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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2017

Ciento cincuenta aos despus (II)
A qu gnero literario pertenece El Capital de Marx? (Propuesta de una investigacin)

Manuel Sacristn Luzn
Rebelin

Presentacin y notas de Jos Sarrin Andaluz y Salvador Lpez Arnal


Presentacin

Si atendemos a la historia de la literatura podemos afirmar que el proletariado no tiene quien le escriba. Pero si cuestionamos el concepto estrecho, reducido e interesado de qu sea la literatura y admitimos que literatura es la narracin que una comunidad hace de s misma a travs de todos los medios de expresin a su alcance, inesperadamente cabe comprender que El Capital es la gran narracin de la Nacin Obrera. Porque lo que Marx escribe es el relato donde el trabajo, en su lucha contra el capital, es el protagonista de la historia restituyndole ese papel que la burguesa ha venido negndole. Desde este ngulo, que salta por encima de las consideraciones estticas con las que la burguesa ha establecido las fronteras de lo literario, la narracin que Marx lleva a cabo es la historia de esa nacin, la Nacin Obrera, que algn da, con el empuje de los comunistas y las comunistas ser la nacin universal.

Constantino Brtolo (2017)

 

En su addenda a la bibliografa de Sacristn publicada en el nmero 63 de mientras tanto [1], Juan-Ramn Capella escriba sobre el escrito que presentamos: Folios ciclostilados que circularon entre alumnos de MSL de la Facultad de Ciencias Econmicas de la UB hasta 1977. l mismo lo edit poco despus, en el nmero 66 de la revista (1996; pp. 33-37), con la siguiente nota: El presente texto, cuya nica copia conocida ha sido conservada por Jacobo Muoz, lleva el antettulo Cien aos despus y entre parntesis, de la mano del autor, Propuesta de investigacin Al margen se lee (pero la autora es incierta) lo siguiente: Para una revista de estudiantes de Econmicas, 11-II-1968. Tal vez esta fuera, prosegua el autor de la biografa poltica de Manuel Sacristn [2], la fecha de redaccin. No es imposible que, como ha sealado por su parte Albert Domingo Curto, el texto fuera publicado en alguna revista clandestina editada por algn grupo de estudiantes universitarios. No hemos podido comprobarlo.

El traductor de los libros I y II de El Capital (y de parte del libro III), expulsado en aquellos aos, hasta 1976, de la Universidad de Barcelona por su militancia antifascista y comunista democrtica en el PSUC-PCE, atendera probablemente una peticin de inquietos estudiantes vinculados a su propia organizacin o al SDEUB, el Sindicato Democrtico de Estudiantes de la Universidad de Barcelona. El entonces miembro del comit ejecutivo del PSUC intenta en esta nota sealar la singularidad temtica, el gnero literario (en la lnea sealada por Constantino Brtolo) de una de las obras centrales, acaso la central, de la tradicin marxista, que no es, propiamente, ni una obra de filosofa, ni una obra de economa, ni una obra de historia, ni una obra de sociologa, aunque muchos de sus apartados y desarrollos (con restos y reflexiones que no encajan del todo) puedan ubicarse en esas casillas acadmicas tradicionales. Ya en la advertencia que escribiera para presentar su Antologa de Antonio Gramsci [3] sealaba Sacristn:

Del mismo modo que Marx no ha sido economista, ni historiador, ni filsofo, ni organizador, aunque aspectos de su obra se puedan catalogar acadmicamente como economa, historia, filosofa, organizacin poltico-social, as tampoco es Gramsci un crtico literario, un crtico de la cultura, un filsofo o un terico poltico. Y del mismo modo que para la obra de Marx es posible indicar un principio unitario -aquella unin del movimiento obrero con la ciencia- que reduce las divisiones especiales a la funcin de meras perspectivas de anlisis provisional, as tambin ofrece explcitamente la obra de Gramsci el criterio con el cual acercarse a la obra ntegra para entenderla: es la nocin de prctica, integradora de todos los planos del pensamiento y de todos los planos de la conducta.

