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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2017

La poltica exterior de Donald Trump

Immanuel Wallerstein
La Jornada


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La llamada madre de todas las marchas slo reuni a unos cientos de personas ayer sbado en Washington en respaldo del presidente estadunidense Donald Trump -Foto: Afp.

Donald Trump se aproxima al final de su primer ao como presidente de Estados Unidos. Ahora todo mundo simpatizantes, oponentes, aun los indiferentes parecen coincidir en una cosa. Sus pronunciamientos y sus acciones son impredecibles. Ignora los precedentes y se comporta en modos que constantemente sorprenden a la gente. Los simpatizantes encuentran esto refrescante. Los oponentes lo encuentran aterrador.

No obstante, muy pocos han comentado en torno a lo que creo es su logro ms singular. Se ha manejado con la treta de ser el actor ms impredecible en la escena estadunidense y mundial, y al mismo tiempo como el actor ms predecible.

Es deliberado que se rodea de una panoplia de asesores que lo empujan en direcciones opuestas en extremo. Constantemente despide a alguno de ellos y designa a otros. Ningn individuo parece durar mucho. El resultado es que a todo mundo le deja claro que la decisin final es suya y suya solamente. Puede acceder por un tiempo a lo que los asesores le sugieren, pero algunas veces deshace al da siguiente lo aconsejado. Esto es lo que lo hace ver tan impredecible.

Pero al final revierte siempre su decisiones hacia lo que algunas veces se le llama sentimientos de tripa, sea el asunto de la atencin a la salud, la inmigracin, la reduccin de impuestos o la accin militar. Eso es lo que lo hace tan predecible. El resultado final es siempre el mismo. Cualquiera que lo observe o trabaje con l o se le oponga debe por tanto ser capaz de predecir a dnde va a terminar estando. Y para casi todo el mundo, dnde Donald Trump termina no es donde les gustara que un presidente de Estados Unidos fuera.

Trump y Estados Unidos se enfrentan con un gran nmero de asuntos acerca de los cuales existen fuertes y divisorias opiniones en ambos lados. Estas divisiones resultan intratables para muchos. No para Donald Trump. l cree en s mismo y en su habilidad para completar sus agendas nacional y mundial. Para l nada es intratable.

En septiembre de 2017, las dos decisiones ms urgentes de poltica exterior tuvieron que ver con Corea del Norte e Irn. En ambas, el conflicto con Estados Unidos gira en torno a un asunto crucial: las armas nucleares. Corea del Norte las tiene. Irn no las tiene, pero al menos algunos de los principales actores internos piensan que es esencial que Irn las adquiera.

La posicin oficial estadunidense es que Corea del Norte debera desmantelar su armamento nuclear y que Irn debera cesar cualquiera y todas las actividades que se muevan en la direccin de adquirir tales armas. Estas posturas no son nuevas o inventadas por Donald Trump. Han sido la posicin pblica de Estados Unidos, de todos los presidentes previos, por algn tiempo ya.

Lo que es diferente con Trump es que se niega a admitir lo difcil que es conseguir estos objetivos de Estados Unidos y lo peligroso que sera perseguirlos mediante acciones militares. Por tanto, los presidentes previos han buscado soluciones (as llamadas) diplomticas. En el caso de Irn, la diplomacia pareci funcionarle al presidente Obama con el acuerdo firmado por ambos pases (y otras potencias). En contraste, la diplomacia ha logrado hasta ahora muy poco en el caso de Corea del Norte.

En ambas situaciones, los sentimientos de tripa de Donald Trump parecen claros. Quiere usar las acciones militares para forzar a Corea del Norte a que desmantele sus armamentos nucleares. Quiere retirarse del acuerdo con Irn y utilizar una amenaza militar para obtener su renuncia permanente del desarrollo de armamentos nucleares.

Hay dos preguntas en torno la poltica exterior de Trump. Puede de hecho disponer que se comiencen acciones militares? Y si puede, podrn lograr las acciones militares lo que l confa lograr?

Donald Trump prometi a sus simpatizantes que probara ser un amigo verdadero de los militares estadunidenses otorgndoles puestos clave en su administracin y buscando expandir los fondos de las fuerzas armadas. Lo ha hecho. En su ltimo reciclaje de su personal, coloc a un militar, John Kelly, en la posicin de jefe del Estado Mayor con amplios poderes para cambiar al personal y servir de filtro para acceder al presidente.

 

Por supuesto los militares aprecian obtener ms fondos. Pero es curioso que la mayora de sus asesores militares son relativas palomas. S favorecen una expansin de fondos para los militares. Pero todos parecen creer que las guerras son en verdad un recurso final, uno que tiene enormes e inevitables consecuencias negativas. Tienen un aliado en el secretario de estado, Rex Ti- llerson. Siempre que Trump ha seguido su consejo y ha proferido su retorica ms spera, eso le parece de lo ms incmodo ejercerla por ms de un breve momento. Siempre regresa a sus fundamentos.

La primera pregunta es si Trump puede de hecho lanzar acciones militares serias. Esto sera menos fcil de lo que imagina. Los burcratas militares tienen toda suerte de modos para desacelerar, inclusive frenar, acciones con las que ellos no estn de acuerdo. En el rgimen de Trump, de hecho son impulsados a hacer esto por otro rasgo peculiar de la personalidad de Donald Trump. Le gusta asumir el crdito de los xitos y culpar de los fracasos a los dems. As que por si fuera el caso que las acciones militares fracasaran, est subcontratando las decisiones reales de los militares. Si hubiera un fracaso bien puede culparles. En caso de xito ser el primero en reclamar el crdito exclusivo. Sin embargo, subcontratar necesariamente significa retrasos e invita al sabotaje.

Son diferentes los casos de los dos pases. Corea del Norte tiene de hecho bombas, unas que s pueden alcanzar el territorio de Estados Unidos. Es ms, la inteligencia estadunidense parece estar diciendo que Corea del Norte est mejorando su capacidad militar a un ritmo muy rpido. El rgimen de Trump habla ahora de una guerra preventiva el oxmoron ms maravilloso inventado alguna vez. Si Estados Unidos lanzara una guerra preventiva, uno puede tener la certeza de que Corea del Norte responder de manera importante.

En contraste, Irn no cuenta con armamento nuclear. Pblicamente insiste en que no tiene la intencin de adquirirlos. Por lo menos la mitad de las autoridades parece lista a renunciar a cualquier esfuerzo encaminado a adquirirlos permanentemente, a cambio de varias clases de beneficios econmicos. Va a ser ms difcil renunciar al acuerdo de lo que Donald Trump cree. Por una razn: tiene cosignatarios Alemania, Francia, Italia y la Unin Europea que han dicho que no van a ceder ante tal renuncia.

Pero por el momento suspendamos la pregunta de si funcionara una accin militar y preguntmonos por sus consecuencias. En el caso de Irn, es muy probable que los aliados mundiales ms importantes de Estados Unidos en Europa, por no hablar de Rusia y China, en el futuro aumentaran la distancia que tomen no slo del rgimen de Trump, sino de Estados Unidos como pas. Un camino no diplomtico probara ser un desastre diplomtico.

En Corea del Norte, las consecuencias seran todava ms grandes. Supongamos que Estados Unidos bombardea todas las locaciones conocidas donde existen armamentos nucleares en Corea del Norte. Que algunas bombas fallan en dar en el blanco.

Adems, parece que Estados Unidos no tiene siquiera la lista completa de las locaciones. Corea del Norte puede ser capaz de lanzar una bomba desde un submarino. Imaginemos por un momento que tras una guerra preventiva, Corea del Norte quedara con una sola bomba. A quin la lanzara?

En cualquier caso, las bombas estadunidenses de su guerra preventiva y la bomba con que respondera Corea del Norte resultaran en un despliegue nuclear de increble magnitud y dispersin geogrfica. Bien podra ocurrir que los resultados de tales bombas soplaran por todo el ocano Pacfico e infligieran tremendos daos a vidas en Estados Unidos. El hecho es que el resultado final de Trump puede no ser un triunfo. Puede ser solamente un desastre humano de dimensiones mundiales.

Sin duda, el lector no quiere saber mi prediccin de lo que de hecho va a ocurrir. Es triste decirlo, impredecible.

Traduccin: Ramn Vera Herrera

Immanuel Wallerstein

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/09/17/opinion/030a1mun



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