Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2017

Dulce patria para todos?

Punto Final
Rebelin


La primera condicin para que una repblica sea considerada democrtica es regirse por una constitucin democrtica. Y una constitucin democrtica debe representar la voluntad del pueblo soberano a travs de una Asamblea Constituyente y aprobada mediante un plebiscito informado.

No es el caso de Chile, que jams ha contado con una constitucin nacida de ese modo. Todas han sido de origen oligrquico, surgidas de comisiones manipuladas por el poder ejecutivo y en algunos casos aprobadas en dudosos plebiscitos, como el de 1980.

La constitucin juega un rol decisivo en la construccin del Estado y sus instituciones, en sus leyes y en el actuar de las autoridades legtimas del pas. La constitucin es la coraza del Estado de derecho y el amparo contra los abusos de los que ejercen el poder. Es el mecanismo articulador de una nacin y su respeto garantiza los derechos y deberes de los ciudadanos. Cuando la constitucin es pisoteada como ocurri con el golpe de Estado de 1973, todo el andamiaje del Estado se viene al suelo sepultando la soberana del pueblo y los derechos humanos, polticos y sociales de los ciudadanos.

Aplastando la constitucin, una banda de oficiales sediciosos y de empresarios inescrupulosos se aduearon del pas y lo sometieron al terrorismo de Estado. Durante 17 aos imper el silencio de los cementerios.

La herencia de la dictadura no ha sido corregida en aspectos fundamentales por los gobiernos de la transicin a la democracia. Soportamos una caricatura de democracia representativa que asegura la dominacin de una minora que controla el poder econmico, poltico, cultural y militar del pas. De esta penosa realidad proviene la decepcin con una democracia que no es tal. La resistencia contra la dictadura -activa o silenciosa- confiaba barrer con la institucionalidad creada por el terrorismo de Estado y recuperar los derechos conculcados por la fuerza.

La decepcin con una falsa democracia se ha convertido en asco a medida que se divulgan ms episodios de una corrupcin que abarca a todas las instituciones civiles, militares y policiales. La ms desacreditada es el Congreso Nacional, que en estos das protagoniza nuevos hechos bochornosos. Las asesoras externas que el fisco financia a los parlamentarios son un antiguo vicio para el financiamiento encubierto de organismos que son fachadas de los partidos o amigos y parientes de diputados y senadores.

La repugnancia que causa la corrupcin genera anticuerpos que llevan a confundir la poltica con la politiquera. La institucionalizacin del pituto convierte en casta privilegiada a una legin de funcionarios, parlamentarios, empresarios, militares y policas. El pas se divide entre los que tienen pitutos en las instituciones y la mayora que carece de tales contactos. El rechazo a esas prcticas se materializa en una elevada abstencin electoral. Es probable que sobrepase el 60 % en las elecciones del 19 de noviembre, cuando debe elegirse presidente de la Repblica y parte del Congreso.

Con todo cinismo la burguesa alaba la paciencia y resignacin del pueblo chileno. Pero olvida que esa pasividad tiene lmites y provoca reventones imprevisibles como los del 2 y 3 de abril de 1957 o los del ao decisivo de 1986. La historia de Chile -al contrario de lo que ensea la historia oficial- est impregnada de violencia. Revoluciones, golpes de Estado, guerras civiles, masacres, dictaduras, conspiraciones, levantamientos populares, crmenes polticos, etc., sitan a Chile en la vertiente histrica comn de Amrica Latina. Somos parte de un continente en ebullicin que busca, desde su independencia de las coronas europeas, unidad y justicia social para sus pueblos. Es intil fingir ser lo que no somos, como pretende la cultura que nos imponen las clases dominantes. Esa cultura adocenada intenta esconder nuestra condicin de pas mestizo y la violencia con la que siempre ha sido aplastada la voluntad popular.

La sombra del despotismo asom otra vez en estos das en la escena poltica. Diecisis excomandantes en jefe del ejrcito, Armada, Fuerza Area y Carabineros -que han desempeado esos cargos en democracia- advirtieron al Gobierno de que no debe poner en riesgo los logros con tanto esfuerzo alcanzados, manteniendo artificiosamente las divisiones del pasado.(1) Su pronunciamiento rescata las sinrazones del golpe de Estado de 1973, objetan los juicios por violaciones de los derechos humanos y se oponen al cierre del penal de Punta Peuco. Al da siguiente los generales y almirantes fueron apoyados por coroneles en retiro, encabezados por un conocido torturador y exagente de la Dina.(2)

Estas bravatas -que indican una confabulacin para irrumpir con gruidos- revelan que el Alto Mando de las FF.AA. y Carabineros contina pensando de la misma manera que en 1973. La arrogancia de los generales, almirantes y coroneles en retiro no ha sido criticada por los actuales mandos de las instituciones, de lo cual se infiere que comparten las opiniones de los exoficiales. El recuento que en estos aos se ha hecho de los asesinatos, desapariciones forzadas, torturas, prisiones, exilios, allanamientos y saqueos de bienes privados, adems del enriquecimiento ilcito de Pinochet y su pandilla, no han hecho mella en la doctrina castrense que pone las armas como escudos del capitalismo.

Estas provocaciones -que podran llegar mucho ms all si no se las contiene- son posibles porque la tarea de desmontar el andamiaje dictatorial qued a medio camino. Los gobiernos de la transicin a la democracia no han asumido la necesidad de promover y convocar a una Asamblea Constituyente que sepulte la ilegtima Constitucin de 1980.

La transicin pactada permite que las FF.AA. y Carabineros conserven las doctrinas que las convierten en guardianes del orden oligrquico. Es un fenmeno muy grave, porque mantiene a raya las aspiraciones democrticas del pueblo y aleja a las instituciones armadas de la oportunidad que les brinda la historia de compartir con el pueblo un programa para conquistar la plena soberana de la nacin, hoy menoscabada por leoninos tratados comerciales y por la insaciable voracidad de las empresas transnacionales.

Chile es uno de los pases con mayor desigualdad del mundo. No todos los chilenos somos iguales en derechos y deberes. Unos pocos -poqusimos en realidad- gozan de irritantes privilegios. Y una mayora afronta diariamente pesados problemas que se arrastran sin solucin en el tiempo. La injusticia social y la corrupcin son los padres de las drogas, el alcohol y la delincuencia, azotes del deshumanizado laboratorio mercantilista que es Chile.

En este Mes de la Patria -cuando las autoridades se disfrazan de huasos y las FF.AA. muestran sus costosos equipos para la guerra del nunca jams- es oportuno reflexionar sobre el amor a la patria. Es el patriotismo de banderitas tricolores una vez al ao. O es el esfuerzo cotidiano de los trabajadores que reclaman sus derechos. Tiempos vendrn en que el patriotismo se exprese todos los das en una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales, cultos y dueos del destino de un pas donde pueblo y soldados compartirn una sola voluntad.

Notas:

(1) El Mercurio , 8/9/2017

(2) El Mercurio , 9/9/2017

 

Editorial de Punto Final, edicin N 884, 15 de septiembre 2017.

[email protected]

www.puntofinal.cl


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter