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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-09-2017

Las urnas, las leyes y viceversa

Miguel Pasquau Liao
Ctxt

Hay vas democrticas para conseguir un referndum legal: constatar formalmente la voluntad de los catalanes, sin permiso de Rajoy, y la modificacin de los artculos sobre la reforma constitucional


Necesito decir tres cosas de entrada al mismo tiempo. La primera es que lamento, como lamentamos muchos, que la mayora parlamentaria que sostiene al Gobierno de Espaa est bloqueando desde hace aos un cauce de expresin democrtica a la aspiracin poltica de un referndum sobre las relaciones de Catalua y el resto de Espaa que reclama una enorme mayora social en Catalua y que slo depende, para ser legal, de voluntad poltica para una reforma constitucional. La segunda, que reconozco que esa mayora est actuando en coherencia con su compromiso electoral, pues prometi en campaa y programa electoral que impedira el referndum, cosa que puede hacer con todas las bendiciones constitucionales. Y la tercera, que la crtica poltica a esa actitud de bloqueo del referndum no me lleva a solidarizarme con los promotores de un procs rupturista, sino por un lado a la resignacin (como en tantas otras cosas en las que la mayora poltica no coincide con mis ideas), por otro lado al deseo de la construccin de una nueva mayora poltica en Espaa y en Catalua, capaz de devolver este asunto a la poltica, y por otro al respeto mientras tanto a la Constitucin, pues me parece ms grave la alegre desconexin del principio de legalidad que la demora de una aspiracin poltica legtima. Y un apndice, en plena Diada: no me escandalizo de que cientos de miles de catalanes antepongan con ilusin la independencia al principio de legalidad (cada cual es dueo de jerarquizar sus deseos y temores), pero s me escandalizo de muchos de los argumentos que esgrimen los conductores polticos del procs.

Guardias civiles y jueces contra papeletas

Es antiptico esgrimir la Constitucin como argumento contra la celebracin de un referndum. Ms, si ese argumento se ilustra con la imagen de la Guardia Civil registrando una papelera en busca de papeletas, o con la de la presidenta del Parlament subiendo las escaleras del tribunal para declarar en un proceso penal. Es Constitucin o democracia, dicen algunos porque la democracia nunca puede ser ilegal; una Constitucin que impide a un pueblo votar hay que saltrsela, dicen los ms audaces, y echan mano de los apuntes sobre desobediencia civil. Y hasta del gran Gandhi.

Pero, slo hay razones jurdicas, bunkerizadas, antipticas, injustas y antidemocrticas para frenar un referndum en nombre de la Constitucin? Bueno, hay al menos una razn poltica muy poderosa. La razn es la que est en la base de la idea misma del constitucionalismo. Una constitucin no sirve para evitar un golpe de Estado militar ni una revolucin (si triunfan, adis Constitucin y vuelta a empezar), pero s para evitar que cualquier caudillo nacional o popular invoque el apoyo de las masas para acabar democrticamente con los partidos polticos, las autonomas, la separacin de poderes y las libertades. Caudillo que, por cierto, podra pretender una legitimidad basada en un referndum a las bravas, y vaya usted a saber lo que sale de ah. No digo que esto lo pretendan los nacionalistas catalanes; digo slo que la lgica sera la misma: el valor supremo del referndum, la dictadura de las mayoras coyunturales sin blindaje de derechos y sin el esqueleto del principio de legalidad. Es un tema serio si lo miramos a largo plazo y con memoria histrica. El principio de legalidad no provoca entusiasmos, pero s nos salva de ellos.

Piscina o pista de petanca?

Permtanme que utilice un ejemplo burdo: a veces son los buenos. Supongamos que usted ha comprado una vivienda en un edificio que cuenta como elemento comn con una piscina y que una mayora de vecinos propone sustituir la piscina por un foso para petanca. Piscina o petanca? Lo que quiera la mayora, diran los promotores. Lo que digan los estatutos, diran los partidarios de la piscina. Los estatutos no pueden estar por encima de la mayora, dirn unos; las mayoras no pueden estar por encima de mis derechos, dirn otros. Rebus sic stantibus, dira algn inteligente equidistante (usted tiene blindado por estatutos un derecho a la piscina aunque cambie la mayora salvo que cambien extraordinariamente las circunstancias). El acuerdo mayoritario de la junta de propietarios a favor del foso de petanca sera nulo, y podra impugnarse en el Juzgado con xito. Es probable que los vecinos petanqueros entonces hostiguen y califiquen de abuso la postura de los minoritarios, y que incluso llenen de arena la piscina una noche en protesta, pero la regla jurdica que protege a la minora no es antidemocrtica, sino el blindaje de un derecho frente una votacin mayoritaria. Es as de simple: una Constitucin establece (democrticamente) reglas de juego para el ejercicio de la democracia que incluyen derechos y principios protegidos de mayoras parlamentarias absolutas pero coyunturales. Sin reglas sobre la democracia, los derechos son de mantequilla: se derriten al calor.

