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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2017

Fraternidad, unidad, solidaridad
No a la estafa antidemocrtica del 1 de octubre

Jess Puente
Rebelin


El empeoramiento de la situacin en Catalua, y por extensin en el resto de Espaa, aunque todava a otro nivel, tras la convocatoria ilegal del referndum del 1 de octubre, hace necesario promover un debate que ponga en cuestin muchos de los argumentos mediante los que se quiere convertir esta convocatoria en un acto democrtico, cuando es exactamente lo contrario.

La decisin de la mayora del Parlamento cataln de convocar un referndum de autodeterminacin y la aprobacin por ese mismo Parlamento de leyes de desconexin y transitoriedad que suponen la separacin inmediata de Catalua del resto de Espaa, antes incluso del 1 de octubre, no es sino la culminacin de una poltica secesionista que viene de lejos. Esta decisin se ha tomado contraviniendo la Constitucin y el Estatuto vigentes, violentando la propia normativa del Parlamento cataln relativa a la tramitacin de leyes, ignorando las advertencias de los letrados del Parlamento, eludiendo el informe preceptivo del Consejo de Garantas Estatutarias y laminando a la amplia minora que se opona no solo a las normas, sino al antidemocrtico procedimiento de aprobarlas. Hemos asistido a un golpe institucional que rompe unilateralmente con normas y procedimientos democrticos que han regulado la vida poltica y social en Catalua durante dcadas, hemos visto como el Estatuto vigente que ha llevado al Gobierno a los secesionistas ha sido de facto derogado, por una mayora menor a la de los dos tercios necesarios para reformar el propio Estatuto.

Insensibles a la contradiccin, los promotores de esta secuencia de actos antidemocrticos, los presentan como lo contrario de lo que son, se envuelven en la bandera y en el presunto derecho a la autodeterminacin, y responsabilizan de todo al inmovilismo del PP, por negarse a acceder a la organizacin de un referndum pactado.

Sin embargo a la gravedad de lo anterior, no por grave menos anunciado, hay que aadir la ya clara complicidad con el secesionismo de buena parte de la izquierda transformadora, sealadamente la de Catalunya en Com, que con el apoyo irrestricto de Pablo Iglesias, ha ido modulando su apoyo al referndum, su apoyo al proceso soberanista, para convertirlo en una movilizacin democrtica en la que hay que participar; para castigar al PP, por supuesto. Y adems porque se dice que esta movilizacin puede ser el comienzo del fin del rgimen del 78, al forzar el referndum la apertura de un proceso constituyente para toda Espaa.

La realidad es que estas decisiones pueden provocar una fractura mucho mayor que la ya existente en la sociedad catalana, y un conjunto de respuestas de accin reaccin, en torno al 1 de octubre e inmediatamente despus, que pueden llevar exactamente a lo contrario de un proceso constituyente. Pueden llevar a la refundacin autoritaria del Estado salido de la transicin, va electoral plebiscitaria, en la que la derecha del PP y Ciudadanos plantearn un proyecto nacionalista espaol, sin ninguna oposicin real de una izquierda que ha perdido sus referentes solidarios y federalistas.

El que los secesionistas promuevan ese escenario es perfectamente coherente, el que la izquierda transformadora renuncie a defender la legalidad democrtica y d legitimidad a un proyecto etnicista y excluyente es lo completamente incoherente. El que la izquierda transformadora deje en manos de la derecha la defensa del Estado de derecho, y minimice la agresin al mismo que han perpetrado los secesionistas es una factura que se pagar cara mucho ms pronto que tarde.

Conviene repasar las realidades tozudas que, pese al negacionismo reinante, se resisten a ser enterradas. No hay ningn problema de opresin nacional en Catalua, lo que hay son cerca de 40 aos de gobiernos autonmicos, dirigidos la mayor parte del tiempo por los nacionalistas devenidos hoy en secesionistas. No hay ninguna persecucin de los rasgos lingsticos o culturales especficos de Catalua, bien al contrario, es a la lengua castellana a la que sectores secesionistas pretenden considerar como lengua extranjera en Catalua. Al tiempo, las competencias y capacidades de autogobierno de las instituciones catalanas no han hecho otra cosa que crecer, en el marco de un estado profundamente descentralizado. El denominado derecho a decidir no es un ningn derecho humano conculcado, es un alias del derecho a la autodeterminacin. Ese derecho es propio de sociedades oprimidas y colonizadas, no es el caso de la catalana; ese derecho debe ser reclamado contra regmenes no democrticos, mientras que la legalidad estatutaria y constitucional estn avaladas por decenas de elecciones, incluso plebiscitarias como las de 2015; ese derecho tiene legitimidad si existe una avalancha social, absolutamente mayoritaria, a favor de la separacin de un estado preexistente, y la sociedad catalana est, como poco, dividida por la mitad en esta cuestin.

La agenda poltica del secesionismo no es, por tanto, la respuesta a situaciones derivadas de la opresin, ni derechos inherentes vinculados a un pasado glorioso. Son reivindicaciones de parte, nada ms, reivindicaciones que no cuentan con el aplastante apoyo social del que presumen. Los datos electorales son tozudos, desde el 49 % de participacin electoral con el que se aprob el actual Estatuto de Autonoma de 2006, en contraste con la participacin del 68 % con la que se aprob en Catalua la Constitucin de 1978. Si vamos al actual Parlamento de Catalua formado en 2015, con una participacin superior al 77 %, las fuerzas secesionistas sumaron el 47,7 % de los votos. Sin duda un resultado importante, sin ninguna duda la expresin de la inexistencia de una abrumadora mayora social a favor de la independencia.

La realidad tozuda, es que esas reivindicaciones nacionalistas de parte, de corte insolidario y buscando crear diferencias inexistentes en un demos bsicamente comn, han venido siendo creadas y fomentadas por el nacionalismo, hoy secesionismo, que ha gobernado Catalua, a la vez que apoyaba decisivamente al PSOE o al PP en el Gobierno central. De esta manera el actual secesionismo ha sido uno de los protagonistas que ha bloqueado cualquier evolucin progresista del sistema surgido de la transicin, ha apoyado recortes y reducciones de derechos, ha sido el mejor aplicador de las peores polticas neoliberales, y est a la altura del PP en corrupcin.

Otra realidad tozuda derivada de la anterior, el crecimiento del apoyo social al secesionismo no est basado en ninguna cadena de agravios hecha a Catalua por el Estado las instituciones catalanas son, por otra parte, tan Estado como la Diputacin de Guadalajara, o el Sistema Nacional de Trasplantes- . Difundir tal falso sentido comn, ha sido el xito del secesionismo, para el que ha contado con la inestimable ayuda de la izquierda transformadora. El mejor xito de ese falso sentido comn es el del mito del vaciamiento de la autonoma por la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) de 2010.

El Estatuto de 2006 fue promovido y aprobado con un importante desinters de la ciudadana, el referndum en el que se vot tuvo una participacin del 49% como ya se ha dicho. Las reformas que el TC introdujo en ese Estatuto en 2010, no solo formaban parte de las reglas del juego legtimas que establecen la adaptacin de las normas a la Constitucin, sino que no afectaron a su ncleo de derechos y competencias. Se rompe con algn pacto constitucional entre Catalua y el resto de Espaa? En absoluto, porque ese pacto nunca ha existido. La Constitucin fue aprobada por las Cortes Generales elegidas en 1977 y por un referndum en toda Espaa. Efectivamente, el PP se envuelve en la bandera del nacionalismo espaol para facilitar precisamente un enfrentamiento con el nacionalismo cataln del cual ambos sacarn importantes beneficios, en perjuicio de la izquierda. El problema radica en que mientras que la izquierda denuncia, como es su obligacin, las campaas xenfobas del PP, no hace lo mismo con las campaas secesionistas, al contrario, o las da soporte, o las deja pasar, o echa la culpa de esas campaas al PP.

Gracias a esa dejacin de la izquierda es ms comprensible el xito de la ofensiva secesionista lanzada desde 2010. Las motivaciones de esa ofensiva fueron las de frenar las movilizaciones sociales contra las polticas neoliberales del Gobierno de CiU, ms duras an que las del PSOE y las del PP, tapar la marea de escndalos de corrupcin de CiU por dcadas en todo similares a los del PP, y conseguir un encaje fiscal ms injusto e insolidario. Los objetivos, por supuesto, han ido creciendo, se busca la secesin o una relacin institucional completamente confederal. Los secesionistas han conseguido, sin coste, lo que sera inimaginable en el resto de Espaa: una unin sagrada de la que forman parte fundamental elites y grupos dominantes (lo que representa PDeCAT, lo que representan Mas, Millet, los Pujol), exactamente iguales al PP y a quienes este representa, pero de otro nacionalismo.

Cmo hemos llegado a la dejacin de responsabilidades de la izquierda, rayana en la complicidad, que ha facilitado esta situacin? Situacin que las decisiones oportunistas de Catalunya en Com, y de la alcaldesa Ada Colau no hacen sino empeorar.

Desgraciadamente, la historia de la izquierda en Catalua es tambin la de su progresiva sumisin al discurso nacionalista, empezando por la aceptacin del soberanismo, pasando por el olvido de la fraternidad comn y el federalismo, finalizando con la aceptacin del falso discurso del enfrentamiento entre Catalua y el Estado. Tal cantidad de cesiones, tal colonizacin mental, la ha dejado inerme frente a la ofensiva secesionista iniciada en 2010.

Es necesario poner el nfasis en la aceptacin del soberanismo, este ha pasado a ser no solo sea de identidad de buena parte de la izquierda en Catalua, tambin la direccin de las izquierdas emergentes, sealadamente Unidos Podemos, se ha apuntado a este principio que forma parte del programa de Catalunya en Com que propone: una repblica catalana que compartira soberanas en un estado de carcter plenamente plurinacional. La aceptacin y extensin de este planteamiento rompe con una de las principales fuerzas de las clases populares de toda Espaa, su fraternidad comn. Esta fraternidad es un conjunto real y bien trabado. No solo por los evidentes lazos familiares, culturales, polticos y econmicos formados por centurias de migraciones y mezclas, particularmente importantes en Barcelona, Madrid, y el Pas Vasco. Es la expresin de la solidaridad comn de las clases populares de toda Espaa, que se vieron obligadas a emigrar, a pelear por sus derechos frente a los propietarios de las fbricas de Barcelona y frente a los propietarios de las tierras de Andaluca. Es la expresin de la unidad que trajo la II repblica y resisti al golpe de 1936. Es la expresin de la confraternidad creada durante el franquismo en Catalua, cuando centenares de miles de trabajadores de toda Espaa arribaron a Barcelona. Esta fraternidad fue parte sustancial en la lucha por la democracia, fue fundamental para luchar contra la opresin nacional que s exista en Catalua durante el franquismo.

Esa fraternidad es la que el secesionismo quiere romper en Catalua, la que el PP deseara sustituir por un renacimiento del nacionalismo espaol. Ese valor comn, mucho ms cvico y progresista que las identidades regionales basadas en pasados inventados, y en narcisismos egostas, es lo que se abandona al no ponerlo como punto primero, segundo, y tercero de cualquier programa de izquierda. Algo aparentemente tan sencillo, como decir: Somos un demos comn el de los y las de abajo, el de las clases populares- con intereses comunes desde Olot a Huelva, desde Fuerteventura a Bilbao. Las aportaciones catalanas, vascas, gallegas, andaluzas, etc, etc, enriquecen al conjunto, no lo dividen . Luchar contra el sentido comn impuesto por el nacionalismo, supone partir de ah y articular una poltica a partir de ah. Lo otro no es ms que la abduccin cada vez ms rpida por el nacionalismo, por la unin sagrada, a 100 aos del gran triunfo del nacionalismo burgus que supuso la 1 Guerra Mundial.

Desafortunadamente, no estamos en eso. Se est apoyando de forma cada vez ms directa el golpe secesionista. Se lanzan mensajes oportunistas que llaman a la confusin y a la desmovilizacin de los sectores sociales que se han movilizado contra los recortes, que han votado a otra izquierda presuntamente distinta del PSOE, en Catalua y en toda Espaa. Por qu es una movilizacin democrtica, emancipadora, una propuesta de secesin que no responde a ninguna opresin nacional real? Cmo se puede dar legitimidad a un proceso carente de garantas democrticas? Cmo se puede llamar a participar en un presunto referndum de autodeterminacin sin posicin fijada?

Con semejantes mimbres, ms la decisin de la direccin de Unidos Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza, de dar por buena la posicin de Catalunya en Com, y la todava ms pro-secesionista de Podem, nos encontramos con la imposibilidad de mantener un discurso comn, federal y solidario, que pueda fundamentar la apertura de un proceso constituyente en el conjunto de Espaa, el nico marco posible. Posible para poder obtener resultados democrticos y emancipadores. Con qu programa comn vamos a ir a luchar por la reforma radical de la Constitucin? Cmo movilizaremos para luchar por la generalizacin de los derechos sociales, cuando hablemos a la vez de confederalismo o federalismo asimtrico? Cundo llamemos a luchar por la fiscalidad progresiva, como enfrentaremos la propaganda de Andaluca primero, el expolio a Catalua, o los derechos histricos vascos? As nos vamos a enfrentar a la patronal, al PP, a la Unin Europea? No nos enfrentaremos porque seguramente no nos seguir nadie.

Sin embargo, debemos primero tratar de hacer frente a la grave situacin que nos plantea el 1 de octubre. Afortunadamente crecen las voces en la izquierda que no aceptan ni el programa secesionista, ni la opcin que representan hoy Ada Colau y Pablo Iglesias. Esas voces se estn dejando or, pese a todo, entre la sociedad catalana y en el resto de Espaa. Bsicamente se trata de llamar a la fraternidad, unidad y solidaridad de las clases populares de toda Espaa, se trata de llamar a no buscar diferencias que no existen, y a no aceptar como nuestras las reivindicaciones insolidarias de los ms ricos y poderosos aunque se envuelvan en la bandera. Hoy, adems de llamar al dialogo y a la buena convivencia entre los y las de abajo, hay que llamar a no aceptar el conflicto, falso y malo, que los secesionistas quieren provocar. En Catalua hay que hacerlo denunciando el golpe institucional de los secesionistas y no participando en la farsa electoral que organizan para el 1 de octubre. En el resto de Espaa, exigiendo al Gobierno de Espaa que su obligacin de garantizar la legalidad en Catalua, debe ejercerse con el respeto estricto de los derechos y libertades que la Constitucin y el Estatuto garantizan. Derechos y libertades que ese Gobierno y el de Catalua, acostumbran a incumplir, de ah la necesidad de estar vigilantes.

Jess Puente, miembro del Colectivo Juan de Mairena.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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