Portada :: EE.UU.
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2017

Al fin la victoria!
Los ltimos resistentes

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


En las guerras estadounidenses, el fracaso es un xito

Fue sangrienta y brutal, una verdadera guerra generacional, reconozcamos su mrito. Finalmente, ellos ganaron donde tantos perdieron.

James Comey fue despedido. De Sean Spicer solo queda un montn de cenizas. Anthony Scaramucci se estrell y se inciner en un instante. Reince Priebus esperaba una vida regalada pero finalmente fue despedido. Despus de siete meses, Steve Bannon consigui la vieja destitucin y poco despus le sigui su adltere. A Sebastian Gorka se le ense la puerta de la Casa Blanca sin miramientos. En medio de un aguacero de posibles conflictos de intereses y escndalos, Carl Icahn se retir. Se dice que Gary Cohn ha estado al borde de la renuncia. As van las cosas en la administracin Trump.

Excepto con los generales. Pensemos en ellos: son los ltimos resistentes. Ellos lo consiguieron. Tomaron las alturas de Washington y se mantienen all con una notable gallarda. Tres de ellos, el consejero de la Seguridad Nacional y teniente general H.R. McMaster; el secretario de Defensa y general retirado del cuerpo de marines John Mattis; y el ex jefe del departamento de Seguridad Interior, en estos momentos jefe de Estado Mayor de la Casa Blanca, general retirado del cuerpo de marines John Kelly, se mantienen solos si se hace excepcin de los familiares del propio presidente Donald Trump en el pinculo del poder en Washington.

Esos tres generales provenientes de las guerras perdidas de Estados Unidos son ahora triunfadores. Uno de ellos es el ltimo guardin cuando se trata de a quin ve el presidente. Los tres tienen influencia en sus pensamientos y discursos. Ellos son los civiles que controlan a las fuerzas armadas y la poltica de guerra de Estados Unidos. Ellos y solo ellos han hecho que el presidente fuera contra sus impulsos ms profundos, como lo admiti en su discurso a la nacin sobre la guerra en Afganistn (Mi instinto me peda actuar, y toda la vida me ha gustado seguir mis instintos). Ellos le han convencido de que libere a las fuerzas armadas (y a la CIA) de una supervisin significativa de cmo llevan adelante sus guerras en todo el Gran Oriente Medio, frica y, ltimamente, Filipinas. Incluso le convencieron que rodee sus operaciones futuras con una penumbra de secretismo.

Sus guerras, las que empezaron hace casi 16 aos y no hicieron otra cosa que trasformarse y diseminarse (al mismo tiempo que proliferaba una variedad de grupos terroristas) ahora son solo suyas para pelearlas y... bueno, a todos nos afectan. Pero, retrocedamos un poco y pensemos en qu ha sucedido desde el pasado enero.

El presidente ms ganador y los generales ms perdedores

El ms sorprendente ganador de nuestra poca, y posiblemente para penetrar completamente en el espritu trumpiano cualquier otra desde que el primer protozoo se movi sobre la Tierra, entr en el Despacho Oval el 20 de enero y muy pronto se rode de un conjunto de generales provenientes de las guerras perdidas de Estados Unidos en la era posterior al 11-S. Para decirlo con otras palabras, el hombre que prometi que durante su presidencia los estadounidenses se aburriran de ganar Ganaremos tanto, os hartaris y cansaris tanto de ganar que vendris a m y me diris Por favor, no podemos ganar ms eligi muy pronto ascender a los tipos ms perdedores de la ciudad. Si han de creerse lo que se cuenta, es evidente que lo hizo debido a sus antecedentes de la escuela militar, su vieja chifladura por la fama que el general George Patton consigui en la Segunda Guerra Mundial (o al menos su versin cinematogrfica), y pese a que l mismo hizo todo lo posible para evitar el servicio militar en los aos de la guerra de Vietnam, su punto dbil son los generales bravucones como Mad Dog*

Durante la campaa electoral, a pesar de que un general elegido por l lanz la consigna Encerrmosla, el propio Trump fue sorprendentemente clarividente cuando se trat de la naturaleza del generalato estadounidense del siglo XXI. Sobre la cuestin se expres as: Bajo el liderazgo de Barack Obama y Hilary Clinton, los generales han sido llevados a la ruina hasta un punto vergonzoso para nuestro pas. Sin embargo, al acceder al poder, l se acerc a esa ruina para elegir a sus muchachos. En los aos anteriores, l haba tenido la misma clarividencia respecto de la guerra que acaba de prolongar en Afganistn. Acerca de este conflicto, tuite en 2013: En Afganistn hemos perdido una enorme cantidad de sangre y dinero. Sus autoridades no han agradecido nada. Salgamos de all!.