Catalanes contra catalanes

En Catalua hay ciudadanos que quieren constituir un Estado propio e independiente, pero tambin catalanes que quieren que la comunidad autnoma en la que viven siga perteneciendo a Espaa. Y pueden quererlo por razones de mucho peso: por ejemplo, porque no quieren ver reducido el mbito territorial de su cuota de soberana: es decir, no quieren perder soberana respecto de las cosas que suceden en Crdoba, en Aragn y en Canarias que actualmente sean competencia estatal (no es esto importante?); o porque quieren que los intereses de gallegos y catalanes se defiendan conjuntamente en poltica exterior, para no perder fuerza; o porque se desplazaron a trabajar en Catalua desde otras partes de Espaa porque Catalua era Espaa; o porque quieren que su empresa con sede en Barcelona opere en toda Espaa bajo la misma legislacin mercantil y sin aranceles.

He aqu el conflicto principal: no tanto el de Catalua contra el resto de Espaa, sino el de unos catalanes contra otros. Si unos catalanes quieren irse del todo, otros irse para asociarse, otros irse slo un poquito, y otros quedarse sin ms, qu hacemos? La respuesta que primero viene a la cabeza es pues lo votamos, y se hace lo que quiera la mayora: eso es la democracia. La petanca, si los vecinos prefieren petanca. Referndum, y que dios reparta suerte. Pero esa democracia desarticulada y dependiente de mayoras coyunturales no es siempre la mejor respuesta. Y no lo es, no porque Madrid no quiera, ni porque la unidad de Espaa valga ms que la democracia, sino porque el contenido de la democracia no es slo la regla de la mayora, sino que tambin es el respeto de los derechos adquiridos incluso frente a una mayora que vota privarte de ellos. Y hoy da cada cataln tiene blindado, incluso frente la mayora, un derecho a la cosoberana sobre todo el territorio espaol. Un derecho a Espaa. No a la nacionalidad espaola, sino a su territorio, porque no es la nacin, estpido, es el territorio.

Soberana y autodeterminacin

La independencia y la autodeterminacin no son asuntos nuevos, los nuevos somos nosotros: la cuestin se discuti al hacer la Constitucin. Y tras un proceso ms o menos ejemplar de equilibrios y cesiones, los distintos pueblos de Espaa (a ellos se refiere el Prembulo, y no parece que la s aadida a pueblo sea una errata) se dotaron de una Constitucin, refrendada democrticamente (abrumadoramente en Catalua), que consagr una autonoma poltica territorial muy amplia pero limitada. Aquello fue un pacto poltico, del que naci la legitimidad constitucional de la Generalitat. Nadie firm ni vot cruzando los dedos por detrs, reservndose la posibilidad de decir luego que la cosa no iba en serio. La unidad de Espaa (y la autonoma territorial) es una regla constitucional, y la independencia es slo una aspiracin poltica legtima. Slo un acuerdo del mismo nivel (es decir, constitucional) puede cambiar esa regla y sustituirla por otra segn la cual el grado de autonoma de un territorio dependiera exclusivamente de la decisin mayoritaria de ese territorio, sin ningn lmite. Esa es la razn por la que el independentista cataln, ciertamente, tiene ms difcil que la realidad se parezca a su deseo que el unionista y tiene que superar ms obstculos: el contrato blinda al unionista, le da una posicin de ventaja. Pero, no ocurre as con tantas otras reivindicaciones legtimas? Basta la frustracin de un objetivo poltico para llevar a cabo conductas o procesos disruptivos y exigir que se nos allane el camino? Es antidemocrtico proteger el pacto constitucional? Ser frustrante, pero no antidemocrtico.

Est, entonces, todo dicho? Claro que no. La inmensa mayora de catalanes es partidaria de la celebracin de un referndum normalizado sobre la pertenencia o no de Catalua a Espaa y sus modalidades, y esa pulsin sin duda democrtica acabar exigiendo una respuesta poltica. Seguramente en el conjunto de Espaa, una vez que se serene el debate y se enfren las urgencias, cada vez ms ciudadanos y polticos alzarn la voz y reconocern que no hay razones de fondo para que una comunidad bien definida no tenga ms remedio que seguir siendo Espaa, aunque muy mayoritariamente no quisiera. Hay vas democrticas para conseguir un referndum legal, e incluso para pretender la independencia. Son vas difciles, pero no tan difciles como el cambio de la piscina por la petanca. Voy a sugerir dos vas de las que apenas he odo hablar, pese a lo mucho que hemos hablado sobre tema.

