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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-09-2017

Una laguna en la obra de Marx o ignorancia del lector?

Elmar Altvater
Viento Sur

El intercambio metablico entre naturaleza y sociedad en un modo de produccin basado en el valor


En los 150 aos transcurridos desde que se public por primera vez el Capital se han formulado tantos reproches contra Karl Marx y, en mayor medida todava, contra su amigo y coautor Friedrich Engels, que casi es imposible enumerarlas. A diferencia de los economistas polticos que le precedieron, Marx fue supuestamente incapaz de explicar la formacin de los precios. Es ms, segn sus crticos, la depauperacin que predijo de la clase obrera no se ha producido y el capitalismo no se halla en proceso de colapso, sino que ha surgido triunfante de la competencia entre sistemas. Tambin se acusa a Marx y Engels de haber allanado el camino, con sus escritos tericos y polticos, a las atrocidades de Stalin, siendo por tanto autores intelectuales de los crmenes cometidos en la edad de los extremos.

Estas son duras acusaciones que todava hoy sostienen no pocos periodistas. Claro que algunas de las lagunas que Marx sin duda dej abiertas en su obra, parecen ms bien responder a un prejuicio: Marx, y especialmente Engels, supuestamente no tenan respuesta alguna a las cuestiones ecolgicas que constituyen nuestra principal preocupacin en nuestros das. Se dice que no tuvieron en cuenta el hecho de que el valor no solo lo crea el trabajo, sino tambin la naturaleza; que, en su edificio terico, la naturaleza ocupa menos espacio que el que se otorga a la sociedad y que la nocin monotesta de la dominacin de la naturaleza por los humanos no se cuestiona crticamente. Sin embargo, un examen de los escritos conjuntos de Marx y Engels, especialmente del primer volumen del Capital, demuestra que los lectores han dejado manchas y huellas dactilares, es decir, rastros de su existencia ecolgica. Es imposible leer a Marx sin tener en cuenta la ecologa. Uno lee a Marx con la cabeza y, por consiguiente, con la razn, pero la experiencia tambin es tctil y uno gira las pginas con la yema de los dedos.

Un autor sin puntos ciegos en su obra es como un hroe sin tacha, un verdadero modelo de un santo o, en otras esferas, un pelmazo monumental. Por descontado, los lectores que viven 150 aos despus de la muerte del autor son, ante todo, ms inteligentes, o al menos deberan serlo, por mucho que el autor se llame Karl Marx. Sin embargo, esta inteligencia normalmente solo alcanza para detectar predicciones incumplidas del autor y para sealar una u otra laguna en su razonamiento; y para anunciar tales descubrimientos a los cuatro vientos. Algunos lectores solo son capaces de combatir las teoras de Marx armados con viejos argumentos.

Al igual que otros muchos autores y autoras, no cabe duda de que Marx dej muchos flancos abiertos. Estos puntos dbiles deben contemplarse como un reto para el lector de consolidarlos con sus propios pensamientos y los argumentos resultantes. Esto requiere cierto esfuerzo, por mucho que las lagunas que dej Marx encierren tanto potencial que podran dar pie a muchos centenares de ideas. Pero nadie cultiva estas creaciones en una poca en que el presidente de un falso pas ordena incursiones areas muy reales y mortferas a golpe de Twitter por debajo del umbral de reflexin, y cuando, de modo menos escandaloso, la crtica de ideas, incluso de teoras elaboradas para las que Marx aport una base cientfica y muchos ejemplos, pasa a formar parte de un oportunismo promocional adaptado afirmativamente, o cuando algn periodista insensato de un peridico respetado se propone la misin imposible de descubrir errores.

Nos referimos a Marx del mismo modo en que nos referimos a otras mentes preclaras que han impartido conocimientos indispensables para responder a los enigmas irresueltos en nuestra labor actual. Ni siquiera podemos nombrar a todas ellas porque algunas se han convertido en una segunda naturaleza y parte del discurso cotidiano, hasta el punto de que nos extraamos cuando alguien menciona la autora de algn pensamiento o dicho familiar; por ejemplo, que los economistas son gente que sabe el precio de todo, pero el valor de nada. Esto lo dijo Oscar Wilde, quien a todas luces, como poeta, lo saba mejor que el club de premios Nobel de economa que se renen regularmente en Lindau para reflexionar sobre s mismos en plan narcisista.

