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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2017

Pi y Margall, la lucidez olvidada

Pedro Antonio Curto
Tercera Informacin


Hace 144 aos un tipo lucido, culto, vanguardista, honrado, integro, coherente lleg donde no suelen llegar personas as: jefe del estado espaol. Fue Francisco Pi y Margall, presidente de la I Repblica durante 34 das. En su breve mandato plante una organizacin territorial que tiene su lgica: un pacto entre los ciudadanos de las diversas comunidades como base del estado-nacin. Se trataba de un complejo federalismo que beba entre otras fuentes del socialismo utpico, pues Pi haba sido traductor y entusiasta de la obra de Proudhom. Pero ante todo era un profundo conocedor y estudioso del tema nacional y de los problemas de la organizacin territorial espaola. Sus planteamientos se alejaban de conceptos como patrias indivisibles, unidad de destino en lo universal, o unidades garantizadas por el ejercito, que han venido recorriendo la historia espaola con poca fortuna y ms bien con autoritarismo e intolerancia.

Para Pi y Margall la sociedad ha de fundarse en el consentimiento expreso, determinado y permanente de cada uno de los individuos. Su llegada a la presidencia republicana no se dio en las mejores circunstancias, la I Repblica era dbil, con enemigos poderosos, un pas muy atrasado, sus propuestas federalistas mal entendidas hasta por sus propios partidarios que las exacerbaban, y minoritaria dentro del propio republicanismo. Terminara dimitiendo por oponerse a reprimir las rebeliones cantonalistas; algo que no suele ocurrir en un pas que hasta la fecha, el poder es la caja mgica a la que casi todos se agarran con escasez de tica y principios. Y es que Pi y Margall no fue un poltico al uso hispano, ni an hoy en da. As por ejemplo hizo una autocritica de la efmera I Repblica y de su propia presidencia de gobierno en su escrito, La Repblica de 1873. Como se suele decir fue un hombre adelantado a su poca e incomprendido sobre todo para el ejercicio gubernamental. Lo paradjico es que hoy, tal como estn las cosas, seguira siendo un adelantado para la poca y un incomprendido.

Pero la presidencia republicana slo fue una parte en la vida de un hombre curtido tanto en la accin como en el pensamiento, en especial sobre la cuestin nacional. En Las nacionalidades, su gran obra, desarrolla un federalismo de base, quizs algo idealista, pero que mostraba la comprensin de que la cuestin territorial no poda abordarse desde un gran estado, posiciones unitaristas, que una y otra vez han fracasado. Cmo l mismo escribi a modo de declaracin: Confieso que no estoy mucho por las grandes naciones y menos por las unitarias. Tambin frente a la cuestin del poder fue inconformista, pues estaba a favor de reducirlo a su mnima expresin posible, dividindolo y subdividindolo hasta hacerle perder su carcter de instrumento de dominacin poltica. Incluso en muchos aspectos sociales y econmicos, existe en la praxis intelectual de Pi ingredientes que pondran en cuestin el actual posmodernismo neoliberal. Y es que conoci unos momentos cruciales, los aos entre 1812 y 1876 que las burguesas ilustradas (dbiles e inseguras frente a los viejos poderes) trataron de desarrollar proyectos regeneracionistas que se terminaron estrellando contra la restauracin borbnica y la constitucin canovista. Al frente de un pequeo grupo, el Partido Republicano Federal sigui manteniendo sus propuestas y siendo elegido diputado en varias ocasiones. Cuando sobrevino el desastre de 1898 con las perdidas coloniales, en medio de un patrioterismo desaforado (cmo se repiten cclicamente algunas cosas), la voz de Pi y Margall reson clara: libre autodeterminacin de los pueblos, no a las aventuras coloniales.

Francisco Pi y Margall fue, como se dira en versos de Machado, un hombre de torpe alio indumentario, lo cual le vali criticas y burlas de una lite rancia y clasista. Sin embargo, son sus planteamientos los que ms vigencia tienen. Fue, con Azaa, los dos escritores que han habitado los palacios gubernamentales, en los que no les fue demasiado bien; cultura y poder no suelen congeniar. Para Pi y Margall la cultura extendida a toda la sociedad, era una de las bases del progreso. En su obra Las luchas de nuestros das, unos largos dilogos filosficos y polticos donde se muestra el combate dialctico entre progreso y reaccin, el personaje que representa lo primero, dice: Cuando un pueblo ama todo sus derechos y se habita a buscar en ellos, al paso que su propia seguridad, la vida de sus propias ideas, no necesita la coaccin para que marche ordenadamente al cumplimiento de sus destinos.


Fuente original: http://tercerainformacion.es/opinion/opinion/2017/09/17/pi-y-margall-la-lucidez-olvidada



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