Cambiamos de coordenadas. Como ha habido alguna confusin respecto a la fecha de publicacin de la primera edicin de El Capital, recordamos que Marx fech su prlogo a esta edicin -que finalizaba con el Segui il tuo corso, e lascia dir le genti! [4]- en Londres, 25 de julio de 1867 pero que el libro, el primer libro de El Capital (dos volmenes, el 40 y 41, en la edicin de OME, las Obras de Marx y Engels [5]), se public el 14 de septiembre de ese mismo ao. El siguiente comentario de David Arrabal (gracias compaero!), nos ha sido de mucha ayuda:

He estado comprobando la fecha en diversas fuentes y he visto que la fecha exacta de la edicin del primer volumen es del 14 de septiembre de 1867 en Hamburg. Slo existe un ejemplar que se conserva con la firma de puo y letra del propio Marx que os he enviado, esa firma es de cuatro das despus de que saliera, el 18 de septiembre, dicho ejemplar se lo regal Marx a su amigo Johann Eccarius, y se vendi en una subasta en Londres a un coleccionista por 218.500 libras. Conclusin: la fecha exacta de la primera de edicin del Tomo I de El capital es el 14 de septiembre de 1867 en Hamburg (1000 ejemplares)

La siguiente imagen est tambin en el haber y hacer de nuestro amigo. Gracias de nuevo.

 

 

En este 14 de septiembre de 2017, en el 150 aniversario de la publicacin de un libro que ha ayudado lo suyo -ha sido esencial no es expresin exagerada- a transformar o intentar transformar el mundo desde una perspectiva socialista -sin olvidar la reflexin gramsciana de revolucin contra El Capital para lectores sesgados- y a resistir los numerosos envites de los agentes y representantes la civilizacin-barbarie del capital, conviene recuperar, leer y estudiar (tambin disfrutar y sorprenderse!) este escrito de Manuel Sacristn, uno de los marxistas, polticamente siempre comprometido, ms interesantes del panorama espaol, latinoamericano y europeo de todos los tiempos [6]. Desde nuestro punto de vista, hay en l interesantes categoras que apenas han sido desarrolladas hasta el momento. Sera un error pasar por encima de ellas o permitir que, por omisin y desinters, en ellas habitara nuestro olvido.

 

***

Leer El Capital, el ttulo que Louis Althusser escogi hace unos tres aos para presentar una coleccin de estudios [7], era una frase pensada provocativamente: como protesta contra la moda del joven Marx, contra la creciente tendencia a leer a Marx como puro filsofo. Pero leer El Capital es tambin problema desde otro punto de vista, fuera de apasionamientos por o contra una moda. Para evitar esos apasionamientos, y tambin por brevedad, el problema de la lectura de Marx se va a plantear aqu de forma no polmica.

Una de las caractersticas ms peculiares de la literatura acerca del Capital es la extremosidad de los juicios que suscita su lectura. Esto es muy sabido y no vale la pena insistir aqu sobre ello. Recordarlo era, empero, oportuno, porque ese clima caracterstico de la lectura de Marx sugiere ya algo acerca de la naturaleza de la obra de ste.

Ms interesante es, probablemente, considerar un momento el tipo de estimacin del Capital -mucho ms deseoso de decencia objetiva acadmica- caracterstico de los grandes autores que no pueden permitirse, por su personalidad cientfica, una apologa directa del capitalismo a travs de una refutacin grosera del libro de Marx, ni, por otra parte, pueden prescindir tampoco, dada su posicin de clase, de una apologa indirecta de ese orden por medio de una sesuda justificacin de la tesis de la caducidad del Capital. Schumpeter [8] es, probablemente, la ms alta autoridad de esta distinguida categora. Pero no es bueno invadir el campo de otros especialistas, y, por otra parte, la mencionada y distinguida categora de autores comprende tambin a prestigiosos filsofos con los cuales el firmante de esta nota puede entendrselas sin tanto riesgo de mala comprensin por insuficiencia tcnica. El filsofo Benedetto Croce [9], contemporneo de Schumpeter y titular, por algn tiempo, del alto trono ideolgico luego detentado en Europa por autores como Bergson y Heidegger [10], ofrece un buen punto de partida. Su comunidad histrico-cultural con Schumpeter es, por otra parte, considerable: tambin Croce ha pasado por la experiencia de una dilatada lectura de Marx, tambin l decide pasar cuentas con Marx, tambin explica -a veces- el marxismo sobre la base de una (para l errada) sobreestimacin de Ricardo, etc. Pero, sobre todo, Croce ha expresado de una manera tpica el problema tomado en esta nota. Lo expresa, por supuesto, como antimarxista. En varios de sus libros, y principalmente en la Historia de la historiografa italiana del siglo XIX, Croce, en el marco de una crtica general del marxismo, seala como principal objecin a los escritos econmicos de Marx, especialmente El Capital, el hecho de que esos textos no componen un tratado homogneo de teora econmica -o de economa poltica, como tradicionalmente se deca- sino un conjunto de cnones o mtodos para la interpretacin del pasado, ms unos cuantos anlisis y proposiciones de forma propiamente terica, ms un impulso proftico o elptico hacia otro tipo de sociedad, al que lleva la accin poltica.

