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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-09-2017

Neomachismo
El neomachista discurso de la discriminacin masculina

Octavio Salazar
eldiario.es

Decir que los hombres de este pas (Espaa) estamos discriminados no es solamente un ejercicio de machismo y de resentimiento, sino tambin de ignorancia.


Una de las consecuencias ms terribles del caso de Juana Rivas ms all de su drama personal, del laberinto procesal y de los muchos errores cometidos en su defensa y, por supuesto, de la constatacin de las mltiples fallas de nuestro ordenamiento jurdico y de nuestro sistema judicial para proteger adecuadamente a las vctimas de la violencia de gnero ha sido el rearme de los discursos machistas y neomachistas que en los ltimos tiempos han encontrado en las redes sociales un espacio ideal de expansin.

Y hablo de neomachismo para referirme a todas esas construcciones ideolgicas que usan aparentemente nuevos conceptos y paradigmas para en el fondo seguir defendiendo a ultranza los dividendos patriarcales. Unas construcciones que han ido incluso creando sus propios mitos, como el de las denuncias falsas, con los que pretenden armarse de razones. La figura de Arcuri se ha convertido, sobre todo para muchos hombres que son prisioneros de la ira y el resentimiento frente a unas mujeres que han sido capaces de plantarles cara y convertirse en sujetas autnomas, en una especie de hroe a travs del cual estn expresando toda una construccin ideolgica que insiste en la victimizacin masculina y que supone una rearme patriarcal frente a las progresivas conquistas de nuestras compaeras.

Arcuri ha acabo convertido, no s si siendo l consciente del todo, en una especie de portavoz de todos esos varones que llevan ms de una dcada argumentando contra la LO 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de proteccin integral contra la violencia de gnero; que han encontrado en el trmino feminazis el calificativo ms faciln con el que desprestigiar a las que llevan siglos luchando por la democracia y que, por supuesto, encuentran todo tipo de aliados y de aliadas, a veces en los lugares ms insospechados, en la cruzada contra lo que ellos llaman la ideologa de gnero.

La gran paradoja de los discursos de estos individuos, y de algunas individuas que son cmplice de ellos por accin u omisin (que tambin las hay), es que son precisamente sus pretendidos argumentos los que nos sirven de prueba evidente de la pervivencia del patriarcado y la urgente necesidad, todava hoy, de articular mecanismos legales y polticas pblicas para erradicarlo de la faz de nuestras democracias. Solo desde una reaccin patriarcal y profundamente machista es posible soltar eso de que los hombres en este pas estamos discriminados, como ha manifestado el abogado del hroe italiano, justo adems el da despus de que todos hemos visto en los medios de comunicacin las imgenes de la inauguracin del ao judicial en las que hemos podido constatar de qu manera contina funcionando la cuota del 100% masculina. Unas fotografas que no solo tienen significado cuantitativo por la ausencia de las mujeres en la cpula del poder judicial sino que tambin poden de manifiesto el freno cualitativo que supone seguir teniendo una judicatura androcntrica y que reproduce con tanta facilidad sesgos machistas en la aplicacin e interpretacin de las leyes.

Decir que los hombres de este pas estamos discriminados no es solamente un ejercicio de machismo y de resentimiento, sino tambin de ignorancia. Porque basta con analizar cualquier estadstica, cualquier dato objetivo de la realidad, de esos que no son opinables, para constatar que seguimos ocupando una posicin de privilegio y que ellas, nuestras compaeras, son las que continan teniendo muchas ms dificultades que nosotros para tener un trabajo digno, para ocupar posiciones de poder o en definitiva para construir autnomamente sus proyectos de vida.

Todo ello por no hablar de las cifras que nos muestran el drama de las mltiples violencias que sufren y que no solo son las que podemos encuadrar en el tipo estricto de la denominada de gnero sino que tienen que ver con todas las que contribuyen a mantenerlas en un estado de subordinacin.

Es justamente ese estado de subordinacin, que se traduce a su vez en mltiples discriminaciones que adems se multiplican entre ellas, el que legitima que nuestro ordenamiento jurdico adopte acciones positivas, cuya finalidad no es otra, como bien ha justificado el Derecho de la Unin Europea y por supuesto nuestro Tribunal Constitucional, que remover los obstculos que impiden que las mujeres puedan acceder a determinados bienes o al ejercicio de determinados derechos en igualdad de condiciones con nosotros. Tal y como adems ordena el artculo 9.2 de nuestra Constitucin.

Un objetivo que lgicamente sera inalcanzable si aplicramos la estricta igualdad formal de la ley ya que los resultados de sta son injustos cuando el punto de partida de los individuos a los que se aplican son desiguales. Algo que parece evidente en el caso de las mujeres, si nos ajustamos, como antes apuntaba, a las estadsticas que nos hablan de su lugar en la sociedad. Unos datos que no son ideologa sino el resultado perverso de una construccin de gnero que nos hace histrica y culturalmente desiguales en funcin de nuestro sexo. Y es justamente esa interpretacin del principio de igualdad en la que se apoy nuestro Tribunal Constitucional al enjuiciar la constitucionalidad de la LO 1/2004.

Una ley que, recordemos, fue aprobada por unanimidad de todos los grupos parlamentarios. La interpretacin del TC no deja lugar a dudas: No es el sexo en s de los sujetos activo y pasivo lo que el legislador toma en consideracin con efectos agravatorios, sino el carcter especialmente lesivo de ciertos hechos a partir del mbito relacional en el que se producen y del significado objetivo que adquieren como manifestacin de una grave y arraigada desigualdad (fundamento jurdico 9, STC 59/2008, de 14 de mayo). Una sentencia que no estara de ms que Arcuri y sus asesores jurdicos releyeran antes de decir barbaridades en los medios de comunicacin y de lanzarse al herosmo de cuestionarla, no s bien a travs de qu herramienta procesal, ante los tribunales italianos.

Un posicionamiento que huele a grito desesperado de sujeto que no se resigna a perder sus privilegios y que no ha entendido que los derechos humanos, como bien explica su compatriota Luigi Ferrajoli, no son otra cosa, o no deberan ser otra cosa, que la ley del ms dbil.

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/neomachista-discurso-discriminacion-masculina_6_684241580.html


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Sobre el Autor:

Octavio Salazar Catedrtico de Derecho Constitucional de la Universidad de Crdoba, investigador especializado en igualdad de gnero y nuevas masculinidades.


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