock and roll. Pero todo es siempre ms complejo. No ser que despus de adentrarse en ese grito salvaje de la garganta originaria, de viajar a ese espacio donde todo es llanto, no se pueda ya permanecer inerte ante el dolor del mundo, y, preso de sus contradicciones, de su vida glamurosa insustancial, acaben por la va rpida lo que de otra forma supondra un ejercicio de transformacin excepcional? Vaya usted a saber.

Lo que nadie puede negar es que esta sociedad, donde lo poltico ha sido secuestrado por una panda de mafiosos que en lugar de hacer poltica juegan a `ser polticos, genera muertos en vida, vidas enterradas, enfermos mentales y mentes enfermas a un ritmo insostenible.

El blues, el soul, el rock, el pop, y los muchos festivales hoy tan de moda, como el ftbol o la religin, as concebidos, son una terapia colectiva que, al igual que la medicina occidental, slo pala los sntomas de una sociedad enferma de s misma, sin atajar la raz.

Seguimos sentados en el muelle del barrio de La Marina en Hondarribia, a cierta distancia del escenario, junto a grupos de chavales que conversan ajenos a la belleza del blues, la mayora hijos de empresarios con su velero correspondiente amarrado en el puerto. Protegidos por la banda sonora de una garganta negra y blusera, parida desde el dolor profundo de un pueblo, pensamos que una pregunta que debemos hacernos como sociedad apunta precisamente al corazn de lo poltico: Qu es la poltica? Concebir la poltica como un espacio alejado del da a da, de todos los mbitos de la sociedad, no es ms que perpetuar el secuestro de la poltica. Lo poltico apela necesariamente al espritu de servicio [4] hacia el bien colectivo y comunitario. Lo poltico, entendido desde su elemento, es inseparable de lo tico, de la bsqueda universal del bien comn desde un proyecto colectivo. Eso hoy sigue secuestrado.

La otra de las preguntas sociales clave apela a lo cultural: Qu es la cultura? Solemos llamar cultura a una suerte de manifestacin elevada de produccin artstica o intelectual. Eso como mucho sera una manifestacin cultural entre tantas, a veces ni eso. Por supuesto que el arte es cultura, pero quizs lo sea ms la artesana, que suele ser descatalogada del rincn de las artes por las altas esferas. Afirma el antroplogo Manuel Delgado que "el espectculo de la cultura" se ha convertido en "un sacramento y una mercanca". La cultura tiene que ver con el repertorio de expresiones, comportamientos y manifestaciones de una sociedad, desde la gastronoma hasta la msica pasando por la religin, el trabajo, las fiestas, el modo de construir nuestras casas o hasta el cmo nos vestimos. La forma en que el sujeto social expresa todas esas facetas de la vida de un pueblo, que es una construccin social, colectiva, y que difiere de unos pueblos a otros, es la cultura.

Cul es y debe ser la relacin entre lo poltico y lo cultural? Si entendemos ambos trminos desde su elemento, toda. Si nos ceimos a la actual prdida de valores colectivos, sociales, culturales y polticos, la relacin es poca y de muy mala salud, pues se encuentra regida por lo mercantil.

En estos tiempos de imperialismo global, lo cultural se convierte tambin en espacio de disputa y en arma invasiva, motivo por el cual se difuminan las diferencias bajo un halo homogeneizador que acaba con las formas de expresin de los pueblos, con su cultura. Esto lo han comprendido los pueblos indgenas en Amrica Latina, que en este instante luchan con su vida para proteger y recuperar sus identidades y sus espacios simblicos y territoriales en contra del uniformismo globalizador imperante.

No lo ha entendido tan bien una parte de la izquierda, que declina si quiera dar la batalla por ese espacio, abandonndolo como espacio de disputa y cedindoselo por completo a la maquinaria de la derecha, que hoy estudia a Gramsci en sus centros de pensamiento. Esto lo vemos en espacios como el ftbol o la religin. Respecto al ftbol, recomendamos la lectura del libro de ngel Cappa y Mara Cappa, Tambin nos roban el ftbol. En cuanto a la religin, con el pasado de la iglesia en este pas puede ser normal que desde una perspectiva crtica no sintamos cario hacia ella. Pero el espacio religioso es mucho ms que la institucin jerrquica, patriarcal y colonizadora de la Iglesia. El espacio religioso tiene mucho que ver con el sentimiento popular, con las prcticas de los pueblos, con lo cultural, donde lo religioso y lo pagano se funden en una dualidad tan similar y compleja como la santsima trinidad. Construir hegemona implica recuperar esos espacios e insertarse en esos espacios, llenarlos de contenido poltico emancipador. En Amrica Latina, donde nos llevan siglos de ventaja, eso lo entendieron de maravilla. Por eso surgi all la Teologa de la Liberacin, con sus Camilos, Cardenales y Romeros [5] . Desde esa perspectiva hay que interrogarse si es inteligente criticar la decisin del alcalde de Cdiz. Que la derecha comprenda y practique mejor que nosotros la teora gramsciana es cuando menos preocupante.

Lo fundamental de lo cultural y lo identitario es que ejerza de pegamento comunitario de los anhelos populares, de elemento de cohesin que reivindique la soberana y el derecho del pueblo a actuar, pensar y apropiarse de lo poltico desde todos los espacios de lo social.