A) Una va para constatar legal y formalmente la voluntad de los catalanes, sin permiso de Rajoy

El artculo 166.1 de la Constitucin, que remite a su artculo 87.2, atribuye a los parlamentos de las comunidades autnomas competencia para remitir a la Mesa del Congreso una propuesta de reforma constitucional. Una mayora parlamentaria catalana puede elaborar un texto de reforma constitucional que introduzca el derecho de autodeterminacin y seale para su ejercicio unas condiciones razonables que podran resultar aceptables para una mayora de espaoles, similares a las que permitieron en Canad un referndum. El Tribunal Constitucional no podra suspender ni anular la ley, porque una iniciativa de reforma constitucional no puede ser inconstitucional. Y la Generalitat puede, salvo (ahora s) absoluta cerrazn del Gobierno de Espaa y del Tribunal Constitucional que sera incomprensible, convocar un referndum a los catalanes para apoyar o no (no la independencia, sino) la decisin de su Parlamento de elevar a las Cortes esa propuesta. Quedara constatada formal y legalmente una voluntad poltica de los catalanes, probablemente abrumadora, presentada como propuesta al conjunto de los espaoles (ellos incluidos). Las Cortes habran de tramitar esa reforma, y finalmente aprobarla o no. Si no se atendiera en absoluto, quedara constatado de manera impecable un malestar democrtico en Catalua que habra que gestionar polticamente. La cuestin quedara en el escenario del que nunca debi salir: la construccin de mayoras polticas alternativas que s hicieran posible lo que ahora mismo es slo una aspiracin legtima (todas las miradas, por cierto, se dirigirn en primer lugar al PSOE, que es el nico partido que exhibe dudas). Es una va imposible? Hoy s, desde luego. Pero la esperanza es una larga paciencia, y busca sus caminos. Lo sabemos quienes tantas veces perdemos en el juego de mayoras y minoras. Hay, adems, un modo de rebajar las dificultades de una reforma constitucional.

B) Penltimo recurso: la reforma de los artculos sobre la reforma constitucional

La reforma del ncleo duro de la Constitucin (ttulo preliminar -en el que est el principio de la unidad indisoluble de Espaa-, parte del ttulo primero -derechos fundamentales- y ttulo segundo -monarqua-) impone exigencias muy difciles de alcanzar: una mayora de dos tercios de Congreso y de Senado, la disolucin de las cmaras, elecciones constituyentes, aprobacin del nuevo texto por la misma mayora de dos tercios, ratificacin en referndum en toda Espaa. Resulta suficientemente disuasorio, y refleja un deliberado empeo en ponerlo difcil. Puede decirse que el blindaje constitucional es excesivo, porque as se quiso, y no porque Franco lo dejara en su testamento confiado a su ejrcito albacea, como s hizo con la Corona y con la unidad indisoluble de Espaa. Pero esta voluntad constitucional de hacer difcil la reforma tambin es reformable, y no est tan blindada como los contenidos que acabo de referir. En efecto, los artculos 166 a 169 (que son los que regulan la reforma y la ponen tan difcil) pueden reformarse a travs del procedimiento blando, que slo exige una mayora de 3/5 de Congreso (210 diputados) y del Senado y un referndum si lo pide un diez por ciento de los miembros de cualquiera de las cmaras (35 diputados). S que algn constitucionalista ha calificado esta posibilidad de fraude constitucional, pero ni estoy de acuerdo ni es lugar para debatirlo. De manera que ni mucho menos es inalcanzable o inimaginable una mayora que para determinados temas (como la repblica, el derecho de autodeterminacin o la introduccin de nuevos derechos fundamentales) logre rebajar y racionalizar las exigencias para la reforma constitucional, de modo que acerque las posibilidades de hacer un referndum en Catalua sin echarse al monte de una democracia sin esqueleto.

Con todo, estas propuestas slo tienen sentido para despus del incendio. De momento, no estamos en lo importante, sino en lo urgente: apagar el fuego, aunque los vecinos no puedan jugar a la petanca.

Miguel Pasquau Liao (beda, 1959) es magistrado, profesor de Derecho y novelista. Jurista de oficio y escritor por aficin, ha firmado ms de un centenar de artculos de prensa y es autor del blog "Es peligroso asomarse". http://www.migueldeesponera.blogspot.com/
@miguelpasquau

Fuente: http://ctxt.es/es/20170906/Firmas/14891/Cataluna-referendum-Pasquau-Rajoy.htm


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