Este tipo de crtica no puede reducirse directamente a la corriente propaganda segn la cual El Capital ha caducado hace mucho tiempo como anlisis de la realidad capitalista [11]. Indirectamente s que se mueve en el mismo sentido, pues esa crtica viene a decir: la ciencia econmica ha conseguido ya formas de teora pura -como la fsica o la biologa- neutrales respecto de toda empresa o todo programa poltico-social; la obra de Marx, como la de Ricardo, es anterior a ese nivel terico; luego es una obra caducada.

Algo hay que aprender de esa liquidacin sutil del Capital y, en general, de los escritos de la madurez de Marx. Hay que aprender algo de ella porque recoge un hecho, aunque sea slo para convertirlo en eje de una apologa indirecta del capitalismo. El hecho en cuestin est al alcance de cualquier lector sin prejuicios demasiado inconscientes: parece claro que la lectura de la mayora de las pginas del Marx ms maduro -incluidas muchas del Capital- da inmediatamente la impresin de que uno est leyendo otro tipo de literatura [12] que el que tiene delante cuando lee un tratado de teora econmica o una monografa sobre algn problema econmico. Y la diferencia no se puede explicar slo por factores ideolgicos, esto es, por el hecho de que la mayora de textos econmicos, didcticos o de investigacin, que uno lee aqu y ahora arraigan inequvocamente en la base y en la cultura burguesas. Esa explicacin no basta, porque tambin se aprecia una gran diferencia de gnero de lectura entre gran parte del Capital y las exposiciones de Lange, Strumilin o Dobb, por ejemplo, acerca del funcionamiento de economas socialistas. (Por eso tambin resulta tan incorrecto y confusionario el uso por Althusser de la palabra teora para referirse a todos los escritos de la madurez de Marx [13]).

Las palabras no son tan inocentes como pueden parecerlo. Las palabras, por lo pronto, no van nunca -o no cuentan nunca- solas, sueltas: cuentan slo en unas estructuras, los lenguajes (cotidianos o tcnicos), que se presentan y funcionan como reproduccin elemental e implcita de la realidad, porque son ellos mismos la articulacin de conceptos ms generales con que los hombres perciben y piensan la realidad. Una de esas estructuras -la que aqu interesa- es la formada con los trminos tcnicos que son nombres de las actividades intelectuales, los nombres de las ciencias, las teoras parciales, las tcnicas, las artes, etc. Su conjunto estructurado puede llamarse -usando una palabra clsica en metodologa- sistemtica del trabajo intelectual. La sistemtica del trabajo intelectual responde, en ltima instancia, a la divisin de ese trabajo, y en este sentido tiene una racionalidad: esa racionalidad justifica, por ejemplo, la creciente formacin de neologismos para nuevas especialidades, etc. Pero como toda racionalidad lo es respecto de un sistema (o, a lo sumo, respecto de un conjunto o una sucesin de sistemas), no puede sorprender el que esa racionalidad bsica sirva ideolgicamente como instrumento para cerrar la sensibilidad de los hombres que viven dentro de un sistema social respecto de producciones intelectuales que rompan de algn modo la sistemtica del orden dado. Es frecuente entonces or o leer crticas a esas producciones por confusas, a-cientficas, no-artsticas, etc. Un ejemplo tpico en otro terreno es la vieja negacin del carcter artstico-teatral de la obra de Bertolt Brecht [14], o de una parte de ella (las piezas didcticas).

