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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-09-2017

Una verdad incmoda: el cambio climtico

Alberto Acosta
Rebelin


Irma, el gran huracn que azot el Caribe y la Florida, trae a la memoria -de nuevo- una verdad incmoda: el cambio climtico, inocultable ms all de los discursos elaborados desde el poder y la ignorancia. Fenmenos naturales cada vez mayores y ms destructivos sacuden al mundo. Inundaciones y sequias, fros y calores extremos, tanto como los recientes huracanes, son noticia cotidiana en todas las esquinas del planeta. Segn afirma una gran mayora de cientficos, esos fenmenos naturales -cual jinetes climticos del apocalipsis- son la consecuencia global del aumento de las temperaturas y de las variaciones climticas extremas. Y esto recin empieza La razn nos dice que esta cadena de catstrofes causadas por desrdenes climticos severos debera demoler las posiciones negacionistas. Pero el tema no es fcil. El poder no suele regirse a la razn, peor a aquella de quienes imaginamos un mundo en paz y fraternidad. Ms comn es que la razn se atrofie a gusto y placer del poder.

Solo pensemos en posiciones como las de Donald Trump, para quien el cambio climtico es un cuento inventado por los chinos. Semejantes lecturas, a ratos rayando en ridculas, en el fondo esconden los compromisos adquiridos con poderosos intereses . Y en este perverso mundo donde la postverdad es hija de la modernidad capitalista pura y dura, no faltan los cientficos que encuentran otras explicaciones a estos fenmenos naturales. Tampoco faltan quienes estn convencidos que los problemas se resuelven desde la tecnologa y la tcnica, ni quienes hacen ya nmeros de las utilidades a obtener remediando lo destruido o construyendo obras para afrontar los prximos e inevitables y cada vez ms dantescos fenmenos climticos. Sin minimizar para nada la bsqueda de respuestas cientficas al problema, es hora de politizarlo globalmente. No basta con que unos das los grandes medios prioricen la cobertura periodstica de lo que est sucediendo. Para colmo su fugaz inters suele combinarse con reportajes sesgados. Adems, repetir una y otra vez que ya sabemos lo que se nos viene es ftil.

Urge ir ms all y revisar todos esos hechos para establecer las correspondientes interrelaciones, sus causas y sus responsables, que s los hay. No hay duda de que vamos a enfrentar nuevas tragedias. Debemos prepararnos, pero eso no basta. Cabe conocer los orgenes y alcances de estos complejos fenmenos, al tiempo que debatimos las polticas de la crisis que acabbamos de presenciar y tambin aquellas polticas radicales que necesitamos para prevenir -o al menos para minimizar- los impactos de nuevas crisis. Y, sobre todo, hay que nombrar a los orgenes y a los causantes de estos problemas con transparencia y conectando sus principales nodos: extractivismos voraces, consumismo desbordado, contaminacin imparable, desperdicios hasta programados, subsidios a combustibles fsiles, racismo ambiental, inequidades socioeconmicas Notemos, por igual, que los recursos presupuestarios disponibles para enfrentar esta avalancha en ciernes son exiguos al compararse, por ejemplo, con los enormes, dainos e insultantes gastos en armas y seguridad represiva, causantes -a su vez- de graves problemas sociales, polticos e inclusive ambientales. En un lnea similar estaran los multimillonarios recursos destinados a los salvatajes bancarios. Aprovechemos el momento para proponer soluciones globales profundas. Hay que impulsar medidas que reduzcan dramticamente las emisiones de gases de efecto invernadero, algo factible si disminuye el consumo y la extraccin de cada vez ms petrleo, carbn y gas; apoyando iniciativas como la propuesta -desde el Ecuador- para dejar en el subsuelo el crudo en el Yasun. Requerimos repensar ntegramente nuestras ciudades y sus sistemas de transporte.

Igualmente necesitamos repensar el campo como proveedor crucial del alimento con el cual las sociedades sobreviven. Los patrones de consumo deben cambiar profundamente. En suma, la organizacin de las sociedades no puede seguir como hasta ahora: con grupos relativamente reducidos de poblacin que consumen sobre sus capacidades -e incluso sobre sus necesidades- mientras el resto -casi la totalidad de habitantes del planeta- vive tratando de emular a los privilegiados, en un trajinar condenado a la frustracin permanente.

Llamar las cosas por su nombre nos obliga a superar conceptos flacos de contenido, como aquello de antropoceno, una trampa nada casual. Hablemos sin rodeo de capitaloceno. No negamos que la Humanidad provoca los tremendos desajustes que hoy vive la Tierra, pero la responsable no es cualquier Humanidad, es la Humanidad del capitalismo. Una civilizacin que sofoca la vida tanto de los seres humanos como de la Naturaleza a fin de alimentar al poder que conocemos con el nombre de capital. Y en ese empeo de llamar las cosas como son, cabra renombrar a los monstruosos huracanes y fenmenos extremos por sus verdaderos nombres: Chevron-Texaco en vez de Irma, British Petroleum en vez de Harvey, Exxon en vez de Mara

Solo la verdad servir para construir nuestra emancipacin!

Alberto Acosta es economista ecuatoriano. Expresidente de la Asamblea Constituyente y excandidato a la presidencia de la Repblica del Ecuador.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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