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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2017

"Refugiados", crnica de un palestino, novela de Marcos Aguinis, Editorial sudamericana
Un libro puesto al servicio de un objetivo no explcito: justificar al Estado de Israel

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


El sionismo no es solo un movimiento poltico dedicado a reconquistar tierras que bblicamente habitaron hace milenios judos (y tantos otros pueblos); tampoco es solo una alianza que tejieron sionistas de las corrientes ms afines a Herzl con imperios y/o con configuraciones imperiales que facilitaran los propios fines; tampoco es solo el esfuerzo de judos por romper con el shtetl y su mentalidad que tantos judos en los comienzos de lo que se llama la modernidad o nuestro presente, vean como inaceptable, dependiente o parasitaria.

El sionismo es todo ello, s, pero encarnado de un modo peculiar, enraizado inevitablemente en rasgos judos ms permanentes que tales plataformas programticas.

Puede tener que ver con la chutzpah, que se suele traducir por insolencia, desenfado y hasta inescrupulosidad.1

Puede tener que ver con la definicin de Isaac Leib Peretz, judo polaco que a comienzos del siglo XX, ante el avance cada vez ms avasallante y firme del sionismo dentro de la judera nos hablara de su temor de que ese movimiento adopte la forma y el estilo del gato que mata por estrangulamiento sin dejar rastro de sangre, es decir que asesina como si no lo hiciera.2

Puede tener con los mistarvim, aquellos patriotas del sionismo que aprendieron a imitar a los palestinos natives, a usar sus ropas y el idioma rabe con el acento preciso, que se infiltraban en el tejido social palestino, tradicional y no politizado, para hacer estragos mediante atentados de enorme crueldad (hacer volar por entero un taller mecnico; uno de los ejemplos que expone el historiador de origen judo Ilan Papp).3

Apenas ejemplos de cmo los sionistas fueron empleando diversos recursos y artimaas para obtener su objetivo: el asentamiento en la bblicamente llamada Tierra Prometida.

Y bien: Marcos Aguinis (MA) despliega a su vez, diversos recursos literarios en su novela. Refugiados, que nos animamos a comparar con los recin reseados.

Ya es llamativo que un sionista tan conspicuo se introduzca en el personaje protagnico, un palestino refugiado. Indudablemente lo hace como un desafo literario y psicolgico de fuste y estimo que su inocultable soberbia le har considerar lo suyo como proeza estilstica y no como abuso manipulador de sus adversarios polticos.

El recurso fundamental y reiterado, aunque bajo distintos ropajes, es el razonamiento por analoga, que ya sabemos esconde muchas trampas. MA exhibe y expone la peripecia de refugiados muy diversos; los alemanes del Volga, los griegos de la guerra greco-turca, los armenios de la Gran Turqua, los blgaros. Si su visin no fuese tan eurocentrada, podra haber agregado las migraciones dramticas vividas por los kalmukos en Asia o las de tantas etnias norteamericanas desplazadas por el poblamiento noreuropeo. Suma de todos modos, al atroz collar de las migraciones forzosas, la de los propios alemanes al fin de la Segunda Guerra Mundial, abandonando las tierras en donde progresivamente se haban ido alojando, tanto las pobladas mediante asentamientos desde siglos anteriores como las ocupadas cuando la expansin nazi (dimensiona este penoso captulo en unos diez millones de desplazados y en unos 2 millones los muertos empequeeciendo numricamente la peripecia palestina).

Obviamente, aunque las diversas situaciones del protagonista lo hacen perdidoso ante las apabullantes comparaciones de sufrimientos, asesinatos y privaciones, el autor escamotea abordar la cuestin en s, el despojo sobre los pobladores rabes palestinos (casi todos musulmanes), despojo a menudo violento y con violaciones y asesinatos como antdoto a la resistencia. Y pequeo detalle agravante, lo hace enalteciendo permanentemente a quienes procedieron al saqueo y a las acciones que han convertido en refugiado al protagonista. Los sionistas no slo son exaltados como personas moralmente intachables, intelectualmente deslumbrantes ─como la israel (por adopcin) que impacta en el protagonista que termina enamoradsimo de esa combinacin de belleza, sabidura, conocimientos, bondad, solidaridad, dignidad, sensatez, serenidad Es infrecuente conocer todas tales cualidades juntas en una persona, pero que aqu se concentran maravillosamente haciendo de la deslumbrante Myriam un arquetipo.

MA se vale de muchos recursos para enaltecer lo israel as como para menoscabar lo palestino, y lo rabe. Los personajes de ese origen (palestino est slo el protagonista) son dogmticamente severos pero sexualmente codiciosos y abusivos varones que de buena gana procuran raptar a Myriam para violarla, o licenciosos que han encontrado el filn de su atractivo sexual para ir perforando vaginas de chicas del lugar, que por cierto acuerdan ms que gozosas tales encuentros. Este segundo tipo de personaje es apenas ms aceptable que el primero, por su narcisismo (y hasta puede sonar realista en los medios estudiantiles universitarios).

El protagonista conoce a su primer extranjero en Alemania, el pas que lo ha aceptado como refugiado, como mdico egresado (pinge negocio para el pas anfitrin).

Ese primer extranjero es un personaje generoso, no sectario que lo trata muy bien, aun sabindome rabe. El protagonista est en guardia. Lgico. Porque Jorge es judo, chileno, con natural amplitud y falta de prejuicios. Explica que en Chile conviven inmigrantes de decenas de pases que se respetan, lo cual deslumbra a nuestro protagonista que no haba conocido en Palestina, en Jordania, en Lbano, ms que rabes, rabes y rabes

Claro que el desprejuiciado mdico chileno omite recordar que esa amplitud con inmigrantes no existe en absoluto con los anfitriones, los involuntarios y despojados anfitriones, los mapuches. Esa omisin, esa ceguera en rigor no es del personaje chileno sino del autor. Ese olvido muestra la inconsciente identificacin de palestinos y mapuches y la vigencia del eurocentrismo.

Tan marcado es su pensamiento doble que por un lado revela la ecuanimidad del protagonista para atender como mdico a cualquier humano (se le pide hacer un acto quirrgico a un judo, lo que realiza como corresponde) en tanto sabemos de tantos mdicos sionistas que se niegan a ejercer sus conocimientos, su juramento hipocrtico, con palestinos o rabes o que han llegado al extremo de asesinar decenas de musulmanes orantes, como hizo el mdico judo fundamentalista Baruch Goldstein.

Empleando el razonamiento victimista del que se hiciera maestra Golda Meir ─que se enojaba con los jvenes rabes que obligaban a los jvenes judos (pertrechados a guerra) a matarlos─, el personaje judo operado por el protagonista le espeta:

[] Actuamos en consonancia con nuestros sentimientos: yo me siento amigo de los rabes y usted se siente enemigo de los judos. Yo estoy tranquilo y usted tenso.

MA no se siente panfletario; le concede al adversario buen juego. El palestino responde muy apropiadamente: Se los asesin, se les quitaron las tierras, se los expuls y luego somos amigos!

La rplica es difcil, por eso MA pone apenas como rplica:

-Usted no lo pinta muy equilibradamente. E inmediatamente cae en la analoga, la competencia: ─si usted se siente un expulsado, recuerde que los judos han sido expulsados no slo una, dos o diez veces, sino sistemticamente a lo largo de toda su historia [].

Continuando el contrapunto, el judo (que resultar un abnegado transportista de refugiados judos a Palestina en los 40 que lo llevar in extremis a adoptar una beba hurfana) le explica al Refugiado protagonista: Los judos tenemos derecho a afirmar, entonces, que son los rabes, con apoyo ingls, los que nos usurparon dos tercios de la Palestina original

MA escamotea la ntima relacin entre el sionismo y el colonialismo britnico que no slo testimonia el mismsimo Herzl en su libro clave, sino que se contina en el tiempo, trgicamente, como cuando el levantamiento palestino contra el establecimiento sionista en Palestina a mediados de la dcada del 30; entonces y durante tres aos, los ingleses y sus protegidos judos enfrentarn la violencia palestina con ms violencia todava (el tendal de muertos es incomparablemente mayor entre los rabes palestinos que entre sionistas e ingleses).