Se sugiere aqu que se es tambin el caso de la crtica que podra llamarse formal o metodolgica de los escritos de la madurez de Marx: efectivamente no entran en la sistemtica intelectual de la cultura acadmica contempornea, y efectivamente se equivoca Althusser al llamarlos simplemente teora. El gnero literario del Marx maduro no es la teora en el sentido fuerte o formal que hoy tiene esa palabra. Pero tampoco es -como querra Croce- el gnero literario de Ricardo. Y ello porque Ricardo no se ha propuesto lo que esencialmente se propone Marx: fundamentar y formular racionalmente un proyecto de transformacin de la sociedad. Esta especial ocupacin -que acaso pudiera llamarse praxeologa revolucionaria [15], de fundamentacin cientfica de una prctica revolucionaria- es el gnero literario bajo el cual caen todas las obras de madurez de Marx, y hasta una gran parte de su epistolario. Por eso es intil leer las obras de Marx como teora pura en el sentido formal de la sistemtica universitaria, y es intil leerlas como si fueran puros programas de accin poltica. Ni tampoco son las dos cosas a la vez, sumadas, por as decirlo: sino que son un discurso continuo, no cortado, que va constantemente del programa a la fundamentacin cientfica, y viceversa.

Es obvio -y desconocerlo sera confundir la praxeologa revolucionaria marxiana con un pragmatismo [16]- que esa ocupacin intelectual obliga a Marx a dominar y esclarecer cientficamente la mayor cantidad de material posible y, por lo tanto, que siempre ser una operacin admisible y con sentido la crtica meramente cientfica de los elementos meramente tericos de la obra de Marx. Como tambin lo es la operacin que consiste en continuar, completar y desarrollar los aspectos puramente tericos de esa obra (como hizo Hilferding), o el conjunto de su praxeologa revolucionaria (como hizo Lenin [17]). Lo nico realmente estril es hacer de la obra de Marx algo que tenga por fuerza que encasillarse en la sistemtica intelectual acadmica: forzar su discurso en el de la pura teora, como hizo la interpretacin socialdemcrata y hacen hoy los althusserianos, o forzarlo en la pura filosofa, en la mera postulacin de ideales, como hacen hoy numerosos intelectuales y catlicos tan bien intencionados como unilaterales en su lectura de Marx.

Sugerida esa lectura de la obra madura de Marx, hay que aadir una advertencia para impedir, en la medida de lo posible, que la concisin, siempre involuntariamente tajante y categrica, sugiera tambin un desprecio de la teora pura, formal: la actitud de Marx, la actitud que aqu se propone llamar praxeologa revolucionaria, ante la teora pura no es ni puede ser de desprecio o ignorancia. La relacin entre el gnero literario praxeolgico revolucionario y el de la teora pura (en sentido fuerte o formal) no es de antagonismo, sino de supraordinacin: para la clarificacin y la fundamentacin de una prctica revolucionaria racional [18] la teora es el instrumento ms valioso, aparte de su valor no instrumental, de conocimiento. Marx lo ha sabido muy bien -todava hoy admira su erudicin- y eso hace de l, precisamente, una figura nica en la galera de los grandes revolucionarios de la historia.

Muy probablemente el planteamiento ms acadmico de esta cuestin consistira en tomarse en serio el subttulo del Capital: Crtica de la Economa Poltica [19]. Una interesante tesis doctoral en Economa (en Historia de las doctrinas econmicas) podra proponerse tomar en serio esa interpretacin autntica, como dicen los fillogos y los juristas, o sea, esa autointerpretacin de Marx; podra estudiar en qu medida parafrasea la Crtica de la Razn Pura de Kant -y se podra apostar, como hiptesis inicial, a que la parafrasea intencionadamente, aunque a travs del hegelianismo de izquierda-; podra luego estudiar en qu medida eso supone que Marx no piensa estar haciendo Economa Poltica, sino otra cosa (su crtica), al modo como Kant [20] no estaba haciendo razn pura tradicional (metafsica), sino otra cosa, sin abandonar por ello la temtica cuya concepcin tradicional crtica, etc.-

Quede esta sugestin para algn estudioso de economa aficionado a la historia ideolgica de su disciplina.  

