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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-09-2017

Salud mental & capitalismo
Mujeres encerradas

Josefina Lpez Mac Kenzie y Mara Laura D Amico
Revista Anfibia

Manicomios, declogo de la denigracin


En Melchor Romero, a diez kilmetros de La Plata, funciona uno de los tres grandes neuropsiquitricos estatales de la provincia de Buenos Aires. En un edificio rodeado de un gran parque hay 526 personas internadas; de ellas, 217 son mujeres. Algunas viven ah desde hace 30, 40 y hasta 60 aos. Aisladas, con la memoria de los tratamientos de electroshock y sin derecho a la intimidad, sus destinos estn atados a una cuestionada institucin que debe desaparecer en el ao 2020. Ella acepta conversar en la penumbra de la sala, mirando hacia una puerta por donde se quiere meter la maana.

Disfruta de observar los pjaros sobre los rboles, y sonre en ese acto sencillo. Carmen es una de las mujeres con ms manicomio encima: acaba de pasar sesenta inviernos en el hospital Alejandro Korn. Es tambin una de las pocas pacientes que no toman medicacin psiquitrica. Y la nica que todos los das deja su sala con algn objetivo: conseguir hilo para bordar, cortar flores de los jardines, hacer mandados. Si tiene plata, compra masas finas en una panadera que queda a unas cuarenta cuadras. Cuando se cansa le pide a algn polica que la devuelva en patrullero, gratis.

−Qu me va a pasar? −dice.

Otras mujeres llevan demasiado tiempo alojadas en este neuropsiquitrico pblico creado a fines del siglo XIX a diez kilmetros de La Plata, en un predio verde y abierto pensado para transmitir la ilusin de la libertad. Amrica vive ah hace 43 aos; Ana, hace 38; Beatriz, hace 35. Sus nombres reales son otros y la lista es larga. Casi todas llegaron con esquizofrenia paranoide y sin obra social cuando tenan entre 20 y 50 aos y eran solteras sin hijos, madres solteras o viudas. Estaban enfermas de los nervios. Trastocaban la vida familiar con sus conductas. Tenan alguna pena de amor, algn aborto o haban sufrido algn abuso.

Ayer enfermas y hoy usuarias del servicio de salud mental, todava habitan las salas de pacientes crnicas, soportndose y soportndolo todo, comiendo poco y feo, sin derecho a la intimidad, al silencio, a la soledad. Para el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias (GTDA) de la ONU, en historias como stas existe una privacin de la libertad arbitraria. En mayo, despus de su segunda visita oficial a la Argentina, el GTDA difundi un informe preliminar que enfoca casos alarmantes de personas confinadas hasta 63 aos en instituciones sin perspectivas reales de liberacin por carecer de recursos y de redes sociales para vivir en la comunidad, a pesar de lo que plantean la ley nacional de salud mental y su par provincial, en marcha desde 2013. Este universo incluye las internaciones eternas de personas con padecimientos mentales que salieron del sistema penal.

Es el caso de una mujer de 87 aos, madre soltera y ama de casa, que en 1984 lleg a Romero desde la crcel de Olmos, donde estaba presa por homicidio, y aunque obtuvo el alta lleva 33 aos en las fauces de la maquinaria psiquitrica: no tiene a dnde ir. En otras palabras, aunque no haya ms internaciones forzosas y las puertas de Romero −el primer neuropsiquitrico open-door que tuvo el pas− estn ms abiertas que nunca, cuando las familias no existen, no pueden o no quieren cuidarlas, estas personas dependen del apoyo del Estado para cruzar el muro. Eso es lo que la ONU le exige al gobierno argentino para concretar un desafo de la envergadura del cierre de los manicomios.

Carmen y los electroshocks

Carmen (85) tuvo una infancia alegre; le gustaba pasear por Villa Domnico, hizo hasta cuarto grado y trabaj en una fbrica de botones hasta que muri su madre adoptiva. No se cas ni tuvo hijos. El 1 de julio de 1957, hace sesenta aos, su hermana la intern en Romero, donde le diagnosticaron esquizofrenia paranoide. Otros mdicos escribieron: HISTERIA. Tena 24 aos y tendencia al suicidio. Haba estado internada en el Policlnico de Lans. Al Korn lleg un poco desorientada y preguntando si ah tambin la iban a castigar. La respuesta lleg rpido. En los primeros diez das la sometieron a diez comas insulnicos que para los mdicos no dieron resultado.

