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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-09-2017

Los medios de comunicacin y los grupos antifa
Bailando con el diablo

Miguel A. Cruz Daz
Counterpunch

Traducido para Rebelin por Paco Muoz de Bustillo


La distopa ya est aqu, pero parece que ltimamente nos hemos equivocado de bando.

Vivimos en una poca en la que la Seguridad Nacional y la Oficina Federal de Investigacin (FBI) han decidido calificar a los grupos antifascistas como organizaciones terroristas mientras sacan de estas mismas listas a los grupos racistas blancos [1]. La militarizacin de la polica contina avanzando y Estados Unidos sigue con sus guerras imperiales por todo el planeta, sin importarle el hecho de que el cambio climtico haya empezado a hacer estragos en nuestro mundo. Todos los mtodos imaginables para reforzar a la polica estatal que empezaron a tomar forma definitiva bajo las presidencias de George W. Bush y Barack Obama han vuelto a ponerse en marcha.

Pero, en qu temas insisten una y otra vez los sitios de noticias progresistas y liberales? Todo gira alrededor de Rusia, el calzado usado por Melania Trump para visitar los lugares afectados por el huracn y la amenaza de un tenebroso fantasma que anda al acecho de una humanidad desprevenida. Pero ese diablo no es la creciente amenaza del resurgir de la ultraderecha. Ni mucho menos. Para ellos, el diablo es precisamente todo lo contrario: una serie de grupos conocidos colectivamente como antifa.

Y entonces, qu son los antifa? Para mucha gente, no son ms que un montn de matones violentos que destruyen la propiedad privada y asaltan a pobres hombres blancos que portan banderas confederadas y esvsticas de moda, arrebatndoles su precioso derecho a la libre expresin. Pobres diablos! En la actualidad no existe ninguna organizacin en particular llamada antifa. En realidad, se trata de un trmino general que describe a una serie de grupos de extrema izquierda, generalmente anticapitalistas, que se oponen activamente al renacimiento del fascismo. Son, por definicin, antihomofbicos, antirracistas y antisexistas. Es decir, son exactamente lo opuesto a los nazis. Ser antifa es actuar contra el fascismo, no creer en algo especfico ms all de la proteccin de las personas que pueden ser objetivo de los fanticos, por cualquier medio que sea necesario. Para una descripcin mucho ms precisa, el libro de reciente publicacin Antifa: The Anti-Fascist Handbook, de Mark Bray es de esencial lectura. Puede que llegado a este punto, querido lector, se pregunte cmo es posible que, siendo lo opuesto a los nazis, se les pueda comparar con ellos a todos los efectos (tal y como algunas almas desafortunadas, como Chris Hedges, The New York Times, The Washington Post e incluso The Guardian continan vomitando en cualquier medio de comunicacin imaginable). La respuesta est en la necesidad que tiene el liberalismo de crear falsas equivalencias con el fin de mantener el status quo. En otras palabras, la afirmacin repetida como un loro de que antifa y nazismo son moralmente equivalentes no es ni ms ni menos que una absoluta estupidez.

Suele acusarse a los izquierdistas radicales de tener ideas utpicas, pero a estas alturas es evidente que son los liberales los que viven en un mundo de fantasa mientras los izquierdistas son consumados realistas. Cuando anarquistas, comunistas y otros anticapitalistas afirman que es imposible negociar con los fascistas es porque sus argumentos tienen el aval del peso de la historia y la experiencia. Entre tanto, debera ser obvio que los ataques liberales a los antifa no son ms que reflejo de una estrategia sociopoltica de despiste destinada a asegurar la supervivencia de sus privilegios raciales y de clase.

Claro que la colaboracin de gobiernos occidentales con regmenes fascistas y totalitarios no es nada nuevo. Ni tampoco es ninguna novedad calificar de terroristas a los grupos que se enfrentan activamente a esos regmenes. Ya lo hemos visto anteriormente, en la Espaa de Franco, el Portugal de Salazar, el Chile de Pinochet y as sucesivamente. Lo cierto es que a los gobiernos occidentales les va bien as. Al capitalismo le va bien as. Los mercados se mantienen estables, la inversin extranjera asegurada y los movimientos sociales aplastados.

Al fin y al cabo, el llamamiento a oponerse a la violencia no es ms que teatro poltico. Los conservadores siguen el juego a los fascistas debido a su obsesin reverencial por la ley y el orden y sus tendencias racistas latentes. Los liberales, que tambin consienten la supremaca blanca, atacan a los grupos antifascistas porque saben reconocer un buen chivo expiatorio cuando lo ven. Lo hacen con la esperanza de poder distraer a los lobos y evitar que se les lancen a ellos al cuello. El centro y el centro-derecha, en su mayora orgullosos demcratas capitalistas y otros progresistas de Wall Street, prefieren ver a los izquierdistas apaleados y asesinados antes que convertirse ellos en el objetivo. Este tipo de accionen recuerdan la crtica del difunto Nikos Poulantzas, cuando afirm que el Tercer Reich no habra sobrevivido sin el apoyo de los liberales. Al fin y al cabo, solo obedecen rdenes y son buenos ciudadanos respetuosos con la ley. Lo mismo que demostraron ser sus colegas liberales en el Tercer Reich.

Los liberales se niegan a renunciar a sus privilegios de capitalistas blancos y, con el fin de mantener su estpido concepto del centrismo, antes veran sangre derramada en las calles que llegar a considerar cualquier tipo de respaldo a los anticapitalistas antifascistas. No es ms que una forma de ejercer el control de daos, su manera de asegurarse de que la violencia permanezca donde debe estar: dirigida a los afroamericanos, musulmanes, homosexuales y latinos.

La obsesin liberal por defender las intervenciones militares en el exterior y atacar la resistencia activa al fascismo en el interior, criminalizando cualquier cosa que se asocie remotamente a su concepto imaginario de una tenebrosa organizacin antifa, sin importarles que tal cosa no exista, solo sirve para acentuar que su obsesin por la no violencia no es ms que una mentira interesada.

Esta es la autntica motivacin de la ofensiva de los medios de comunicacin mayoritarios dirigida a criminalizar el mismo concepto de antifa y de por qu los liberales han insistido en no-escndalos como el de [Trump y] Rusia. Va ms all de la nocin de noticias fabricadas. Como toda buena propaganda, es la inundacin constante de todos los medios de comunicacin con un nico mensaje, sin pausa. Y es la forma ms tediosa de contemporizacin. Es preciso sostener que el hecho de que los liberales comparen el movimiento antifascista con los nazis es una accin tan suicida como insistir en un tratamiento alternativo a un tumor letal que implique que el paciente sea amable con la excrecencia maligna, mientras se opone a la quimioterapia y la ciruga por ser medidas muy extremas.

Puedo imaginarme el sketch del programa del Sbado Noche: Su tumor necesita un abrazo. Y un pedazo de tarta. Risas enlatadas y msica de fondo.

Centristas como Trevor Noah y liberales blancas como Tina Fey y Samantha Bee [2] hablan desde sus privilegios de clase y prefieren que seamos los dems quienes insistamos en la necesidad de aprender a coexistir con la cosa ms cercana al diablo que nuestra especie ha producido jams. Contemplar a alguien como Noah, un hombre sudafricano que debera saber perfectamente adnde llevan los errores del racismo blanco, ridiculizar en televisin a un antifa vegano (y por tanto abogar por silenciar la disconformidad) es ms de lo que necesitamos para denunciar las trgicas consecuencias de llevar esta especie de liberalismo terminal a su lgica y terrible conclusin. Incluso una persona tan bien culta como Noam Chomsky parece haber perdido por completo el rumbo (los papeles ?) cuando se trata de antifascismo [3].

No nos equivoquemos. El fascismo es un tumor. No se negocia con un tumor ni se le apacigua. Se extirpa. Y, en este caso, los antifa son uno de los escalpelos de la sociedad. As que tngalo en cuenta, querido lector, cuando decida repetir alguna de las tonteras que su comentarista favorito escupa en la tertulia de la noche. Las palabras tienen consecuencias, ahora ms que nunca.


Notas del traductor:

[1] El autor habla de supremacistas blancos, un eufemismo muy extendido en EE.UU. para referirse al racismo blanco. Citando a Pascual Serrano, Los acontecimientos de Charlottesville (Virginia, EEUU) han trado a nuestra prensa el trmino supremacista no utilizado habitualmente hasta ahora ni existente en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, convirtiendo el racismo de toda la vida en supremacismo. Por ese motivo, en el artculo se ha traducido como racismo.

[2] Los tres son presentadores de conocidos programas nocturnos de televisin, donde se combinan noticias, entretenimiento, entrevistas, etc.

[3] Para ms info: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=231175&titular=6-razones-por-las-que-noam-chomsky-est%E1-equivocado-con-el-antifa-


Miguel A. Cruz-Daz es natural de Puerto Rico y doctorando de Historia por la Universidad de Indiana. Est especializado en historia de los sindicatos, del anarquismo y de otros grupos antiautoritarios del Imperio Britnico, especialmente de Sudfrica y Australia. Se le puede contactar en [email protected]

Fuente: https://www.counterpunch.org/2017/09/05/dancing-with-the-devil/

El presente artculo puede reproducirse libremente a condicin de que se respete su integridad y se nombre a su autor, a su traductor y a Rebelin como fuente del mismo.




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