Notas:

1) l mismo haba publicado en el nmero especial que mientras tanto dedic a la obra de Sacristn la bibliografa esencial del homenajeado: Juan-Ramn Capella, Aproximacin a la bibliografa de Manuel Sacristn, mientras tanto, 30-31, mayo de 1987, pp. 193-223, un trabajo que ha sido esencial para muchos estudiosos de la obra del traductor de Engels. Para nosotros por ejemplo.. Para una aproximacin (parcialmente) actualizada que toma pie de manera permanente en el trabajo citado: S. Lpez Arnal, Nueva aproximacin a la bibliografa de y sobre Manuel Sacristn, en Jacobo Muoz y Francisco Jos Martn (eds), Manuel Sacristn. Razn y emancipacin, Madrid, Biblioteca Nueva, 2017, pp. 217-253.

2) Vase Juan-Ramn Capella, La prctica de Manuel Sacristn. Una biografa poltica, Madrid, Editorial Trotta, Madrid, 2005.

3) Editada por siglo XXI en Mxico en 1970 ha sido reeditada recientemente por la editorial Akal (sin incorporaciones).

4) Sacristn escribi en nota a pie de pgina: Sigue tu camino y que las gentes digan. Cita modificada del verso 13 de Canto V del Purgatorio de Dante, Divina Comedia. El verso dice en realidad. Ven detrs mo y que la gente diga (Vien dietro a me e lascia dir le genti).

5) Ambiciosa edicin dirigida tambin por el traductor del banquete platnico. Se publicaron, salvo error por nuestra parte, unos 11 volmenes. El mercado no daba para ms. Marx empezaba a ser un perro muerto en aquellos aos de transicin.

6) Un muy recomendable texto que recorre senderos muy afines: Constantino Brtolo, El Capital, la narracin de la Nacin Obrera", Mundo Obrero, de abril de 2017. http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=6985

7) A diferencia del Pour Marx, no fue ste un libro muy apreciado ni por Sacristn ni tampoco por muchos de sus discpulos. Francisco Fernndez Buey entre ellos.

8) De Joseph Schumpeter tradujo Sacristn Historia del anlisis econmico, Barcelona, Ariel, 1971. Casi 1.400 pginas, 1.377 exactamente. Hay una interesante polmica sobre la traduccin de algunos trminos, con interesantes derivadas poltico-editoriales, de la que aqu no podemos dar cuenta.

9) En la nota a pie de pgina n. 79 de su Antologa de Gramsci, escriba Sacristn sobre Benedetto Croce:

Filsofo, publicista senador, figura intelectual que domina la cultura italiana durante varios decenios de un modo excepcionalmente amplio, desde el pensamiento filosfico e historiogrfico hasta la poltica, la esttica, la crtica y el gusto literarios. Su filosofa es un idealismo de origen hegeliano que, tras un paso por la lectura de Marx, sin duda ms breve y frvolo que lo que pudo parecerle a Gramsci, tendi a desembocar en una filosofa de la cultura, coincidiendo con tendencias muy generales del idealismo de la poca (Rickert, Dilthey, etc.) pese a conservar Croce casi ntegro el vocabulario hegeliano del Espritu...

Croce ha influido en la formacin de Gramsci principalmente en su condicin de renovador de la cultura italiana, a la que arranc de su enclaustramiento provinciano determinado por la hegemona de la Iglesia y abri el pensamiento europeo (de modo parecido a como Ortega lo hizo con la cultura castellana). Pero tambin influy en Gramsci por su fase equvocamente marxista y por el moralismo humanista irreligioso de sus primeros escritos.

Polticamente Croce inspira el liberalismo conservador italiano. Tras ciertas vacilaciones en el momento de la gran crisis social italiana de principios de los aos 20, con evidentes simpatas por el fascismo mientras la clase obrera no qued aplastada, luego Croce se retir de la vida poltica y asumi una actitud de oposicin individual al fascismo.

El filsofo viva an viejo, cuando se publicaron los primeros textos de la crcel de Antonio Gramsci. Acogi las Cartas con emocin, las calific de pieza clsica de la literatura italiana y contribuy sin duda con ese juicio a la gran fortuna de esas pginas gramscianas. Al aparecer los Cuadernos, tan abundantes en crticas de su obra, Croce reaccion, en cambio, negativamente.

 

10) Recurdese su tesis doctoral sobre el que fuera rector de Friburgo en tiempos ms que turbulentos: Las ideas gnoseolgicas de Heidegger, su tesis doctoral. Reeditada por Francisco Fernndez Buey en Crtica en 1995. Su prlogo est entre sus grandes trabajos.