Se le indic entonces un tratamiento con electricidad. Luego de practicados varios shock muestra remisin sintomatolgica, escribe alguien en su maltratada historia clnica el 15 de agosto de 1957, y esto motiva su alta. Pero al ao siguiente Carmen vuelve al neuropsiquitrico y eso significa la vuelta a los comas profundos (treinta en total) y a los electroshocks cada da y medio, hasta completar veinte. El cctel de electricidad, insulina y contencin mecnica continu cinco aos ms. Medio siglo despus, mientras mira los pjaros por la puerta entreabierta de la sala Bejarano y se hace crecer un rodete gris sobre la tapa de la cabeza, ella denuncia esas prcticas con palabras −algunas ms comprensibles que otras− y con gestos: las manos en las sienes, la mueca de morder algo duro y el dolor en el rostro. Luego se envuelve con sus propios brazos para recordar que lleg a Romero en ambulancia y como un matambre. −Eso no se hace −repite.

Al parecer se hizo hasta hace poco. Durante una recorrida a pie por el predio una maana en que la bruma borra las copas de los rboles, una trabajadora del hospital asegura que ella presenci una sesin en 2011. En 2014, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) incluy la persistencia de intervenciones como el electroshock en una extensa presentacin judicial sobre condiciones de vida en Melchor Romero que termin con la intervencin de la Direccin Asociada de Psiquiatra de este hospital.

Y el ao pasado, el rgano de Revisin Local (ORL) de Salud Mental bonaerense adhiri a una resolucin de la Secretara de Salud Mental de Jujuy que prohbe la terapia electroconvulsiva. Pero algunos profesionales consultados en Romero para esta nota relativizan la demonizacin de esta prctica:

El tema es el abuso que se hizo de esto ac, distinguen. Y agregan que, salvo por el impacto visual que produce en los testigos, no es peor que bloquear las emociones de las personas con psicofrmacos; llamarlas por el apellido a los gritos; dejarlas sin privacidad; o manejarles los cuerpos con traslados entre salas y modos de vestirse.

−La anulacin de ese otro, la masificacin, la prdida de singularidad −resume Andrea Tomasini, trabajadora social del neuropsiquitrico−.

Que sea para todos lo mismo. En seis dcadas, Carmen conoci todo este declogo de la denigracin. Por milagro, a su cuerpo gil y menudo le queda resto para pasear por Melchor Romero, su barrio; un pueblo armado en funcin del hospital cuando se diagram la ciudad de La Plata y se fue empujando a esa zona a los locos, a los retrasados mentales y a los presos. Ella sale del hospital todos los das, aunque el personal de seguridad tienda a pararla, por vicio institucional o sobreproteccin.

Por ahora siempre vuelve. Su capital es la voluntad.

Ana y el paraso terrenal

Los electroshocks tambin se hacan en la institucin de Lomas de Zamora de donde huy Ana (79). Dos veces me escap de ah, dice, e igual que Carmen representa estos experimentos con las manos en las sienes. Ana dej la escuela primaria para ir a limpiar a lo de una seora. Nunca se cas ni tuvo hijos.

A Romero lleg con su madre desde Villa Ballester, en 1979. Tena 42 aos y un cuadro de esquizofrenia paranoide residual. La ficha de ingreso informa que se negaba a comer. La opinin de Ana es que la internaron por trastornos en los intestinos y estar enferma de los nervios. −A m me trajeron engaada. Llegu ac a la una de la tarde, en ambulancia. Los informes institucionales dicen que, si hubiera tenido dinero, su familia la hubiera podido externar.

Hoy slo la visita su hermana, que es peluquera y una vez al mes le corta y tie de negro el pelo lacio, ahora corto, tesoro de su juventud.

Tambin le lleva obleas rellenas, le deja unos pesos y le regal la lmina en tonos naranja que est pegada contra la pared y enmarca su cama. Su vida.

