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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2017

El rgimen del 78 se ha roto en Catalunya y no necesariamente para bien
El triunfo tardo del 23-F

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder

Hoy hay en Catalunya mucha ms resistencia ciudadana contra Espaa de la que hubo jams en Espaa contra el franquismo


Ya no es tiempo de afilar anlisis ni de discutir, a favor o en contra, en torno a un referndum que no se celebrar. Es la hora de preocuparse. La detencin de 14 altos cargos del Govern, el requisamiento de miles de papeletas, urnas y carteles, el registro de oficinas pblicas y sedes de partido puede quizs fundamentarse desde un punto de vista legal; pero un gobierno que slo tiene un punto de vista legal frente a la voluntad mayoritaria del pueblo de Catalunya es un partido que desprecia, y aun violenta, la democracia. La cabezonera contradictoria del procs, arrastrado en una pendiente cuesta abajo, no puede hacer olvidar -ni puede de ninguna manera justificar- el legalismo liberticida del PP, que alimenta y justifica el independentismo cataln mientras devuelve Espaa al siglo XIX. Como espaol interesado ms en la democracia espaola que en el territorio espaol, no puedo dejar de denunciar las medidas jurdicas y policiales del gobierno del PP, de solidarizarme con la voluntad amordazada de los catalanes y de responsabilizar al rgimen del 78, tanto ms peligroso cuanto ms descascarillado, de fabricar un conflicto de final imprevisible como consecuencia de tres impulsos fatalmente concertados: un abyecto electoralismo, una tentativa de encubrimiento de la podredumbre interna y un regeldo de ideologa nacional-imperial radicalmente decimonnica. Creo que esta triple miseria, y los efectos que est generando, exigira una protesta coordinada de todos los partidos y todos los ciudadanos. El rgimen se est rompiendo por donde menos se esperaba y el resultado puede estar muy lejos de lo que la izquierda y las fuerzas de cambio imaginaban o deseaban.

Siempre lo he dicho: prefiero una Espaa ms pequea y ms democrtica que una dictadura muy grande donde no se ponga el sol. Eso es, una vez ms, lo que est en juego. Qu es lo que hace temer un nuevo fracaso histrico? La irresponsabilidad de nuestra clase poltica, de nuestros medios de comunicacin y de nuestras lites econmicas.

Lo escriba hace unos das: Espaa es un pas que sali del franquismo escasamente combativo y ms bien amedrentado y que aprovech su integracin en la UE y en el capitalismo europeo para satisfacer con alivio su irreprimible deseo de olvidarlo todo. Primero el miedo y la propaganda, despus el consumismo y la propaganda, convirtieron a la poblacin espaola en la ms maleable, para bien y para mal, de Europa. El consenso de lites de la Transicin se proyect a lo largo de cuarenta aos en una Europa post-revolucionaria y subdemocrtica en la que los espaoles, hasta el 15-M, parecan los ms contentos y facilones, los ms simpticos y felices, los ms ligeros y tolerantes. Pensemos en tres jalones muy significativos. En 1986 Felipe Gonzlez fue capaz de voltear en quince das todas las encuestas para incumplir su promesa y meternos en la OTAN. En febrero de 2005, sin debates serios ni informacin rigurosa, inspirados por futbolistas y estrellas de la cancin, los espaoles votamos mayoritariamente a favor de una Constitucin europea de dudosa calidad democrtica. En agosto de 2011, un consenso express del bipartidismo reform la intocable Constitucin espaola para someter la soberana nacional a los caprichos del dficit sin consultar a nadie y sin que nadie se escandalizara demasiado. Sin duda otras lites, con ms conciencia democrtica y ms sentido de la responsabilidad, podran haber hecho ms cosas y mejor hechas. Despus del 15-M, en plena descomposicin del bipartidismo, tuvimos otra oportunidad. Lo confieso: en esta Europa post-revolucionaria y dextrgira algunos nos hubiramos conformado con que un nuevo consenso entre partidos y medios de comunicacin hubiera desplegado de nuevo todo su poder de manipulacin, pero esta vez en favor y no en contra de los espaoles, en favor y no en contra de la democracia, en favor y no en contra de la definitiva pacificacin de Espaa. Empieza a ser demasiado tarde para eso. Que el partido ms corrupto de la UE, el que ha utilizado fiscales y policas para perseguir rivales polticos, el que ha destruido pruebas y se ha negado a colaborar con la justicia, el de la Ley Mordaza, el que se niega a condenar el franquismo, invoque ahora el Estado de Derecho, la Democracia y la Ley para no sentarse a negociar con los que han sido sus socios privilegiados en Catalunya durante las ltimas dcadas, da toda la medida de sus verdaderas intenciones y sus verdaderos intereses. El procs puede ser una mierda, pero el PP da miedo. Los que lo apoyan, lo aplauden, lo toleran, lo justifican o lo alientan desde los medios de comunicacin -en lugar de calmar a una poblacin desmemoriada y todava llevadera y exigir sensatez a los polticos- estn encendiendo un cigarrillo en medio de un escape de gas.

