Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2017

Qu hermoso es el mundo libre!

Bruno Guigue
Rebelin

Traducido para Rebelin por Nathalie Galiana


Occidente es tan prdigo en los buenos discursos que se cree la encarnacin de los valores universales. Sin embargo, semejante dechado de democracia y campen de los "derechos humanos" utiliza siempre sus supuestas virtudes para apoyar sus pretensiones hegemnicas. Como si fuera una hada madrina que magnnimamente se dedicase a que su moral coincida con sus intereses, reviste sus ambiciones materiales con oropeles de justicia y legalidad. As es como el "mundo libre" practica el bombardeo a pases extranjeros con fines "democrticos", pero preferentemente en regiones ricas en hidrocarburos o en recursos minerales. Conjugando a pies juntillas la creencia en sus presuntos valores con la rapacidad capitalista, acta como si pudiera convertir su podero econmico en privilegio moral.

Poco importa que el resto del mundo no caiga en el engao, porque el "mundo libre" siempre tendr la razn, ya que acta en nombre del Bien y nunca aceptar a que se le contradiga mientras mientras siga siendo la parte ms fuerte o mantenga inquebrantable la fe de seguir sindolo. La barbarie congnita que Occidente atribuye a los dems no es ms que el reverso de su auto-proclamado monopolio de representar la civilizacin. Aureolado con el sacrosanto "derecho de injerencia", que rene en feliz matrimonio los sacos terreros de los militares americanos con las bolsas de arroz como ayuda al estilo de Bernard Kouchner, quien ana la injerencia humanitaria con los cuidados paliativos de Mdicos del Mundo, el Occidente sometido al vasallaje de Washington quiere hacernos creer que salva al mundo al mismo tiempo que comete los despiadados saqueos exigidos por los buitres de las finanzas y las multinacionales del armamento.

Como bien sabemos, semejante papel de dominacin no es reciente, sino que forma parte de un largo periodo histrico, tan preciado por Fernand Braudel, representado por la constitucin de una economa globalizada. Desde la poca del Renacimiento, el mundo occidental se ha lanzado a la conquista del orbe gracias al impulso de su supremaca tecnolgica. Pacientemente, se ha apropiado del mundo de los dems, modelndolo a su imagen y semejanza, forzndolo a que le obedeciera o le imitase, mientras que por el camino ha ido eliminando a todos los pueblos cuya asimilacin consideraba imposible, sin que estos trucos osen perturbar sus certezas. A pesar de ser solamente una parte del mundo, quiere reducirlo todo bajo su mando, de la misma manera que unos pases que representan hoy en da el diez por ciento de la poblacin mundial, creen ser la totalidad de la comunidad internacional.

Durante los tres ltimos siglos, la conquista colonial ilustr esta propensin de Occidente a extender su dominio ms all de sus fronteras, con la justificacin de aportar a los pueblos la civilizacin". Este proyecto de dominacin planetaria fracas con la rebelin de los pueblos colonizados que se fue generando a lo largo del siglo XX, que como reaccin ha producido una segunda versin de los estrategas norteamericanos para erigirse con el control hegemnico global. Amrica, el Occidente Extremo descubierto por un Cristbal Coln que buscaba llegar al Extremo Oriente, ha heredado del Viejo Continente la ambicin conquistadora y la rapacidad comercial, transformando su falta de pasado en ambicin de futuro, de tal modo que estos Estados Unidos que emergieron de la nada en la cerrada atmsfera del puritanismo anglosajn ha magnificado sus pretensiones al tiempo que las unificaba en funcin de su propio beneficio. A costa del genocidio de la poblacin amerindia, Amrica se convirti en el nuevo paradigma del mundo, aunque no parece seguro que esta conquista sea definitiva.

Los imperios coloniales han sucumbido ante su arcasmo insoportable, mientras que la hegemona americana se ejerce a travs de los mltiples canales de la modernidad tecnolgica, desde Google hasta los drones de combate. De repente, parece a la vez ms dctil y tenaz. Lo que le otorga su flexibilidad tambin provoca su persistencia en el tiempo. Desde los cascos blancos de los administradores coloniales europeos hasta la pantalla digital de la ciberntica militar estadounidense, se ha producido una revolucin que ha sustituido la dominacin abrupta, liquidada durante una sangrienta descolonizacin, por una empresa colonial multiforme que busca su consolidacin hegemnica. Herederos de las tres emes del colonialismo clsico (misioneros, mercaderes y militares), las ONGs fabricadas en Estados Unidos han reemplazado a los misioneros cristianos, de tal modo que los viejos mercaderes se han convertido en empresas multinacionales que producen la alta tecnologa con la que equipan a los militares. De este modo, el Imperio Americano proyecta hoy su devastador maniquesmo sobre el mundo, asentado en la empedernida seguridad heredada de los fanticos puritanos emigrados de Europa, que se asentaron en el Medio Oeste americano, al que vieron como una Nueva Tierra Prometida en la que volver a nacer.