−Es un ngel del paraso terrenal, se merece el cielo y la tierra entera −dice, y muestra unas zapatillas blancas sin cordones que le regal su hermana, su ngel, la ltima vez.

Ana tiene pocas pulgas. Cuando se enoja levanta la voz y manda a la mierda revoleando un brazo por encima del hombro. Si est de buen humor canta canciones de iglesia y conversa. Cuenta que a ella le decan muerta de hambre y con razn, porque no tiene a dnde ir. Y que recordarlo le pudre la sangre.

−El pasado pisado −prefiere. Los 38 aos de encierro han hecho un trabajo implacable en su cuerpo: est muy encorvada, siempre parece cansada y pesa 37 kilos. Lleg a pesar 30 y depender de cuidados intensivos. Hasta hace poco sala a hacer mandados e iba a misa en la parroquia del hospital.

Pero en una cada desde su propia altura se fractur el brazo derecho y ya casi no deja la sala Bejarano, que habita con 26 compaeras de vida no elegidas. Como en otras salas de mujeres del Korn, hay poca ventilacin y pocos espejos, un comedor gris y un bao sin puerta. Dos perros y gatos de todo tamao y color andan por las camas, las frazadas y los roperitos.

En el hall de entrada se exhiben carpetas con el apellido de las pacientes en el lomo; estn divididas en la historia clnica y la psiquitrica, como quien escinde cuerpo y alma. Y afuera se juntan colchones viejos y sillas de ruedas desvencijadas.

−La comida es una porquera −dice Ana−. Ni los chanchos comen esto. El desayuno se sirve entre las 5 y las 6, el almuerzo a las 11 o 12, la merienda tipo 3 y la cena a eso de las 7. Varias mujeres de esta sala mendigan comida. Ana a veces pide el refuerzo (un par de galletitas, un huevo duro, un pedazo de queso) y se lo da a una mujer que vive postrada en otra cama.

−Ella antes era linda y trabajaba −seala. Experta en nombres y apellidos, edades, fechas de cumpleaos, y circuitos de mujeres por el hospital, se acuerda de una que lleg de la sala Maldonado: Esas eran bravas. De la que se fue a vivir con la hija. De otra que cazaba palomas al vuelo y se las coma crudas. Y de una espaola de La Corua que tena una hija con plata que la dej ac. Muri en la guardia. Su capital es la memoria, robusta en su cuerpo frgil. Y con ella lee el paso del tiempo. Su deseo actual es salir a visitar a su madre, que tiene 90 aos y se est quedando ciega en Villa Ballester. Pero no se ilusiona mucho: no tiene plata. (*)

Edith Piaff

Mujer con mueca, la foto que Helen Zout le sac en Melchor Romero para la serie El dolor, es de 1989, cuando ella tena 44 aos y ya llevaba nueve internada. Era viuda. En ese instante en blanco y negro que dio la vuelta al mundo, ella sostiene, absorta, una mueca de trapo. De fondo se ve la sala del hospital que esta profesora sigui habitando hasta el 29 de junio pasado. Ese jueves, a media maana, la externacin de esta paciente histrica sorprende a los trabajadores del Centro de Atencin Primaria en Rehabilitacin (Caper), que tienen su foto ms famosa pinchada en un panel del consultorio y corren a despedirse, conmovidos. −Gracias, muchas gracias por todo. Y sigan trabajando por los pacientes −dice la mujer, desde el auto que la traslada con unas pocas cajas donde caben sus pertenencias, 72 aos de vida y 36 de manicomio.

−Me alegra que te vayas de este lugar −la alienta tomndole las manos Sandra Vitale, jefa del Caper. Una vez que el auto se aleja, la mdica se permite la emocin:
− Que lo pari! −.

Sabe que su destino no es una casa sino otra institucin, privada, que quiz no garantice das mejores. Este centro de salud para personas internadas funciona en el hospital desde 2001 y, dentro del Movimiento por la Desmanicomializacin de Romero (MDR), pelea por un proceso de sustitucin del manicomio democrtico y sustentable. En su fachada un mural dice Libert. Movimiento. Amor. A pocos metros hay una sala de varones y una de mujeres. Y al lado un edificio con faja de seguridad guarda un voluminoso depsito de papeles y carpetas abandonados a su suerte.

En la sala F, donde vivi la mujer con mueca, quedan su cama vaca, un almanaque 2014, algunas otras fotos suyas y lo mejor: el recuerdo de sus canciones en francs, que explica por qu alguien anot en su historia clnica Edith Piaff en birome azul. Por lo dems, es una maana como cualquiera: una enfermera acomoda pastillas en una bandeja de madera; una muchacha desnutrida enfila al comedor; una mujer espera el almuerzo doblada en una silla plstica; y una seora ciega pide Garca Lorca en braille (quiere Bodas de sangre y poemas). Hay cucarachas, una rata muerta y las ventanas estn cerradas. Afuera, en la inmensidad del predio, una figura camina cargando bolsas; asoma momentneamente entre pltanos, pinos y hojas secas, y desaparece en la bruma. Ms all, un muchacho teido de amarillo fuma en soledad sobre un tronco. Se oye el motor de un camin que recoge ropa sucia de las salas en bolsas de tela roja. Y llegan ruidos desde la sala D, donde hay refacciones en marcha. Entre los andamios, en un mural con dibujos infantiles en colores, se lee: No seamos normales, seamos felices. Tambin: Vivir solo cuesta vida.

Todos tienen que salir

Al cierre de esta nota quedaban 526 personas internadas en Melchor Romero, uno de los tres grandes loqueros estatales de la provincia de Buenos Aires. De ellas, 217 son mujeres, distribuidas en distintas salas. En las de crnicos ya no se permiten nuevos ingresos, aunque a veces ocurren; son personas sin redes de afecto o personas en situacin de calle, que encuentran una cama y un plato de comida. −Todos estn mal internados y tienen que salir −dice Beln Maruelli, mdica generalista del Caper−. Pero para m la gente grande, que ha sido encerrada y torturada muchos aos ac adentro, debera ser la primera en salir, para poder vivir de otra manera los aos que le quedan, y porque no me gustara que nadie ms se muera ac adentro. En 2014 desapareci ah Bernarda Saucedo (84), una mujer institucionalizada por medio siglo a la que la Justicia nunca busc; en su historia clnica dice que pasaba hambre en la casa donde limpiaba, que la intern esa familia en complicidad con su novio y que cuando lleg al Korn crey entrar en una morgue. En 2015 falleci Celina Trezeguet, una obrera de frigorfico que pas 74 aos encerrada. Las muertes y su falta de investigacin abundan y son motivo de denuncia constante del CELS y la Comisin por la Memoria de la provincia de Buenos Aires (CPM). −Toda muerte en un sistema de encierro es dudosa −define Maruelli, miembro de la comisin de bito de Romero, y seala que all la probabilidad de morir es de cuatro a diez veces mayor que afuera, aun cuando hay un hospital general enfrente. Las causas principales son infecciones generalizadas, neumona, insuficiencia cardaca, broncoaspiraciones y cncer.

−Cunto queda de manicomio?

Segn la ley, hasta 2020. Yo creo que no se va a llegar, porque se necesitan condiciones materiales afuera y parecera que no hay una intencin clara de financiar externaciones sustentables. Equipos interdisciplinarios que puedan trabajar como corresponde con las personas, casas para que vivan afuera y curaduras que puedan recorrer este cambio paradigmtico para garantizar el acceso a las personas sin dinero. Muchas veces se traba ah. Yo lo veo re difcil. En 2015, la escasez de recursos humanos y el estado deficiente de este edificio llegaron hasta la Corte bonaerense, que le dio a la Provincia un ao para resolver ambos temas.

Hoy faltan trabajadores sociales y psiclogos, y no hay acompaantes teraputicos del hospital para las personas internadas; entonces, aunque no todas accedan a una pensin (muchas ni siquiera tienen DNI), para afrontar su reconexin con el afuera se tienen que financiar un acompaante personal. En Romero, la transicin hacia un pas sin manicomios va lento, pero hay algunos jirones de cambio. Por ejemplo, tres salas de la Direccin Asociada de Psiquiatra, que hoy dirige la psiquiatra Patricia Pauluc, ya estn a cargo de profesionales que no son psiquiatras −dos trabajadores sociales y una psicloga−. Por otro lado, una mesa permanente −creada por orden judicial− rene a organizaciones polticas (el MDR, la CPM, el CELS) y representantes del hospital, del Poder Ejecutivo provincial, de curaduras y del ORL. Y tambin se estren un protocolo que pone patas para arriba la lgica de la circulacin: ya no hay que autorizar a personas como Carmen sus salidas por el predio o por la ciudad, sino justificar cundo −y por qu y por cunto tiempo− no pueden salir.