Por suerte, lo poltico nunca desapareci por completo de los escenarios, se mantuvo como residuo inclume y testarudo en las voces de muchos cantautores, de grandes bluseros, de rockeros que siempre cantaron mirando lo que pasaba en las calles. En los ltimos aos, el rap ha preado la msica de una marea incontenida de palabras henchidas de contenido social y disidente. La poltica regresa al escenario de los muchos espacios sociales y culturales. Pero todava queda mucho por hacer.

Afirma Joan Garcs: los Estados, existen y perecen. Los pueblos con conciencia de tales permanecen [6] . Conciencia de tales. Conciencia de pueblo. El blues naci de la reconstruccin de la conciencia del pueblo negro norteamericano. Esas conciencias negras, convertidas en esclavas, arrancadas de cuajo de la tierra que les daba vida, despojadas de su esencia, se vieron obligadas a reconstruirse, a encontrar otra nueva conciencia de pueblo, otra nueva identidad, la del pueblo afroamericano, en la que el factor de opresin a que fueron sometidos cobra una importancia fundamental. Por eso no debe olvidarse. Al menos para que, como ejemplo de la ignominia, no vuelva a repetirse. La prdida de memoria es la garanta de la repeticin de la infamia. Ocurre igual con la memoria cultural, con la conciencia de los pueblos. La prdida de memoria cultural es la garanta de la muerte, del fallecimiento de un pueblo. El pueblo afroamericano construye una nueva identidad mediante elementos como el blues, expresin de esa identidad que incluye para siempre la identidad originaria africana. Queda contenida dentro de l. Y as garantiza su supervivencia.

Mirando la realidad desde un pequeo rincn del Estado espaol, nos preguntamos: Cul es nuestra conciencia de pueblo? Acaso somos un pueblo o muchos pueblos? Pueblo andaluz, pueblo vasco, pueblo castellano, pueblo gallego, pueblo asturiano, pueblo cataln, Pueblos. Un proyecto colectivo de Estado puede incluir a varios pueblos que hay que definir en lo poltico: nacin, patria, estado federal, nacin de naciones, estado plurinacional, Conceptos que por s solos no dicen nada. Slo acompaados de un contenido simblico, de un horizonte y un proyecto colectivo comienzan a susurrarnos su esencia. Conceptos cuyo contenido tambin suelen llenar otros. No obstante conceptos de un arduo debate sobre lo territorial que estamos obligados a afrontar.

La mayor tarea histrica de los pueblos es precisamente tomar conciencia de pueblo. Lo cultural, la expresin popular e identitaria de una sociedad, es la materia prima de esa toma de conciencia. Y no vale cualquier cosa. Tomar conciencia de pueblo implica y apela obligatoriamente a lo tico y a lo poltico. Mirar de igual a igual a otros pueblos, tender la mano a otros pueblos, alejarnos de todo chovinismo, de todo elitismo, de toda exclusin. Procurar el bien colectivo y comunitario de los sujetos que dan vida a un pueblo, a un proyecto nacional o supranacional. Para ello, resignificar los espacios populares de manera que no reproduzcan a la interna comportamientos y actitudes que alienten aquello contra lo que luchamos, es una tarea urgente. Llenarlos de contenido tico y poltico, una obligacin histrica.

El sistema de consumo alentado por el capitalismo depredador nos disputa estos espacios, los secuestra, los enajena, los despoja de s mismos para llenarlos de vaco, para robarles sus valores comunitarios, para arrancarlos de su elemento. Porque lo comunitario es la anttesis del capitalismo. Porque la solidaridad es la anttesis del capitalismo. Porque la hermandad entre sujetos y entre pueblos es la anttesis del capitalismo. Porque el internacionalismo es la anttesis del capitalismo. Porque la construccin de dignidad popular es la anttesis del capitalismo. Por eso desprecian y desvirtan lo popular. Por eso vacan y secuestran las expresiones populares. Por eso fomentan espacios televisivos, religiosos, musicales o recreativos que reproducen contenidos donde la mujer y el hombre son denigrados como sujetos, donde la realidad social es caricatura grotesca, donde lo poltico es banalizado, donde lo cultural es mercanca.

O devolvemos la poltica a los escenarios, a las canchas, a los templos y hasta a la sopa o nunca regresar a las escuelas, a los hospitales, a las fbricas y a los centros de trabajo. O devolvemos la poltica a todos los espacios de la sociedad o estamos abocados al tedio individual, la exclusin, el slvese quien pueda, la atomizacin, la desesperacin, la nada lquida, el secuestro o la muerte.

 


Notas

[1] Guio al libro de ngel Cappa y Mara Cappa Tambin nos roban el ftbol. Akal, 2017

[2] Los no lugares, Marc Aug

[3] Esclavitud, segregacin racial y los orgenes del Blues, web `Musicopolis

[4] Fals Borda, socilogo colombiano

[5] En referencia al cura colombiano Camilo Torres, al padre nicaragense Ernesto Cardenal y al arzobispo de San Salvador scar Romero

[6] Soberanos e intervenidos, prlogo del autor


Espacio de Comunicacin sobre movimientos y procesos sociales de Amrica Latina y el Caribe

www.vocesenlucha.com



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