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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-09-2017

Entrevista a Isabel lvarez, activista y colaboradora de Coordinacin Baladre
El Norte vive en el espejismo de que el derecho a la alimentacin est cubierto

Enric Llopis
Rebelin


El informe de la Fundacin Foessa Desproteccin Social y Estrategias Familiares (2017) destaca que dos de cada tres personas que, durante la crisis, se hallaban en situacin de pobreza y exclusin social en Espaa, ya lo estaban antes de que la gran recesin comenzara. Asimismo recuerda que la tasa de riesgo y exclusin social (AROPE) se sita actualmente en niveles superiores a los de 2013. Por otro lado, aade el documento, el porcentaje de hogares bajo el umbral de la pobreza que percibe hoy la llamada recuperacin econmica se sita en el 9%. Tampoco resultan mucho ms halageos los datos de la Encuesta de Poblacin Activa (INE, segundo trimestre de 2017), que cifra en 1.277.600 los hogares que tienen a todos sus miembros activos en paro.

Desde 1982 Coordinacin Baladre de luchas contra el empobrecimiento, la precariedad y la exclusin social se enfrenta a estas cifras encarnadas en personas. En Baladre participan colectivos y personas del estado espaol, pero tambin de otros pases como Argentina, Chile o Uruguay. Una de las batallas que asumieron desde primera hora es el derecho la Renta Bsica de las Iguales (Rbis), que refuerza otras como la reivindicacin de la vivienda digna, el transporte gratuito, el reparto de todos los trabajos o el rechazo de la crcel y la represin. Isabel lvarez, de 40 aos, es activista de la Coordinacin, forma parte del rea de Agroecologa de Ecologistas en Accin y es una de las responsables de incidencia poltica en la Red Internacional de Agricultura Sostenida por la Comunidad Urgenci. Durante una dcada ha participado en proyectos que defienden la soberana alimentaria.

-Hay diferentes publicaciones accesibles sobre la RBis: Qu es la renta bsica de las iguales? (2012), de Jos Iglesias Fernndez, Manuel S. Bayona, scar Garca Jurado, Enrique G. Escamilla y Rosa Zafra Lizcano; Renta bsica de las iguales y feminismos. De la centralidad del empleo a la centralidad de la vida, de Mari Fidalgo, Alicia Alonso Merino y Rosa Zafra Lizcano (con prlogo de Yayo Herrero) y De la renta bsica a la riqueza comunal, del economista Jos Iglesias. Cules son las diferencias respecto a la renta bsica convencional?

Las coincidencias son claras. Todos apostamos por la renta bsica como derecho. Es decir, que por el hecho de existir tengamos las necesidades bsicas cubiertas. Pero la perspectiva de Baladre y la Renta Bsica de las Iguales (RBis) es que adems de contar con una renta bsica suficiente, sta ha de organizarse y gestionarse de manera colectiva. En una primera fase, un 80% de la renta se asignara de manera individual, mientras que el restante 20% se destinara a un fondo comn, gestionado desde el barrio, el vecindario o el municipio por las asambleas de vecinas. El objetivo final consistira en revertir estos porcentajes, que el 20% fuera de carcter individual y el 80%, colectivo.

-Cul es la esencia de la propuesta?

Pensamos que es ms generadora de comunidad, y tambin quiere romper con las rplicas del modelo de consumo; ciertamente hay que contar con unos mnimos ingresos vitales y de calidad de vida, pero pensamos que esto no resulta transformador si no se hace desde una visin colectiva.

-La RBis nace de abajo para las de abajo como una herramienta ms de lucha social, se afirma en los textos de Baladre. Consigue avanzar la renta bsica de las iguales entre los movimientos sociales, frente a los modelos mayoritarios?

Creo que nos movemos en esferas distintas. Se escucha ms el modelo convencional de renta bsica, y me parece genial. Al menos hemos pasado de que no se nos escuchara nada, a que actualmente sea un tema que est en la calle. Cuando dices renta bsica ya no te miran como a un perro verde. En cuanto a la RBis, est llegando cada vez a ms colectivos -muchos de ellos feministas- que se cuestionan la renta bsica ms convencional; y precisamente porque consideran que se repiten patrones de consumo. Por ejemplo coincidimos en un espacio con la Red de Decrecimiento de Bizkaia, en concreto con el rea de feminismos, y nos dijeron que necesitaban un taller sobre Rbis; entonces nos invitaron. Comentaron que muchos de los reparos que ponan a la renta bsica convencional, se respondan desde la RBis.

-De qu manera empezis a aproximaros al problema de la alimentacin?

La Renta Bsica es como un paraguas, una herramienta que nos permite trabajar otras muchas materias. Entre otras, la alimentacin. Planteamos la idea en la Coordinacin, y le hemos dado el ttulo de Qu comen las que malcomen, desde la perspectiva de las personas excluidas o en riesgo de exclusin. Nuestra idea es, a partir de talleres y dinmicas de grupo, generar un documento entre todas, sentirlo como propio y que nos sirva para trabajar. Somos dos o tres personas quienes dinamizamos los talleres de construccin colectiva.

-Cmo explicaras los primeros pasos del proyecto?

El trabajo se hace sobre todo en los Encuentros de Baladre, un mnimo de dos anuales, en los que participa gente de todo el estado. Se plantean las siguientes cuestiones: Qu come hoy en da la gente que empobrecida? A qu alimentos tiene acceso? La mayora de los alimentos son de muy poca calidad. En el da a da tambin trabajamos a pie de calle y observamos los problemas de los barrios.

Adems existen informes muy interesantes, como Viaje al centro de la alimentacin que nos enferma, presentado en septiembre de 2016 por Veterinarios sin Fronteras (VSF) y con el que la ONG inici la campaa Dame Veneno. El documento hace un anlisis de clase y gnero sobre por qu enfermamos (Por ejemplo cita un estudio del Grupo de Investigacin en Salud Pblica de la Universidad de Alicante, de diciembre de 2011, que destaca cmo el porcentaje de mujeres de clase trabajadora con obesidad y sobrepeso duplica al de profesionales y empresarias; VSF tambin menciona los datos del Institute For Health Metrics and Evaluation, de los que se desprende que las enfermedades de seis millones de personas en el estado espaol pueden atribuirse a la alimentacin insana. Nota del entrevistador).

-Cmo se da el paso del papel escrito a las iniciativas concretas?

De momento estamos analizando las diferentes posibilidades, por ejemplo los bancos de alimentos convencionales, que es la opcin menos deseable y que adems implica a las grandes superficies, con lo que se contribuye a su lavado de cara; adems el funcionamiento en s resulta bastante complicado; y por otro lado las despensas solidarias, ya con otra perspectiva; o los huertos comunitarios para abastecer a los barrios de mayor exclusin. Lo importante es que las actuaciones no sean asistencialistas, que la persona empobrecida no sienta que por caridad se le est entregando un kilogramo de arroz. Y que, con una perspectiva de dieta equilibrada, los alimentos posean calidad nutricional; tambin es importante generar espacios de participacin.

-Cules son las necesidades ms perentorias que percibes en tu relacin con la gente empobrecida?

Hay mucha gente buscando en la basura. Y otra que busca comida barata, que se encuentra fcilmente en las grandes superficies y cuya calidad nutricional es muy pobre; porque las tiendas de productos ecolgicos y los mercados de productores agroecolgicos van poco, al menos por el momento, a los barrios perifricos (se ubican en el centro de las ciudades). En resumen, la gente come poco y lo que come no le nutre, sino que le enferma. Y esto es una pauta general, que trasciende al estado espaol.

-Por qu se decide incorporar el punto de vista de gnero en la iniciativa qu comen las que malcomen?

En general, apostamos por eliminar la centralidad del empleo y reivindicar el trabajo de los cuidados, que histricamente han desempeado las mujeres. Por otro lado la feminizacin de la pobreza no slo es mayor, sino que sta se ha normalizado mucho ms en el caso de las mujeres. As, cuando vemos que una mujer pone la mesa y da de comer a todo el mundo mientras ella no come, ya no nos llama la atencin; ni que coman las ltimas, las sobras o incluso que no coman; todo esto es bastante habitual. En el caso de los menores? Se les da prioridad, se tiene claro que nias y nios han de alimentarse, en este punto no hay grandes diferencias de gnero. Pero s las habr cuando se hagan mayores, y la mujer empiece a asumir la tarea de los cuidados.

-Se preocupan por estos planteamientos los Servicios Sociales de los municipios?

Ni siquiera se lo plantean. Adems los Servicios Sociales se han convertido en una institucin muy asistencialista y clientelar: en muchos casos se dedican a repartir bonos de comida; es como dijeran: A cuantos ms nos quitemos de encima, mejor, y poco ms Por eso en Baladre, con la iniciativa de Qu comen las que malcomen, apostamos por generar nuestros espacios.

-Por ltimo, hay que cambiar la mirada?

Uno de los problemas que tenemos es que nosotras, que vivimos en un pas del Norte, estamos instaladas en el espejismo de que el derecho a la alimentacin est cubierto. Pensamos que en nuestras ciudades no se pasa hambre, al contrario de lo que ocurre en los pases del Sur.

-Y se trata de un error

Hemos de tener en cuenta que con los procesos de globalizacin y urbanizacin, que caminan a pasos agigantados, existe un Norte y un Sur, un centro y una periferia en todas las ciudades; y las mujeres son el Sur del Sur, la periferia de las periferias, debido a la desigualdad y la visin heteropatriarcal que nos han impuesto.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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