Marx dijo que las monedas y el dinero en efectivo del sistema monetario era un invento esencialmente catlico, mientras que el sistema crediticio [era] esencialmente protestante. Como prueba, aadi que esto ya lo ilustraba el hecho de que los escoceses odian el oro (El Capital, vol. III). Hoy sabemos que fueron sobre todo protestantes quienes crearon el sistema monetario del euro y protestantes los que estn tratando de abolir el dinero en efectivo en Europa. Una lucha entre confesiones lidiada con medios monetarios. Y Marx lo anticip porque conoca el vnculo indestructible que existe entre un modo de produccin basado en el valor y sus construcciones culturales e ideolgicas.

Con cada nueva lectura de El Capital, uno descubre algo nuevo. Pero esto solo sucede si uno aborda el texto con curiosidad y desde una perspectiva actual y no lo lee como una serie de mandamientos grabados en tablillas de piedra. Incluso 200 aos despus de que naciera Marx persiste el vano empeo de no querer ver el mundo bajo la misma luz, sino sumergirse en la penumbra de la propia falta de visin. Hay marxistas fundamentalistas que demonizan una relectura crtica de El Capital(como la de Mathias Greffrath, de 2017), aunque ahora son menos en nmero.

Es una tarea intelectual fundamental de la Ilustracin podramos aadir que con el fin de mejorar a la humanidad arrojar luz sobre todo el mbito de la lucha de clases, la diversidad de conflictos sociales y sus agentes, sus orgenes, sus dinmicas y formas de desarrollo y sus consecuencias deseadas y efectos secundarios no deseados. Esta diversidad es actualmente diferente de lo que fue durante la Revolucin Rusa en 1917, o un siglo antes, cuando naci Marx en Trveris en 1818, o en 1867, cuando Marx entreg en mano el manuscrito de El Capital a su editor de Hamburgo, Otto Meissner.

Se supona que no era un mero manuscrito de un libro, sino el ms terrible misil que se ha lanzado hasta ahora a la cabeza de la burguesa, como escribi Marx a Johann Philipp Becker el 7 de abril de 1867, poco despus de volver de Hamburgo. Un escrito terico, sumamente complejo y no fcilmente accesible a todos y todas que se convirti en un proyectil en la lucha de clases. La prueba de la praxis indaga en su calidad para el trabajo terico, para formular una estrategia y tambin para desarrollar tcticas en el ejercicio poltico de generar movimiento(s) social(es) y poltico(s). Todo el complejo de la sociedad burguesa, su economa y su ecologa, pasa a estar en el punto de mira. Marx destaca entre los economistas como el nico que, en las categoras que examina, considera y descodifica analticamente el contexto dialctico general de la materia y el valor, el material y la forma, el valor de uso y el valor de cambio, el trabajo concreto y abstracto, la naturaleza y la sociedad, la estructura social y la accin individual y colectiva, y por tanto de la teora y la prctica.

El contexto general del modo de produccin basado en el valor determina el enfoque analtico, la forma y el alcance de la crtica. Es holstico, ms completo que los enfoques analticos de otras ciencias sociales y escuelas de economa tericas, que de este modo presentan ms lagunas que los enfoques tericos de la obra de Marx y Engels. Por esta razn, Marx es el nico economista (s, el nico) en cuyo sistema de categoras pueden analizarse y debatirse adecuadamente los problemas ecolgicos de la sociedad capitalista. Es esta una afirmacin arrogante y por tanto descarada y boba? Es posible, pero hay buenos argumentos que avalan esta lnea de razonamiento.

Antes del comienzo de la era industrial impulsada por los combustibles fsiles tambin haba teoras econmicas, por lo que la historia del dogma se remonta hasta tiempos bblicos. Sin embargo, nicamente desde que el hombre comenz a utilizar los combustibles fsiles de modo sistemtico los trabajadores han sido capaces de emplear instrumentos para alterar la naturaleza que, por un lado, permiten aumentar la productividad del trabajo y la riqueza de las naciones hasta niveles antes inasequibles, pero que, por otro, tambin conducen a la destruccin de la naturaleza. El metabolismo de la reproduccin capitalista abarca tanto el consumo como la excrecin, es decir, la creacin de material natural, aunque su composicin no siempre puede ser tolerada por el hombre o la naturaleza. La crisis medioambiental comienza y los efectos que tiene este cambio en las condiciones de vida de la gente los describe Engels en su obra de 1844 titulada La situacin de la clase obrera en Inglaterra.

La posibilidad del crecimiento proporciona el mpetu para los esfuerzos tanto cientficos como empricos para investigar sistemticamente los orgenes de esta nueva riqueza. Proviene del comercio practicado en el mercado o del trabajo realizado en el proceso de produccin? Son preguntas que se puede plantear cualquier hada buena, pero a las que no puede dar una respuesta satisfactoria. Cuando el hada no llega, ha de intervenir la ciencia. Toma forma una nueva disciplina, al comienzo, por supuesto, dentro del canon cientfico tradicional. Por eso no es extrao que los enciclopedistas prerrevolucionarios de la Francia del siglo XVIII creyeran que las respuestas a las cuestiones econmicas se hallaban en la doctrina moral. En este punto, los neoliberales modernos solo pueden negar con la cabeza. En todo caso, naci la economa poltica. Empecemos por tanto con un breve repaso de las escuelas de pensamiento econmico ms influyentes que ha conocido el mundo desde el siglo XVIII.

1) Los economistas clsicos entendan que el valor econmico lo crea el trabajo y que el factor clave es el excedente, es decir, la plusvala. Tambin identificaban la diferencia entre material y valor, pero no llegaron a reconocer su forma social especfica. Para ellos, el capitalismo y la economa de mercado eran la ultima ratio del orden econmico y natural. La diferencia entre el excedente en las sociedades precapitalistas y la plusvala en la sociedad capitalista dej de ser un tema, tanto como la posibilidad de una sociedad poscapitalista o la cuestin candente en que se ha convertido hoy el medio ambiente.

No obstante, los economistas clsicos haban reconocido que la economa era poltica y que tena algo que ver con sentimientos morales y la tica, al tiempo que tambin tena que ser analticamente fuerte e influir normativamente en el orden de la comunidad. Por consiguiente, la economa poltica era al menos al comienzo de la poca burguesa un programa autoconsciente para disear lo que Leibniz consideraba el mejor de los mundos posibles. Para los intereses de la burguesa (la clase capitalista ascendente), la economa poltica clsica era una ciencia partidista. Todava no estaba afectada por los conflictos en torno a los juicios de valor desatados en el siglo XX.

2) La idea presuntuosa y realmente loca de la mejor sociedad posible ya fue ridiculizada a comienzos del siglo XVIII por Bernard Mandeville (1703) en su poema satrico La fbula de las abejas y por Voltaire en su novela Cndido, dirigida contra Leibniz. Claro que el escarnio y la burla no eran una crtica de la economa poltica, sobre la que Marx estaba trabajando desde la dcada de 1840. La economa poltica que surgi primero como ciencia de la mano de la burguesa no se desarroll hasta convertirse en una crtica de la economa poltica, sino que sigui el principio ms cmodo de separar todo lo que era econmico de los contextos sociales y polticos, as como de los conflictos, presiones de legitimizacin, tradiciones y costumbres. Esto encaja en el paisaje de lo que hoy es la economa de mercado capitalista prevaleciente.

La economa se convirti en la ciencia de una economa de mercado descontextualizada, que pas a ser objeto de la investigacin de Karl Polanyi (1978). La economa dej de considerarse economa poltica, tal como la haban concebido los economistas clsicos; contemplaba las normas moralmente justificadas a la defensiva y con escepticismo y estaba muy lejos de una crtica de la economa poltica materialista y dialctica. La palabra economa, que remita a su sustancia materialista, y por tanto social y natural, tambin qued suprimida y fue sustituida por economics(ciencia econmica). A lo largo de esta historia de descontextualizacin, en cuyo transcurso desapareci toda nocin de sociedad, poltica, cultura y naturaleza del concepto de ciencia econmica, tambin cay en desgracia la crtica de los discursos econmicos, quedando despus fuera de los planes de estudio universitarios: desterrados, cmo no, del contexto social que todava encerraba el trmino economa. El triste estado de las facultades de ciencias econmicas actuales tiene por tanto una historia igual de deprimente.

