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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-09-2017

Superadas en todas partes y ganadoras en ninguna
Las fuerzas armadas de Estados Unidos no tienen freno

William Astore
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


La superpotencia que combati consigo misma... y perdi

Introduccin de Tom Engelhardt

Despus de que 19 militantes de al Qaeda apenas armados con cters y cuchillos secuestraran cuatro aviones de aerolneas comerciales estadounidenses, las fuerzas armadas de Estados Unidos actuaron con notable eficacia para resolver el problema. En los aos siguientes, en su guerra global contra el terror, el Pentgono se ha asegurado de que los enemigos de EEUU en Afganistn, Iraq, Siria y otros lugares pudieran renovar regularmente sus armas con... bueno, para no andarnos con rodeos, una sorprendente panoplia de armamento estadounidense. Lo ms reciente de esta historia: un informe revela que en la ltima batalla de Tal Afar las fuerzas iraques recuperaron misiles antitanque FGM-148 y sus dispositivos de lanzamiento de fabricacin estadounidense en un arsenal clandestino del Daesh. Se trata de un arma capaz de destruir un tanque M1 Abrams. Y esta no es la primara vez que unos misiles antitanque que se supona destinados para proteger a los rebeldes iraques o sirios apoyados por la CIA han acabado en manos de los combatientes del Daesh. En 2015, este grupo public fotos de sus militantes utilizando misiles antitanque BGM-71 TOW de fabricacin estadounidense. 

Por supuesto, cuando colaps el ejrcito iraqu adiestrado, financiado y equipado por Estados Unidos en el verano de 2014 ante una una fuerza relativamente reducida de combatientes del Daesh, este grupo se apoder de las vastas reservas de armas y vehculos estadounidenses que vienen utilizando desde entonces. Paro esa historia no ha acabado. Muy pronto, Estados Unidos volvi a adiestrar y equipar a sus aliados iraques desembolsando 1.600 millones de dlares en decenas de miles de fusiles de asalto, vehculos blindados, proyectiles de mortero, cerca de 200 fusiles para francotiradores y otras armas, de muchas de las cuales el Pentgono sencillamente les perdi la pista, segn revel una auditora del gobierno. Quiz digis que el armamento se perdi en combate; nadie sabe en manos de quin acabaron la mayor parte de esas armas; tampoco es nueva esta historia. Por ejemplo, en 2007, la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO, por sus siglas en ingls) descubri que Estados Unidos no poda dar explicaciones sobre alrededor del 30 por ciento de las armas distribuidas en Iraq desde 2004... unas 200.000 armas de fuego. 

Relatos similares pueden hacerse sobre Afganistn, otro pas en el que el armamento estadounidense ha desaparecido en cantidades sorprendentes (el Talibn, por ejemplo, hace poco tiempo dio a conocer un vdeo que muestra a sus combatientes portando armas normalmente utilizado solo por el personal de unidades de Operaciones Especiales. En resumen, desde hace unos aos el Pentgono ha estado armndose, tambin ha armado a sus aliados y a sus enemigos de una manera extravagante en medio de sus interminables conflictos blicos en todo el Gran Oriente Medio y frica. Como sugiere hoy William Astore, colaborador regular de TomDispatch y teniente coronel retirado de la fuerza area de EEUU, desde el 11-S las fuerzas armadas de Estados Unidos en cierto sentido han estado combatiendo con ellas mismas... y perdiendo. Algn da, cuando los historiadores miren hacia atrs para observar este extravagante relato, tendrn que explicar sobre todo una cosa: por qu, ao tras ao, ante lo obvio y repetitivo del fracaso en esos conflictos, nadie en Washington ha sido capaz de imaginar otro curso de accin?

