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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2017

La solidaridad y su freno
Los mexicanos ante el terremoto

Eliana Gilet y Ral Zibechi
Brecha


El centro pareca una fiesta. A las 11 de la maana estaba programado un simulacro de evacuacin en caso de terremoto, en una fecha ms que simblica: el 19 de setiembre de 1985 la tierra tembl dejando un reguero de destruccin y muerte, en el mayor sismo de la historia reciente de Mxico. Ms de 10 mil muertos, aunque la cifra exacta nunca se conoci, y alrededor de 800 edificios derrumbados. El gobierno de la poca fue un monumento a la ineficiencia y la solidaridad fue la que salv vidas, recuper cuerpos sepultados y traslad heridos.

A las 11 de la maana de este 19 de setiembre, 32 aos despus, era difcil abrirse paso entre los miles de funcionarios que colmaban las aceras de la Colonia San Rafael, una de las ms afectadas por lo que sucedera dos horas despus. Una serena algaraba emerga de los cientos de grupos que festejaban, quiz, el tiempo libre fuera de la supervisin de sus jefes.

Cuando la tierra tembl, los edificios se tambaleaban y costaba mantenerse en pie, se trataba apenas de mirar hacia arriba para detectar algn peligro, la cada de algo grande sobre las cabezas. Pinche temblor, gritaban algunos cuando todava el mundo se mova frenticamente alrededor.

Despus sobrevino una tensa calma; miles se agolpaban en las aceras, ahora con rostros serios, con la premonicin de la tragedia estampada en los gestos. Enseguida apareci la certeza de que estbamos metidos en una inmensa ratonera de la que sera difcil salir. Millones de coches inmovilizados, semforos apagados, la luz y el agua cortadas y una incertidumbre que creca como una sombra amenazante. Avanzamos unos metros y paramos.

El primer rasgo que toma la solidaridad son los cientos de espontneos que ordenan el trnsito agitando pauelos. Algunas personas acompaan a los que entraron en pnico hasta los centros de salud. Los ms decididos, jvenes casi todos, van corriendo hasta los edificios colapsados para ayudar en el rescate. Empezaron a despejar escombros con las manos y con las pocas herramientas que se conseguan. Llegaron tres horas antes que la Armada, encargada por el gobierno de socorrer a las vctimas.

En cuanto par de temblar vinieron corriendo los vecinos, porque los que estn ms cerca son los primeros que responden. La proximidad es ley. Una hora ms tarde, hombres y mujeres haban armado un sistema que funcionaba bajo la bsica regla de sacar escombros y entrar baldes vacos con los que dem. No es que la gente ayude en el rescate, la gente es el rescate.

En uno de los edificios de seis pisos! que cay en un barrio smil Parque Rod no en aspecto sino en perfil socioeconmico haba tres sectores, con cuatro filas cada uno, que iban desde el pie de la pirmide trunca de escombros hasta la calle. Por las filas del medio, grupitos de gente sacaban los pedazos ms grandes y pesados que estructuraron la casa, mientras que las lneas de los bordes funcionaban como cintas transportadoras en direcciones opuestas. Las cosas de la gente que ah viva aparecan por todas partes: una bota sin compaera, una foto que no perdi el marco de vidrio a pesar de los 7,1 Richter que la sacudieron; y un obrero, mago del cincel y del martillo, que separa en segundos grandes pedazos de pared, que se entretiene un rato mirndola antes de tirarla al vaco que fue patio trasero.

Si los bomberos y los rescatistas de la divisin de Proteccin Civil mantuvieron una relacin cordial con la gente, indicndole, por ejemplo, que estaban escarbando en un punto que agregaba ms peso a la estructura, en vez de alivianarla, todo cambi cuando llegaron los militares de la Armada, que pretendieron sacar a la gente a los gritos. Pero como en ese momento los de verde eran minora, pronto se los trag la cadena de trabajo que no par, aunque se lo ordenaran fuerte. Una minivictoria de la vida contra la militarizacin de todo.

Ya para la tarde, en torno a la mayora de los derrumbes se haba formado una cadena de policas con escudos que no permitan la libre entrada de la gente a colaborar. Para el segundo da, eternas filas de jvenes con palas, carretillas y cascos de construccin esperaban horas a que la autoridad les permitiera prestar sus manos para remediar el desastre. Fue la respuesta de arriba para frenar la accin de abajo: dejar a la gente fuera, esperando.

El aluvin, igual, se sigue viendo en la cantidad de donaciones que desbordan los centros de acopio. En la calle hay un clima agitado, como de pecho inflado por la respuesta colectiva. Todo el mundo colabora en la manera que puede, pero los ms visibles son los jvenes pos 85: no vivieron el sismo anterior, pero eso no importa, porque aquella respuesta colectiva ante la inaccin estatal fue una leccin que qued metida en la memoria de todos. Los mexicanos se cobijan en su capacidad de respuesta, que es genuina y espontnea, y deciden que sea esa la identidad que se han creado para s.

La solidaridad es el milagro de la vida. Como una manta gigantesca que abriga en medio del colapso. Una solidaridad que saca lo mejor de los seres humanos, incluso en esta ciudad inhspita, esculpida por el individualismo del consumo y los valores que arrastra. Es imposible no pensar que la nica salvacin posible nace de esa ternura que an practican los pueblos y que ya nada podr revertir.

http://brecha.com.uy/


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