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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2017

Sin territorio no hay vida

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


En los tiempos que vivimos hablar de derechos humanos ha perdido mucho espacio y sentido en las grandes declaraciones polticas. Es una realidad que evidencia que stos, en el pasado ms reciente, se usaron en demasiadas ocasiones como arma arrojadiza con fines ms de contienda poltico-ideolgica que de preocupacin verdadera por el ser y estar de la humanidad. As, aun hoy, pese a la escasez de esos discursos, todava estos derechos son usados con evidentes intencionalidades, cuando menos, muy discutibles. Se echa mano de ellos para condenar al gobierno de Venezuela, pero se olvidan los mismos cuando se habla, por ejemplo, de Mxico (200.000 asesinados, 30.000 desaparecidos y 350.000 desplazados en la ltima dcada). Qu decir cuando se da asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU a Arabia Saud o cuando algunos gobernantes, pese a la constante violacin de esos derechos y al financiamiento ideolgico y dinerario del yihadismo que hace la monarqua saud, justifican con no se sabe qu argumentos hacer negocios con ese pas, ya sea vendiendo trenes de alta velocidad para el desierto o armamento de todo tipo y condicin. El negocio es el negocio y los derechos humanos son otra cosa que no deben mezclarse con los primeros.

Sin embargo, esto no debe hacernos caer en el pesimismo. En su mayora el reconocimiento y ejercicio de todos los derechos humanos, individuales y colectivos, y para todas las personas y pueblos, debe de seguir siendo una constante en las acciones por construir sociedades realmente ms justas y democrticas de hecho. Subrayaremos este ltimo trmino, de hecho, en complementariedad imprescindible con otro, de palabra, que en demasiadas ocasiones se queda simplemente en eso, en la palabra, en el discurso sin su concrecin en obra.

Este mes de septiembre se cumple la primera dcada de una de las ltimas declaraciones internacionales de derechos de las Naciones Unidas. La Asamblea General de este organismo aprob el 13 de septiembre de 2007 la Declaracin sobre los Derechos de los Pueblos Indgenas. La misma supona un hito en la lucha de ms de 400 millones de personas que, a lo largo del planeta, siguen existiendo y exigiendo que se les reconozca como tales, al tiempo que como pueblos con los mismos derechos que los dems. Desde los procesos coloniales se haba intentado eliminar, y as se haba hecho en demasiadas ocasiones, a estos pueblos negndoles incluso el derecho a ser considerados personas, en un evidente ejercicio de racismo y xenofobia en sus grados ms extremos.

Pero la persistencia del movimiento indgena logr no solo volver a hacer visibles a estos pueblos ante el mundo, sino ir sentando en las mesas de negociacin a muchos gobiernos para avanzar en el reconocimiento de sus derechos. A lo largo de las dcadas 80 y 90 del siglo pasado se reformaron numerosas constituciones y se aprobaron leyes en mltiples pases, especialmente de Amrica Latina, que supusieron ostensibles avances en estos procesos. Incluso llegando a poner sobre la mesa de discusin nuevos conceptos de organizacin poltica como es la posibilidad del estado plurinacional en el marco del ejercicio del derecho de autodeterminacin, o la filosofa del Buen Vivir como forma de organizacin del pensamiento, pero tambin social, poltica y econmica, con especial reflexin sobre la relacin con la naturaleza. Pues bien, uno de estos momentos culminantes est precisamente, por su globalidad planetaria, en la aprobacin referida en la que la Asamblea General de Naciones Unidas reconoca y estableca el carcter especfico de los derechos individuales y colectivos de estos pueblos.

Evidentemente el paso siguiente, una vez conseguido dicho reconocimiento, est en el ejercicio verdadero y con garantas de la totalidad de los derechos, empezando por algunos centrales como es la posibilidad real de ejercer el de autodeterminacin y a definir su propio desarrollo como pueblos, evidentemente, ambos en directa relacin con el ejercicio de los derechos territoriales. Y este es el gran problema hoy, hasta el punto de que esa visibilidad y supervivencia recuperada vuelve a estar en peligro.

