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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2017

Trump: amenaza discursiva y contrapesos

Miguel ngel Ferrer
Rebelin


Juzgado por su discurso, no hay duda de que Donald Trump es el mayor peligro que enfrenta el mundo en la hora actual. La mayor amenaza para la vida, la salud, la integridad fsica, el patrimonio y la tranquilidad de millones de seres humanos. Tan slo su amenaza de destruir totalmente a la Repblica Popular de Corea pone en riesgo de muerte a ms de 25 millones de seres humanos.

Y aunque el delirio discursivo del presidente de Estados Unidos no ha llegado hasta el punto de amenazar con la destruccin total de la Repblica de Irn, la obsesiva palabrera blica de Trump tambin pone en riesgo de muerte y de inenarrables sufrimientos a una buena parte de los ms de 80 millones de habitantes de ese pas islmico.
Pero hasta ahora la evidente patologa guerrerista de Trump slo ha sido verbalista y no factual. Muy diferente, como es obvio, a los guerrerismos genocidas de todos sus antecesores, especialmente de Lyndon B. Johnson, de los dos Bush, de William Clinton y de Barack Obama, sin olvidar desde luego al mayor de esos genocidas, el destructor atmico de Hiroshima y Nagasaki, Harry S. Truman.

Al da de hoy, a ocho meses de haber ocupado la Sala Oval, a Trump no se le puede reprochar todava ninguna accin blica considerable. Ni haber ordenado bombardeos masivos de instalaciones militares o poblaciones civiles extranjeras. Nada, ni de lejos, parecido a los casos de los bombardeos masivos de la ciudad de Panam o de Belgrado. Ni a los casos de los bombardeos masivos e invasiones militares de Afganistn e Irak.

Habr quien diga, desde luego, que Donald Trump no ha pasado de las palabras a los hechos porque las circunstancias geopolticas no se lo han permitido. Hoy, como se demostr en Siria, existe un poderoso contrapeso econmico, poltico y militar, llamado Rusia, a las decisiones guerreristas de Washington. Y otro poderoso contrapeso si las acciones blicas de EU son percibidas por China, cual es el caso de Corea, como una amenaza a su propia seguridad.

Habr tambin quien diga que en realidad Trump no manda, y que es el llamado establishment el que boicotea los afanes belicistas del mandatario, dados los indeseables efectos colaterales de una agresin militar a Corea, Irn, Venezuela o Cuba. Esta ltima consideracin puede explicar por qu el belicoso establishment no se suma una accin blica ordenada por Trump, o por qu aqul no la decide por s mismo.

El porqu explicativo puede estar a medio camino entre la pura patologa discursiva de Trump y las consideraciones del Pentgono y otras agencias gubernamentales acerca de las indeseables consecuencias de una accin armada unilateral en las actuales circunstancias geopolticas del planeta. Otra vez Rusia y, eventualmente, China.
Otro porqu explicativo puede estar en los clculos estadounidenses acerca de la capacidad defensiva de Corea, Irn, Cuba y Venezuela. Nada hace suponer que una agresin en gran escala a esas naciones no termine en una rotunda derrota para el agresor.

En cualquier caso es observable, salvo en las puras palabras, una evidente resistencia de Trump para embarcarse en aventuras militares en el extranjero. Y es fcilmente deducible que la buena capacidad defensiva de las naciones amenazadas es un factor nada desdeable a la hora de optar por una salida blica por cuenta del agresivo y criminal establishment estadounidense.

www.economiaypoliticahoy.wordpress.com
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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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