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Superadas en todas partes y ganadoras en ninguna

Cuando se trata de las ms importantes fuerzas armadas del mundo, las noticias han sido impresionantes. Dos veloces barcos de la armada de EEUU chocando con lentos barcos de carga con el trgico saldo de prdida de vidas. Una fuerza area que ha estado volando continuamente durante aos y todava no tiene bastantes pilotos para sus cazas de combate. Tropas de infantera que en Siria se encuentran con rebeldes que haban sido armados y adiestrados por la CIA. Las ya demasiado desplegadas fuerzas de operaciones especiales enfrentndose con exigencias cada vez mayores mientras crecen las tasas de ansiedad mental y suicidio. Ejrcitos por delegacin en Iraq y Afganistan, en los que no se puede confiar, que envan sus armas provistas por Estados Unidos al mercado negro o las ponen en manos de una variedad de enemigos. Todo esto, y ms, en un tiempo en que los gastos de defensa vuelven a aumentar y el estado de la seguridad nacional est inundado de fondos cercanos al billn de dlares anuales.

Qu pasa? Por que unos barcos de guerra, muy maniobrables y complejos, chocan con torpes buques de carga? Por qu a una fuerza area cuya razn de existir es volar le faltan 1.200 pilotos? Por qu las fuerzas de Operaciones Especiales de EEUU estn desplegadas por todas partes y no ganan en lugar alguno? En resumen, por qu las fuerzas armadas de Estados Unidos luchan contra ellas mismas... y pierden?

Es el ritmo de las operaciones especiales, estpido

Despus de 16 aos de una interminable y cada vez ms diseminada guerra global contra el terror las alarmas suenan en Asia, desde las dos Coreas y Afganistn hasta las Filipinas mientras en todo el Gran Oriente Medio y frica la ltima superpotencia del orbe participa en un interminable conjunto de conflictos blicos con un abanico de enemigos menores que pocos pueden siquiera mantenerlos derechos. Como resultado de ello, las dinmicas fuerzas armadas de Estados Unidos poco a poco comprometidas en una desconcertante serie de misiones, se han convertido cada vez ms en un organismo paralizado.

Muy pocos barcos han estado navegando durante demasiado tiempo. Demasiados pocos pilotos se han agotado en incesantes patrullas y campaas de drones y bombardeo. Unidades de las fuerzas de operaciones especiales (los comandos de todas partes, como las llama Nick Turse) han sido enviadas a demasiados pases este ao ya son ms de dos tercios de los pases del mundo y estn implicadas en situaciones de conflicto que tienen pocas perspectivas de acabar en trminos favorables para Washington. Mientras tanto, algunos oficiales que manejan informacin privilegiada como el general retirado David Petraeus hablan tranquilamente de guerras generacionales que, como describe la expresin, no acabarn nunca. Para parafrasear un antiguo eslogan de Wide World of Sports de la cadena de televisin ABC, mientras las fuerzas armadas de Estados Unidos cubren el planeta, viven cada da la agona de la derrota y no la emocin del triunfo.

Para el presidente Donald Trump (y muchos otros polticos con sede en Washington), la desagradable realidad sugiere una solucin obvia: aumentar el gasto militar, construir ms barcos de guerra, preparar ms pilotos y brindarles ms incentivos econmicos para que no abandonen la fuerza area, incrementar la dependencia en los drones y otros multiplicadores de potencia tecnolgicos para compensar el agotamiento del personal humano, engatusar a algunos aliados como los alemanes y japoneses para que gasten ms en sus fuerzas armadas y presionar a los milicias empoderadas como el ejrcito iraqu y las fuerzas de seguridad afganas para que combatan la corrupcin y mejoren su desempeo en combate.

Hay una opcin la ms lgica que nunca se considera seriamente en Washington: hacer profundos recortes en el ritmo operacional de las fuerzas armadas mediante la disminucin de los gastos en defensa y la reduccin del tamao de las misiones en el planeta, el regreso a casa definitivo de personal militar. No es este un llamamiento al aislacionismo. Es indudable que Estados Unidos se enfrenta con serios desafos, sobre todo respecto de Rusia (que contina siendo una importante potencia nuclear) y China (una potencia econmica de mbito mundial que est reforzando su podero militar en la regin). Corea del Norte, como siempre, est adoptando poses provocativas con sus ensayos de misiles y artefactos nucleares. Algunas organizaciones terroristas se esfuerzan por desestabilizar a aliados de EEUU y provocar problemas incluso en la tierra patria.

Esos desafos exigen vigilancia. Lo que no exigen es ms barcos de guerra en las rutas de navegacin, ms pilotos en el aire y soldados en tierras lejanas. Ciertamente, 16 aos despus de los ataques del 11-S debera ser incuestionable que es del todo probable que ms de lo mismo produzca aun ms de lo que estamos tan acostumbrados: tanto el aumento de la inestabilidad en importantes partes del planeta como la creacin de nuevas organizaciones terroristas o nuevas versiones de las ya conocidas, lo que significa an ms posibilidades de fracasos en las intervenciones de las fuerzas armadas de Estados Unidos.

Hace algn tiempo, cuando todava haba dos superpotencias en el planeta Tierra, el podero militar de Washington presente en casi todo el mundo tena una lgica clara; el mantener a raya al comunismo. Muy pronto despus del derrumbe de la Unin Sovitica en 1991, alimentando la triunfalista petulancia de Washington, el estudioso y ex asesor de la CIA Chalmers Johnson tuvo una epifana: lo que l dara en llamar el Raj* estadounidense, una estructura imperial ostensiblemente construida para acorralar la amenaza del comunismo, no iba a desaparecer solo porque esa amenaza se haba evaporado y ya no quedaba una superpotencia, ni siquiera una potencia de peso, como oponente en el horizonte. Muy por el contrario, Washington y su imperio de bases militares de mbito global se estaba profundizando tanto en el territorio como en el tiempo. En ese momento, ciertamente asustado, Johnson se dio cuenta de que Estados Unidos era un imperio y, desaparecida su especular imagen enemiga, corra el riesgo de convertirse en su propia perdicin.

Finalmente, Estados Unidos, no solo no haba contenido a los soviticos; ellos nos haban contenido a nosotros. Una vez que se derrumb su imperio, nuestros gobernantes asimilaron el viejo sueo de Woodrow Wilson, aunque en un novedoso estilo militarizado: rehacer el mundo segn nuestra propia imagen (si hiciera falta, sera con la fuerza de las armas).

Desde principios de los noventa, libre de los lmites impuestos por los rivales, los lderes estadounidenses actuaron como si en el planeta no hubiese nada que pudiera impedirles hacer lo que quisieran, lo cual como se vio significaba que no haba nada que les impidiera responder a su propia locura. Hoy somos testigos de las consecuencias. Guerras prolongadas y desastrosas en Iraq y Afganistn. Intervenciones en todo el Gran Oriente Medio (Libia, Siria, Yemen y ms all) que extienden el caos y la destruccin. Ataques contra el terrorismo que han dado nuevos bros a los yihadistas en todo sitio. Y recientemente llamados a armar a Ucrania en contra de Rusia. Todo esto es coherente con una arrogante visin estratgica que en estos aos se ha expresado abrumadoramente y sin sarcasmo alguno de alcance global, poder global y dominacin total.

En este contexto, vale la pena que recordemos la extensin total del poder de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Para las tropas estadounidenses, todo el mundo es un escenario o un acantonamiento. Todava hay unas 800 bases militares de EEUU en pases extranjeros. Cada ao, los comandos estadounidenses se despliegan en ms de 130 pases. Aun as, para el Pentgono el mundo no es suficiente, dado que no solo busca dominar la tierra, el mar y el aire sino tambin el espacio exterior, el ciberespacio e incluso el espacio ntimo; tengamos en cuenta las acciones para conseguir el conocimiento de la informacin total por medio de 17 agencias de inteligencia dedicadas con un costo de 80.000 millones de dlares por ao a recoger todos los datos que se producen en el planeta Tierra.

En resumen, los soldados de Estados Unidos son perdedores en todas partes y ganadores en ninguna, un problema que el presidente Trump gran ganador de EEUU no hace ms que agravar. Rodeado de sus generales, Trump contra su propio instinto, dijo hace poco ha vuelto a comprometer a las tropas estadounidenses y su prestigio en la guerra de Afganistn. Tambin ha aumentado los ataques con drones y los bombardeos en todo el Gran Oriente Medio y amenazado con llevar el fuego y la furia a Corea del Norte, mientras presiona con un programa para incrementar el gasto militar.

En un Pentgono sobrado de dinero, con promesas de an ms por venir, las misiones estn lejos de redimensionarse a la baja. Mientras tanto, lo que se tiene por pensamiento original en la Casa Blanca de Trump es la sugerencia de Erik Prince, el creador de Blackwater, de privatizar la guerra de EEUU en Afganistn (y posiblemente otros lugares). Los mercenarios son la respuesta de Washington a los problemas de las fuerzas armadas, propone Prince. Por supuesto, los mercenarios tienen el beneficio aadido de no estar limitados por las reglas de combate que son de obligado cumplimiento para los integrantes de las unidades regulares de Estados Unidos.

Sin duda, la idea de Prince aunque va en contra de los generales de Trump en cierto sentido tiene su peso: si se acepta la nocin de que las guerras de Estados Unidos en estos aos se han librado principalmente en funcin de la agenda del complejo industrial-militar, por qu no dejar que la propia actividad blica quede en manos de las corporaciones guerreras que en estos momentos acompaan regularmente a los militares en el combate eliminado el intermediario, los militares propiamente dichos?

Matar mosquitos a martillazos

Sin embargo, los mercenarios de Erik Prince debern esperar el momento oportuno mientras el alto comando militar contina lanzando sus enrgicos ataques contra esquivos enemigos en todo el mundo. Segn propia admisin, la fuerza que algunos presidentes de Estados Unidos han vendido como la ms estupenda de la historia se enfrenta con enemigos increblemente asimtricos y proteicos, entre ellos unas 20 organizaciones terroristas que actan en el teatro de operaciones afgano-pakistan. Golpeando a enemigos tan relativamente enclenques, EEUU me recuerda al famoso y legendario Thor lanzando con furia su martillo contra una nube de mosquitos. Naturalmente, algunos mosquitos se mueren pero el resultado continuar siendo un agotado superhroe y la llegada de cada vez ms mosquitos atrados por el fragor de la batalla.

La primera vez que evoqu la frase Usar un mazo para matar mosquitos fue mientras repasaba la historia del poder areo estadounidense en la guerra de Vietnam. Durante los bombardeos areos de los aviones B-52 se lanzaron toneladas y toneladas de bombas en zonas de Vietnam del Sur y Laos en un infructuoso esfuerzo para eliminar a una guerrilla dispersa y cortar sus rutas de aprovisionamiento desde Vietnam del Norte. Medio siglo despus, con sus bombas guiadas por lser o GPS, la fuerza area nos vende continuamente la mayor precisin del poder areo estadounidense. Aun as, en un pas tras otro, utilizando justamente ese armamento, Estados Unidos se ha visto implicado en numerosos casos de muertes excesivas. En Afganistn fue el empleo de MOAB, la madre de todas las bombas, el arma no nuclear ms formidable utilizada por EEUU en misiones de combate, contra una pequea concentracin de combatientes del Daesh. Del mismo modo, la guerra area estadounidense en Siria ha dejado atrs a los rusos e incluso al rgimen de Assad y sus mortferas consecuencias entre los civiles, sobre todo en los alrededores de Raqqa, la capital del Daesh. Semejante exceso de muertes tambin es evidente en tierra, all donde las incursiones de las unidades de operaciones especiales han dejado este ao un tendal de cadveres desde Yemen a Somalia. En otras palabras, en todo el Gran Oriente Medio, la despilfarradora maquinaria asesina de Washington est creando tambin un deseo de venganza entre los civiles, quienes en asombrosos nmeros cuando no mueren son desplazados o convertidos en refugiados huyen de esas guerras atravesando fronteras. Las fuerzas armadas de Estados Unidos han desempeado un importante papel en la desestabilizacin de regiones enteras, la creacin de pases fallidos y la provisin de ms reclutas para los grupos terroristas.

