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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2017

Dejar a Lenin gobernar y hacer gobierno con Lenin

Gabriela Quezada C.
ALAI


Las dos propuestas no se contraponen ni se entienden por separado, se exponen como el imperativo de los tiempos que hoy corren en Ecuador. Se acompaa de un genuino espiritu constituyente, de aquel tiempo, reciente, en que todos decidimos volver a tener Patria, refundarla y lograr reconstruir un pas hen el que todas y todos pudieramos realizarnos felizmente.

Transcurridos 10 aos de Revolucion Ciudadana, vimos con esperanza surgir los frutos del espritu alfarista, que los ecuatorianos plasmamos en la Constitucin de 2008. Hubo tropiezos y errores, como no; fuimos y somos parte de un proceso que tiene virtudes y defectos, como es natural.

Podemos afirmar que fue una dcada esperanzadora para la mayora de la sociedad ecuatoriana que vio al fin un pas con rumbo cierto, sincero, solidario, con un horizonte de justicia; la pobreza se vio reducida, la equidad y justicia social, en efecto, empezaron a caracterizar a la sociedad ecuatoriana. Sin dudas, fue un periodo que mejor la calidad de vida de miles de familias que por aos carecieron de los derechos fundamentales del ser humano.

Los cambios no fueron nada fciles de impulsar. Se necesit frreo compromiso, valenta y decisin, lo que trajo como consecuencia que un amplio sector de la ciudadana decidiera brindar un slido y sostenido apoyo al proceso transformador, liderado por Rafael. Por supuesto, como en todo proyecto democrtico, existan y existen francos opositores, con ideologas divorciadas de la RC.

Por otro lado, varios sectores de la poblacin en general y, de los actores polticos organizados, tomaron distancia con el gobierno de la RC, por diversas razones. Esta distancia no implic necesariamente un abandono con respecto al proyecto de cambio social, pero s fue claro en evidenciar una urgencia: revitalizar y oxigenar el proyecto poltico.

En concordancia, Rafael Correa fue certero en advertir dicha necesidad de alternancia en el poder y entrega la confianza a su compaero de frmula Lenin Moreno.

La mayora de los ecuatorianos, histricos convencidos del proceso de RC, le dimos nuestro apoyo a Lenin para iniciar esta nueva fase en el gobierno. Luego, ya una vez en la Presidencia, los desilusionados y francos opositores de la dcada pasada, renococieron en Lenin un lder carismtico a quien confan el futuro del pas.

Es as que hoy, el Presidente Moreno, cuenta con altsima aceptacin popular en su corto periodo de gestin.

Con este escenario de fondo, vemos cmo en la arena de PAIS corren vientos tumultosos.

A partir de la gestin desempeada y criterios emitidos por el actual Presidente, se ha gestado incertidumbre con respecto a la gobernabilidad con la que gozar el gobierno de Lenin dado los firmes cuestionamientos realizados por PAIS a su coherencia programtica. Ahora bien, Qu principios y objetivos establecidos en el proyecto poltico - Constitucin y Plan Nacional- ha desmontado?

Se denuncia tambin traicin para con el proceso de la RC. Reclaman que est atando trazos para retornar al pas al pasado, resucitando a la partidocracia, dando en bandeja a la derecha oligrquica y burguesa, parte importante del pastel nacional.

Para muchos, esta situacin de confrontacin "interna" es bastante incmoda e inadecuada, por no decir odiosa. Explico por qu.

Hasta donde entendemos, todos los comprometidos con el sueo bolivariano, elegimos a Lenin Moreno dado que representa la continuidad y el cambio con respecto al proceso de 10 aos transcurridos. Lenin encarna la necesaria oxigenacin de relaciones y ejercicios de poder, que es esencial regenerar para vitalizar y fortalecer los pilares del cambio social rumbo al Buen Vivir. Lenin es, en la actualidad, la posibilidad de corregir los errores, robustecer los aciertos y acelerar con paso firme los logros an pendientes, establecidos en el plan nacional.

Esta nueva fase en el proceso post-dcada ganada, implica apostar por el liderazgo y dar apertura a la creatividad y capacidad de Lenin, de acuerdo a sus estrategias, confiando, apoyando y co-gobernando, tal como en su momento lo hicimos con Rafael Correa.

Es tambin un reto para quienes no toleramos la incertidumbre y -con justa razn- tememos perder lo que nos ha costado tanto lograr. Precisamente, el reto esta en no desesperar y jugar en contra martillando a lo construido.

No hay disputa que no hayamos ya vivido, tambin en el gobierno de Rafael tuvimos que compartir la poltica con actores contra-transformacin y disputar los espacios; el Estado es una arena de antagonismos y contradiccin.

No hay intransables siempre que el gobierno mantenga el compromiso con Montecristi de forma honesta y evidente.

Tampoco hay agenda que inventar, pues la Constitucin es el camino que an debemos volcar a la realidad. Su concrecin solo avanz unos primeros pasos en estos 10 aos de RC, por lo tanto, queda mucho por consolidar. Debemos ser concientes de que continuamos en un periodo de transicin y que la gua sigue sindo la misma: aquella utopa realizable, el Buen Vivir.

En definitiva, dejemos a Lenin gobernar y hagamos gobierno con l participando con pensamiento crtico constructivo, sin dogmatismos ni pasiones irracionales y poco objetivas, con permanente estado de alerta, pero no alarmante; estamos en la misma orilla, debemos seguir remando contra las corrientes que persisten y vendrn con fuerza para oponerse al an naciente Ecuador de justicia y dignidad.

Fuente: http://www.alainet.org/es/articulo/187990



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