Padre adoptivo e hija deslumbrante resultan provenir de la misma ciudad que el protagonista, Ramleh. Cuando aquellos tienen que informarle que la calle natal del protagonista y su vecindario, de unos cien habitantes, ya no existe, le explican, que ahora viven dos mil, que le resultara irreconocible, y que tal es la ley del progreso.

MA va levantando la temperatura del relato pausada y profesionalmente. Los estudiantes rabes irn extremando su crtica pblica a Israel, la herona que ya describimos ir siendo expuesta cada vez a mayores peligros y el protagonista ir revelando las miserias de su pasado, de la sociedad en que naci y se cri. Resulta ser casado, en rigor viudo. Porque el matrimonio por encargo entre hijos de hermanos no se consum (l estaba estudiando, lejos, medicina, y probablemente la flamante y nbil esposa no tena permisos de residencia para estar con l). El protagonista no sabe por qu, y si realmente antes de ser viudo su prometida se entreg a otro, pero lo cierto es que al hermano de su esposa le toca el mandato familiar de asesinarla para limpiar la sangre o el apellido. Cuando el mdico flamante vuelva al asentamiento, ya no tendr la prometida y se alejar. Conseguir el estatuto de refugiado en Alemania.

Cada vez se debatir ms dramticamente entre sus races dolorosamente expuestas, el deslumbramiento que vive con Myriam y los mandatos de la cofrada rabe dogmtica en Friburgo, su ciudad de adopcin.

Con su reaccionarismo extremo, MA se permite ironas contra los que lanzan eptetos furibundos contra el Amerikanismus, es decir, contra la norteamericanizacin de las costumbres en Alemania y modos cotidianos que la potencia hegemnica mundial expande sobre todo el mundo. Se comprende: es tal la identificacin Israel-EE.UU. que una crtica al Amerikanismus lo afecta directamente.

Palabras que MA atribuye al protagonista definiendo su lucha poltica: una larga y fnebre lucha contra el sionismo. Una lucha triste. Sangrienta. Trgica.

Y los rabes refractarios a Israel, cuando llega el momento de la verdad impugnando un acto cultural israel en Friburgo exclaman: -Fuera cerdo judo! poniendo en boca de rabes de fin de siglo la carga de nazis de mediados de siglo.

Este contrabando ideolgico permea todo el libro.

Relato abusivamente proyectivo. MA atribuye a los rabes exiliados en Friburgo una capacidad de maniobra muy peculiar luego de provocar un desorden ante la presentacin de un representante israel, con escaramuzas, golpes, desbandada e intervencin policial.

Los rabes organizan una versin, una posverdad diramos hoy: hacer creer que los rabes camos en una trampa! Fuimos a un acto donde grupos organizados de sionistas provocaron el disturbio para achacrnoslo. Silverman es sionista y obr como parte de ese mecanismo diablico.

El protagonista observa que el chileno Silverman no es sionista. Y lo nico diablico es la mente de Omar.

Ya tenemos en Omar el provocador, el violador y el manipulador.

Observe el paciente lector que Omar adems debe ser estpido. Porque se trat de un acto organizado por la embajada israel y los Omar pretenden hacerle creer a la sociedad alemana que fueron pacficamente a escuchar (y aplaudir) y que los sionistas armaron una trifulca!

Para completar el universo de la maldad rabe, Omar tiene contactos con la embajada egipcia y logra que sus representantes hagan un comunicado con esa versin (la estupidez adems es contagiosa).

Y el confidente del protagonista cuenta con cierta receptividad para la versin: Quien tiene sentimientos antijudos creer en nosotros sin tapujos. Ya hemos perdido la lucha antisionista y anticolonialista y estamos en pleno antisemitismo.

Cuando se lo conmina al protagonista a que acuse a su colega y amigo, el judo chileno Silverman, el protagonista se defiende y se define: -No est en mi temperamento levantar una calumnia contra nadie []. MA sabe enaltecer al protagonista para mejor distribuir sus dardos. En la galera de los personajes rabes tenemos todas las ignominias: el padre de Omar, el organizador del escrache a la embajada israel y violador frustrado de la herona del relato, es un militar, con una leyenda de haber luchado hasta morir, que resulta ser un vencido de 1956 en Suez, prisionero de Israel e invitado a vivir, a convivir, en casas de familias judas, hospitalarias. Sin humillaciones, sin guardias, invitndolos a cierta cooperacin entre rabes e israeles. Y, obviamente, a su vuelta a Egipto, queriendo renovar a su pas, sacarlo del marasmo del reinado de Faruk, fue ejecutado ignominiosamente. Masacrado por la cspide corrupta de su gobierno.