Los economistas neoclsicos del siglo XIX, y especialmente sus seguidores neoliberales del siglo XX, no se interesaban por tanto ms que por el aspecto monetario de los procesos econmicos y no perdan el tiempo estudiando el origen, la forma y el contenido del dinero, que ellos son los nicos capaces de emplear para debatir sobre cuestiones econmicas. Por tanto, cuando despotrican sobre el capital natural, no son capaces de reconocer problemas ecolgicos y comentarlos racionalmente. Las notificaciones de los bancos centrales que han establecido ellos mismos sobre la masa monetaria (que, de acuerdo con una gracia del sumo sacerdote neoliberal, Milton Friedman, ha sido lanzada desde un helicptero, ganndose por tanto el nombre de dinero helicptero M1, M2, M3, etc.) son suficientes para ellos.

Desde su punto de vista, el valor creado por el trabajo, as como la economa material de la materia y la energa, carecen de importancia. Tampoco les interesa el proceso de produccin previo al funcionamiento del mercado ni el proceso de vertido de residuos, aguas residuales y gases de escape en el medio natural del planeta Tierra, una vez fabricados y consumidos los productos. Lo nico que importa es que todo tenga su precio, que los economistas pueden entonces calcular. La naturaleza solo interesa como capital natural; y los seres humanos, como capital humano.

Este es el nadir de la inteligencia econmica que el Comit Nobel ha celebrado con incontables premios. El mismo economista admite que esto es inhumano, en su mayor parte, sin entender qu est diciendo: cuando l (solo en unos pocos casos habra que decir ella) hilvana supuestos muy artificiales en modelos matemticos o asume la racionalidad del homo oeconomicus. Esto siempre es instrumental y por tanto ha de excluir del clculo todo lo que no aparece en el radar del hombre econmico o del inversor. Por tanto, queda exento de toda responsabilidad por el dao medioambiental causado por el afn de lucro que nutre las decisiones de inversin. Los costes sociales y el quebranto medioambiental pueden considerarse la principal contradiccin dentro del sistema de empresa lucrativa, escribe K. William Kapp, uno de los pocos economistas que han abordado la cuestin de las consecuencias medioambientales de la acumulacin de capital privado.

En la teora econmica neoclsica, con su capital privado desbocado, el afn de acumulacin y el recorte de los bienes comunes y de la regulacin estatal, la externalizacin es un principio estructural, indispensable en la economa capitalista moderna. Los intentos de internalizar los costes sociales, por consiguiente, solo pueden materializarse si se pone en tela de juicio la racionalidad de la sociedad capitalista, es decir, si se cambia de sociedad. La externalizacin es por tanto una expresin (que los economistas no captan) de la descontextualizacin de la economa de mercado con respecto a la sociedad y la naturaleza, cosa que Marx criticaba, calificndola de fetichismo. Esto inhibe la comprensin que la ocupacin del planeta con fines de valorizacin capitalista (habitualmente comercial), llamada externalizacin, es nada menos que la digestin de la naturaleza en el tracto metablico insaciable y glotn de la economa y la sociedad.

3) Fue en la poltica econmica keynesiana que sigui a la gran crisis econmica global de la dcada de 1930 cuando se redescubri el espacio y el tiempo, y por tanto categoras de la naturaleza, como elementos significativos para los economistas. Sin embargo, la comprensin fue extremadamente limitada, puesto que la principal preocupacin consista en detectar inestabilidades econmicas que surgan a resultas de la incertidumbre de decisiones de inversin que tendran efecto en el futuro. Una decisin se adopta en el presente sobre la base de certezas dadas que provienen de periodos que ya pertenecen al pasado. Las expectativas, en cambio, se basan en ingresos futuros. Por tanto, las inversiones siempre conllevan necesariamente un riesgo y pueden fracasar, pues el futuro es desconocido y las cosas pueden evolucionar de un modo muy diferente de lo previsto por la entidad econmica que ha tomado la decisin. Esta entidad compara tipos de inters externos e internos, inters de mercado que puede regularse dentro de ciertos lmites por parte del banco central, con la tasa de beneficio, que depende de la productividad y los costes laborales. Sin embargo, las decisiones se basan en clculos privados, centrados en el beneficio.