11) Lo mismo que ocurre, salvando todas las distancias, con el primer captulo de Manifiesto Comunista. Parece imposible que el texto fuera escrito hace 170 aos. Escribe acertadamente nuestra propia realidad, como si estuviera escrito el jueves pasado por la tarde.

12) Muy en la lnea, insistimos, de lo apuntado por Constantino Brtolo en el artculo indicado. Tambin en su presentacin -El misterio Marx- de Karl Marx, Llamando a las puertas de la revolucin. Antologa, Madrid, Penguin Clsicos, 2017, pp. 17-120.

13) En su conferencia de 1978, El trabajo cientfico de Marx y su nocin de ciencia (Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona, 1983, pp. 317-367) sealaba Sacristn:

Las interpretaciones que hacan de Marx Althusser y Colletti coincidan en basarse en la idea de un corte completo entre el Marx maduro y su formacin filosfica anterior, que fue principalmente hegeliana (...). Ellos dan involuntariamente un ejemplo mucho ms interesante de los escollos que amenazan a la navegacin marxista. Ambos son autores que no slo cumplen los habituales requisitos de calidad acadmica, sino que los rebasan ampliamente, hasta dar ms la imagen del maestro que la del profesor... Sus anteriores interpretaciones confundan de hecho lo que es historia de las ideas, estudio filolgico (por decirlo subrayadamente) con lo que es cultivar libremente la tradicin de un clsico. Una cosa es estudiar y explicar el pensamiento de Marx; otra hacer marxismo hoy. Muchas cosas que enseaban Althusser y Colletti hace cinco aos (tal vez todas) se estudian ms provechosamente como pensamiento (de tradicin) marxista de uno y otro de esos autores que como pensamiento de Marx. Por lo dems, esta confusin entre el tratamiento filolgico de un clsico y la continuacin productiva de su legado es frecuente en las tradiciones en cabeza de las cuales hay un clsico que lo es no slo en el sentido de paradigma de pensamiento terico -en particular, cientfico- sino tambin en el de inspirador moral, prctico o potico.

 

14) Sacristn tradujo varios de sus poemas. Especialmente A los por nacer. Fue Brecht uno de sus poetas preferidos. Pens en escribir un ensayo sobre su obra, en la lnea de sus estudios de la obra de Heine o Goethe..

15) Fueron muy pocas las ocasiones en las que Sacristn us este concepto de praxeologa revolucionaria.

16) Dos aproximaciones al concepto. La primera es de 1956:

El pragmatismo es la doctrina que define la aceptabilidad de un conocimiento o contenido mental por el xito que acompaa su aplicacin, eludiendo toda declaracin sobre si ese xito revela o no la naturaleza de la realidad... El xito se transforma as en la medida de la realidad -en vez de ser la realidad la medida del xito. De aqu que el pragmatismo pueda ser considerado como un relativismo en el sentido de Protgoras, cosa expresamente afirmada por algunos pragmatistas del s. XIX, como el ingls F. C. S. Schiller.

 

La segunda, de 1968.

Esta filosofa -pragmaticismo era la expresin preferida por C. S. Peirce (1839-1914)- no puede considerarse como una escuela hoy mnimamente orgnica. Pero uno de sus principios esenciales -que el criterio de verdad es de naturaleza pragmtica- se encuentra incorporado de un modo u otro a la teora de la ciencia, sealadamente en el operativismo u operacionalismo de P. W. Bridgman, para el cual slo tienen sentido cientfico los conceptos que pueden interpretarse por medio de alguna operacin cientfica, como la medicin, ejemplo destacado. Pero cualquier especialista en teora de la ciencia y no slo los operacionalistas, ha de tener de algn modo en cuenta esta motivacin.

Ya en algunos de los primeros pragmatistas, como el americano Peirce y el italiano Vailati (1863-1909), se haba dado la tendencia a interpretar la prctica en el sentido de la prctica cientfica.

Es de registrar tambin -aunque an no haya tenido una influencia en la cultura contempornea- el parentesco entre el principio pragmatista-operativista y el principio marxista de la prctica (social en general) como criterio del sentido histrico, y la fecundidad cognoscitiva de las formaciones culturales.

