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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2017

Justicia de la impunidad, memoria rebelde

Camila Umaa
www.eln-voces.com


La impunidad de crmenes de lesa humanidad en Colombia es una constante histrica. Aunque nos duela, es un resultado lgico: un sistema de genocidio continuo no se podra mantener si los propios rganos estatales encargados de administrar justicia castigaran de manera sistemtica las atrocidades.

Cuando eso pase comenzar el declive del genocidio. De ah que la correa de transmisin del terrorismo de Estado sea la inoperancia judicial para ponerle freno. Por eso los miles de agentes de la guerra sucia tienen como complemento necesario a miles de funcionarios judiciales no slo ineptos o que hacen la vista gorda, sino corruptos, cuando no abiertamente comprometidos con la represin oficial o encubierta de las fuerzas armadas o el paramilitarismo.

Tal el caso de la exfiscal de Cartagena, Mara Bernarda Puentes, quien en marzo pasado judicializ a ms de una docena de dirigentes sociales del sur de Bolvar, sealndoles de pertenecer al ELN. Su captura por vnculos paramilitares, sumada a las denuncias contra tres expresidentes de la Corte Suprema de Justicia que cobraron dineros en procesos relacionados con congresistas venales, pueden dar a pensar que en Colombia hay cambios de fondo en la justicia. Pero no es as: Lo sistemtico y general es esconder las responsabilidades, dejar hacer a los ms poderosos; no interferir en sus programas de violencia, saqueo, ratera y dominio. Quienes han desafiado esa lgica de impunidad desde instancias judiciales cumpliendo con su funcin legal, han recibido amenazas, debieron salir al exilio o han terminado asesinados. A ellos en algn momento habr de serles reconocido su intento de cumplir su labor. Pero el grueso de la judicatura merece lo contrario: un juicio histrico por su papel en la descomposicin del pas.

Pocos pases han superado parcialmente la racionalidad del genocidio y su contrapartida: la impunidad. En Argentina hay varios casos de jueces o fiscales juzgados por su complicidad en los crmenes de la dictadura. Y unas vigorosas movilizaciones en mayo pasado echaron para atrs una aberrante decisin por la que se investiga hoy a tres jueces de la Corte Suprema que avalaron aplicar el beneficio conocido como 2x1 a un torturador. Es tambin famoso el juicio a abogados, jueces y fiscales de la Alemania nazi (el juicio de los jueces: USA vs. Josef Altsttter, et al.). Estados Unidos juzgando a una parte de los funcionarios nazis (a otra parte de esos funcionarios la cooptara para sus propias estrategias llevndolos a su territorio para su servicio y proteccin).

Esas soluciones limitadas pueden considerarse de segundo o tercer orden, parte de un nivel de debate judicial tardo. Como el que se proyecta en los prximos aos en Colombia en el marco de los acuerdos del Rgimen con las FARC. Cmo actuarn en ese mbito, y en la Comisin de la Verdad que se crear, tanto las vctimas como las organizaciones consecuentes de defensa de los derechos humanos, ser constatado en los resultados del desmonte -o no- de la maquinaria civil, judicial, policial, empresarial, paramilitar y militar de esa violencia del Rgimen. El jesuita Javier Giraldo (http://www.javiergiraldo.org/), en juicioso anlisis crtico de esos acuerdos (ver Expectativas, logros y frustraciones de un proceso de paz), especialmente en el relativo a la Justicia Especial para la Paz, seala con fundamento la matriz de fracasos y describe cmo el captulo de garantas de no repeticin se hunde en retricas vacas e ineficaces.

Quienes asuman una larga lucha por una justicia ms autntica para conseguir mayor verdad, reparacin plena y garantas de no repeticin, debern resolver no solo problemas prcticos y jurdicos en una ventana de oportunidad, sino que tienen ante s un primer orden de problemas, que son de naturaleza cultural, tica y poltica. Lo tienen esas organizaciones de vctimas y derechos humanos, y por supuesto lo tenemos como ELN, pues debemos afrontar un arco de disyuntivas que impelen a elegir. No hay escapatoria.

 

Resistencia, tambin contra el olvido

Despus de dos dcadas (los aos 90 y la primera del siglo XXI) de ascenso de trabajos tericos y prcticos en torno al derecho a la memoria histrica y colectiva, desde hace ya unos aos se posiciona el llamado a olvidar, contra la memoria y la justicia. Muchos libros y recomendaciones van y vienen al respecto en muchos pases. Colombia no es la excepcin, ms cuando gana terreno un discurso de reconciliacin e impunidad que se afinca para pasar la pgina del horror, cuando ste en realidad subsiste de muchas maneras.

Ese discurso pretende instalar la amnesia anulando el registro histrico del dolor de los ms, de los sectores mayoritarios oprimidos; que desaparezca la referencia moral que se puede constituir con la sucesin de las luchas populares para el devenir.

Frente a ello, desde la experiencia de intercambio con muchos interlocutores en esta Delegacin de Dilogo, un concepto de resistencia nos ha sido trasladado para nuestra reflexin. Proviene de estudiosos del tema, especialmente en pases donde tambin se lucha contra el olvido, como Espaa, en compromisos epistemolgicos, ticos y polticos.

Se trata de la justicia anamntica: la memoria que seala la injusticia latente, el presente injusto. Esa memoria exige la coherencia de una poltica transformadora que no tiene ms que recordar y hacer recordar por todos los medios legtimos posibles, confrontando el abandono de losvencidos, reivindicando su memoria, la nuestra, recuperando lo que pudo ser y no fue porque un proyecto de control social autoritario lo intent cortar de raz.

En esa batalla de la memoria subversiva del sufrimiento y sus causas en la historia de este pas, el ELN seala la necesidad de recordar todos los dolores, insistiendo: verdad toda, verdad todos.


Fuente original: https://www.eln-voces.com/index.php/voces-del-eln/militancia/1240-justicia-de-la-impunidad-memoria-rebelde



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