4) A diferencia de la economa clsica, de la economa neoclsica o del keynesianismo y sus variantes, en la economa termodinmica la materia, la energa y sus transformaciones, es decir, las condiciones ecolgicas de la produccin, el consumo y la circulacin, son categoras centrales. La economa termodinmica fue la respuesta que dan los economistas que estn descontentos con las escuelas de pensamiento neoliberales y neoclsicas que olvidan la naturaleza. Tambin responda a la teora de Marx, aunque sobre la base de una interpretacin terriblemente truncada del anlisis marxiano del modo de produccin basado en el valor (y no, desde luego, en la materia).

Actualmente, la economa termodinmica o bioeconoma suele mencionarse en relacin con el matemtico y economista rumano Nicholas Goergescu-Roegen y su obra principal del ao 1971. Las transformaciones materiales y energticas tienen una importancia fundamental para el anlisis econmico y no deben excluirse del mismo, puesto que todas las transacciones econmicas tienen lugar en el espacio y en el tiempo y una ciencia econmica que no tenga en cuenta el tiempo fsico y el espacio fsico sera por tanto absurda, pues excluira la posibilidad de comprender el carcter entrpico de todas las transformaciones econmicas de la materia y la energa.

Con el tiempo aumenta la entropa, es decir, una vez utilizada, la energa no puede reutilizarse (algo parecido ocurre con el material). Disminuye la calidad del rendimiento del trabajo. Esto lo seala la economa termodinmica, que, en contraste con la economa neoclsica, permite discutir debidamente la externalizacin de los costes sociales generados en la economa privada, como se ha mencionado ms arriba. Sin embargo, en la economa termodinmica se deja de lado el anlisis de las formas sociales de la actividad econmica. Ni siquiera entran dentro de su campo visual. Tampoco se reconoce suficientemente el significado de los agentes capitalistas que estn detrs de las actuales transformaciones desastrosas para el medio ambiente de la materia y la energa ni cmo influyen en la ecologa y la poltica medioambiental. Una vez ms, el papel central de la categora de la naturaleza dual del trabajo y su producto, la mercanca, se presenta como pivote de la economa poltica.

5) La economa poltica ha sido unilateral desde el comienzo. O bien todo lo que importa es el dinero, o bien todo se centra en la materia y la energa. La forma social especfica del uso de la materia y la energa en el modo de produccin capitalista y las cuestiones de por qu el dinero se transforma en capital y por qu el modo de produccin revoluciona entonces todos los modos de vida, no aparecen en el radar de los tericos de la economa de ninguna de las dos vertientes. Esta unilateralidad no se suprime de ninguna manera cuando se diversifica declarndola economa plural y se acenta cuando se utilizan mltiples nombres, como economa plural, economa de los comunes, economa comunitaria y economa del poscrecimiento.

As no se crea la ciencia que, desde Marx, se denomina crtica de la economa poltica y que nosotros, junto con Engels, podemos llamar la ciencia del conjunto dialcticamente relacionado o bien, como diramos hoy, un enfoque holstico acorde con la teora del caos. El pluralismo es bueno, pero no basta para captar las contradicciones y crisis de la dinmica social de las economas capitalistas y la web of life (Jason Moore) que regulan en el planeta Tierra. Hasta ahora, esta red de vida no se ha reconocido en toda su complejidad, y puede que no se pueda captar cientficamente, y adems comprende a muchos actores que todos desempean una funcin en el conflicto social y en las luchas de clases de la era ecolgica. Hemos de reconocerlos lo antes posible para poder seguir siendo capaces de actuar. El espacio medioambiental de que disponemos no solo es limitado, como se ha constatado desde la dcada de 1990 con las conclusiones de los estudios sobre los lmites del crecimiento. Quienes nos hallamos en la esfera planetaria limitada (por utilizar un trmino citado por Immanuel Kant) nos acercamos a los lmites planetarios marcados por un grupo internacional de cientficos encabezados por Johan Rockstrm en 2009. Ya hemos sobrepasado algunos de ellos. Estamos viviendo a salto de mata. La oferta es cada vez ms escasa, pero la demanda sigue exigiendo a voz en grito, sobre todo por parte de los great Americans.