Por otra parte, la carrera de cada uno de sus tres generales elegidos est inextricablemente relacionada con las guerras perdidas de Estados Unidos. En 2005, el por entonces coronal H.R. McMaster adquiri su reputacin al mando del 3r regimiento de caballera blindada en la ciudad iraqu de Tal Afar, cuando la liber de los insurgentes sunnes al mismo tiempo que pona en prctica por primera vez las tcticas de contrainsurgencia que se convertiran en el meollo de la ofensiva del general David Petraeus en 2007

Solo un pequeo problema: la tan publicitada victoria de McMaster, como muchos otros xitos de las fuerzas armadas estadounidenses de esta poca, no fue duradera. Un ao ms tarde, Tal Afar estaba sumida en lla violencia sectaria, escriba Jon Finer, el periodista del Washington Post que haba acompaado a McMaster cuando entraba en esa ciudad. Estara entre las primeras ciudades iraques tomadas por los combatientes del Daesh en 2014 y no fue liberada (una vez ms) hasta hace muy poco tiempo por el ejrcito iraqu en una campaa respaldada por EEUU que la dej solo parcialmente en ruinas, al contrario de muchas otras ciudades de la regin, que quedaron totalmente destruidas. En los aos de Obama, McMaster sera el comandante de una fuerza de tareas en Afganistn que buscaba acabar con la desenfrenada corrupcin que se haba instalado en el gobierno respaldado por Estados Unidos de ese pas, un esfuerzo que acabara en un funesto fracaso.

El general Mattis, del cuerpo de marines, condujo la fuerza de tareas 58 en el sur de Afganistn durante la invasin de ese pas, estableciendo la primera presencia militar clsica estadounidense en el pas. Lo mismo hizo en Iraq en 2003, al mando de la 1 divisin de marines en la invasin de ese pas por parte de Estados Unidos. Ese mismo ao, estuvo involucrado en la toma de Bagdad, la capital iraqu; en la feroz lucha por la entrada y la destruccin parcial de la ciudad de Fallujah en 2004; y, en el mismo ao, el bombardeo de lo que no era otra cosa que una fiesta de boda y no un grupo insurgente cerca de la frontera siria (Cunta gente se rene en medio del desierto para celebrar una boda a unos 130 kilmetros del sitio civilizado ms cercano?, fue su respuesta a la pregunta de un periodista). En 2010, fue nombrado jefe del comando central estadounidense para supervisar las guerras de Iraq y Afganistn; lo hizo hasta 2013, cuando propuso a la administracin Obama que lanzara una operacin en noche cerrada para apoderarse de una refinara de petrleo iran o una central elctrica, su nocin de respuesta apropiada al papel de Irn en Iraq. La propuesta fue rechazada, y Mattis fue apartado del comando cinco meses antes de lo previsto. En otras palabras, perdi la posibilidad de organizar an una interminable guerra estadounidense ms en Oriente Medio. Es conocido por sus Mattisismos, sus consejos a los marines en 2003: Sean corteses, sean profesionales, pero tengan un plan para matar a cualquiera que encuentren.

El general retirado del cuerpo de marines John Kelly fue subcomandante en Iraq, a las rdenes de Mattis, quien le ascendi a brigadier general en el campo de batalla (el actual jefe del estado mayor conjunto, general Joe Dunford, era por entonces oficial en la misma divisin; se dice que los tres siguen siendo amigos). A pesar de que Kelly tuvo un segundo periodo de servicio en Iraq, nunca combati en Afganistn. Sin embargo, uno de sus hijos (que en 2004 tambin haba luchado en Fallujah) muri all trgicamente cuando pis una mina de fabricacin casera en 2010.

McMaster fue una de las primeras personas del Pentgono que empezaron a decir que las guerras estadounidenses posteriores al 11-S eran generacionales (es decir, eternas). En 2014, dijo: Si pensis que esta guerra contra nuestro estilo de vida ha acabado porque alguno de los autoproclamados formadores de opinin y charlatanes est cada vez ms cansado de la guerra, por que quieren marcharse de Iraq o Afganistn, estis equivocados. Este enemigo est resuelto a destruirnos. Luchar contra nosotros durante generaciones, y el conflicto recorrer varias etapas, tal como ha sido desde el 11-S.