Hoy hay en Catalunya mucha ms resistencia ciudadana contra Espaa de la que hubo jams en Espaa contra el franquismo o, luego, contra los consensos pusilnimes de la Transicin. Esa es la gran obra de Rajoy y de los que, fanticos, interesados o cobardicas, lo secundan. Ahora bien, si muchos catalanes celebran esta resistencia sin precedentes como una oportunidad que les brinda el autoritarismo del PP, muchos espaoles de izquierdas empiezan a verla tambin, frente al autoritarismo del PP, casi como un refugio poltico y, desde luego, como una reaccin saludable y legtima. Por desgracia, cuanto ms se movilizan los catalanes ms sola se queda de nuevo la izquierda en Madrid y ms encerrada, como en el pasado, en actos de solidaridad identitarios enteramente privados de cualquier virtud pedaggica general. El hiato que el 15-M y las fuerzas del cambio parecan capaces de cerrar, se ha abierto de pronto en toda su trgica extensin. Cuando Madrid y Catalunya comenzaban a formar parte de la misma Espaa virtualmente democrtica, la crisis del 1-O los separa de manera pugnaz y no para democratizarlas en paralelo, lo que sera aceptable, sino para cerrar de forma potencialmente catastrfica el ciclo comenzado en 2011. La cuestin es: entre una Espaa desmemoriada que el PP quiere rememorizar con regeldos decimonnicos y una Catalunya ciudadana y resistente, qu hacemos los que cremos posible una ruptura de rgimen y una democratizacin en comn (aunque fuera para separarse)? Habr an alguna oportunidad?

Si el PP pretende negociar con ventaja el 2-0 despus de haber soliviantado a los catalanes y degradado la democracia, infravalora las transformaciones que l mismo ha desencadenado. La solucin, si es que la hay, debe plantearse antes de esa fecha y slo puede serlo -una solucin- en tajante oposicin a las polticas del PP. Lo que revela la crisis catalana es que lo que fue posible durante dcadas, y an tras el 15-M, ya no lo es: la supervivencia simultnea de la democracia y del consenso del 78. En este sentido, como tantas veces desde 1982, el verdadero responsable de lo que est ocurriendo es el PSOE, atrapado en inercias baronales y electoralismos sin coraje. El PSOE pudo rehacer Espaa y no la rehzo. Pudo impedir que gobernara el PP y no lo impidi. Su posicin ambigua, irresoluta e interesada es ahora de una irresponsabilidad sin atenuantes y est generando malestar dentro del propio partido. Quedan pocas bazas que jugar. Hace falta, como dice Prez Royo, un ataque de lucidez. Slo una ruptura del consenso de la Transicin puede salvar nuestra tambaleante democracia e incluso -para los que les importe eso- la propia unidad de Espaa. Slo Pedro Snchez, que demostr tanto valor al enfrentarse a sus barones y resucitar de entre los muertos, podra hoy arrojar un poco de luz en esta situacin inquietante. No declar, tras la mocin de censura de Pablo Iglesias, que esperaba el momento adecuado para presentar la suya? El momento ha llegado. Por responsabilidad de Estado, expresin que tantas veces se repite para hacer el mal, y en una coyuntura de verdadera emergencia nacional, sin comparacin con un terremoto o un atentado terrorista, Snchez debera reunirse con Podemos y las fuerzas nacionalistas para pactar un programa de mnimos con el que expulsar a Rajoy y al PP del gobierno. Ese programa debera incluir, como uno de sus pilares, una negociacin inmediata destinada explcitamente a facilitar la celebracin legal de un referndum en Catalunya.

Muchos podrn reprochar al procs habernos llevado a este punto; otros lo considerarn, al contrario, su gran mrito. Lo que no puede negarse es que el consenso de lites del 78 que, buscando un consenso de lites, garantiz al mismo tiempo una cierta estabilidad democrtica, ya no puede garantizar esa estabilidad. El rgimen se ha roto en Catalunya y no necesariamente para bien. Hace falta un nuevo consenso, ms amplio y menos elitista, para repensar el pas. Ojal los que pueden dirimir la cuestin, desde los partidos y desde los medios de comunicacin, se den cuenta de que lo peor que le puede ocurrir a Espaa no es la independencia de Catalunya: es el retorno de la propia historia de Espaa. Cuando creamos estar comenzando una segunda transicin, podramos estar viendo en realidad el triunfo homeoptico, tortuoso y tardo del 23-F. En esta situacin la izquierda espaola cometera un grave error reculando de nuevo a posiciones resistentes, antifranquistas, de ancien regime, para asumir una nueva marginalidad en favor de Catalunya (independiente o rebelde) en lugar de hacer como el PP, pero en sentido contrario, y trabajarse a la poblacin desmemoriada con un proyecto de refundacin nacional realista y democrtico.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/ideas/opinion/2017/09/23/proces-el-triunfo-tardio-del-23-f/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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