Otro avance es que hay menos silencios: las y los pacientes, mezclados con trabajadores, dirimen en asambleas cuestiones de convivencia y condiciones de vida: desde qu perros castrar o admitir en las salas hasta cmo exigir comida digna; se empez a poder hablar de la hper medicacin y de los abusos sexuales intramuros; y van apareciendo nuevas preocupaciones: En el Caper −advierte Maruelli− empezaron a consultar por incontinencia urinaria: cuando la gente empieza a andar en colectivo o a insertarse un poco ms en la comunidad necesita no estar toda meada, porque sabe que eso de alguna manera lo aleja de otras personas. Los motivos de consulta clnicos estn cambiando y eso tuvo que ver, para m, con ubicar a las personas como sujetos de derechos.

*** La salida del manicomio est en la 175 y 520, una avenida partida por un bulevar gris donde camiones, motos y colectivos escupen humo a los vendedores en los semforos. Es Romero, una de las localidades ms pobladas de La Plata, llena de barrios, villas y quintas, que en 1884, cuando se inaugur el hospital, tena poco ms que una estacin de ferrocarril. Ese mundo de ruido espera a quienes pasaron dcadas aislados. −El cajero. El colectivo. La Sube. Los turnos por internet. Los trmites. A veces te piden que les conviertas la plata a australes −enumera Camila Azzerboni, trabajadora social y militante del MDR−. Vos tens que acompaar a la persona para que se haga una red, en principio, sabiendo que estamos en un momento re hostil de la sociedad Pero acompas a alguien a un trmite y si no resuelve enseguida una pregunta toda la cola ya est bufando. Una vez iba con un seor que iba juntando todas las colillas que encontraba y se las iba fumando. Y de ltima, a quin le jode!? Pero no se tolera ni eso! Las inmobiliarias −agrega− no quieren alquilarle a un loco o a un grupo de locos. Y un centro de jubilados de Romero adonde fuimos a proponer hacer talleres integradores tampoco quiere que vayan personas que viven en el hospital.

−Qu es el manicomio?

−El manicomio es el capitalismo extremo encarnado en una institucin. Ellos no estn ac porque s Hay todo un contexto que habilit, habilita y va a seguir habilitando que esto exista. Y todo lo que pasa ac es lo que pasa afuera, aunque ac llega a un nivel de crudeza mayor Hay que ser muy fuerte para soportar esto. De la 520 para adentro se abre un horizonte verde y calmo de belleza inusual, salpicado de rboles viejos y edificios heterogneos, algunos en ruina, unidos por senderos de tierra y asfalto.

En esta especie de pueblo rural todava funciona un museo vivo de la segregacin, donde muchos tambin practican la hazaa de la fraternidad.


* Durante la edicin de esta nota, Ana se cay y se quebr la cadera. Fue internada y operada en el hospital de Romero donde contrajo una neumona intrahospitalaria. Muri el 13 de julio, a los 79 aos.

Sobre las autoras:

Josefina Lpez Mac Kenzie, periodista y traductora. Coautora de un libro periodstico sobre la inundacin de 2013 (2A. El naufragio de La Plata), y hoy edita y corrige libros en una editorial. En 2011 fue finalista del premio Nuevas Plumas, por su crnica sobre un viaje entre Salta y Paraguay.

Mara Laura D Amico, periodista y fotgrafa. En 2007 se recibi de Licenciada en Comunicacin Social y ha colaborado con crnicas de poltica e inters general en el diario Pgina 12 y la revista La Pulseada. Actualmente trabaja en la Secretara de Medios de la provincia de Buenos Aires y es colaboradora del sitio web Diario sobre Diarios bonaerense.

Fuente: http://www.revistaanfibia.com/cronica/decalogo-de-la-denigracion/



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