Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2017

Catalanes: no es Espaa, es el euro!

Esteban Cruz Hidalgo y Andrs Villena Oliver
Pblico


Imaginemos el siguiente escenario hipottico tras el 1-O: de una forma o de otra, Catalua se ha separado de Espaa, ha obtenido el reconocimiento internacional y se ha integrado dentro de Zona Euro, es decir, se ha independizado parcialmente. Aprovechando el mercado comn, as como su potencial econmico y exportador, los capitalistas catalanes han seguido maximizando sus beneficios con la connivencia de la lite poltica del nuevo Estado, una lite a la que la sobrevenida independencia la ha liberado de los procesos judiciales por los desmanes cometidos en el opresor rgimen del 78.

La eliminacin de todos los mecanismos de redistribucin hacia las antao comunidades hermanas ha permitido a Catalua bajar los impuestos con la excusa de ganar competitividad con respecto a sus socios europeos. Los capitalistas catalanes han logrado asegurarse una magra cuota de mercado en unos momentos difciles, en los que el haberse desprendido de la siempre incmoda convergencia interregional les ha facilitado atraerse para s nuevas inversiones y concentrar sectores de alto valor aadido, en una Catalua tambin fuertemente desindustrializada, como nacin que sigue figurando en el sur de Europa.

Lo han conseguido: hay que reconocerles el mrito. Para sortear la siempre fratricida competencia entre tiburones empresariales y financieros ha bastado el argumento del peso y opresin que los suyos soportaban por la imposicin de tener contribuir ms que el resto a la financiacin autonmica. El mito insuflado a la poblacin es el siguiente: Catalua pierde anualmente dcimas de su PIB por esta poltica confiscatoria. Es lo que ocurre por ser ms emprendedores y trabajadores que los perezosos y pasivos pueblos del sur.

Con un gasto pblico raqutico que no ayuda a hacer crecer los beneficios empresariales, estancados en su conjunto, la competencia entre capitalistas se agudiza, y el pueblo cataln, envuelto en sus smbolos y escudndose en su identidad, se habra movilizado tomando partido por sus capitalistas, creyendo que las migajas que se reparten deban llevrselas ellos y no los otros. Confundiendo el sol con el dedo que apunta a este, dedujeron que el reparto efectuado con las dems autonomas deba acabar cuanto antes, cuando en realidad con lo que haba que acabar era con estas migajas y coger la barra de pan entera. Al convertirse en una colonia alemana en plenitud, soltando lastre, han evitado construir una patria para sus trabajadores, pero han conseguido optimizar lo nico que realmente estaba en juego: los beneficios de las lites catalanas. La soberana estaba en Europa, no en Espaa, y el resultado de la independencia solo ha servido para dividir, an ms, a las desorganizadas clases populares, enfrentndolas y replegando a una parte de estas a posiciones nacionalistas.

La falta de dilogo y de razonamientos que atendiesen a la justicia social y la preferencia por azuzar, en su lugar, las pasiones y los sentimientos particulares, ha impedido vislumbrar hacia dnde se iba. No es lo mismo salir de la Unin Europea y buscar el pleno empleo gracias a la soberana monetaria, que pretender quedarse para maximizar los beneficios privados, aprovechndose de una balanza comercial muy favorable y, de paso, engaar a casi todo el mundo.

La ficcin arriba descrita, sin ser segura, es muy probable. Resulta fcil buscar enemigos cuando la crisis golpea con saa las condiciones de vida de las clases populares y cuando el Estado es dbil en su obligacin de servir a la mayora social. El discurso de sealar al de fuera funciona, sobre todo, para que los de abajo se peleen entre ellos. Se ha dado con el complejo brexit y con la ultraderecha representada por Trump en los Estados Unidos, as como con otros monstruos polticos que acechan esperando su oportunidad en Europa. La distorsin manifiesta del derecho a decidir pretende hacer pasar por democrtico un clarsimo sufragio censitario e identitario, aludiendo a una supuesta opresin que no consta en estadstica alguna y que constituye un fraude contra la justicia social, que debera ser, para todos, la finalidad de todo sistema democrtico.

Cierta izquierda ha decidido jugarse todo a una Repblica de Catalua socialista y solidaria, confiando en que el proceso se desborde y produzca en Espaa el advenimiento de la Tercera. Otro delirio. El tan mentado derecho a decidir abre un camino sin retorno que solo aceptar el s como nica respuesta, el 1-O o cualquier fecha futura, y que abrir la va a otras regiones o, peor, a partes de ellas. Que no nos engaen ms: los conflictos identitarios esconden una lucha fratricida entre capitalistas por hacerse con una mayor parte de unos beneficios que se tornan escasos y a unos polticos mayoritariamente corruptos que pretenden tapar sus miserias. En qu posicin deja esto la defensa y la lucha de los derechos sociales y a los partidos de izquierda? Encuadrando el conflicto en un marco histrico determinado, podemos pensar que la hipottica situacin expuesta aqu sobre el futuro de Catalua dentro de la Unin Europea es coherente con una posicin de izquierdas y revolucionaria? Atendiendo a las disfuncionales instituciones existentes es coherente apoyar una salida de Catalua enfrentando a las clases populares entre s? Cmo explicara la izquierda a las clases populares espaolas los recortes que los servicios pblicos sufriran para ajustarse a una situacin en la que casi una cuarta parte del PIB se ha esfumado de la noche a la maana?

El problema de las clases populares de todo el Estado espaol es el euro, la subordinacin a unas instituciones que limitan el gasto pblico necesario para que exista pleno empleo, abriendo con el malestar social resultante la puerta a este tipo de conflictos. En este asfixiante marco en el que se obliga a los de abajo a enfrentarse entre ellos por las migajas que este sistema reparte, no hay espacio para polticas econmicas progresistas. Sin soberana monetaria, la poltica fiscal est atada de pies y manos a la disciplina de los mercados, del gran capital financiero, contra el que no existe derecho a decidir alguno. La soberana que la izquierda reclama est en Europa y no en Espaa, y si maana Catalua se independiza dentro de las mismas reglas del juego, dejar hurfanas a las clases populares catalanas y espaolas. La independencia, la autonoma real, llegar cuando apuntemos a Bruselas y no tanto a Madrid. El sol y el dedo que lo apunta. Esperemos que no nos ciegue.

Fuente: http://blogs.publico.es/econonuestra/2017/09/24/catalanes-no-es-espana-es-el-euro/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter