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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-09-2017

A propsito de Catalua: Razonemos (y III)

Julio Anguita
Rebelin


Espaa complejo poltico-nacional, que no ha encontrado todava la frmula de equilibrio y de una organizacin estabilizada (Pere Bosch i Gimpera, 1891-1974).

Espaa libra siempre contra su pasado una batalla ntima, ansiosa, con crisis violentas. (Pierre Vilar, 1906-2003)

He querido encabezar la tercera entrega de la serie con las reflexiones de un profesor y poltico cataln exiliado a Mxico a causa del franquismo y la de un historiador e hispanista francs que tanto y tan bien conoca nuestra historia. El motivo?, inducir a la consideracin de que un problema objetivo y multisecular, el encaje de los territorios del Estado espaol, solamente se puede abordar con paciencia, dilogo y voluntad de entender al otro. Y si ello no es posible tras un proceso de participacin mltiple de interlocutores e intereses con reglas de juego claras, se impone el ejercicio del Derecho de Autodeterminacin. Creo que en el caso de la relacin Espaa-Catalua ese proceso con variedad de interlocutores e intereses y reglas de juego claras, no ha tenido lugar.

Tambin me ha movido una consideracin sobre los sentimientos, las identidades colectivas y las ideas-mitos que exacerbadas o no, manipuladas o no, pretenden constituirse o pretenden que se constituyan en el cemento casi nico de cohesin en una sociedad dada. Deca Levy Strauss que el mito se organiza de tal manera que se constituye por s mismo como contexto. Y cuando eso ocurre o hacen que ocurra, Espaa y Catalua se convierten en referencias sentimentales y abstractas despojadas de toda vinculacin con lites, grupos, colectivos e intereses de clase Quin o quines hablan de Espaa y Catalua en cada momento histrico? Quin o quines dicen representar los intereses globales de ambas entidades? No se trata solamente de elucidar la representacin jurdico-institucional formal sino la realidad material que la sostiene.

Mariano Rajoy, Carles Puigdemont y lo que ambos polticamente representan son ya totalmente esclavos de sus palabras y de la cadena de procesos que, pacientemente en un caso, alocadamente en el otro, han puesto en marcha. Ambos, por otra parte, estn haciendo posible que los corruptos de cada una de sus huestes respiren tranquilos, que algunos tribunales, liberados de la presin meditica y ciudadana, puedan emitir sentencias que en otros momentos seran escandalosas, que los profundos y lacerantes problemas sociales que afectan tanto a Catalua como a Espaa se eclipsan ante el vrtice de crispaciones y visiones unidimensionales. Pareciera como si ste fuera, objetivamente, el problema que afecta a la mayora social de aqu y de all. Los medios de comunicacin afectos a cada parte, se abren a insultos, descalificaciones y generalizaciones sobre los lugares comunes ms manidos. La red comienza a ser un vomitorio de histerias con ribetes fascistoides y guerracivilistas. Para unos Catalua debe ser bombardeada y arrasada, y para otros Espaa nos roba y expolia desde hace siglos. Cerrazn agresiva y victimismo ofuscante. Los dicterios y las soflamas han velado casi totalmente la noticia de los 60.600 millones de euros que la banca ha succionado del dinero pblico. Ah s que hay materia para hablar de robo como en la Grtel, la Pnica, el 3% de comisiones o la fortuna del ex -molt honorable.

Es verdad que todava hay una parte muy importante de la poblacin que en torno al conflicto no sabe, no quiere y en otros casos no puede, por sentirse en minora en su hbitat profesional (riesgo de despido) o de relaciones sociales. Faltan pocos das y cada uno de los contendientes intentar, a travs de discursos, tpicos patriticos y radicalidad, que esos das vayan engrosando la carne de can para el da 1 de octubre. Y siguientes das, porque el conflicto, larvado o explcito seguir socavando las esperanzas de un marco de entendimiento generalizado para todo el Estado. Qu realidad econmico-social y poltica vela el enfrentamiento?

En junio de 1977 las candidaturas de las fuerzas polticas reputadas de izquierda (PSOE, PSUC y ERC) obtuvieron 24 de los 47 diputados que Catalua aportaba a las flamantes Cortes Generales. El Gobierno comenz a prever un triunfo de la izquierda en unas posibles y futuras elecciones en un marco estrictamente cataln. El regreso de Tarradellas ( ex-President de la Generalitat en el exilio), auspiciado por el propio Adolfo Surez, fue la preparacin de la respuesta a la tan temida posibilidad electoral.

Tras la Presidencia de Tarradellas en el gobierno preutonmico cataln (1977- 1980), ha habido en Catalua 11 elecciones al Parlament. En ocho de las mismas CiU ha sido el partido ms votado, alcanzando la mayora absoluta en tres ocasiones. El resultado final ha sido que Jordi Pujol ha sido investido Presidente en seis ocasiones (24 aos de mandato). El PSC ha sido el partido ms votado en 1999 pero la Presidencia la alcanz Pujol. En 2003 volvi a ganar y fue electo President Pascual Maragall. En 2006 gan CiU pero fue electo Jos Montilla con el apoyo del tripartito (PSC, ICV y ERC). En 2015 gan las elecciones Junts pel S, siendo electo President Artur Mas que fue sustituido por Carles Puigdemont.

Durante ms de veinte aos Jordi Pujol ha sido Catalua. Debelador electoral de la izquierda, su hegemona poltica, ideolgico-cultural y social fue absoluta. El llamado cinturn rojo de Barcelona volc su voto a CiU. En esos aos los Gobiernos de Espaa no tuvieron ni quisieron otro aliado ni otro apoyo que Pujol. Gracias al apoyo de Convergencia Felipe Gonzlez fue electo Presidente en 1993; lo mismo que Aznar en 1996. Los acuerdos en poltica econmica y social o en poltica exterior con los gobiernos de Madrid formaban parte de la cotidianeidad parlamentaria. Y en Catalua, la izquierda disminuida y en permanente rebaja ideolgica, crey que siguiendo la estela del catalanismo poltico e ideolgico y a costa de renuncias en lo social podra alcanzar un puesto al sol. De aquella relacin de aliado e interlocutor privilegiado en Catalua Pujol no solamente sac beneficios para su Administracin sino tambin beneficios de ndole personal en lo tocante a tratos de favor de la Justicia en el caso Banca Catalana y otros, segn denunci en su da el Fiscal Jefe Anticorrupcin Carlos Fernndez Villarejo.

Cul era el proyecto poltico de Jordi Pujol. Con los lmites que marca el espacio del que dispongo puedo sealar tres fundamentales:

1.- Catalua como realidad nacional derivada de dos realidades: la Catalua medieval que configur la lengua, el territorio, la cultura, el derecho, la vivencia colectiva de la identidad.

2.- La revolucin econmica y social iniciada en el siglo XVIII (maquinismo, burguesa, comercio, etc.)

3.- La existencia en Espaa de entidades histricas y territoriales (no slo Catalua) con una personalidad propia que no pueden quedar encajadas en un solo y nico modelo de autonoma.

En ninguna de las muchas veces que he odo y ledo a Pujol, tanto en conferencias como es sus intervenciones ante el Senado o ante la Conferencia de Presidentes Autonmicos, ha mostrado la idea de una Catalua fuera del marco global de Espaa. Por qu el cambio de contenidos y de formas tanto en Artur Mas como en Puigdemont?

Antes de abordar la respuesta, siquiera en los lmites de espacio que debo moverme, es conveniente reflexionar sobre los encajes posibles de la propuesta de Pujol .que he deducido de sus intervenciones, comentarios de su entorno y la lgica de su concepcin territorial, histrica y cultural:

1.- Una confederacin entre cuatro entes territoriales y polticos: Catalua, Euskadi, Galicia y Espaa (o sea el resto). Madrid debera encargarse de homogeneizar su mbito territorial especfico a efectos del dilogo permanente con los otros tres. En todo caso la centralidad confederal no abarcara polticas econmicas, fiscales, sociales y culturales. Esas seran competencia exclusiva de los confederados.

2.- En caso contrario, la conversin de Catalua en Estado Libre Asociado directamente con el Estado Espaol.

Esa visin confederal de por s ya difcil de ser aceptada, se hace casi imposible de encajar con el modelo actual de autonomas que se ha ido desarrollando a travs de un proceso de improvisaciones, remiendos, chapuzas y eventos histricos imprevistos.

Estaba claro en 1977 que las nacionalidades (Catalua, Euskadi y Galicia) aspiraban, cuando menos al estatus que tenan en la II Repblica. Era justo e inevitable. El miedo y desconfianza que ello produca en el Gobierno y en los poderes econmicos combinado con ribetes de polticas de campanario produjo el caf para todos que tambin se reclamaba de la Repblica porque cuando se produjo la sedicin militar de Franco ya haba en las Cortes varios proyectos de estatutos regionales esperando su discusin y aprobacin.

El caso es que la socializacin del famoso caf hizo necesaria la concepcin de dos tipos de autonoma, la del 151 de la Constitucin para las nacionalidades y la del artculo 143 para las regiones. A partir de ah todo fue un tira y afloja para cubrir huecos, atender protestas y conseguir estabilidad gubernamental. Retroceso como la LOAPA, concesiones como la LOTRACA (Canarias) y la LOTRAVA (Pas Valenciano), pactos especficos con Catalua y, Euskadi, etc. han ido configurando un modelo que puede ser cualquier cosa menos un incipiente modelo federal. Y a todo se le sum un hecho histrico no previsto en el guion, la gesta del pueblo Andaluz el 28 de Febrero de 1980. Ya haba un cuarto interlocutor que no haba sido invitado previamente; se sent en la mesa directamente. Esta ltima realidad rompa el primer marco de Pujol. Es o no es una tarea difcil, necesitada de comprensin, dilogo, reconsideraciones, sacrificios, generosidad y sobre todo, de proyecto de futuro ms all del horizonte electoral prximo? Y si no es posible construir desde la pluralidad de interlocutores ((trabajadores, ciudadanos y representantes polticos de las entidades territoriales), por qu negar el ejercicio del Derecho de Autodeterminacin?

Durante aos se ha ido conviviendo a trancas y barrancas porque los Gobiernos de turno han ido a base de prebendas, excepciones, tcticas dilatorias y respiros transitorios (el Tripartito cataln), dilatando la necesidad de mirar ms all de los plazos electorales ms inmediatos.

La crisis del 2008 no solamente supuso la evidencia de que el marco de la UE era un dogal sino que la deuda (pblica y privada), el paro, la precariedad, el cierre de empresas, la pobreza, la exclusin social eran evidencias insoslayables. En Catalua, exactamente igual que en Espaa, los recortes acabaron con la ficcin del mejor de los mundos posibles. En paralelo a la degradacin de las condiciones de vida fue intensificando el conocimiento de una corrupcin ya antigua, pero ahora ms evidente. El escndalo era el pan nuestro de cada da.

Un Gobierno espaol desacreditado, una izquierda catalana que no supo hacer ver, a travs del tripartito, que era diferente en polticas econmicas y sociales y que adems haba hecho del catalanismo su referencia fundamental. Unos sindicatos que tanto en Espaa como en Catalua languidecan en un silencio de mortuorio y seguan siendo presos de Maastricht y dems tratados de la UE. Y a ello se sumaba una Catalua que era la contrafigura cultural de lo que fue en los aos setenta del pasado siglo. La reaccin como casi siempre es sublimar la realidad y convertirla en mito: Catalua y Espaa son como la Roma de Craso en Julio Csar de Shakespeare: eterna en la mente de los dioses.

Rajoy instalado en la corrupcin y acosado polticamente por ella, consciente de que no hay primavera del empleo, ni tampoco un horizonte medianamente realizable para la juventud ha encontrado las viejas frmulas de Franco, los enemigos internos y externos. En este caso de la Democracia, la Constitucin y las Libertades. Quin lo dira a la luz de la ejecutoria de sus gobiernos: Ley Mordaza, rodillo de la mayora parlamentaria,,etc. Artur Mas y Puigdemont le han venido como anillo al dedo.

Cuando una mayora social que sufre injusticias y precariedades y adems se siente engaada, defraudada y sin referencias sindicales o polticas convincentes, tiende a concretar un enemigo como fuente de todos sus males y olvida quin o quines han gobernado o gobiernan en Catalua con idnticas polticas econmicas y sociales, busca un culpable a quien transferir su decepcin. Por otra parte el discurso victimista de unos dirigentes y el silencio y la falta de coraje de otros ha cado sobre las mentes como la lluvia que empapa. Y si a ello se le engarza la evidencia de una identidad especfica avalada por la historia y mantenida electoralmente durante dcadas el resultado est a la vista. Tampoco se puede obviar sera injusto- el poso secular de una cultura que tiene sus races en la Renaixena, el progreso econmico y la modernizacin capitalista. Y todo ello en contraste con una Espaa de oligarquas v caciquismo con la que, por cierto, se pactaba o se acuda a ella para sofocar las protestas obreras del siglo XIX. Y cuanto ms se siente o le hagan sentir objeto de agravio comparativo o injusticia, ms se radicaliza. En estos casos, aqu y all, la bandera se hace mito, refugio, smbolo de esperanza. Y para redondear el cuadro el PP con su torpeza y su visin mesetaria, hizo imposible la aplicacin de un Estatuto ya aprobado por el pueblo cataln. Ha tenido la rara virtud de crispar a las varias Cataluas.

CiU, castigada y desprestigiada, desaparecida como siglas y alianza poltica tras la ruptura de Uni Democrtica, fue sustituida por una nueva marca de Convergencia que ha heredado los escndalos de la corrupcin y la espada de Damocles de los tribunales, se envuelve en la ensea patria como Pujol en su tiempo o Rajoy en el presente. Superada por ERC no tiene ms remedio que huir hacia adelante en pos de su quimera; a saber, plantear batalla en estas circunstancias. ERC retoma sus das de gloria y ve posible con notoria ofuscacin, una Repblica catalana y de izquierdas! con semejante compaa y con todas las incgnitas sin despejar.

La CUP, conformada por militantes esforzados, honestos, cargada de radicalidad jacobina (para m no es nada peyorativo), est presa de solipsismo, es decir no ve o no quiere ver nada fuera de s misma: el contexto, los compaeros de viaje y el marco poltico. Puede que crea que la Catalua de los trabajadores, parados, jvenes sin esperanza, amas de casa angustiadas por el fin de mes o mujeres doblemente explotadas se va a levantar y organizar como la Comuna de Pars de 1871. El problema reside en que hay que programar el da despus. Las revoluciones se consolidan o son flor de un da a partir de la fecha oficial de comienzo. El deprimente espectculo del Parlament es todo un augurio. Qu quedar despus del 1 de octubre y siguientes? Continuar inquebrantable la alianza de Junts pel S? Deberan recordar a Franesc Camb y las diferencias de intereses de clase existentes en su seno. Ven imposible un Thermidor?

Viene a mi memoria el Congreso de la Internacional Socialista de 1912 en Basilea. All se acord solemnemente que, ante el clima blico que ya presagiaba la I Guerra Mundial, las federaciones socialistas haran un llamamiento contra la guerra y se comprometan a votar contra ella en sus parlamentos nacionales. Apenas dos aos despus, diputados socialistas franceses y alemanes votaron en sus respectivos parlamentos los crditos de guerra.

Creo que es a partir del da 1 de octubre (porque ahora nadie escucha) cuando la propuesta federal que la izquierda siempre ha defendido (y elaborado en el caso de IU) debe ser explicada en una y otra parte del conflicto para que desde la centralidad del mundo del trabajo manual, profesional e intelectual, podamos hablar de la Federacin Espaola, Hispnica o Ibrica (Portugal incluido). Una Federacin Plurinacional, y Solidaria entre todos los pueblos que componen lo que llamamos Estado Espaol.

Julio Anguita. Colectivo Prometeo. FCSM.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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