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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2017

La desesperacin de los civiles desplazados de Siria

Bill Frelick
The Nation

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.



Miles de sirios desplazados abandonados en tierra de nadie entre Jordania y Siria (Foto: Raad Adayleh/AP)

Los sirios desplazados estn atrapados como nunca antes lo haban estado. Quienes se hallan en el desolado campamento de Rukban, en la remota frontera nororiental jordana (conocida como la berma), constituyen un microcosmos de los abandonados civiles sirios. Se enfrentan a una amenaza inmediata porque las fuerzas del gobierno sirio de las que huan estn avanzando a lo largo de la frontera con Jordania.

Los medios de comunicacin han informado de que cientos de las alrededor de 50.000 personas que all se encuentran estn dirigindose ya hacia el norte, abandonando la tierra de nadie en la frontera jordano-siria y regresando a Siria para hacer frente a peligros desconocidos y no permanecer en un lugar cada vez ms peligroso y donde ya han tenido que soportar grandes sufrimientos.

Desde junio de 2016, cuando Jordania sell su frontera con Siria, a los sirios en Rukban se les ha negado el derecho a buscar asilo en ese pas y slo cuentan con limitadas distribuciones de alimentos y cortes peridicos de agua. Sin ninguna autoridad legal que les proteja, han estado sometidos a la dudosa misericordia de una milicia patrocinada por Jordania, el Ejrcito Tribal, que parece estar controlando el escaso acceso que tienen a la ayuda humanitaria.

Por toda Siria hay millones de vidas en juego. En la provincia de Idlib, en la esquina noroccidental de Siria que linda con Turqua, dos millones de sirios de los que aproximadamente la mitad son personas desplazadas- estn acorralados. O se vieron obligados a huir de sus hogares hacia Idlib como el nico lugar donde podan escapar del rgimen de Bashar al-Asad, o fueron trasladados all como parte de los acuerdos de evacuacin entre el gobierno sirio y los consejos locales sirios y grupos de la oposicin. La provincia de Idlib est considerada como zona de desescalada, en base a un pacto entre algunas de las partes en conflicto firmado en Kazajstn el pasado mayo, pero tal desescalada est muy lejos de ser segura.

Los civiles no tienen garantas reales de seguridad ni confianza en que la zona no se convierta pronto en un territorio de guerra caliente. Mientras tanto, grupos armados incluido Hayat Tahrir al-Sham, vinculado a Al-Qaida, que controla la mayor parte de la provincia- exacerban su miseria interfiriendo en la ayuda humanitaria. Pero lo que hace que su situacin sea verdaderamente desesperada es el muro de hormign rematado con alambre de espino que bloquea el acceso a Turqua, y el riesgo de que los guardias fronterizos turcos les disparen si intentan cruzar.

Por otra parte, se ha estimado que, desde el mes de junio, 10.000 refugiados y militantes sirios han vuelto del Lbano a Siria, en funcin de acuerdos negociados principalmente entre Hizbollah y los grupos armados sirios. Bajo estos acuerdos, los sirios han retornado a zonas que estn bajo control del gobierno de Asad, como Asal al-Ward, as como Idlib, bajo control rebelde, ninguna de las cuales puede considerarse segura.

La mayor parte de esos regresos se han producido desde la ciudad fronteriza de Arsal, en el noreste, una zona militar de acceso restringido, donde los refugiados declararon a Human Rights Watch que las condiciones de vida y los constantes ataques de las fuerzas de seguridad contra sus campamentos eran las principales razones de haber tomado la decisin de regresar a Siria. En la mayora de los casos, la Agencia para los Refugiados de la ONU no ha podido entrevistar a los repatriados para asegurarse de que esos regresos son voluntarios. En estos momentos, el ejrcito libans est ejerciendo un control mucho ms duro sobre una frontera que fue porosa en otro tiempo, y ha arrestado a los sirios que intentan cruzar al Lbano.

Esta desoladora situacin no debe sorprendernos. Los vecinos de Siria han venido advirtiendo durante aos sobre los lmites de sus capacidades para acoger a unos cinco millones de sirios, y los niveles de apoyo internacional siguen estando muy por detrs de las necesidades. El llamamiento humanitario de las Naciones Unidas para Siria slo ha conseguido un 36,6% de la financiacin requerida, mientras que el llamamiento de apoyo a los refugiados sirios en la regin est financiado en un 38%. La orden del presidente estadounidense Donald Trump de suspender el reasentamiento de los refugiados sirios y prohibir la entrada de sirios, junto a las miserables ofertas de reasentamiento de la mayora de los miembros de la Unin Europea, estn dejando muy claro a Turqua, el Lbano y Jordania cul va a ser el alcance del apoyo internacional que pueden esperar y el silencio con que probablemente recibirn el hecho de que estn echando atrs a refugiados y solicitantes de asilo.

Pero esta es una situacin que no puede simplemente contenerse. Declarar zonas de desescalada no las convierte en tales. En realidad, Idlib se parece cada vez ms a una olla a presin en la que los civiles se sienten cada vez ms apretujados no slo por casi duplicar la poblacin de una provincia controlada mayoritariamente ahora por un grupo vinculado a Al-Qaida, sino tambin por su miedo a que el gobierno sirio vuelva sus ojos hacia la regin y no tengan lugar alguno al que escapar.

Aunque las iniciativas de paz incluyendo las conversaciones auspiciadas por Rusia, Turqua e Irn, que estn ahora en su sexta ronda en Astana, Kazajstn- sean bienvenidas, no pueden ignorarse las necesidades de los civiles. Las zonas de desescalada no pueden ser un pretexto para encerrar a los civiles que tratan de escapar para salvar la vida. Todos los gobiernos con capacidad para apoyar al Lbano, Jordania y Turqua, tanto financieramente como a travs del reasentamiento de refugiados, deberan hacerlo, incluida la asistencia a estos pases para registrar a los recin llegados, y apuntalar su seguridad nacional. A medida que los gobiernos alejados del conflicto aumenten su ayuda a los pases que estn en primera lnea, es imprescindible insistir tambin en que empujar de nuevo hacia el peligro a los solicitantes de asilo no es una respuesta aceptable ante la guerra y el desastre humanitario.

Cuando se han perdido todos los derechos humanos, el ltimo derecho que queda, la diferencia entre la vida y la muerte, es el derecho a escapar. Negar ese derecho puede ser una sentencia de muerte. Despus de ms de seis aos de guerra en Siria, no puede permitirse que esa sea la manera en que termine.


Bill Frelick es el director del programa de derechos de los refugiados en Human Rights Watch.

Fuente: https://www.thenation.com/article/trapped-the-desperation-of-syrias-displaced-civilians/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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