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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-09-2017

La renuncia del equipo econmico de Bachelet

Sebastin Zarricueta C.
Punto Final


El pasado 31 de agosto quedar registrado como uno de aquellos hitos que marcan un antes y un despus en la gobernabilidad neoliberal. Si ya el cambio del ministro de Hacienda era un hecho indito en las administraciones civiles del capitalismo chileno, la renuncia en bloque del equipo econmico no es sino expresin de la serie de devaneos por los que atraviesan las clases dominantes en el actual escenario poltico-social. Es como si las costuras de la pax neoliberal comenzaran paulatinamente a ceder. Las organizaciones de Izquierda deben tomar nota de este hecho para sus anlisis.

Pilares del neoliberalismo chileno

Hasta ahora el arreglo institucional forjado por la contrarrevolucin burguesa descansaba sobre dos pilares. El sistema electoral binominal constitua el primero. Este resguardaba los acuerdos pactados entre la Concertacin y la fraccin de militares y cmplices civiles de la dictadura desplazada de la administracin del Estado. El empate inmovilizante que estableca entre las dos principales alianzas polticas del pas asignaba al pinochetismo, encarnado en la UDI, el rol de custodio de ltima instancia ante cualquier cambio poltico-institucional que se intentara llevar a cabo, as como de aquellas iniciativas que pretendieran dar marcha atrs a las granjeras otorgadas al gran capital nacional y extranjero durante la dictadura.

La prdida de vigencia de los pactos transicionales, fruto del recambio generacional y el despeje de toda duda sobre la adscripcin de la Concertacin al neoliberalismo, ha posibilitado que el gran capital se desmarque del legado y defensa del pinochetismo -que mal que mal era solo un elemento circunstancial y no esencial a su dominacin de clase-, dando paso al paulatino y ordenado desmontaje del sistema binominal.

El segundo pilar ataa a lo econmico. Este se sustentaba en la autonoma del Banco Central y en la preeminencia de Hacienda por sobre los dems Ministerios en el diseo de la poltica pblica. Este binomio aseguraba el control de la inflacin por un lado, y la disciplina fiscal por el otro. As la economa subordinaba el manejo de la poltica social del Estado que el gobierno de turno pudiese imprimirle, siendo confiada aquella a una casta de inspidos tecncratas a imagen y semejanza del ex ministro Rodrigo Valds.

Este esquema, ms las polticas de liberalizacin y privatizacin, buscaba asegurar la prevalencia del inters general y permanente del capital por sobre las demandas particulares de las distintas fracciones burguesas.

El impasse abierto a raz de la renuncia del ministro Valds y el equipo econmico revela las fisuras que este segundo pilar de la institucionalidad neoliberal presenta, que desde un tiempo a esta parte ha comenzado a hacer agua. Queda por dilucidar qu tan estructurales son sus fisuras y cules son los cursos de accin con que la burguesa cuenta para repararlas.

El dilema de la inversin

El renunciado ministro Valds haba sido nombrado en reemplazo de Alberto Arenas. Su misin era recomponer las confianzas con el mundo empresarial, que haban resultado algo daadas producto de la reforma tributaria impulsada por su antecesor. No por nada apenas asumi Valds se apresur en despejar todo manto de duda frente al gran empresariado sobre los derechos de propiedad ante un eventual cambio constitucional. La propiedad privada era uno de los derechos que sin duda quedaran consagrados en la nueva carta fundamental.

Valds asumi tambin con la tarea de reimpulsar el alicado crecimiento que la economa exhibe desde finales del gobierno anterior. Esta acumula una prolongada cada de la inversin que supera en extensin a las observadas durante las crisis asitica y subprime .

Sin embargo las razones del anmico dinamismo de la economa esta vez son de orden profundo. Se trata del deterioro de las fuentes de ganancias extraordinarias que obtiene el capital en Chile: la renta minera, especialmente la asociada a la explotacin del cobre. Es un problema en la base del proceso de valorizacin capitalista que no tiene solucin en el marco de la poltica monetaria o fiscal. Tampoco una mayor competencia en los mercados ayuda a salir del atolladero.

Chile ha ido perdiendo terreno en el concierto internacional ante el surgimiento de nuevos polos de atraccin para la inversin minera, como Per. La salida es un salto hacia adelante, en el sentido de una intensificacin en la explotacin de los recursos naturales que permita recomponer los niveles de rentabilidad perdidos. Para ello se requieren grandes proyectos de inversin en infraestructura vial y portuaria, y en energas que abaraten significativamente los costos de produccin de las empresas.

Como interlocutores directos del gran capital el ex ministro Valds y el equipo econmico conocan esta situacin, razn por la cual se jugaron a fondo para que el gobierno aprobase el proyecto Dominga. Sin embargo sus gestiones resultaron infructuosas.

El tema es por qu se dio esta situacin, y por qu deriv en una crisis de conduccin en el actual gobierno.

Institucionalidad medioambiental y manejo econmico

En la actualidad ya no es posible que el capital se mueva a sus anchas como lo haca en los 90 sin generar importantes daos colaterales y resistencia de las comunidades afectadas. La escala e intensidad que han alcanzado sus operaciones tienen repercusiones inmediatas sobre el medioambiente. En este sentido el gran capital an no encuentra una institucionalidad ad hoc que destrabe el proceso de acumulacin, y que a su vez le permita sortear la creciente conflictividad social en torno a los problemas medioambientales. La actual institucionalidad se presenta como una traba.

Por un lado abre paso a la judializacin de los grandes proyectos de inversin, tornndolos engorrosos y posponiendo indefinidamente su materializacin. Esta es la razn por la cual el gran empresariado se expresaba tiempo atrs en el sentido de que Chile no se poda dar el lujo (sic) de tener una legislacin medioambiental de pas desarrollado. Mientras que por otro, expone los planes de inversin a la arbitrariedad poltica, tal como ocurri con la cancelacin de la construccin de la central termoelctrica en Punta de Choros por el presidente Piera, o el rechazo del proyecto Dominga por el comit de ministros en el actual gobierno. De aqu las destempladas reacciones del empresariado ante el rechazo de Dominga calificndolo como un ataque a la democracia.

Crnica de una renuncia

Este puzzle an no resuelto fue el teln de fondo sobre el cual se desarroll la medicin de fuerzas entre el ministro Valds y el equipo econmico y el grupo de secretarios de Estado encabezados por el ministro de Medio Ambiente, Marcelo Mena, primero, y con la mismsima presidenta Bachelet despus.

Derrotados en el comit, los ministros del rea econmica hicieron causa comn con el gran empresariado criticando abierta y pblicamente el rechazo del proyecto Dominga. Tratndose en el fondo de una decisin poltica adoptada previamente en las ms altas esferas del gobierno, esto los hizo entrar en colisin directa con la presidenta, quien apareci desautorizando las declaraciones del ministro Valds.

Herido en su orgullo de avezado tecncrata, y convencido de que lo mejor para el gran capital es lo mejor para Chile, Valds intent chantajear a la presidenta haciendo valer todo el peso de Hacienda y el rea econmica en el tinglado neoliberal. Como acto de desagravio y forma de recomponer las confianzas, habra pedido la remocin del ministro Mena.

Sin embargo el Chile de hoy no es el de los 90 ni el de la dcada recin pasada. No bastan ya leyes tipo DL 600 que daban manga ancha al gran capital para hacer y deshacer. Adems Bachelet aprendi del desastre que signific la puesta en marcha del Transantiago en su primer gobierno. Conoce lo peligroso que puede llegar a ser el confiar decisiones trascendentales a un fantico tecncrata neoliberal cuya destreza en poltica a duras penas rebasa a la de un mamut en monopatn.

Estos elementos terminaron finalmente por sellar la salida de Valds y el equipo econmico. Era inevitable. Sin embargo esto no da para ilusionarse ni significa que la conduccin econmica del gobierno pueda cambiar en 180 grados de la noche a la maana ni en el poco tiempo que le resta. Para que ello ocurriera se necesitara algo ms que un simple tira y afloja entre distintos representantes del capital con dispares sensibilidades. De hecho, al igual que la de sus renunciados antecesores, la fe en el credo neoliberal de la dupla Eyzaguirre-Rodrguez Grossi es probada, as como tambin su conexin con el gran empresariado y las instituciones del capitalismo internacional, lo que asegura continuidad y a la vez un mayor balance entre economa y poltica.

 Publicado en Punto Final, edicin N 884, 15 de septiembre de 2017.

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www.puntofinal.cl



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