En resumen, es prcticamente imposible seleccionar tres hombres ms visceralmente relacionados con el estilo estadounidense de hacer la guerra, menos capaces de evaluar seriamente lo que han vivido o ms totalmente identificados con los fracasos de la guerra contra el terror, especialmente los conflictos blicos de Iraq y Afganistn. Ciertamente, cuando se habla de la ruina del generalato de EEUU en estos aos, Mattis, McMaster y Kelly estn en los primeros puestos de cualquier lista.

De hecho, piense el lector en ellos como los ltimos supervivientes de un sistema que en sus niveles superiores no es conocido incluso en sus mejores momentos por haber producido pensadores originales y creativos. Ellos son, para decirlo de otro modo, los mayores conformistas de cuatro estrellas; este es el tipo de personalidad que se necesita para hacer carrera en el generalato de Estados Unidos (parece que los pensadores originales y crticos nunca han ido ms all del grado de coronel).

Tal como lo indica la poltica afgana de la nueva era Trump, cuando se ven ante sus guerras y qu hacer con ellas, su respuesta es invariablemente alguna versin de ms de lo mismo (con los acostumbrados y de momento previsibles resultados).

Todos saludan a los generales!

Ahora, retrocedamos un poco de la situacin que tenemos. No sea que usted imagine que, cuando se trata de esos generales, las acciones del presidente Trump son una exclusividad de estos tiempos nuestros. Efectivamente, dos generales retirados y uno todava en activo en cargos que hasta ahora (salvo raras excepciones) estaban reservados para civiles de verdad representan algo nuevo en la historia de Estados Unidos. Aun as, este momento trumpiano debera verse como la culminacin de las polticas de las dos administraciones anteriores y no como un cambio.

En estos aos, los generales estadounidenses han fracasado en todas partes excepto en una, y eso sucedi en el nico sitio que de verdad importa. Llmele el punto muerto de Afganistan todas las veces que quiera, pero despus de casi 16 aos de que las fuerzas armadas de EEUU descargaran el podero de la ms estupenda fuerza de combate que el mundo ha conocido (tambin celebrada como la mayor fuerza para la liberacin humana que el mundo ha conocido), el Talibn est creciendo en esa tierra sumida en la ignorancia; esta es la definicin de fracaso, hganse las cuentas que se hagan. Ciertamente, en ese pas, los tres generales han sido perdedores, ya que junto con otros han combatido en Iraq, Somalia, Yemen, Libia y seguramente alguna vez en Siria (ms all de las posibles victorias que puedan apuntarse). En solo un lugar, su generalato funcion eficazmente, en solo un lugar ha tenido verdaderos xitos, en solo un lugar podra ahora proclamar convincentemente Al fin la victoria!.

Este lugar, por supuesto, es Washington DC donde ciertamente son los ltimos resistentes; en trminos trumpianos, ganadores absolutos.

En Washington, el generalato que ellos representan ha sido cualquier cosa menos una ruina. Siempre ha sido otra variedad de ms: ms de lo que quisieran, desde dinero hasta aumento de cada vez ms poder y autoridad. En Washington, han sido los ganadores incluso desde que el presidente George W. Bush lanz su Guerra Global Contra el Terror.

Lo que no pudieron hacer en Bagdad, Kabul, Trpoli ni en sitio alguno de todo el Gran Oriente Medio, lo hicieron admirablemente en la capital de nuestro pas. En los aos que utilizaron infructuosamente todo el poder de fuego del mayor arsenal del planeta contra enemigos cuyo armamento costaba lo mismo que una pizza, ellos continuaron embolsando miles de millones de dlares en Washington. De hecho, es razonable argumentar que los conflictos perdidos en la guerra contra el terror eran requisitos necesarios para ganar las batallas presupuestarias en la capital. Esos interminables conflictos blicos y un ms generalizado miedo (no tengo intencin de hacer un juego de palabras) al terrorismo islmico intensamente fomentado por el estado de la seguridad nacional han dado lugar a que en Washington se produjeran sorprendentes xitos de asignaciones presupuestarias; quizs sea esta la nica cuestin en la que Republicanos y Demcratas han coincidido durante este periodo.