Las pruebas aportadas por los cientficos, que no solo demuestran el carcter finito de los recursos, sino tambin el declive del planeta Tierra, a medida que este se convierte en un nico gran vertedero o en un cementerio de residuos peligrosos, son tan obvias como aterradoras, mxime cuando se tienen en cuenta los agentes capitalistas analizados por Marx, y por tanto especficos de esta formacin social: la produccin de valor, que trata el trabajo, es decir, a los seres humanos, as como el mundo natural, sin ninguna consideracin, y que debe imponerse cada vez en contra del inters capitalista de proteger a la naturaleza y a la humanidad. Acumulad, acumulad! Esto es Moiss y los profetas! (Karl Marx, El Capital, Volumen 1): as se refiere Marx a la regla de oro del capitalismo. Hasta las normas de pureza ms evidentes han de arrancarse al capital si esto restringe siquiera un poquito la creacin de plusvala a travs del trabajo. El antagonismo existente entre materia y valor, trabajo asalariado y capital, naturaleza y sociedad, acumulacin y crisis debe entenderse por tanto, sobre todo, como una contradiccin econmica y un conflicto social dentro del modo de produccin capitalista antes de poder hablar razonablemente de economa del bien comn, del poscrecimiento, etc. o de economa plural, que no quieren saber nada de las imposiciones del sistema.

En la economa neoliberal dominante, la situacin es desesperada. Pero incluso la economa pluralista de la sostenibilidad cree en la reconciliacin de los intereses del capital con el inters de la preservacin de la naturaleza y los intereses de los trabajadores. Desde luego, los conflictos sociales no siempre se libren sobre el filo de un cuchillo; se producen negociaciones, los acuerdos son posibles e incluso perduran algn tiempo. Los Objetivos de Desarrollo Sosternible (ODS) ofrecen un rayo de esperanza y son una seal del surgimiento de un nuevo futuro de poscrecimiento sostenible.

Podemos ver algunas similitudes con los acontecimientos que tuvieron lugar durante los periodos de reformismo, cuando el movimiento obrero crea en la posibilidad de conciliar intereses de clase enfrentados. En los conflictos ecolgicos tambin se estn sentando las bases, de modo que las partes pueden avanzar algn da codo a codo hacia el acuerdo. Sin embargo, la manera en que puede lograrse la sostenibilidad socioecolgica deseada y la forma que debera adoptar si no se pone coto al impulso acumulador del capital, es decir, si no se priva de poder a Moiss y los profetas, es un tema que todava debe abordar la economa plural.

Marx y Engels escribieron en el Manifiesto Comunista que hasta ahora la historia ha sido una historia de lucha de clases. Este sigue siendo el caso. Sin embargo, en el futuro las luchas no solo se producirn en relacin con los salarios, el rendimiento y la cantidad y calidad del empleo dentro de la sociedad capitalista existente, y/o con la conveniencia de cambiar este marco social, sino tambin en relacin con las condiciones de vida y de trabajo en una sociedad en los lmites de la capacidad del planeta. La organizacin de un imperialismo de saqueo, como el descrito por David Harvey (2005), o la externalizacin de cargas y la sobrecarga de la naturaleza a raz de los clculos racionales efectuados por inversores, descrita por Lessenich (2016), no son ms que un vano intento desesperado de erigir una valla protectora que ya ha sido tumbada.

No hay otra opcin que crear una sociedad econmicamente eficiente y socialmente equilibrada, organizada democrtica y ecolgicamente de acuerdo con los principios de sostenibilidad. Muchos recibirn este mensaje con aprobacin. Pero no proviene de la conciencia de las ventajas de una economa de poscrecimiento, porque esta no puede existir sin ir ms all del capitalismo. Como siempre ha ocurrido en la historia, es el resultado de las luchas de clases por un futuro digno de ser vivido, en el siglo XXI y ms all: esfuerzos polticos pragmticos en pro de la configuracin del conjunto dialctico global con criterios de humanidad y ecologa.

Traduccin: viento sur

Fuente original: http://marx200.org/en/debate/gap-marxs-work-or-ignorance-reader

Elmar Altvater es profesor emrito de economa poltica (internacional) del Departamento de Ciencias Polticas y Sociales de la Universidad Libre de Berln.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article12889




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