 

17) De Lenin sigue siendo absolutamente recomendable, en nuestra opinin: El filosofar de Lenin. Sobre Marx y marxismo, edi cit, pp. 133-175.

18) Innecesario es decirlo: prctica revolucionaria racional remite, por supuesto, a prctica poltica transformadora, en sentido amplio, de orientacin socialista-comunista e internacionalista, basada, en la medida de lo posible, en conocimientos positivos cientficos y en otro tipo de saberes arraigados en la cultura popular.

19) Sobre el subttulo de El Capital, puede verse lo sealado en Coloquio de la conferencia El trabajo cientfico de Marx y su nocin de ciencia. Sobre dialctica, Barcelona, El Viejo Topo, 2017, pp. 147-163.

20) Varias aproximaciones a la obra Kant pueden verse en M. Sacristn, Lecturas de filosofa moderna y contempornea, Madrid, Trotta, 2007, edicin, presentacin y notas de Albert Domingo Curto.

En su voz Kant para Argos, una enciclopedia coordinada y dirigida por Esteban Pinillas de las Heras, un proyecto de los aos cincuenta que no lleg finalmente a buen puerto, trazaba Sacristn la siguiente biografa del autor crtico por excelencia:

Kant naci el 12.IV.1724 en Knigsberg (Kaliningrado desde la victoria de los aliados en la II guerra mundial); era el cuarto hijo del artesano Johann Georg Kant. El filsofo procede, pues, de una familia modesta y trabajadora, cosa poco frecuente en las grandes figuras de la filosofa europea, y que tal vez explique algo la asombrosa tenacidad con que el maestro prusiano trabaj y sistematiz sus ideas en condiciones materiales a menudo prximas a la penuria. Durante los aos de su docencia particular (1746-1754), comprar libros fue para Kant un sacrificio que como tal queda a veces reseado por el propio filsofo -tal su adquisicin de las obras de Svedenborg. Ya en su poca de estudiante universitario (1740-1746), Kant haba dado lecciones particulares para ayudarse econmicamente. Doctor en 1755, fue admitido como docente privado (profesor ayudante) en el mismo curso. Quince aos despus obtena en propiedad la ctedra de Lgica y Metafsica de Knigsberg (1770). En sus quince aos de Privatdozent, se vio obligado Kant a seguir con sus clases particulares; lleg a dar ms de diecisis horas semanales de clases y tuvo que vender en pocas difciles parte de su biblioteca. En el decenio siguiente mejor su situacin material: compr en 1783 una casa, y desde entonces observ el metdico horario que ha pasado a todos los anecdotarios por el hecho de haber sido inobservado, segn se dice, una sola vez -para salir al encuentro del correo que traa las noticias de la revolucin francesa. En 1786 muri Federico el Grande, el gran rey prusiano cuyo ministro Von Zedlitz haba sido admirador, lector y protector de Kant, el cual le haba dedicado la Crtica de la razn pura. El sucesor del gran rey, Federico Guillermo II, muy limitado de inteligencia y extraordinariamente conservador, con su teocrtico ministro Wllner, encontr la ocasin del ataque a Kant al publicarse en 1794 La religin dentro de los lmites de la Razn Pura, obra que haba sido prohibida por la censura. Otro escrito del filsofo -Sobre el fin de todas las cosas- en el que protestaba contra la inquisitorial poltica impuesta por Wllner, es tambin anterior a la conminacin que le exigi el gobierno para que cambiara en adelante el contenido de su enseanza religiosa (octubre de 1794). Kant, bajo una aparente sumisin completa, ofreci una solucin transacional: no hablar en absoluto de religin. Kant interpret adems relativamente su compromiso, de modo que, a la muerte del rey se consider (...), escribiendo entonces La lucha de las Facultades, ensayo de polmica pedaggica y poltico-religiosa dirigido contra el inquisitorialismo de Wllner. La lucha (o pleito) de las Facultades apareci en 1798. Kant muri el domingo 12.II.1804. La grandiosidad de los funerales que se le tributaron contrasta con la modestia de toda su vida. Ms de acuerdo est con el destino polmico de su obra la noticia difundida por Europa segn la cual la tumba del filsofo habra sido violada por los ejrcitos aliados al final de la Segunda Guerra Mundial.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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