En este contexto, la decisin de Donald Trump de rodearse de sus generales no significa otra cosa que hacer ms visible esta realidad. l ha dejado en claro por qu la expresin estado profundo, utilizada frecuentemente por los crticos tanto de la poltica militar como de la seguridad nacional de EEUU, no describe adecuadamente la situacin que se vive en Washington en este siglo XXI. Esa expresin da la impresin de un estado oculto dentro del Estado que controla conspirativamente al resto del gobierno. La realidad actual en Washington no se parece en nada a esto. A pesar de que su gusto por el secretismo y del deseo de tender un manto de sombra sobre las operaciones gubernativas, el estado de la seguridad nacional no ha estado en estos aos precisamente merodeando en la sombra.

En Washington, ms all de lo que pueda decir la Constitucin sobre el control civil de las fuerzas armadas, los generales al menos hasta ahora controlan a los civiles y el estado profundo se ha convertido en el Estado ms visible. En este contexto, hay algo que est claro, ya sea que hablemos de la coleccin de agencias de inteligencia del pas o del Pentgono, el fracaso es la nueva forma del xito.

Y en todo esto, una cosa sigue siendo fundamental: las guerras generacionales en pases remotos. Si queremos definir en pocas palabras cmo funciona esto, consideremos una sola lnea de una nota reciente del periodista Rod Norland en el New York Times sobre la guerra en Afganistn: Incluso antes del discurso del presidente [afgano] las fuerzas armadas de Estados Unidos y las autoridades afganas estuvieron elaborando planes de largo plazo, seala Norland; en ese contexto, agrega como de pasada, Las fuerzas armadas estadounidenses tienen un plan de 6.500 millones de dlares para hacer que la fuerza area afgana sea autosuficiente y que en 2023 acabe con su exagerada dependencia del poder areo de EEUU.

Pensemos un instante acerca de la relativamente modesta (apenas 6.500 millones de dlares!) de los ltimos planes de las fuerzas armadas de Estados Unidos para un futuro de ms de lo mismo en Afganistn. Para empezar, ya estamos hablando de seis aos ms de una guerra que, iniciada en octubre de 2001, en lo fundamental era una continuacin de un conflicto blico anterior librado entre 1979 y 1989, y ya es la guerra ms prolongada de la historia de EEUU. En otras palabras, la nocin de guerra generacional es cualquier cosa excepto una exageracin.

Recordemos tambin que, en enero de 2008, el brigadier general estadounidense Jay Lindell, comandante de la fuerza area combinada en Afganistn, estuvo elaborando un plan de ocho aos que habra dejado a la fuerza area afgana completamente dotada de personal, equipada, adiestrada y autosuficiente en 2015 (en 2015, Rod Norland examinara esa fuerza area y la encontrara en un estado deplorable, cercano a la ruina).

Entonces, en 2023, si la totalidad de esos 6.500 millones de dlares es ciertamente invertida tal vez la expresin ms adecuada sera despilfarrada en la fuerza area afgana, hay algo seguro: no ser autosuficiente. Despus de todo, pasados 16 aos y con ms de 65.000 millones de dlares algunos millones ms que lo 6.500 asignados por el Congreso para el adiestramiento de las fuerzas de seguridad afganas, estas fuerzas estn sufriendo pavorosas bajas, tienen una terrible tasa de desercin, sus filas estn llenas de personal fantasma y son cualquier cosa menos autosuficientes. Por que imaginar algo diferente con los 6.500 millones para la fuerza area de ese pas y seis aos ms tarde?

En la guerra contra el terror de Estados Unidos, semejantes casas deberan ser consideradas historias pronosticadas, aunque los generales perdedores de aquellas guerras perdidas se paseen muy ufanos por Washington. En cualquier lugar del planeta, los planes para 2020 2023 o incluso ms all de las fuerzas armadas de Estados Unidos sern sin duda nuevos mojones en la autopista del fracaso. Invariablemente, solo en Washington funcionan semejantes planes. Solo en Washington, ms de lo mismo resulta ser la formula fundamental para el xito. Da la impresin de que nuestras guerras perdidas son el teln de fondo de la ltima guerra triunfal en al capital de nuestro pas. Entonces, todos saludan a los generales de Estados Unidos, misin cumplida!

* Mad Dog (Perro loco) es el alias del general retirado del cuerpo de marines John Kelly. (N, del T.)

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176322/tomgram%3A_engelhardt%2C_the_last_men_standing/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter