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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-09-2017

Poderosos vientos de solidaridad humana sacuden a Cuba

Vladia Rubio
Cubas


Irma, la que es grande y poderosa. Eso significa el nombre y le qued justo a la medida al monstruoso huracn que nos azol este fin de semana buena parte de Cuba.

Pero si grandes fueron los zarpazos de Irma, tanto o ms de lo han sido las cadenas de solidaridad humana tejidas en torno a los necesitados.

As pueden dar fe los vecinos de El Yoyi, en La Lisa. Cuando ya Irma andaba arrasando por Varadero y la capital aguardaba cruzando los dedos, ellos cruzaban satisfechos los brazos sobre sus estmagos bien llenos.

El Yoyi tena en el congelador un pernil de cerdo y al comprender que lo de la luz sera para largo, decidi asarlo en el jardincito, debajo de un techo improvisado.

El olor se encarg de avisar a todos y, antes que empezaran a sentirse las primeras rachas en la ciudad, casi la cuadra completa haba cenado como en fin de ao. Porque la de ms all aport un caldero con frijoles para el congr, de todas formas se van a echar a perder; el otro, trajo arroz y unos limones y al final -aunque en verdad no haba nada que celebrar, ms bien que lamentar- compartieron todos una cena como no debe haber habido otra en ese momento.

Hoy, a unos kilmetros de los huesos del pernil y cuando ya parece haber pasado lo peor, el frzer de Norka, se apunta tambin dentro de las singularidades.

Nunca ha estado tan lleno, pero no es porque esta vecina de la Vbora se haya abastecido en extremo sino porque, solidaria, ofreci esta alternativa a cuanto vecino fuera donde ella quejndose de cmo iba a perder lo mucho o lo poco que tena en el congelador.

Ahora, si uno se asoma al interior del frzer, tropieza con algo as como un peculiar rbol de navidad atestado de jabitas y paquetes, cada uno con una cintica de color diferente.

Esa fue la condicin que puso la duela para que cada cual luego pueda identificar lo suyo.

En casa del doctor Tony, en San Miguel del Padrn, uno de los primeros lugares donde ya volvi la electricidad, se amontonan ahora mismo parientes, amigos y compaeros de trabajo venidos de los ms diversos municipios capitalinos para cargar sus telfonos, lmparas, radios y llevarse, al menos, un pepino con agua.

Como todos los tomacorrientes estn llenos, hasta el del bao, han armado una colita mientras disfrutan del caf que Ada no para de colar, porque ms de uno se ha aparecido con el paquetico de la cuota por aquello de una mano lava la otra.

En muchas otras latitudes de este planeta las situaciones aqu descritas pudieran resultar impensables o un tanto surrealistas. Pero si de surrealismo hablamos, entonces s parece ganarse la corona el pregonero que, ya bajo los primeros vientos del cicln, andaba por anunciando a voz en cuello por una barriada de Plaza: Vaaaaya tu cebolla aqu, cmprala que se la lleva Irma.

A esas alturas todas las ventanas estaban cerradas, las puertas aseguradas. Me pregunto si alguien se arriesg a salir de su resguardo siguiendo la invitacin del vendedor de cebollas.

Bueno, todas-todas las ventanas no estaban aseguradas porque en el mismo barrio poda verse una entreabierta desde la que dos nios lanzaban cohetes de papel para verlos ascender a alturas grandsimas, impulsados por los malos aires de Irma.

Me cont la madre de los dos muchachitos que ayer en la tarde, cuando las cosas empezaron poco a poco a acomodarse, fue a buscar la copia de su certificado de matrimonio que le haba costado das de gestiones, colas y esperas.

Lo haba dejado sobre la cmoda porque era para un trmite que tena que hacer en cuanto todo volviera a funcionar y quera tenerlo visible.

Al ver que no estaba donde lo haba dejado, pregunt a sus hijos, los lanzadores de cohetes de papel. S el resto ya se lo imaginan. Quin sabe sobre cuantas azoteas sobrevol aquel documento. Al menos, tuvo un final ms entretenido que la aburrida existencia que llevaba entre tomos y folios de alguna notara.

Justo hace una hora fue testigo de otra escena, que podra ser tambin muy poco frecuente en otras latitudes:

Asela andaba casi llorando porque no haba podido saber nada de su hija, ya una mujer, que vive en Ciego de vila. Una vecina, que es tambin mi vecina, al escucharla, se asom a la puerta del apartamento para ofrecerle que la llamara por su telfono celular que todava le queda una rayita de carga, aprovecha.

Cuando finalmente Asela pudo hablar con la hija, respir tranquila, y tambin lo hizo mi vecina. Se qued sin saldo y sin carga, pero tambin sin la carga de haber sido una mala cubana; ahora, cuando todos tenemos que ser hermanos.

Fuente: http://www.mujeres.co.cu/art.php?NTI5Mg==



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