MA nos cuenta entonces de Omar: El dolor por la muerte de su padre en el cadalso se canaliza a travs de un odio casi animal contra los judos. La fineza moral de MA lo obliga a poner casi. Porque todo lo que conocemos de Omar hasta entonces lo califica como un perfecto animal, con perdn para todos los animales.

La Organizacin de Estudiantes rabes de Friburgo: [] los medios que utilizarn en la lucha contra Israel no sern tericos ni acadmicos, sino que se echar mano a todos los recursos lcitos o ilcitos. El pensamiento proyectivo de MA atribuye a los palestinos lo que Israel ha usado siempre desde su fundacin y el sionismo desde antes. Recursos lcitos o ilcitos, permanente e indistintamente.

El inefable MA sostiene, sin revelar que es un chiste, que los judos [] pudieron crear un estado, y sin el apoyo permanente de ninguna potencia. En todo caso, decide saltear las ayudas rotativas en los inicios Turqua, luego el Reino Unido y desde los 40, EE.UU. aunque compartiendo en los inicios la proteccin con Francia y el Reino Unido, para finalmente, desde los 60, situarse bajo la proteccin exclusiva de EE.UU. Como daba a entender Ariel Sharon, la decisin de por cual potencia se haca proteger quedaba a cargo de Israel, y los trminos de la asociacin tambin

En fin, MA no puede con su humildad. Desde su sitial observa que los hermanos del protagonista, es decir los palestinos, estn en un pozo. Pero no un pozo arteramente cavado por el sionismo con el apoyo de los grandes poderes regionales y mundiales, sino un pozo lleno de mitos, maniquesmos y odio estril.

En sus incursiones ideolgicas y psicolgicas MA nos explica: Un nazi puede estremecerse por la herida que afecta a la pata de su perro y una hora despus ejecutar fra y sistemticamente a cien nios.

Mutatis mutandis tendramos que recordar que un sionista puede herir, despreciar, ultrajar, a un palestino, a cien palestinos ─muchos lo hacen cada da─ y por qu no, matarlos?, y llegando a su hogar, saludar cariosamente a sus hijos. Porque los miles de palestinos muertos en los ltimos aos, civiles y nios, no fueron matados por extranjeros ni por palestinos.

Contando la historia siempre por la mitad, y una mitad que realce a los victimarios, MA nos recuerda que en el extranjero admiran a nuestros labradores que cultivan en la proximidad de la frontera bajo la amenaza de las balas. Lo que escamotea este encubridor es que histricamente fueron los sionistas los que empezaron a balear a campesinos palestinos desarmados. Los expulsados en 1948, campesinos inmemoriales, no podan creer lo que les estaba pasando; su apego a la tierra era tal que procuraban retornar en las noches a sus cultivos con alguna pala o azada para cuidarlos. Los centinelas israeles los esperaban, agazapados, y jugaban al blanco con ellos. Y as asesinaron a unos cuantos de los recin expulsados

Hasta el sentido esttico rabe palestino esta despreciado sin decirlo, apenas colocando la palabra indicada: para la boda, la prometida del protagonista es vestida chillonamente y con relieve artificial en sus ojos. No podramos decir que la mirada del novio en cuya boca se sitan estas palabras es de embeleso se refiere al rostro pintarrajeado de su prometida y trata a su suegra de estpida.

Manteniendo las comparaciones como mtodo de anlisis y va de juicio, MA nos explica que Francia y Alemania no podan soportar el roce electrificado de sus fronteras comunes, pero los rabes no son capaces de vivir armoniosamente con los judos. No hay mayor extravo que comparar la relacin de franceses y alemanes con la de rabes palestinos e israeles.

Es intil buscar en los renglones de MA algo que respete la historia: si son los judos [los que] encabezaban la lucha contra el colonialismo britnico en la regin [].

MA pone en palabras de la protagonista juda un sugerente pensamiento, que reitera el ombliguismo que nutre la nocin de pueblo elegido: -Ningn pueblo comprendera mejor a los rabes que el judo. Estoy convencida. Los judos hemos padecido infinitas torturas []. Si es por sufrir, qu dejamos para yaquis, mapuches, guaranes, onas, charras, kollas, mandingas, somales, zules, bantes, bengales, yemenitas, hereros, karen, cheroquis, tzoziles, yanomamis, bereberes y tantos, tantos otros pueblos, etnias diezmadas, aniquiladas?

Pero con MA es imposible argir; sus argucias le permiten blasonar como defensor incondicional del sionismo y a la vez sostener en la voz de Myriam que tendran que haberse repartido el pas, Palestina, un estado palestino con mayora rabe junto a un estado israel con mayora juda.

Es archisabido que el planteo sionista fue, desde el comienzo, aduearse de todo. Incluso ms, no solo de la Palestina histrica sino de lo que se llama ahora Jordania (y de unos cuantos territories aledaos, algunos ya ingresados, temporal o permanentemente, dentro de las fronteras israeles)

Cuando se desata el drama, los rabes dan una prueba ms de su doblez y deslealtad aguiniana; se apresuran en denunciar a nuestro protagonista como asesino de la mujer que haban codiciado como bocado sexual.

Obviamente, la Nakba es producto de las calumnias y exageraciones de la prensa rabe pintando a los sionistas como asesinos seriales y horrorizando as a la poblacin casi sin armas, describiendo las expulsiones como atrocidades, etctera.

Las parejas rabes de la novela destilan odio, incomprensin, abusos: no slo la del protagonista se liquida como vimos mediante asesinato ritual; la de sus padres se aniquila mediante los golpes que el padre propina a la madre y el llanto consiguiente de ella. El padre termina repudindola por el llanto.

El protagonista conocer en los campamentos, ya sin su madre, a otros refugiados. No eran palestinos, claro. Por ejemplo, hizo amistad con un nio egipcio: Durante el Mandato britnico vinieron numerosas caravanas de sirios y egipcios atrados por los elevados salarios que pagaban los sionistas. De modo tal que muchos palestinos no tenan un fuerte arraigo ancestral en esta tierra. Explica esto la facilidad con que aceptaron evacuarla? MA elude las violaciones a las mujeres, los asesinatos de los varones, absolviendo de toda culpa a los sionistas. Una vez ms.

MA nos ensea incluso que los sionistas eran ms natives que los inmigrantes rabes ms o menos recin llegados.

Si esto se da de patadas con la historia, puesto que el sionismo era muy celoso de no dar trabajo a no judos (aunque por un tiempo coexistieron, tal vez dentro del mismo sionismo, judos que efectivamente usaban mano de obra palestina, mucho ms barata que la juda), a MA lo tiene sin cuidado.

La historia que escribe no est vinculada con la verdad, sino con la propaganda. Cincelada con mucha erudicin, con pasajes mostrando su conocimiento europeo, de mundo, todo puesto al servicio de un objetivo no explcito: justificar al Estado de Israel.

El campamento palestino es una suma de miserias que no estn provocadas por la toma del territorio, el terror, las privaciones consiguientes, sino por la cultura rabe que incluye, por ejemplo, ablacin de clitoris.

La novela remata con una ordala de sangre en donde los palestinos quedan desplazados a planos secundarios. Porque el asesino de Myriam es un nazi. Histrico. Un mdico nazi, reciclado en la nueva Alemania. Con ello, MA mezcla los estamentos de la mitologa con los de la historia.

Los nazis asesinaron, no el mtico 6 millones, pero sin duda una enorme cantidad de judos, entre 1938 y 1945. Pero, asesinaron los nazis algn otro judo desde entonces? No tengo noticia. Pero MA otorga este escenario como un final a toda orquesta.

Con los mximos protagonistas, bien hollywoodenses, nada con personajes de segunda, como los rabes

Notas

1 Dershowitz, A., Chutzpah [1991], Edit. Planeta,, Buenos Aires, 1993.

2 Peretz, I. L., Esperanza y temor [1906], Asociacin Racionalista Juda, Buenos Aires, c:a 1947.

3 Papp, I., La limpieza tnica de Palestina [2006], Edit. Crtica, Barcelona, 2011.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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