Con semejantes ideales, el poder americano suea con los ojos abiertos en hacer un reparto definitivo del mundo entre los buenos y los malos, que constituye el pilar inquebrantable y exhibido sin complejos de su insoportable etnocentrismo, en virtud del cual la ley siempre habr de estar de su parte, credo fundamental de su "democracia liberal", de los "derechos humanos" y de la "economa de mercado". Obviamente, se trata de una ideologa grosera, una mscara fraudulenta que utilizan para cubrir los ms srdidos intereses, aunque habremos de admitir que funciona con eficacia. Si fuese de otro modo, no habra mucha gente capaz de creer que los Estados Unidos ganaron militarmente la Segunda Guerra Mundial, que el capitalismo es un buen sistema, que Cuba es un gulag tropical, que Al-Assad es peor que Hitler y que Corea del Norte supone una amenaza para el mundo.

De esta presunta intimidad con el Bien, los turiferarios del Imperio Norteamericano deducen lgicamente que poseen el derecho preventivo de rastrear el Mal por todas las latitudes del planeta. Ningn escrpulo debe inhibir su frenes salvador, frenar a la civilizacin por antonomasia de la que Washington cree reencarnar, atribuyndose de manera expresa la prerrogativa de reducir la barbarie por todos los medios de que dispone. Por esta razn el imperialismo contemporneo funciona como una especie de tribunal universal que distribuye recompensas e inflige castigos cuando quiere y a quien le parece. Frente a esta jurisdiccin altamente "moral", la CIA acta como un juzgado de instruccin, el Pentgono como su brazo secular y el presidente de los Estados Unidos como un Juez Supremo, una especie de "deus ex machina" de la justicia divina, que fulmina con el rayo a los secuaces del "Eje del Mal" y a todos aquellos que impidan el buen funcionamiento del patio trasero del Imperio del Bien.

Resulta evidente que esta tendencia en creerse la encarnacin de la moral est incrustada en las propias instituciones estadounidenses, un hecho que perdura y al que no afecta la sucesin coyuntural ms o menos trepidante de los inquilinos de la Casa Blanca. La cruzada contra los brbaros es utilizada de manera invariable por Washington como taparrabos a la codicia sin limites del complejo militar-industrial y para mantener el control secular del llamado Estado profundo. De Harry Truman a Donald Trump, pasando por Barack Obama, de Corea a Siria, pasando por Vietnam, Indonesia, Angola, Mozambique, El Salvador, Nicaragua, Chile, Sudfrica, Serbia, Afganistn, Sudn, Somalia, Irak y Libia, la muerte se administra directamente o por delegacin a todos aquellos que se oponen al reino salvador de la justicia universal norteamericana.

Para llevar a cabo su trabajo sucio, la "Amrica" benefactora siempre ha sabido utilizar la mano de obra local. Franco, Hitler y Mussolini (hasta 1939), Chiang Kai-Tshek, Somoza, Syngman Rhee, Ngo Dinh Diem, Salazar, Batista, Mobutu, Marcos Trujillo, Pik Botha, Duvalier, Suharto Papadopoulos, Castelo Branco, Videla Pinochet, Stroessner, Reza Shah Pahlevi, Zia Ul Haq, Bin Laden, Uribe, el rey Salman, Netanyahu, los nazis ucranianos y los "terroristas moderados" en el Oriente Medio han proporcionado una colaboracin valiosa. Amrica, marca publicitada como lder indiscutible del maravilloso mundo libre, pretende encarnar la civilizacin cuando fulmina a poblaciones enteras con armas nucleares, con napalm o con misiles de crucero, o en su defecto, causa la muerte lenta mediante el agente naranja, el uranio enriquecido o el embargo de medicamentos. Y, desde luego, no le faltan lacayos para jurar que Amrica realiza misiones inestimables para la humanidad, cuando parece evidente que la derrota de este imperio criminal sera una noticia excelente.

Bruno Guigue es profesor universitario en la isla de Runion, exalto funcionario francs, analista y ensayista poltico especializado en Oriente Medio.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter