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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-09-2017

El activista Manuel Caada publica La dignidad, ltima trinchera (El Viejo Topo)
En el corazn de la lucha social: parados, precarios y excluidos

Enric Llopis
Rebelin


Y la biografa de Manuel Caada (Badajoz, 1962) deriv hacia el activismo. Fue diputado en la Asamblea de Extremadura durante una dcada (1992-2003) y particip en las direcciones federales de IU y el PCE. Pero a partir de 2003 comenz a engarzar militancias en los movimientos sociales: la Coordinadora Anticapitalista de Extremadura, la Asamblea de Parados de Mrida, los Campamentos Dignidad, el Frente Cvico o el 15-M; tal vez esa vocacin de activista era el lugar en el mundo de Caada. Lo que mejor conectaba con los genes de un educador social que tambin labor en el campo, la construccin y la hostelera. Y que, puestos a romper barreras, derrib las que tantas veces separan al obrero intelectual del manual; y a la teora, de la praxis.

Ya en 2011 este activista-obrero-poltico extremeo public La huelga ms larga, sobre el paro y resistencia de los yeseros de Badajoz; tambin ha escrito artculos en el peridico Rebelion.org, Kaos en la Red, Libertad de Pensamiento, Cuadernos de SODEPAZ o eldiario.es. Con este bagaje a la espalda, El Viejo Topo acaba de editarcon prlogo de Julio Anguita y eplogo de Juan Andrade- La dignidad, ltima trinchera, una seleccin de textos publicados por Caada en los ltimos doce aos. Pertenecen a una lucha colectiva, son escritos de militancia, afirma.

El ensayo de 180 pginas se compone de tres partes: la del basamento marxista el marxismo, una brjula contra el extravo- en la ideologa de Caada as como su desengao de IU, bloque que lleva por ttulo Comunismos: teora, poesa y partido; adems tres reflexiones sobre la accin predatoria de las lites y la presunta sumisin histrica del pueblo extremeo (Extremadura: caciquismo y resistencia); y los aos de batalla en las organizaciones populares (Precariedad, crisis y luchas sociales). En sintona con Anguita, y en una poca de liquidez posmoderna, Manuel Caada considera que el comunismo es una identidad fuerte e inclusiva.

En un texto sobre el captulo VIII de El Capital de Marx, publicado en Nuestra Bandera (2005), el activista social se hace eco de las huellas de dolor generadas por el sistema, y que Marx revela en todo su dramatismo. All figuran los siervos de la gleba, los negros de las plantaciones en los estados americanos del sur, los alfareros raquticos de la Inglaterra de mediados del siglo XIX (por ejemplo William Wood, que empez a trabajar a los siete aos), o las viudas medio muertas de hambre, que trabajaban en las manufacturas de cerillas. Tambin esa modista, que fallece por exceso de trabajo, en los tiempos en que estas proletarias confeccionaban los vestidos para las damas nobles. Es el trasfondo humano que subyace a las discusiones sobre la teora del valor. Marx no tiene pretensin alguna de objetividad, ni de respetar las convenciones acadmicas, concluye Caada; sta perspectiva tambin recorre los diferentes artculos del ensayo.

El compromiso, el barro y la escritura al servicio de los de abajo, la lucha contra la explotacin, son compartidas por Manuel Caada con los autores que cita y desarrolla. Por ejemplo con el poeta Antonio Orihuela, adscrito a la poesa de la conciencia crtica. Sobre la Pulcritud escribe el ensayista y poeta onubense: En este poema no hay sitio para la mugre./Ni el sudor, ni los malos olores, ni la basura tienen sitio en este poema./En este poema no se permite la entrada a vagabundos,/heridos, sedados, dopados, indignados,/cobradores del frac o parados. En una resea del libro La piel sobre la piel (2005), Caada elige otros versos: Ahora/ya no pasamos miedo/vivimos con l; y destaca cmo el poeta busca la salvacin en los actos de amor simple y desinteresado, que vienen a ser retazos de humanidad futura. Orihuela ha retratado en verso la quimera de la clase media: Los obreros salen de los tajos,/suben a los coches,/entran en los bares,/llegan a casa,/besan a sus hijos,/encienden la TV,/y se enfran/se enfran,/se enfran.

Cuando el activista extremeo emprendi el viraje de IU-PCE a los movimientos sociales, resumi en pocas palabras lo que, entenda, era el naufragio de una organizacin de la que fue coordinador general en Extremadura durante ocho aos: IU: abrazados a una poltica muerta. Pero tal vez la decisin no result un trauma, ya que su verdadero partido siempre fue, confiesa, la alergia al capitalismo. Y tambin la rebelda contra el poder, principio del que sac fuerzas para denunciar en 2008 las tropelas del empresario Alfonso Gallardo, el ms rico y mayor benefactor de todos los habitantes de Extremadura. El artculo se centraba en una refinera promovida por Gallardo y el trato de privilegio que se le dispens, pero tambin es la metfora de algo ms profundo: el sistema caciquil instalado en Extremadura desde hace dcadas. En este caso, el BBVA, Iberdrola, Shell, Caja Madrid y otras grandes empresas y bancos animaban el disparate.

Caada encuentra otra manifestacin del caciquismo extremeo en la criminalizacin del rebusco, actividad centenaria que consiste en recoger la escoria de la cosecha. Y seala, en un artculo de 2014, el hilo que una el nimo incriminatorio del expresidente de la Junta de Extremadura, Jos Antonio Monago (PP), con las tradicionales palizas perpetradas por la guardia civil a jornaleros por lo que se consideraba robo de las bellotas. Tienen alma de seoritos, concluye Caada. Porque se pretenda pasar pgina -de modo acelerado- a la Historia Contempornea de Extremadura: en la batalla por los bienes comunales y contra la transformacin de las tierras en mercadera, ocupa un lugar relevante la lucha por el derecho al rebusco. De modo an ms rotundo: El acoso contra los rebusqueros saca del armario el cadver insepulto del latifundio. De ah el hambre de tierras, y que el autor de La Dignidad, ltima trinchera site el verdadero da de Extremadura el 25 de marzo; ese da de 1936 ms de 60.000 campesinos de 28 pueblos extremeos se lanzaron con burros y azadas, y vitoreando a la Repblica- a la ocupacin de tierras.

Estos obreros del campo, los nios y jvenes a quienes recuerda Marx en El Capital- los amos de fundiciones Cammell queran trabajando de noche; los vagabundos, heridos e indignados de la poesa de Antonio Orihuela, los rebusqueros de Extremadura y las asambleas de parados, los centros sociales como el Rey Heredia en Crdoba, las sillas del hambre, las corralas de vivienda, las acampadas como la de Coca-Cola en Fuenlabrada, las kellys o las Marchas de la Dignidad constituyen, segn Manuel Caada, el verdadero sujeto transformador. Es la gente que vive en el alambre, y que representa el ncleo del libro publicado por El Viejo Topo. El activista social ha participado en la fundacin y desarrollo de los Campamentos Dignidad de Extremadura, surgidos en febrero de 2013 en Mrida y extendidos en poco tiempo a otras ciudades como Plasencia, Almendralejo y Badajoz; nacieron en la puerta de las oficinas de empleo y lograron dos grandes fines, segn destac Caada en una entrevista: Que la renta bsica represente un instrumento de lucha y dignidad; y organizar algo que se deca era inorganizable, los parados.

Las citas incluidas por el autor en los artculos aumenta la carga de profundidad; y complementan la descarnada y cruel realidad que describe; as, las palabras de un parado con cualificacin profesional en el filme Recursos humanos, de Costa Gavras: Creo que si el tiempo de desempleo es corto, puede servirte para reestructurar tu vida; si es largo, lo destruye todo. O esas zamarras inapelables de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH): Rescatan al banquero, desahucian al obrero. Tan lapidarias como un estudio de la plataforma, que seala el desempleo como razn de impago de las hipotecas en el 70% de los casos; o que uno de cada cuatro afectados sean parados sin subsidio.

Precisamente la PAH, el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) o los Campamentos Dignidad de Extremadura organizaron a estos sectores populares; y al hacerlo, tal vez sin que fuera ste el objetivo, revelaban la complicidad de las organizaciones sindicales o la impostura de determinadas jergas militantes; ya no podemos hablar sobre el carcter post-materialista de los nuevos movimientos sociales, aada Manuel Caada en el texto Campamentos Dignidad: el s se puede de los parados. El empobrecimiento es real y tangible, se percibe en el estmago. Adems la claridad es una cuestin moral, escriba el psiquiatra Carlos Castilla del Pino, lo que podra aplicarse a la jerigonza izquierdista que critica Caada. Otra cita, de Eduardo Galeano, apunta a la entraa de los Campamentos Dignidad: La vida es darse; darse, no hay alegra ms alta. Organizados en forma de comunidad de lucha, los campamentos batallan por la renta bsica, el trabajo y la vivienda. Darse. Como Jess, un votante del PP que lleg a los Campamentos Dignidad pensando en el suicidio. Pero junto a los compaeros par su desahucio, y hoy porta un llavero con la imagen del Che Guevara. O Paco que, como Jess, pas a ser dirigente de los campamentos. Antes estuvo en la prisin y viviendo en la marginalidad.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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