El artculo 23 de la Declaracin establece que los pueblos indgenas tienen derecho a determinar y elaborar prioridades y estrategias para el ejercicio de su derecho al desarrollo. Si entendemos ste ltimo trmino como un todo que contiene la posibilidad de definir los caminos y formas de caminar por parte de estos pueblos, su ejercicio se convierte en elemento irrenunciable para poder seguir existiendo y siendo lo que ellos mismos definan y quieran. Porque adems, el artculo 26 establece que los pueblos indgenas tienen derecho a las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han posedo, ocupado o de otra forma utilizado o adquirido, con el aadido de que los Estados asegurarn el reconocimiento y proteccin jurdicos de esas tierras, territorios y recursos. Dicho reconocimiento respetar debidamente las costumbres, las tradiciones y los sistemas de tenencia de la tierra de los pueblos indgenas de que se trate. Poco ms habra por aadir ante la claridad de este artculado.

Sin embargo, en el sistema neoliberal hoy impuesto estos derechos son permanentemente violados por agentes tales como las empresas, ya sean stas nacionales o transnacionales, con la aquiescencia de los estados que, en la inmensa mayora de los casos, prefieren proteger los derechos de las lites econmicas en vez de los de estos pueblos. As se ha denunciado en muchas ocasiones a lo largo de esta ltima dcada, y as hoy se sigue haciendo por parte de las organizaciones indgenas; estos pueblos soportan las mayores violaciones sobre sus tierras y territorios por parte de empresas cuyo nico objetivo es la explotacin salvaje de los recursos naturales para la obtencin del mximo de beneficios econmicos.

Un repaso por diversos paises, solo en el continente americano, permite entender perfectamente la realidad de la afirmacin anterior. En los ltimos tiempos del gobierno de Obama y los ms recientes de D. Trump salt a los medios de comunicacin la protesta de los pueblos sioux (dakotas) ante la construccin de un enorme oleoducto en sus tierras y el alto impacto medioambiental que ste podra suponer. En Guatemala, el pas se vende barato a transnacionales mineras o hidroelctricas, irrespetando el reconocido derecho a la consulta previa, libre e informada que tienen los pueblos indgenas que da a da se posicionan contra estas violaciones territoriales. Honduras ocup cierto espacio en la prensa tras el asesinato de la dirigente lenca Bertha Cceres por la defensa de este pueblo del ro que le da la vida; pero en este pas es continuo el asesinato de lderes indgenas que luchan por esto mismo. La firma de acuerdos de paz en Colombia, a pesar de los grandes beneficios que stos suponen para el pas, ha trado consigo un aumento de las muertes de lderes sociales e indgenas en todo el territorio, tras los que se esconden inters del paramilitarismo en abierta confluencia con los de oligarquas y trasnacionales por explotar los recursos naturales que ahora, con el fin de la guerra, quedan abiertos a una carrera sin freno. En un salto al sur del continente, en estas semanas, se protesta en Argentina por la desaparicin (1 de agosto) del joven Santiago Maldonado, quien participaba en actos del pueblo mapuche en la Patagonia en defensa de sus tierras y derechos. Argentina rememora as una de las pginas ms negras de su historia, como fue la ltima dictadura y los miles de desaparecidos; el pueblo mapuche rememora el permanente expolio de los ltimos 150 aos sobre su territorio, hoy de la mano de empresas internacionales, como Chevron o Benetton que posee, sta ltima, casi un milln de hectreas en este extremo del mundo.

Por todo esto en Amrica Latina y por mucho ms en ese mismo continente y lo invisibilizado en los dems (frica, Asia), cuando se cumple la primera dcada de la aprobacin por las Naciones Unidas de la Declaracin de Derechos de los Pueblos Indgenas, el grito de stos es claro. El reconocimiento de derechos debe ir acompaado de su ejercicio porque, por ejemplo, sin territorio no hay derechos, hay empobrecimiento y aculturacin que les aboca a la desaparicin, no hay autodeterminacin posible y desarrollo propio, en suma, sin territorio no hay vida. Y esto es algo sencillo de entender porque a todos los pueblos nos pasa lo mismo y as lo sentimos.


Jesus Gonzlez Pazos, Miembro de Mugarik Gabe.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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