Si dejamos a un lado los avances tecnolgicos, poco ha cambiado desde los tiempos de Vietnam. Las fuerzas armadas de EEUU continan confiando en su enorme poder de fuego para eliminar a enemigos esquivos como una forma de limitar las bajas (estadounidenses). Como instrumento para la victoria, no funcion en Vietnam, tampoco ha funcionado en Iraq ni Afganistn.

Pero a las lecciones de la historia no se les hace caso. El presidente Trump afirma que su nueva estrategia para Afganistn cuyos detalles, segn un portavoz de las fuerzas armadas, todava no estn diponibles significar ms terroristas (esto es, mosquitos) muertos.

Desde el 11-S, los lderes estadounidenses, Trump entre ellos, raramente han buscado la forma de evitar a esos mosquitos; al mismo tiempo, los esfuerzos por secar la cinaga donde ellos se cran han servido sobre todo para ampliar sus zonas de cra. Simultneamente, las acciones para alistar mosquitos indgenas ejrcitos locales para combatir por delegacin han tenido resultados muy pobres. Como sucedi en Vietnam, el enfoque principal de Estados Unidos ha sido invariablemente el desarrollo de martillos mejores, ms avanzados tecnolgicamente (es decir, ms caros), mientras se contina golpeando la nube de mosquitos, algo tan desesperanzador como contraproducente.

La mayor fuerza autodestructiva de la historia?

El estado de guerra continuo representa el fin de la democracia. No lo digo yo; lo ha dicho James Madison.

Sin embargo, creo firmemente en unas palabras del presidente Dwight Eisenhower, que dijo que solo los estadounidenses pueden hacer dao a Estados Unidos. Entonces, cmo podemos reducir el dao? Ponindole un freno a las fuerzas armadas. Existen unas fuerzas armadas permanentes o ms bien deberan existir para sostener y defender la Constitucin y nuestro pas frente a amenazas inmediatas a nuestra supervivencia. Es difcil que ataques sin fin a enemigos embrionarios en pases lejanos sirvan a ese propsito. Por cierto, cuanto ms desgasten estos ataques a las fuerzas armadas, tanto ms peligra la seguridad nacional.

Un amigo mo, capitn de la fuerza area, me dijo una vez en tono de broma: Estudias sin parar; estudias mal. Este es un parecer particularmente agudo cuando se aplica a la guerra: haces la guerra sin parar; la hacer equivocadamente. Aun as, con todo lo extenuantes que puedan ser las guerras prolongadas para las fuerzas armadas, lo son an ms para las democracias. Cuanto ms tiempo nuestras fuerzas armadas libran una guerra, tanto ms militarizado es nuestro pas y tanto ms se pierden los valores y los ideales democrticos.

En tiempos de la Guerra Fra, las regiones en las que hoy da las fuerzas armadas de Estados Unidos tenan grandes dificultades eran consideradas las sombras, en las que los agentes secretos como los descritos por John le Carre de las dos superpotencias confrontaban sus saberes en un serie de misteriosos conflictos. Despus del 11-S, quitndose los guantes y tratando de dar golpes demoledores, las fuerzas armadas de EEUU penetraron de mala manera en ese mismo mundo de sombras; en ellas algo para nada sorprendente suele ser difcil distinguir al amigo del enemigo.

Una nueva estrategia para Estados Unidos debera implicar el salir de esos entornos misteriosos de guerras no ganadas. En lugar de esto, unas fuerzas armadas en expansin continan agravando los errores estratgicos de los ltimos 16 aos. En la bsqueda de dominarlo todo sin una victoria decisiva en parte alguna, pueden caer todava ms y convertirse en la mayor fuerza autodestructiva de la historia.

* Raj era la palabra en ingls con que se daba nombre al dominio britnico en la pennsula Indostnica, que dur hasta 1948, con la creacin de India, Pakistn y otros pases. (N. del T.)

William Astore es teniente coronel retirado de la fuerza area de Estados Unidos y profesor de historia; colabora habitualmente en TomDispatch. Su blogs es Bracing Views.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176325/tomgram%3A_william_astore%2C_the_superpower_that_fought_itself_--_and_lost/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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